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“Mientan siempre” y otras citas sobre el oficio de escritor

Descubro, a cuento de otro tinglado, estas citas que extraje del libro El oficio de escritor (antología de Ana Ayuso editada en 1997 por Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja y reeditada en bolsillo en 2003 por Punto de Lectura). No están nada mal:

“Escribo porque para mí no hay otro destino”. Jorge Luis Borges

“Escribir, en cierto sentido, es una actividad que me ayuda a aliviar la tensión de esos secretos sepultados. Recuerdos ocultos, traumas, cicatrices infantiles… es evidente que las novelas surgen de una parte inaccesible de nosotros mismos”. Paul Auster

“A los quince años me veía a mí mismo como escritor mundialmente famoso a los setenta, con una melena blanca y ondulada. Hoy estoy prácticamente calvo”. Vladimir Nabokov

“Es realmente imposible quedarse sin ideas, ya que éstas se encuentran en todas partes”. Patricia Highsmith

“Me gusta decir. Diré mejor: me gusta palabrear. Las palabras son para mí cuerpos tocables, sirenas visibles, sensualidades incorporadas”. Fernando Pessoa

“En cuanto surgen dificultades me retiro, ahí está el gran secreto de la creatividad. A las ideas hay que tratarlas como a los gatos: hacer que ellas nos sigan”. Ray Bradbury

“Cuando escribo acerca de un ladrón me vuelvo ladrón; cuando escribo sobre el capitán Penderton, me vuelvo varón y homosexual; cuando escribo sobre un sordomudo, ensordezco mientras dura la historia”. Carson McCullers

“Yo no sé nada sobre la inspiración, porque no sé lo que es eso. La he oído mencionar, pero nunca la he visto”. William Faulkner

“Escribir es el trabajo más solitario del mundo”. Gabriel García Márquez

“Hay que ser un neurótico para dedicarse a esta tontería –me dice un amigo por teléfono refiriéndose a la angustia de escribir–”. Augusto Monterroso

“Noto cómo una mano inflexible me va sacando de la vida cuando no escribo”. Franz Kafka

“La mayoría de las personas no ven lo que sucede a su alrededor. Este es mi mensaje principal para los escritores: por el amor de Dios, mantengan los ojos bien abiertos”. William Burroughs

“Escribir es hacer un borrador y luego corregirlo hasta desentrañar lo que uno realmente piensa”. Adolfo Bioy Casares

“No empieces a escribir sin saber desde la primera página adónde vas. En cuento bien logrado las tres primeras líneas tienen casi la misma importancia que las tres últimas”. Horacio Quiroga

“Mientan siempre”. Juan Carlos Onetti

“Es preciso decidir qué es más importante: vivir bien o escribir bien. No hay que atormentarse con ambiciones contradictorias”. Stephen Vizinczey

“Es ciertamente razonable pedir a quien se disponga a escribir cualquier clase de libro que, al menos, haga el esfuerzo de aprender algo sobre el tema acerca del que piensa escribir”. Dashiell Hammett

“Una obra que contiene teorías es como un objeto en el que se ha dejado la etiqueta del precio”. Marcel Proust

“Toda novela es sólo la sombra de otra, perfecta y arquetípica, que el escritor ha vislumbrado en sus ensueños”. Luis Landero

“Nada es real si no lo escribo”. Virginia Woolf

Escribimos y escribimos infinitos correos, tuits, actualizaciones de muros, documentos y más documentos, casi siempre en teclados pero cada vez más haciendo malabares en diminutos teclados telefónicos o en pantallas táctiles, mientras nos cuesta reconocer nuestra propia letra cuando recurrimos a un lápiz o un bolígrafo… Escribimos más que nunca, pero el oficio de escritor lo siguen practicando, bien, sólo unos pocos afortunados.

María Kodama, Borges y Fernández Mallo, en Twitter

Ni María Kodama ni Agustín Fernández Mallo escriben aún en Twitter. Y aunque Borges sea inmortal, tampoco tuitea. Nos queda imaginar cómo habría zanjado la polémica. ¿Le habrían bastado con 140 caracteres?

