A Contracorriente

Son tiempos en los que nuestro amigo Chesterton esta de moda. Por la guerra laicista que recorre nuestra vieja Europa y en particular nuestra querida “España” -no la  futbolística- y por la guerra que se esta librando contra la cultura de la muerte, que transforma “el derecho a morir” del no nacido en “derecho a matar” por parte de la madre o quien decida por ella.

Pero yo quiero ir un poco más lejos esta tarde de julio, quiero recordad a muchas gentes de bien, que esta guerra no se gana acudiendo a manifestarse ante centros oficiales o clínicas abortivas, ¡eso esta bien!, pero tenemos que hacer más y llegar más lejos. Hemos de implicarnos más y mejor hemos de hacerlo nuestro y no esperar a que el problema entre en nuestra casa.

Quizás suene a presuntuoso, pero esto los padres objetores –los radicales, intransigentes, fundamentalistas padres objetores- lo sufrimos en nuestras carnes cuando comenzamos la guerra contra la Educación para la Ciudadanía.

A esta progresía sólo le interesa su versión de los hechos, su forma de ver la vida, y todo lo que sea diferente a ellos, ¡no vale para nada!, es decir, se considera opuesto al progreso del mundo.

Primero fue la implantación del mal llamado “matrimonio homosexual”, luego la Educación para la Ciudadanía y ahora la eufemísticamente Ley de Salud Sexual reproductiva y de interrupción del embarazo. Y esto no tiene visos de que se quede ahí. ¡Por supuesto que no!, pues a las puertas tenemos la Ley de Libertad Religiosa, que visto lo visto, no creo que sea menos “mier… que todo lo anterior.”

Menos mal que la selección de futbol –la roja, según gusta a muchos de ellos- ya esta en semifinales. De esta forma, mientras los españoles están con el nuevo opio del pueblo –el mundial  de futbol-, ellos a su bola con las leyes que están sacando de la chistera.

Por eso no me resisto a escribir las famosas palabras de Chesterton a propósito de nada a contracorriente….

“Se trata, desde luego, de un ejercicio nada plácido, pues la energía que el nadador a contracorriente emplea en cada brazada no se corresponde con un avance proporcional; y basta con que flojee en su ímpetu para que la tentación del desistimiento haga mella en él. Quien nada a favor de la corriente, en cambio, no tiene que molestarse en bracear; y ni siquiera es preciso que esté vivo, pues la corriente seguiría arrastrándolo como si tal cosa. Las grandes batallas del pensamiento, las conquistas que han ensanchado el horizonte humano, siempre se han librado a contracorriente; y, con frecuencia, quienes se atrevieron a protagonizarlas fueron contemplados por sus contemporáneos como retrógrados, incluso como peligrosos delincuentes. Pero, junto al rechazo o incomprensión de su época, estos pioneros que osaron contrariar el «espíritu de los tiempos» pudieron proclamar con orgullo que estaban vivos; y con su sacrificio irradiaron vida en un mundo acechado por la muerte, convocaron a la vida a quienes por cobardía, por estolidez, por conformidad con las ideas establecidas nadaban a favor de la corriente”.

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