Morente, el Capitán de la noche

(Texto aparecido en elcultural.es el 13 /12/2010)

Fue el Capitán de la noche, nuestro jefe, cuando entonces todos éramos jóvenes flamencos. Lo conocí a mediados los ochenta, época en la que Antonio Benamargo, desde la Vallecas flamenca, se empeñaba en dar a conocer nuestra música más libre. Amasada por levadura mora, gitana y morisca, su voz te envolvía con el misticismo de un espíritu consagrado al arte, destapando el tarro de las esencias cada vez que entonaba. Algo a lo que, una vez probado, era imposible resistirse a no probar de nuevo.

Nos corrimos algunas juergas juntos, tirando madrugadas en el Rastro de Madrid, donde los gitanos jaleaban a Morente llamándolo «Maestro». Sin duda alguna, era el más respetado. Ahora lo recuerdo, acompañado siempre por su familia, sus cuñados Antonio y Pepe Carbonell, por Agustín Carbonell «Bola», guitarrista heredero de Sabicas, también de su compadre, el actor Juan Diego. Para mí fue un catedrático que impartía doctrina en la cueva del Candela, la voz siempre a punto y la oreja pendiente de sonidos extranjeros ya fueran los Sonith Young o las Voces Búlgaras.

Yo era un chaval, ya digo, que buscaba el olor a sangre que recorre lo jondo y con el que se emborracharían Federico García Lorca y tantos otros para aprender a escribir con ese dolor que hace temblar la hoja. Ese mismo dolor que hoy tanto me duele y que por puro egoísmo, no quiero compartir con nadie.

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