Teléfono de la Esperanza

El pánico, por Quim Monzó

 

Cuando era joven y leía sobre el crack de 1929, los suicidios que entonces hubo los veía entre una niebla irreal. Yo era hijo de una familia obrera que iba justita, y me sorprendía que la gente pudiese llegar a suicidarse por tener poco dinero. Era inocente, y conocía poco los mecanismos que llevan a tomar decisiones de ese tipo. La mente humana es frágil, y el miedo activa rincones desconocidos que te llevan a la frontera del terror. Hará un mes vimos por televisión imágenes de una mujer, en una ventana de Atenas, llorando y a punto de saltar porque la empresa donde trabajaba estaba amenazada de cierre y ella perdería el trabajo, y su marido tampoco tenía, y había una hipoteca por pagar… En las fotos que luego vimos en la prensa, al lado de la mujer, una parienta suya conseguía que finalmente no se tirase.

Pero el suicidio se mantiene, en Grecia, como una opción espectral. Antes, Grecia era el país europeo con menos índice de suicidios, y ahora se esfuerzan por ayudar a las personas que no ven otra salida. La BBC avisaba hace casi medio año del trabajo que hace Klimaka, una oenegé griega que se dedica a dar ayuda psicológica a personas que han llegado al convencimiento de que la única solución es acabar con su vida. Explicaba entonces que la ayuda la daban por vía telefónica o por correo electrónico, y que las cifras eran preocupantes. Hablaban del caso de un ateniense de sesenta años, sentado frente al ordenador y convencido de que nunca más encontraría trabajo, que abría la página de Google y escribía en la barra de busca la palabra suicidio, para informarse de los métodos posibles. Casi medio año después, la situación parece no haber mejorado mucho. Estos días es el servicio de noticias ruso RT el que habla de la oenegé Klimaka. Explica que en el 2010 recibió 2.500 llamadas de personas que querían suicidarse y que, sólo un año después, en el 2011, la cifra era ya de 5.000. Una psiquiatra que trabaja en Klimaka explica: “Últimamente la mayoría de los que llaman han perdido el trabajo o tienen miedo a perderlo, o problemas porque no pueden hacer frente a las deudas”.

¿Cómo es que aquí hablamos tan poco de ese asunto? El mes de octubre pasado, el día mundial de la Salud Mental el psiquiatra Álvaro Rivera explicó en la agencia Efe que las situaciones de angustia que vive buena parte de la población han multiplicado los episodios de depresión y ansiedad. Si eso era así en octubre, imaginad cómo debe ser ahora. ¿Se habla tan poco por miedo a que se produzca un efecto contagio? Sin embargo, con esa actitud, ¿no estamos escondiendo la cabeza bajo el ala? Hablas con mucha gente y la desesperación es palpable y creciente. Ya que los medios de comunicación pasan de puntillas por las noticias que mencionan índices de suicidios, estaría bien que, al menos, publicasen cada día en lugar preferente el teléfono de la esperanza: 902 500 002. No es gran cosa: un simple recuadrito, para los que lo necesiten.

Publicado en La Vanguardia, el 15 de marzo de 2012.

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Juan Carlos Pérez Jiménez es doctor en Ciencias de la Información, sociólogo y profesional de los medios de comunicación desde hace más de 20 años.
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