Vuelve lo retro: X-men First Class

Esta peli es a X-men lo que “Una nueva esperanza” a Star Wars… una cuarta peli que es la primera de la saga… ¿o en el caso de Star Wars era al revés?

Paranoias aparte, aquellos que hemos sido lectores acérrimos desde pequeños, aquellos que hemos seguido las aventuras de los mutantes marvelitas, somos bien conscientes de lo que se nos viene encima. Un servidor, pese a su relativa juventud, es poseedor de varios ejemplares de “La Patrulla X” de Vértice, unos tomos que desde bien temprano me hicieron soñar con ver un filme sobre estos superhéroes.

Muties... con pantalón de campana

En el año 2000, entrando en pleno siglo XXI, tuve la oportunidad de cumplir aquel sueño. No podría describir la emoción que me produjo ver a mis personajes de tebeo favoritos convertidos en seres de carne y hueso y llevados a la gran pantalla. Un tiempo más tarde, con X-men 2, la emoción fue incluso mayor y el trabajo de Bryan Singer brutal. Se había superado a sí mismo. Con la marcha del director de la saga mutie, la calidad de la misma se vio afectada. X-men 3:The last Stand o X-men Origins:Wolverine, fueron, con diferencia, productos mucho más descuidados y de menor valor.

Ahora, a menos de una semana para acoger en nuestros cines X-Men: First Class (Primera Generación), los pelillos se me vuelven a poner de punta. No, no vuelve Singer, al menos al rol de director (esta vez le tocó a Matthew Vaughn), pero sí ha intervenido en esta nueva película, tanto a la hora de escribir la historia, junto a Sheldon Turner, así como siendo uno de los productores ejecutivos de la misma. Y eso, señores y señoras, ya es para mí una mínima garantía de calidad. Sí, lo sé bien, Singer dirigió Superman Returns y mira… pero oigan, nadie es perfecto y ésta, es su saga por excelencia. Un voto de confianza pues.

Charles Xavier a las portadas

Además, la historia, el planteamiento, pinta más que bien. Ahora sí que sí. Lo que me faltó por ver allá por el 2000, esa formación original, esa Patrulla X de Vértice, ha llegado.

En 1963, un joven Charles Xavier abre su escuela para jóvenes talentos y conforma, tras sus muros y con la ayuda de su, por aquel entonces, gran amigo Eric Magnus Lensherr, lo que sería el embrión del fabuloso equipo mutante.

Entre medias, el Club Fuego Infernal, pantalones campana y algún que otro Cameo.

En fin, a unos días de su estreno, ya me muerdo las uñas. Por cierto, soy de aquellos que critican que la 20th Century FOX haya adelantado varios fragmentos del film y haya sacado tanto trailer que no hacen sino convertirse en spoilers. Mi teoría dice que cuando estas cosas ocurren es porque el producto tiende a no ser lo suficientemente bueno. Espero estar equivocado. El 6 de junio, lo comprobaremos. Más info tras el visionado.

N. del redactor: Echaré en falta a Bobby Drake… convertido en muñeco de nieve.

The “no tight, no flight” rule…

El pasado viernes, diez años de historia, diez años de espera, diez años viendo crecer a un joven Clark Kent… tocaron a su fin. El pasado viernes, Smallville se despidió de todos nosotros en un capítulo final de dos horas ni más ni menos, que significó el retorno de Superman, vuelo, mallas y capa incluida a la pequeña pantalla desde tiempos de Lois & Clark. O no…

Tampoco me gustaría desvelar nada, así que me evitaré los spoilers. Símplemente querría expresar lo que ha sido para mí este “finale”. Para ello, comenzaré haciendo una pequeña revisión al modo en que Smallville ha estado presente en mi vida. Los primeros años, la serie nos presentaba a un joven Clark, desarrollándose como héroe y adolescente, enfrentándose cada día a un nuevo enemigo afectado por los meteoritos. Entonces, yo estaba realmente enganchado. Poco a poco, las temporadas comenzaron a flojear, y con ello la adicción de muchos telespectadores pero Smallville, como producto supo reinventarse, y lo ha hecho una y otra vez a lo largo de estos diez años. Así, ha logrado que los “superfans” no nos hayamos aburrido, que no hayamos desconectado, que siguiésemos las andaduras de Kal-el hasta el momento de su transformación, hasta el día en que dejaría de llamarse Clark Kent, para pasar a ser Superman.

