¡Camarón vive!

En la Baja Andalucía existen remedios y hechizos para cada ocasión. Por ejemplo, para que un niño salga cantaor habrá que coger al niño, cortarle las primeras uñas detrás de una puerta y luego arrojarlas en lo alto del tejado. Bien mirado, algo de eso tuvo que hacer Juana la Canastera la primera vez que le corto las uñas a su hijo más rubio. Porque cuando el niño rompía a cantar, su voz arañaba con dulzura.

Desde su muerte, que ya va para veinte años, el milagro ha ido conquistando los rincones de todo el planeta y esto resulta curioso pues, por lo común los artistas suelen morir dos veces, es decir: una por lo físico o de cuerpo presente y una más para su público. Sin embargo, con el hijo de Juana la Canastera ocurre todo lo contrario. Al día de hoy se canta por Camarón igual que se canta por fandangos, por cantiñas, por soleá o por cualquier otro palo del árbol flamenco. A estas alturas Camarón es un estilo vivo donde anidan los tres tiempos, pasado, presente y futuro. La memoria, el hoy y el mañana del flamenco están todavía en su posesión por ser él y sólo él, señor del tiempo y de sus mudanzas.

Culpable de ser libre, cantó con el sabor de un pueblo metido en la garganta. Su gente, la misma que empeñaba hasta las alas por estar cerca, le mantiene cada vez más vivo. Sobre el tejado de su casa natal, en San Fernando, barrio de las Callejuelas, todavía siguen clavadas aquellas primeras uñas que le cortó su madre, Juana la Canastera. Hoy se cumplen sesenta años de su nacimiento y, como todavía vive, toca felicitarlo.

  • Publicado el 5 de diciembre del 2010 en elcultural.es, coincidiendo con el 60 cumpleaños de Camarón de la Isla.
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