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¿Quién es Pedro de Miguel?

Tirando de un hilo (rojo), andamos desde hace años con la intención de montar algo para recordar a Pedro de Miguel. Y quizá ya sea el momento de revelar que iRedes, un congreso internetero que se celebra el 24 y 25 de febrero en Burgos, es además de otras cosas, un pretexto, una excusa.

Estos días, al leer que Hernán Casciari ha ganado el Premio iRedes Letras enredadas, creado en homenaje a Pedro de Miguel, quizá más de uno se ha hecho esta pregunta: ¿quién es?

Podría responderla cortapegando la entrada wikipédica, contando que nació en Vitoria el 19 de mayo de 1956 y falleció en Pamplona el 12 de agosto de 2007, víctima de un cáncer. Que fue escritor y crítico literario. Que muchos le llamaban Peter. Que impartió clases de Géneros Periodísticos y Periodismo Literario en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra y en 1996 fue nombrado director de la revista Nuestro Tiempo. Que, especialmente interesado por los géneros breves (sobre todo el cuento), creó, junto con Joseluis González la editorial Hierbaola, especializada en este género. Que escribió Guía de lecturas contemporáneas, Lecturas para el cambio de siglo y Articulismo español contemporáneo, además de una novela, Yo que tú yo que tú ya no me moriría. Que le enredé en dos embolados de los que salió más que bien parado: la sección de elmundolibro dedicada a enlaces literarios (“Letras en la Red”) y, sobre todo, su blog, Letras enredadas.

En Letras enredadas se definió así:

«Un veterano licenciado en Historia reconvertido al periodismo y afincado en Bilbao, donde es posible que una txapela conviva con naturalidad con el titanio del Guggenheim y su perro guardián, Puppy».

En la Wikipedia también leemos que en el blog publicó numerosos comentarios, breves y agudos, sobre temas de actualidad, además de los dedicados específicamente a la crítica literaria, que escribió su último texto el 14 de julio de 2007, sobre la presencia de Luis Aguilé en los sanfermines, y que su muerte a edad joven dejó a la crítica literaria sin una voz personal, que -como muestran sus publicaciones- intentaba guiar a través de la innumerable producción literaria.

Aunque quizá nadie muera antes de tiempo, todos morimos jóvenes, ¿no?

Vuelvo a Julio Ramón Ribeyro, otra vez. En estos primeros pasos del mantenido, quizá sea el leitmotiv. Ahora me toca contar que Pedro de Miguel me pasó, en el 94, los cuentos completos del escritor peruano. Ribyero, en Prosas apátridas:

«El más insignificante de los hombres deja una reliquia –su pantalón, una medalla, su carta de identidad, un rizo guardado en una cajita– pero son pocos los que dejan una obra».

Pedro de Miguel no sólo dejó su blog. No sólo ha dejado los libros antes citados. No sólo ha dejado un nuevo libro, muy recomendable, recién publicado por Palabra, titulado Letras enredadas y prologado por Joseluís González, que reúne un centenar de entradas de su blog, artículos y colaboraciones en prensa y varios relatos.

Pedro de Miguel ha dejado una obra viva, que perdura. Compuesta por letras enredadas, vale: por muchos y muy buenos textos breves, escritos como quien no quiere la cosa. Pero también compuesta, cómo explicarlo, por unos enredos (*) muy sutiles que unen a sus amigos, discípulos y lectores.

(*) Dice el diccionario de la RAE que enredo es una «complicación y maraña que resulta de trabarse entre sí desordenadamente los hilos u otras cosas flexibles». Esta acepción me viene al pelo para copiar aquí el más celebre relato de Pedro de Miguel.

Soledad

Le fui a quitar el hilo rojo que tenía sobre el hombro, como una culebrita. Sonrió y puso la mano para recogerlo de la mía. Muchas gracias, me dijo, muy amable, de dónde es usted. Y comenzamos una conversación entretenida, llena de vericuetos y anécdotas exóticas, porque los dos habíamos viajado y sufrido mucho. Me despedí al rato, prometiendo saludarle la próxima vez que le viera, y si se terciaba tomarnos un café mientras continuábamos charlando. No sé qué me movió a volver la cabeza, tan sólo unos pasos más allá. Se estaba colocando de nuevo, cuidadosamente, el hilo rojo sobre el hombro, sin duda para intentar capturar otra víctima que llenara durante unos minutos el amplio pozo de su soledad.

P.D.: Amigos enredados, la entrada de la Wikipedia habría que actualizarla. No aparece su nuevo libro ni el premio ni un palíndromo ni las setas ni la pantera ni Webó ni….