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Una muerte sin muerte

Estábamos embarazados. De dos meses. Repletos de ilusión. Hasta este viernes. Embarazados de una niña; eso intuía, se le decía a mi hijo, una niña. Aunque ahora dé igual, aunque no haya visto su cara, aunque nunca pueda ver su rostro ni escuchar su voz ni hablar con ella, ni nada de nada, sigo pensando que era una niña, que íbamos a tener una princesita.

El churumbel quería un niño. Otro chico, para jugar. Yo también. Me habría encantado que fuera niño, aunque la verdad es que también me deleitaba, me ensimismaba imaginando que una niña estaba en camino. Estaba encantado. Y el sexo de la criatura me daba igual.

Igual. Días después del chasco, he escuchado varias veces ya aquello de que la vida sigue, que hay que continuar, pasar página.

Cantaba Julio Iglesias que la vida sigue igual. Pero no. Nos pasamos la vida afrontando cambios.

Desde hace unos meses leo casi a dario Letras enredadas, el libro que reúne artículos y post de Pedro de Miguel. Pero el viernes por la mañana, poco antes de que fuéramos a la consulta, me pareció leer por vez primera estas palabras:

Somos capaces de entablar un diálogo
frente a una tumba en un cementerio.

Podemos dialogar con un amigo o un familiar muerto, pero en esta ocasión no tengo ese consuelo. Estábamos de dos meses. Era una lentejita que no ha germinado, casi nada. Casi todo.

Estos días pasan despacio. Ojalá pudiera aburrirme. He tragado, además de mucha, demasiada comida, mucha, demasiada televisión. Cuesta salir de casa. Contesto correos y navego, por inercia, en webs deportivas e informativas, pendiente de los resultados futboleros y del terremoto japonés. Pero no me entero de nada. He abierto algún libro de poesía, buscando yo qué sé, y apenas he encontrado nada. Bueno, hace un rato he releído estos versos de Caballero Bonald:

Ahora es de noche y tú no tienes nombre,
a nadie pertenecen tu voz, tus adjetivos,
mientras cae la lluvia

Una muerte sin nombre, sin muerte, sin duelo ni luto, sin consuelo. Con pena. Triste.

 

P.D.: (Esta es una bitácora casi real, puedes pensar que me acabo de inventar esto, que no lo he vivido ni sufrido. Lo escribí el lunes. He vacilado: algunas veces he estado a punto de borrarlo, y otras de colgarlo aquí. Lo publico para desahogarme, para continuar manteniento este blog –me veía incapaz de escribir otra cosa– y porque quiero recordarlo. Todo.)