ESE de SUPER!!

Ahora, si bien no quisiera estropearle a nadie el capítulo relatando los hechos que acontecen, sí diré, que el final, hay que saborearlo poco a poco, en pequeñas dosis, meditarlo con la almohada, no sacar conclusiones precipitadas, dejar que decante… y decidir. Eso he hecho, y tras unos días desde que tuve la oportunidad de verlo, diré… que me ha gustado. Me parece que las casi dos horas que dura el episodio son una muestra en versión compacta del magníficamente trazado camino que ha seguido Clark para llegar a cumplir su destino como último hijo de Kripton.

Yi la primera parte tiene su estilo, tanto argumental como visual, centrándose en el enlace entre Lois y Clark, es el desenlace y, sobretodo los quince últimos minutos, los que saben cubrir a la perfección todas las expectativas que los fans habíamos puesto en el cierre de esta temporada. Por fin llegó. El hombre de acero hizo su aparición, y con él todo su universo.  Las piezas del complejísimo puzzle en que se había convertido Smallville encajaron a la perfección, llevándonos al punto de encontrarnos con la mismísima contrapartida en papel de Superman, Lex, Lois… Donde acaba Smallville, empieza cualquier comic del hombre de acero. Pese a sus peculiaridades, pese a muertes, cambios de personalidad, recursos “mágicos” gastados hasta la saciedad… Smallville acaba donde tenía que acabar.

Cada cual puede tener su visión u opinión pero para mí, lo han conseguido, así que no perdáis un segundo y echadle un ojo, porque  este “finale” cierra con estilo 10 años de una serie que nadie esperaba tan longeva y que se ha convertido en un mito. Kent luce una S en su pechera, el azul y el rojo. Superman lives!

Las aventuras de Tintin: Trailer

Damas y caballeros… Ha sido larga la espera, pero, por fín, podemos ver lo que tan sólo alcanzábamos a imaginar a través de unos cuantos fotogramas escogidos. El mayor de los periodistas de todos los tiempos, el mozo de cabellos dorados, el gran Tintin, hijo de Hergé, siempre acompañado por su fiel Milú, vuelve al celuloide (no es la primera adaptación), esta vez de la mano de Spielberg (Jurassic Park) y Peter Jackson (ESDLA), empleando la tecnología de Zemeckis (Regreso al futuro)… prometedor… muy prometedor. Y para muestra, un botón:

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He aquí otra versión, del 61:

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Un mensaje de Spielberg y Jackson:

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No te ligues a la chica de los 7 malvados ex.

 

I’ve liked you for a thousand years.
I can’t wait until I see you.

You can’t stand to see me that way.
No matter what I do, no matter what I say.
Yeah!

A lo mejor, visto así, nadie reconoce estas palabras. Basta decir que es la letra de una canción del grupo Indie canadiense “Plumtree”. Ya, ya lo sé, esto, de primeras, poco o nada tiene que ver con un blog sobre comics y novela gráfica. ¿Su título? Eso… eso era. Su título es lo que de verdad nos dará la pista que buscamos. Amigos, amigas, esta canción, es… Scott Pilgrim.

¿Y qué es Scott Pilgrim? Os preguntaréis. Alguno, ducho en el tema, lo conocerá de sobra, los menos, tendrán algo que decir gracias a la película que se estrenó el pasado año en las carteleras españolas, mucho antes en el resto del mundo y, tengo que decir, con penosos resultados en nuestras tierras. Ciertamente triste.

Scott y Ramona

Pero volviendo al grano y a lo que nos interesa: Scott Pilgrim como novela gráfica. Sí, porque eso es lo que es, un comic, una historia en seis partes, en seis tomos considerados independientes pero parte del mismo arco argumental. Seis libritos editados entre el 2004 y el 2010 por onipress en los USA y que aquí han llegado de la mano de Random House Mondadori/debolsillo. (192 pags – 8,50 euros)

El autor de esta obra, de estética manga y referentes videojueguiles, es el canadiense Bryan Lee O’Malley, historietista e ilustrador afincado en Los Ángeles. Bueno, estos días tengo constancia de que está por Suecia, y si no me créeis, echadle un vistazo a su blog: radiomaru.com.

