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Chascos y aventuras

Una duda me corroe: ¿cómo se dirá chasco en japonés?

Nadie se sumerge en ninguna aventura esperando resultados mediocres. La gente, pese a tener un chasco nueve de cada diez veces, desea tener al menos una experiencia suprema, aunque sólo sea una vez. Y eso es lo que mueve el mundo. Eso es el arte, supongo”.

Haruki Murakami, en Al sur de la frontera, al oeste del Sol.

Más que al verbo sumergir, asocio la palabra aventura al verbo embarcar, y a nombres propios como Tintín, Indiana Jones y Marco Polo. Pero quizá no haya aventura mayor que la aventura de crear, ¿no?

Por cierto, traducir una obra literaria debe de ser un trabajo tan arduo como creativo. ¿Por qué  la traductora de esta novela, Lourdes Porta, se decantó por chasco en vez de por contratiempo, fracaso, decepción o desilusión?

La prensa decía que el amigo Murakami contaba con bastantes papeletas para ser galardonado con el Nobel de Literatura, pero este año ha ganado otro asiático, el chino Mo Yan. Como Murakami resiste el dolor como pocos, es maratoniano (pasó por aquí hace tiempo, a cuento de sus correrías en De qué hablo cuando hablo de correr), tampoco andará muy preocupado, seguro que un lustro de estos se lleva el Nobel como quien no quiere la cosa. Aunque igual se ha llevado un pequeño chasco.

El mejor post

Quizá el mejor post, de cualquier blog, sea siempre el último. El recién publicado.

O el primero, el que logra que el bloguero pase del dicho al hecho.

O el próximo, el que aún no está escrito y nos ronda por la cabeza.

Un blog, además de muchas otras cosas, puede ser una obra en marcha.

Estoy leyendo De qué hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami. En el prefacio he subrayado estas palabras:

Soy una persona incapaz de pensar a fondo sobre algo si antes no intento convertirlo en letras.

Me ocurre algo similar.

Unas páginas más adelante me he topado con las líneas que han provocado que comience esta entrada:

Si se hiciera una película sobre mi vida (aunque el mero hecho de pensar en ello ya me horroriza), todas las escenas acabarían suprimidas en la sala de montaje. Seguro que dirían algo así cómo: «Esta escena tampoco hace falta que aparezca. No está mal, pero tampoco tiene nada de especial». Eso es. Son sólo pequeños acontecimientos sin importancia. Pero para mí son recuerdos valiosos llenos de sentido.

Quizá en nuestras vidas ocurre algo parecido, ¿no?

Comencé la nueva etapa de esta bitácora con unas palabras de Ribeyro que guardan cierto parentesco con este último párrafo de Murakami: «Todo tiene importancia, nada tiene importancia, aquí, ahora». Pongamos que hablo de un blog, o de cualquier otra cosa.