Navidades a la vuelta de la esquina.

Después de dar muchas vueltas al tema y considerado varias opciones, he decidido “arrojarme a la piscina” y escribir esta entrada en “El micrófono”. Y es que pese a que nos encontremos al inicios de la segunda quincena de noviembre, seguro que ya te habrás dado cuenta que algún que otro anuncio en radio y televisión nos van recordando que ya tenemos en el horizonte la Navidad.

A esto le sigue los comercios que poco a poco van decorando sus locales, escaparates, etc., y de este modo nos van recordando que la Navidad esta a la vuelta de la esquina.

Navidades que este año parece tener un tinte “más dramático”, -quizás no sea la expresión más adecuada-, pero con “el patio tan revuelto que tenemos” no me sale otra expresión más apropiada. Además no voy a entrar a detallar toda esa lista de elementos que contribuyen a decorar de esa forma tan “negativa” la Navidad, al menos en su parte materialista.

Puede que algún que otro grupo de personas malinterpreten mis palabras, pero desde la perspectiva religiosa las próximas Navidades proponen ser vivida de una manera más autentica, más desde “la fe y para la fe”, aunque quizás menos materialista como ya he dicho anteriormente. 

Los creyentes hemos de aprovechar este momento de dificultad humana, para volcarnos más con aquellos que lo han perdido todo o no les queda nada más que perder. –Eso si no lo hemos hecho ya-. A su vez, es un buen momento para cambia la forma de celebrar la Navidad, por que como decía Chesterton;  “… cuando uno deja de creer en Dios, acaba creyendo en cualquier cosa” y muchos han terminado creyendo en el dinero, como escribía “Umberto Eco” en un articulo en el The Daily Telegraph en noviembre del 2005; “Si uno  sólo cree en el dinero, tarde o temprano descubrirá la gran limitación del dinero: no puede dar cuenta de nuestra condición mortal”.   

En definitiva, somos los creyentes los que tenemos que sacar a flote el sentido religioso de la Navidad, y como nos pedía Benedicto XVI hace un año por estas fechas;

 “…hemos  de procurar que nuestra mirada no se detenga solamente en el horizonte de este mundo, en las cosas materiales, sino que se dirija a Dios.” Aprovechemos para dar un tono sobrio a nuestras celebraciones y miremos al pesebre.

Que estas Navidades “…nos recuerde que también nosotros necesitamos una luz que ilumine el camino de nuestra vida y nos infunda esperanza, especialmente en épocas en que sentimos con más fuerza el peso de las dificultades…”, y donde la estrella de Belén nos guíe e ilumine al igual que hizo con los Magos de Oriente.

 “…Y por último que cada uno de nosotros aporte algo de luz en los ambientes en que vivimos.”, seamos ejemplo para los que nos rodean.    

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