En cuanto a Scott, se trata de un chico de 23 años que toca el bajo en su grupo, los Sex Bob-ombs (sí, nombre acuñado en fiel homenaje a las criaturitas explosivas del Super Mario Bros.) que, un año después de la ruptura con su novia comienza a salir con una muchacha de 17 años y raíces chinas llamada Knives Chau. Hasta aquí todo normal. Todo cambia cuando aparece en su vida Ramona Flowers, neoyorquina, repartidora de Amazon de profesión y recién trasladada a Toronto. Esta muchacha se convertirá en el objetivo y eterno dolor de cabeza de Scott, quien hará lo imposible por lograr su amor. Como véis, toda una aventura juvenil, aderezada con grandes dosis de humor y romanticismo, pero sobretodo, con una gran carga de frikismo. Scott deberá enfrentarse con los super-ex novios de Ramona (la liga de malvados ex, para ser exactos), se reencontrará con sus antiguas parejas, se enfrentará a sus propios demonios existenciales… y todo ello rodeado de un clima geek, de un mundo con estética manga, continuos guiños a videojuegos y  una genial cultura Indie, que hacen de esta novela algo muy, muy especial.

La peli...

La película también merece la pena. En el cast nos encontramos a un fantástico Michael Cera, al que adoro desde Juno, a Mary Elizabeth Winstead, quien fuese la hija de John Mclane en la Jungla 4.0 (y que ya tuvo algo que ver con el mundo, no de los cómics, pero si de los superhéroes en el film de Disney Sky High), a dos gigantes como Brandon Routh, última reencarnación de Superman y Chris Evans, la Antorcha Humana de los 4F y muy próximamente, el cuerpo que albergará el espíritu del Capitán América, a Kieran Culkin, hermano de Mcauley y a un cómico como la copa de un pino, el gran Jason Schwartzman.

En fin, que Scott Pilgrim y su mundo, ya sea en papel o celuloide, no tienen desperdicio. Muy recomendable, o mejor aún… Awesome!!

SCOTT: Oh! Check it out! I learned the bass line from Final Fantasy 2!

Recuerdos en el aire: Chernóbil-La zona

Es curioso cómo el ser humano, una y otra vez, vuelve a tropezar con la misma piedra. O digámoslo de otro modo, para que no suene a mensaje ecologista u oportunista, es curioso lo cíclico de la historia, cómo siempre hay acontecimientos que se repiten. Las catástrofes naturales son un ejemplo (la naturaleza se abre paso irremediablemente, decía Ian Malcolm, personaje del film “Jurassic Park”). Las artificiales (por denominarlas de algún modo), también lo son.

Tal es el caso de Fukushima, la central nuclear nipona que, tras el terremoto del pasado 11 de marzo, entró en un fuerte periodo de crisis, poniendo en riesgo la vida circundante. Lo mismo ocurrió, hace ahora exactamente 25 años, con la central de Chernóbil, desastre humano donde los haya, que hasta hace poco ostentaba el privilegio de ser el único gran accidente nuclear del hombre (de lo que denominan “un nivel siete”).

Y es precisamente este acontecimiento el que sirve de eje de acción a la historia que nos narran Francisco Sánchez con sus palabras y Natacha Bustos mediante los lápices. Hace pocos días, en pleno Salón del Cómic de Barcelona se presentó, de la mano de Glénat, la novela gráfica “Chernóbil, la zona”.

Pero no es esta la historia de la central, de qué pudo fallar, del porqué o el cómo, sino que es más bien un relato del dónde. Es la historia de una ciudad, Prípiat, levantada ex-profeso para los trabajadores de la central, la historia de una familia, de un grupo de seres humanos cuyas vidas cambiaron sin avisar. Es el reflejo de las consecuencias que, para cientos de personas, tuvo este horrible accidente acontecido en Ucrania.

Es por tanto una muestra de sentimientos, de lo que estos individuos sufrieron al ser arrancados de sus hogares, al ver truncadas sus vidas por el poder del átomo. Una aventura intrigante, intimista, que muchas veces dice más a través de sus viñetas mudas que de sus bocadillos.

Es un canto al recuerdo, a la vida misma y a cómo ésta continúa muchas veces sin permitirnos detenernos a respirar, a tomar decisiones, a elegir un camino.

Espléndido trabajo de documentación, tanto histórica, como gráfica, “Chernóbil-La zona” se entra por los ojos como el negativo de una fotografía, que una vez en nuestro interior se revela y nos hace recordar, sentir en carne propia, reflexionar.

