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¿A gusto con el fracaso? #lacrisisdelos40 (2)

“¿Por qué algunos de nosotros somos incapaces de enamorarnos del éxito, o del poder, o de la belleza? –se preguntó–. ¿Porque nos sentimos indignos de ellos, porque nos encontramos más a gusto con el fracaso?”. No creía que esa fuera la razón. Quizá fuera porque uno quería el equilibrio justo, como lo había Cristo, la legendaria figura en la que habría querido creer. “Venid a mí los que estáis en la aflicción y soportáis tribulaciones”.

Tal vez estas reflexiones de Castle en El factor humano, una buena novela de Graham Greene, le habrían servido a Julio Ramón Ribeyro para una anotación de su diario La tentación del fracaso. El fracaso da juego. En cambio, yo solo copio las líneas, las pego aquí  y sigo leyendo. Como si nada.

#lacrisisdelos40

Tengo 39 años, 11 meses y 30 días. Y la crisis de los cuarenta me acecha. Sigue mi rastro adonde quiera que vaya.

Por ejemplo, no puedo olvidar No volveré a ser joven, uno de los más célebres poemas de Gil de Biedma y, según él, el mejor de los que escribió:

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Jaime Gil de Biedma publicó estos versos en Poemas póstumos, en 1968, aunque los escribió en la primavera del 67. Hablaba de envejecer, de morir, con 37 añitos.

Tengo 39 años, 11 meses y 30 días. ¿Mañana entro oficialmente en crisis cuarentona?

P.D.: Me llama un amigo para felicitarme, con un día de adelanto. Me dice que no me preocupe, que la vida sigue igual. Pero yo no lo tengo tan claro. Ya no volveré a ser joven.