Resumo: Hace unos días trascendió que María Kodama, la viuda del genial Jorge Luis Borges, ha obligado a retirar de las librerías  El hacedor (de Borges), ‘Remake’, de Agustín Fernández Mallo. En numerosos periódicos y blogs podemos leer la noticia y el comunicado de Alfaguara, la editorial de Fernández Mallo. En Twitter, como casi siempre que ocurre algo, nos topamos con opiniones y reacciones muy diversas. He recopilado una pequeña selección, en la que podemos comprobar que la “Kodasura” ha sentado bastante mal.

He tenido que hacer un pantallazo y pegar como una imagen la sarta de tweets, porque embeberlos uno a uno me estaba resultando demasiado laborioso (en teoría podría usar Blackbird Pie, pero me da errores, así que acepto sugerencias sobre plugins de WordPress o cualquier truco para embeber). Si quieres retuitear alguno de ellos, durante unos días aparecerá este listado en mis favoritos de @gentedeinternet.

(Ssi encuentras algún tweet interesante, avísame a través de la sección de comentarios, o vía tuitera escribiéndome a @gentedeinternet.)

“Todo el mundo sabía que los presupuestos se inflaban”

Este parrafito figura en una novela. Alude al cine en tiempos de Franco, aunque bien podríamos cambiar tres o cuatro palabras para hablar de este tiempo, y de otros ámbitos. Pero digamos que es ficticio:

“Los tiempos de producir películas con vistas a permisos de importación quedaban en la lejanía, pero había otras ayudas nada despreciables. Con el crédito sindical y unas cuantas letras de cambio de la distribuidora, un productor avezado podía comenzar sin invertir ni cinco céntimos de su bolsillo. La distribuidora soltaba las letras sin más garantías que el nombre de los protagonistas y del director, porque los exhibidores estaban obligados a consumir una cucharadita de cine nacional por cada cucharada grande de cine extranjero. El crédito sindical se concedía sobre un presupuesto que era preciso inflar, pues todo el mundo sabía que los presupuestos se inflaban. Era como humedecer el recorte de papel. El que no lo hacía, estaba frito. Terminada la película, y de acuerdo con la clasificación obtenida, llegaban las ayudas a fondo perdido. Resultaba, en conjunto, un negocio tentador. Y más seguro, todavía, en caso de coproducción, pues el film se consideraba nacional en los países participantes”.

(Las negritas las he puesto yo.) Aparece en El ayudante del verdugo (1971), una de las tres novelas que Mario Lacruz (1929-2000) publicó en vida. Las otras dos, El inocente (1951) y La tarde (1955), también figuran en Trilogía de la culpa (2009, Editorial Funambulista), un tocho muy recomendable.

Trilogía de la culpa, de Mario Lacruz. En la portada, Lacruz a los 15 años.

Aunque Lacruz quizá no aparezca en los manuales de literatura española del siglo XX (en su tiempo fue más conocido por su labor editorial en sellos como Plaza & Janés o Seix Barral), sus novelas resisten muy bien el paso del tiempo. Más que modernas, parecen actuales, escritas hoy, aunque nos trasladen a la España franquista. Narra sin artificios, directo. En fin, no voy de crítico literario por la vida, sino de citador. He abierto esta entrada porque, además de las anteriores, he subrayado estas líneas de El ayudante del verdugo:

“No es de extrañar que una generación corrompida engendre una generación de necios”.

“Yo puedo estar podrido, pero al menos no me hago ilusiones”

¿Quién es Pedro de Miguel?

Tirando de un hilo (rojo), andamos desde hace años con la intención de montar algo para recordar a Pedro de Miguel. Y quizá ya sea el momento de revelar que iRedes, un congreso internetero que se celebra el 24 y 25 de febrero en Burgos, es además de otras cosas, un pretexto, una excusa.

Estos días, al leer que Hernán Casciari ha ganado el Premio iRedes Letras enredadas, creado en homenaje a Pedro de Miguel, quizá más de uno se ha hecho esta pregunta: ¿quién es?

