Para llegar a Guatemala, El Salvador, Mali, Ecuador o Marruecos, uno puede elegir diferentes vías, una compañía aérea u otra, un hotel determinado o acompañante. Sin embargo, son muchos los jóvenes que en su particular pulsera de ‘todo incluido’ establecen como única prioridad emplear su tiempo libre, sus vacaciones, en ayudar a los demás. Dejan a un lado la tumbona, la piña colada y el relax absoluto que en muchas ocasiones pide el cuerpo, para entregarse durante semanas o meses a personas que los necesitan y a proyectos que buscan mejorar sus vidas durante todo el año.Antonio Santos, periodista responsable de Comunicación y Prensa en la Asociación para la Integración y Progreso de las Culturas Pandora, es uno de estos jóvenes. En los últimos años ha participado en microproyectos de cooperación en dicha organización sin ánimo de lucro, en Guatemala, Mali y también en la ciudad indígena de Saraguro (Ecuador).
MICROPROYECTO EN ECUADOR
En este último lugar, y junto a otras diez personas, Antonio coordinó en 2010 un campamento de verano para niños y niñas de la Comunidad de Tuncarta. “El objetivo era dotar de alternativas de ocio saludable durante los meses de verano a todos los niños de esta zona, así como realizar con ellos talleres formativos y de ocio. Llegamos a Saraguro el 4 de agosto y estuvimos durante tres semanas acudiendo diariamente al colegio de la comunidad para desarrollar las actividades e impartir los talleres que organizamos de inglés y de manualidades. También hicimos proyecciones audiovisuales de películas infantiles, y donamos mucho material escolar de todo tipo para el curso”, explica Santos. Además, “entre todos los miembros del grupo repusimos casi veinte cristales de las aulas que estaban rotos y que, además de representar un evidente peligro para los alumnos, llenaban de frío las aulas durante el invierno. Cerramos nuestra estancia con una salida de dos días a un río cercano. A pesar de no estar a más de una hora de su comunidad, el viaje representa para ellos un momento excepcional. Se bañan en el río, juegan con sus amigos durante el día y la noche, duermen fuera de casa se lo pasan en grande”, añade.
A cambio de su dedicación, Antonio se trajo de vuelta a España “una experiencia inolvidable, como lo han sido todos los viajes de este tipo en los que llevo participando en los últimos años. Al final, no importa que sea Guatemala, Mali, Marruecos o Ecuador “siempre hay necesidades que apoyar, y siempre nos encontramos con gente entrañable que nos acoge como unos miembros más de su comunidad y su familia, para despedirnos al final de la estancia como unos amigos para toda la vida”.
Desde que se planteó su nuevo concepto de vacaciones, Antonio confiesa que siente “mucha tranquilidad, “porque aprendes a relativizar tus problemas aquí. Ves a gente que tiene problemas de verdad y que, sin embargo, son felices y sonríen. No tienen ese estrés vital como aquí, donde tenemos de todo”. Además de en Ecuador, Santos ha participado en un proyecto educativo en Guatemala, en 2008; en un jardín de infancia en Mali, atendiendo a niños de 0 a 6 años, en 2009; y en un viaje solidario a Marruecos, vinculado a la mujer árabe, donde visitó diferentes ONG’s que trabajan diariamente con madres solteras, adolescentes o personas sin formación.
OTROS LUGARES DE DESTINO: MARRUECOS, INDIA y SAN VICENTE (EL SALVADOR)
A diferencia de otros veranos, Antonio Santos disfruta este año del verano en India, donde realiza junto a otras diez personas un proyecto de acondicionamiento de escuelas en un ‘slum’ de Jaipur. “Las pintaremos, las sanearemos y las decoraremos, con el objetivo de incentivar la asistencia a clase de los niños y niñas de este barrio desfavorecido. Está previsto que, además, completemos esta actuación con diferentes talleres con niñoos, padres y profesores”, cuenta.
Al margen de AIPC Pandora, Ingmar es otra joven que desde hace un tiempo dedica sus meses de descanso a viajar de forma solidaria a destinos como el Atlas marroquí. “Viví con familias bereberes, me alojé en sus casas y comí lo mismo que ellos. Se trataba de verlo todo, de estar con las mujeres mientras cocinaban o de observar como interactuaban con los niños. Te das cuenta de las diferencias entre España y Marruecos”, comenta. Lo que más le llamó la atención durante su visita fue comprobar como en un lugar tan cercano a nosotros “una madre nos confesó que su marido había repudiado a la hija de ambos, casada desde los 14 años. Al parecer, una vez que contraen matrimonio y, pase lo que pase, los padres ya no tienen ninguna obligación de atender a los hijos”.
Un poco más lejos, hasta El Salvador, viajaron Victoria y Berta, a través de la Asamblea de Cooperación por la Paz, una asociación no gubernamental. “Una experiencia así te abre los ojos y te das cuenta de cosas que desde aquí igual nunca me hubiera puesto a pensar”, apunta Berta, destacando el proyecto de la Asamblea en la zona de San Vicente. Allí participó en una jornada de prevención del VIH. “Era impresionante comprobar la conciencia que niños muy pequeños, de 7 u 8 años, tenían sobre la enfermedad. Incluso, llegaron a montar y representar una obra de teatro”, concluye.
por Patricia Costa