Aprovecho para añadir un link al minisite de la obra para aquellos que deseen ampliar información, tanto acerca de la novela, como sobre el desastre ucraniano.

http://www.edicionesglenat.es/sites/lazona/

La historia se repite. Giramos y giramos, como la Noria del parque de atracciones de Prípiat, por siempre vacía…

 

Superuseless superpowers…

Lo sé, lo sé. No todo por estos lares son mallas ajustadas y capas… pero es que sientan tan bien. En esos esculturales cuerpos… estooo… uno empieza y no para, vaya. En fin, que mientras acabo de leerme CHERNOBIL, de Natacha Bustos y Francisco Sánchez, hago mi última aportación semanal al mundo superheróico.

El famoso "flight in flight"

Lo cierto es que ya se ha hablado mucho de esto a lo largo y ancho de la blogosfera, de lo absurdo de algunos de los superpoderes de nuestros héroes favoritos. Pero ahí están, y me hace ilusión recordarlo de vez en cuando. La idea me sobrevino tras golpearme en la cabeza con el lavabo al resbalar cuando trataba de colgar un reloj de pared en el baño subido en el retrete. O no, quizás no fue así. Tal vez fuese al recordar un blog que descubrí hace años llamado “Superuseless superpowers”, donde unos cuantos gamberros se hacían eco de superpoderes tan inútiles como el “flight in flight”, la capacidad de volar… solo cuando vas dentro de un avión, el “13th bulletproof”, o la habilidad de ser antibalas… a partir del decimotercer balazo, o el “Short range teleportation”, poder que te permite teleportarte a distancias… ¡de sólo unos milímetros! Ideal para los amantes del popping.

Ahora bien, más allá de este divertido blog, la cuestión es que, por absurdo que parezca, a lo largo de la historia comiquera, han existido personajes con poderes, si cabe, aún más ridículos:

–       Kolor Kid: Fue un tipo con la habilidad de cambiar el color de las cosas. Muy útil cuando te toca redecorar tu vida.

Y encima tenía el peinado de Logan...

–       The Mess: Sin duda, sería en archienemigo de mi madre, un muchacho con la capacidad de atraer toda la suciedad de su alrededor. Junto con Kolor Kid, te dejan la casa monísima.

–       Matter-Eater Lad: Un miembro de la Legión de Superhéroes capaz de comerse todo lo que le echen. Un estómago a prueba de bombas. Una vez le llamaron para comerse la máquina que destruiría el mundo, así de fácil.

–       Mister Midnite: El héroe con el poder de parar el tiempo… perdón, ¿he dicho tiempo? Quería decir los relojes. ¿Que no es lo mismo? Pues parece que no. No me extraña que sólo durase dos números. Con el juego que podría haber dado…

–       Joan Dale, creada por Quality Military Comics en el 41, podía transformar a los nazis en palomas. Muy simbólico, pero claro, Norteamérica cambió de enemigos… y se ve que con los rusos, por ejemplo, no funcionaba la cosa.

–       Unus, el Intocable y Blackbolt: Añado estos dos, porque son dos iconos de Marvel que me encantaban de peque pero que dan mucha penita, el primero, porque murió al crear un campo de fuerza tan impenetrable, que ni el oxígeno pudo pasar y ¡ale!, asfixiado. Y el segundo, porque pese a ser el líder de los inhumanos, que es muy molón, si tu poder es que al emitir cualquier sonido por medio de tus cuerdas vocales destruyes todoa tu alrededor, lo siento, pero jamás podrás ir a un karaoke (o a un castingo de O.T) y chico, eso es muy triste.

En definitiva, que  poseer superpoderes no es siempre la mejor opción y ¡oye!, que hay  muchísimos más superpoderes, mucho más absurdos, inútiles o engorrosos, pero yo he hecho sólo una sencilla selección como muestra empírica de mi teoría.

Y hablando de teorías… ¿Os conocéis aquella que explica el porqué de la elasticidad e indestructibilidad de los pantalones de Bruce Banner al convertirse en Hulk, así como su tendencia a volverse morados? Lo explicaremos en próximos posts niños y niñas.

Mira que se lo decía su mamá

Cine y cómic: THOR

Aquellos que vivieseis en Madrid hace años os acordaréis de un programa llamado Pasacalles que decía “qué le falta, qué le sobra o en qué ha cambiado la imagen” Pues a algo así podríamos jugar con la película Thor, de Kenneth Brannagh.