Podría responderla cortapegando la entrada wikipédica, contando que nació en Vitoria el 19 de mayo de 1956 y falleció en Pamplona el 12 de agosto de 2007, víctima de un cáncer. Que fue escritor y crítico literario. Que muchos le llamaban Peter. Que impartió clases de Géneros Periodísticos y Periodismo Literario en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra y en 1996 fue nombrado director de la revista Nuestro Tiempo. Que, especialmente interesado por los géneros breves (sobre todo el cuento), creó, junto con Joseluis González la editorial Hierbaola, especializada en este género. Que escribió Guía de lecturas contemporáneas, Lecturas para el cambio de siglo y Articulismo español contemporáneo, además de una novela, Yo que tú yo que tú ya no me moriría. Que le enredé en dos embolados de los que salió más que bien parado: la sección de elmundolibro dedicada a enlaces literarios (“Letras en la Red”) y, sobre todo, su blog, Letras enredadas.

En Letras enredadas se definió así:

«Un veterano licenciado en Historia reconvertido al periodismo y afincado en Bilbao, donde es posible que una txapela conviva con naturalidad con el titanio del Guggenheim y su perro guardián, Puppy».

En la Wikipedia también leemos que en el blog publicó numerosos comentarios, breves y agudos, sobre temas de actualidad, además de los dedicados específicamente a la crítica literaria, que escribió su último texto el 14 de julio de 2007, sobre la presencia de Luis Aguilé en los sanfermines, y que su muerte a edad joven dejó a la crítica literaria sin una voz personal, que -como muestran sus publicaciones- intentaba guiar a través de la innumerable producción literaria.

Aunque quizá nadie muera antes de tiempo, todos morimos jóvenes, ¿no?

Vuelvo a Julio Ramón Ribeyro, otra vez. En estos primeros pasos del mantenido, quizá sea el leitmotiv. Ahora me toca contar que Pedro de Miguel me pasó, en el 94, los cuentos completos del escritor peruano. Ribyero, en Prosas apátridas:

«El más insignificante de los hombres deja una reliquia –su pantalón, una medalla, su carta de identidad, un rizo guardado en una cajita– pero son pocos los que dejan una obra».

Pedro de Miguel no sólo dejó su blog. No sólo ha dejado los libros antes citados. No sólo ha dejado un nuevo libro, muy recomendable, recién publicado por Palabra, titulado Letras enredadas y prologado por Joseluís González, que reúne un centenar de entradas de su blog, artículos y colaboraciones en prensa y varios relatos.

Pedro de Miguel ha dejado una obra viva, que perdura. Compuesta por letras enredadas, vale: por muchos y muy buenos textos breves, escritos como quien no quiere la cosa. Pero también compuesta, cómo explicarlo, por unos enredos (*) muy sutiles que unen a sus amigos, discípulos y lectores.

(*) Dice el diccionario de la RAE que enredo es una «complicación y maraña que resulta de trabarse entre sí desordenadamente los hilos u otras cosas flexibles». Esta acepción me viene al pelo para copiar aquí el más celebre relato de Pedro de Miguel.

Soledad

Le fui a quitar el hilo rojo que tenía sobre el hombro, como una culebrita. Sonrió y puso la mano para recogerlo de la mía. Muchas gracias, me dijo, muy amable, de dónde es usted. Y comenzamos una conversación entretenida, llena de vericuetos y anécdotas exóticas, porque los dos habíamos viajado y sufrido mucho. Me despedí al rato, prometiendo saludarle la próxima vez que le viera, y si se terciaba tomarnos un café mientras continuábamos charlando. No sé qué me movió a volver la cabeza, tan sólo unos pasos más allá. Se estaba colocando de nuevo, cuidadosamente, el hilo rojo sobre el hombro, sin duda para intentar capturar otra víctima que llenara durante unos minutos el amplio pozo de su soledad.

P.D.: Amigos enredados, la entrada de la Wikipedia habría que actualizarla. No aparece su nuevo libro ni el premio ni un palíndromo ni las setas ni la pantera ni Webó ni….