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Fernando Llorente afea la conducta de David Navarro

En vivo y en directo, los asistentes al partido y los espectadores de Canal Plus contemplan el codazo que el jugador del Valencia propina a Fernando Llorente, delantero del Athletic de Bilbao, y cómo le grapan la cabeza mientras el agresor finge una lesión para escurrir el bulto. Carlos Martínez, el narrador del partido, al ver la primera repetición sentencia: «Lo que acaba de hacer David Navarro es muy feo».

Más tarde, el futbolista vasco rompe el código de silencio que protege a los marrulleros en Al primer toque, de Onda Cero: «Este tío no puede irse de rositas, así como así. Está muy feo que entre profesionales haya jugadores que se dediquen a intimidar y, sin balón de por medio, a pegar a los contrarios. Me parece muy feo esto».

En este «mundo feliz» en que vivimos (Juan Luis Arsuaga lo comentó el viernes pasado, en iRedes, otro día hablamos del asunto) conviene que afeemos la conducta de los que se portan mal. De niños y mayores. De los que salen en la tele y deberían dar ejemplo.

En los ochenta, o en los noventa, qué más da, se puso de moda la coletilla «qué guapo». Todo lo que molaba era guapo, un disco, una peli, una chupa. Ahora no está de más que digamos qué feo.

El huevo de iRedes

Este domingo nos quedamos sin huevos. Al recoger al churumbel en casa de los abuelos, mi hermana sacó varios del frigo y los envolvió en papel de periódico. Llegaron a casa intactos. Pero, al desembalarlos, sorpresa: en unas de las hojas salía una foto mía. Desenfundé el móvil y capturé la instantánea que precede a estas líneas.

Es un tópico decir que el periódico, además de para otras muchas cosas, sirve para envolver el pescado o un bocadillo. Defensores y detractores del papel impreso suelen recordarlo.

Escribo estos párrafos a salto de mata, mientras recopilo datos sobre iRedes, el congreso internetero que celebramos en Burgos el jueves y el viernes de la semana pasada. Quiero confirmar que mereció la pena (a bote pronto, diría que sí, y no porque #iRedes fuera trendic topic mundial o por la gran repercusión que cosechó en otras redes, en los medios y en muchos blogs, sino sobre todo por lo que contaron los ponentes y por los comentarios de la gente que acudió: gracias a todos).

En fin, ahora leo tuits, post y noticias, veo fotos y vídeos, repaso estadísticas, reúno pinceladas de aquí y de allá, esbozando una panorámica a toro pasado que nos muestre qué hicimos, qué fue iRedes. Y, quizá saturado ante tanta información, me digo que en la foto quizá esté la clave. Un huevo, envuelto en papel de periódico.

P.D.: Los comimos cocidos, por cierto, con un pizca de sal, vinagre y aceite. Mu ricos.

Rafa Nadal y la gente normal

KIA anuncia uno de sus vehículos con Rafa Nadal y un eslogan que quizá logre o esté logrando los objetivos de los publicistas que lo alumbraron: “Un coche extraordinario para gente extraordinariamente normal”.

Vale, Rafa Nadal es extraordinariamente normal. Quizá tanto como tú y yo.

Y Nadal, el deportista al que más admiro de los actuales (Raúl mete goles en otra categoría), también es natural. En El País Semanal un reportaje de Lucas Arraut del domingo pasado comenzaba así:

Cuando el tenista mallorquín sustituye a Beckham y Ronaldo como modelo de Emporio Armani, la industria habla de cambio de paradigma. Menos metrosexual, más natural”.

En las páginas del dominical encontramos al tenista en paños menores. No sé, quizá lo normal sería decir que Nadal anuncia calzoncillos, pero esa palabra no aparece por ningún lado.

P.D.: Escribo este textito con la mente puesta en iRedes, I Congreso Iberoamericano sobre Redes Sociales, que celebramos en Burgos el jueves y el viernes. Acuden más de 300 personas. Podría decir que todos los que estemos allí con nuestros teléfonos supuestamente inteligentes y otros tecnocacharros somos unos frikis, unos geeks, unos apasionados de la tecnología, internet y las redes sociales. Pero no. Somos gente normal. Aunque a la gente le encantar alardear de frikismo (también ir por la vida de emprendedor, pero eso lo dejamos para otra ocasión), ahora con Nadal tal vez se ponga de moda ser normal. O parecerlo.

¿Quién es Pedro de Miguel?