Póster de la película.

Nos enfrentamos al que me parece quizás el más inconstante de los últimos films de la factoría Marvel. Inconstante o inestable, que no incompleto, pues hay una parte, aquella que se desarrolla en las mitológicas tierras de Asgard, en la que el Shakesperiano Branagh se mueve como pez en el agua. Drama, tensión, traición, en un mundo grandilocuente (donde Anthony Hopkins como Odín o Idris Elba como Heimdall, brillan con luz propia). Fantástico. No ocurre así cuando nuestro protagonista, el nórdico dios del trueno, Thor (interpretado por un resultón Chris Hemsworth que cumple, pero tampoco impresiona, como lo puede hacer Downey Jr en Iron Man –lo sé, las comparaciones siempre son odiosas-) desciende hasta Midgard, es decir, hasta nuestro mundo, como castigo a su arrogancia y ante la desobediencia para con las órdenes de su padre, rey de los dioses.

¿Qué le pasa a la película aquí? ¿Por qué pierde fuelle? El argumento queda bien definido, pero acabar por parecer un tanto simploide, quizás por la puesta en escena. El papel de Jane Foster (Natalie Portman) queda deslucido, pues no se sabe bien hacia donde va, o de dónde viene. Del mismo modo, tenemos esa sensación con su profesor, Erik, o su compañera, que podrían  ser obviados de la historia sin grandes repercusiones. ¿Qué ocurre pues en Midgard? ¿Cuál es el papel de SHIELD, que en esta peli queda algo desdibujado y nada amenazador? ¿Qué fue de esa grandeza demostrada por los héroes de Asgard, cuando acuden al rescate de su amigo? Impresionantes en las tierras heladas de Jotunheim, se convierten en poco más que bufones cuando aterrizan en Nuevo México. Por suerte, la película vuelve a enderezarse, a alzar el vuelo en su parte final, retornando allá donde comenzó, en las fascinantes tierras de la mitología noruega, en Asgard, donde un maquiavélico Loki (sensacional Tom Hiddleston, que nos hace ver al hermanastro de Thor desde una nueva perspectiva, quizás la más humana jamás contemplada) trata de poner punto y final a sus planes.

Un tachón, un negativo por tanto para los momentos “terrestres” que, por otro lado quedan bien aderezados con ciertos toques de humor, los cuales aunque a muchos les resultaron inadecuados, a mí me gustaron y me parece que aportaron un toque personal y divertido a la historia, un toque que ayuda a distinguir los dos mundos en que ésta sucede.

Thor, versión The Ultimates

Y minipunto para el apartado técnico y el diseño de mundos, que hace que disfrutemos de Asgard, que lo contemplemos como una realidad, que lo torna mágico y nunca lejos de su versión en papel, homenajeándolo, recreándolo y adaptándolo a los tiempos que corren. Ante nosotros se abre un nuevo mundo maravilloso concebido como mezcla de magia y tecnología y plasmado de modo magistral. Un hurra en este sentido por Thor. Lo cierto es que Marvel no suele defraudar aquí (y menos ahora, fusionada con Disney) y ninguna de las últimas hornadas de películas nos han alejado de la imagen que todos tenemos de Hulk, Iron Man, Spiderman o, el caso que nos ocupa, Thor (Hay casos fallidos, no nos olvidemos: la familia marvelita por antonomasia, los 4 fantásticos, Daredevil, Elektra, Punisher, Lobezno o la tercera entrega de los X-men no llegaron a las cotas de calidad esperadas). Al contrario, han sido capaces de crear un universo conjunto, fiel al juego que siguen los cómics de la editorial norteamericana, algo que podremos seguir disfrutando en el estreno de Capitán América en pocos días y que alcanzará su punto álgido en mayo de 2012 con la llegada de Los Vengadores de Joss Whedon. El círculo se va cerrando, la historia va tomando forma, el puzzle se completa y creo que será una maravillosa experiencia el poder ver todas las películas juntas. La secuencia final, tras los títulos de crédito en Thor, es más que reveladora al respecto.

Así pues, es una película entretenida, esencial para los comiqueros marvelitas, palomitera y divertida para pasar un buen rato, algo bizarra tal vez para quienes nunca han leído las aventuras del hijo de Odín.