Tirando de un hilo (rojo), andamos desde hace años con la intención de montar algo para recordar a Pedro de Miguel. Y quizá ya sea el momento de revelar que iRedes, un congreso internetero que se celebra el 24 y 25 de febrero en Burgos, es además de otras cosas, un pretexto, una excusa.

Estos días, al leer que Hernán Casciari ha ganado el Premio iRedes Letras enredadas, creado en homenaje a Pedro de Miguel, quizá más de uno se ha hecho esta pregunta: ¿quién es?

Podría responderla cortapegando la entrada wikipédica, contando que nació en Vitoria el 19 de mayo de 1956 y falleció en Pamplona el 12 de agosto de 2007, víctima de un cáncer. Que fue escritor y crítico literario. Que muchos le llamaban Peter. Que impartió clases de Géneros Periodísticos y Periodismo Literario en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra y en 1996 fue nombrado director de la revista Nuestro Tiempo. Que, especialmente interesado por los géneros breves (sobre todo el cuento), creó, junto con Joseluis González la editorial Hierbaola, especializada en este género. Que escribió Guía de lecturas contemporáneas, Lecturas para el cambio de siglo y Articulismo español contemporáneo, además de una novela, Yo que tú yo que tú ya no me moriría. Que le enredé en dos embolados de los que salió más que bien parado: la sección de elmundolibro dedicada a enlaces literarios (“Letras en la Red”) y, sobre todo, su blog, Letras enredadas.

En Letras enredadas se definió así:

«Un veterano licenciado en Historia reconvertido al periodismo y afincado en Bilbao, donde es posible que una txapela conviva con naturalidad con el titanio del Guggenheim y su perro guardián, Puppy».

En la Wikipedia también leemos que en el blog publicó numerosos comentarios, breves y agudos, sobre temas de actualidad, además de los dedicados específicamente a la crítica literaria, que escribió su último texto el 14 de julio de 2007, sobre la presencia de Luis Aguilé en los sanfermines, y que su muerte a edad joven dejó a la crítica literaria sin una voz personal, que -como muestran sus publicaciones- intentaba guiar a través de la innumerable producción literaria.

Aunque quizá nadie muera antes de tiempo, todos morimos jóvenes, ¿no?

Vuelvo a Julio Ramón Ribeyro, otra vez. En estos primeros pasos del mantenido, quizá sea el leitmotiv. Ahora me toca contar que Pedro de Miguel me pasó, en el 94, los cuentos completos del escritor peruano. Ribyero, en Prosas apátridas:

«El más insignificante de los hombres deja una reliquia –su pantalón, una medalla, su carta de identidad, un rizo guardado en una cajita– pero son pocos los que dejan una obra».

Pedro de Miguel no sólo dejó su blog. No sólo ha dejado los libros antes citados. No sólo ha dejado un nuevo libro, muy recomendable, recién publicado por Palabra, titulado Letras enredadas y prologado por Joseluís González, que reúne un centenar de entradas de su blog, artículos y colaboraciones en prensa y varios relatos.

Pedro de Miguel ha dejado una obra viva, que perdura. Compuesta por letras enredadas, vale: por muchos y muy buenos textos breves, escritos como quien no quiere la cosa. Pero también compuesta, cómo explicarlo, por unos enredos (*) muy sutiles que unen a sus amigos, discípulos y lectores.

(*) Dice el diccionario de la RAE que enredo es una «complicación y maraña que resulta de trabarse entre sí desordenadamente los hilos u otras cosas flexibles». Esta acepción me viene al pelo para copiar aquí el más celebre relato de Pedro de Miguel.

Soledad

Le fui a quitar el hilo rojo que tenía sobre el hombro, como una culebrita. Sonrió y puso la mano para recogerlo de la mía. Muchas gracias, me dijo, muy amable, de dónde es usted. Y comenzamos una conversación entretenida, llena de vericuetos y anécdotas exóticas, porque los dos habíamos viajado y sufrido mucho. Me despedí al rato, prometiendo saludarle la próxima vez que le viera, y si se terciaba tomarnos un café mientras continuábamos charlando. No sé qué me movió a volver la cabeza, tan sólo unos pasos más allá. Se estaba colocando de nuevo, cuidadosamente, el hilo rojo sobre el hombro, sin duda para intentar capturar otra víctima que llenara durante unos minutos el amplio pozo de su soledad.

P.D.: Amigos enredados, la entrada de la Wikipedia habría que actualizarla. No aparece su nuevo libro ni el premio ni un palíndromo ni las setas ni la pantera ni Webó ni….