Odin:  Whoever wields this hammer, if he be worthy, shall possess the power of Thor.

Nick Furia pierde un guión… se ofrece recompensa!!

Hace unos días comenzó en Albuquerque (que no, Alburquerque), en Nuevo México, el rodaje de lo que, para aquellos que hemos aprendido a leer con los cómics Marvel, será la película de películas, la reina de los Superheroe Films, la madre de… en fin, ese peliculón que presumiblemente será Los Vengadores/ The Avengers, de Joss Whedon (sí señores, el papá de Buffy, Serenity…).

Pues bien, no sería de extrañar, que hoy, según llegasen al set, se produjese una escena similar a la siguiente:

Scarlett Johansson: Bueno Sammy, ponte el parche que vamos a repasar la escena esa del fin del mundo y toda la pascua.

Samuel L. Jackson: Ya va, ya va, pelirroja. Espérate, que andaba yo buscando el guión. Si estaba por aquí, lo juro… aquí mismo…

Scarlett Johansson: Oh My God… ¿no me digas que has perdido tu “script” Sammy…

Pero así ha sido, efectivamente. Y para el que no se lo crea, y dado que una imagen vale más que mil palabras (y en jpeg ocupa muchísimo más también), la web Obsessed with Films, ha publicado unas instantáneas en las que, efectivamente, aparecen diversas páginas pertenecientes al guión del mismísimo “Nick Furia”. Al parecer, un anónimo se ha hecho con él y está intentando “negociar” su rescate. ¡Eso es! ¡Sin miedo a los abogados de Disney, caballeros! Por cierto, ¿tendrá la culpa la absorción de Marvel por parte de Disney de que el nombre en clave del proyecto, según aparece en el guión de Jackson, sea “Abrazo de grupo”/”Group Hug”?

Otro de esos grandes misterios sin resolver dignos de Fox Mulder, Olivia Dunham o Indiana Jones… ¿Alguien quiere pujar por el guión?

Y en unas horas… THOR!!

Así que, oh mortales habitantes de Midgard, para ir abriendo boca, recordemos las andanzas de este rubio asgardiano durante su más tierna infancia… o no.

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Arde que te arde… “El sótano en llamas”

Decía René François Ghislain Magritte: Ceci n’est pas une pipe. Pero lo era… aquello era una pipa, o la representación de una pipa al menos. Su reflejo. Y digo yo, a cuento de “El sótano en llamas”, obra del surrealista Toño Benavides: “Esto no es un cómic”, pero lo es, al menos en su esencia.

Y es que hace unos días tan sólo, antes de este ajetreo que todos conocemos por Semana Santa, cayó en mis manos por casualidad, este librito publicado por Astiberri, “El sótano en llamas”, concebido por el leonés Toño Benavides, dibujante de cómics, fanzinero, pero sobretodo ilustrador, todo un ilustrador. Y eso es este “ente” en cuestión, un compendio de ilustraciones, reflejo del mismísimo surrealismo, gráfico y psicológico, de los mundos oníricos de Munch y Freud, donde podrían coexistir cucarachas religiosas con el automóvil convertido en el mejor amigo del hombre. Muy Kafkiano todo ello.

Eso es “El sótano en llamas”, surrealismo y expresionismo puro. Diez historias cortas (algunas de ellas publicadas ya en la revista Humo, otras concebidas expresamente para este recopilatorio) movidas por el impulso mismo del sentimiento, ligadas por algo que va más allá de la realidad y sin embargo la describe en todo su esplendor. Así lo expresó el propio Benavides en una entrevista para Efe: “Son diez relatos que presentan un interés especial por el absurdo. Mi objetivo era desmontar la realidad y volver a construirla bajo una lógica diferente. Pretendía que el lector se viera reflejado o sorprendido en su fuero interno, descubriéndose a sí mismo.” Y lo consigue, vaya si lo consigue, desmontarnos de pies a cabeza y hacer que nuestro “sótano” arda.

Un cuento ilustrado según algunos, una novela gráfica para otros, simples historietas para todos.  Un retrato, una muestra de un mundo absurdo, de nuestro universo visto por el lápiz de Benavides. Un relato evocador que te envuelve y te hará pasar un buen rato, una historia que, como mis obras de arte favoritas, te deja con ganas de más, pensativo, aturdido y nunca indiferente.