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Lo que pudo pasar y no pasó, entre el Madrid y el Barça

La histórica rivalidad entre el Real Madrid y el Barça merecía que las aficiones de los dos mejores clubes futboleros del mundo vivieran una final inolvidable, que se enfrentaran en la más importante competición europea precisamente cuando ambos equipos cuentan con los dos mejores futbolistas (Cristina Ronaldo y Messi) y los dos mejores entrenadores (José Mourihno y Pep Guardiola) de la época actual. La madre de todos los partidos, el acabóse.

Pero no. Digamos que los postes, las lesiones y el cansancio en el caso culé, y el cansancio y los defensas portugueses (Coentrão en la ida, Pepe en la vuelta) en el merengue, así como los dos inmensos porteros rivales y las secuelas del enfrentamiento entre los dos equipos en la liga española, han provocado que los dos hayan sucumbido en semifinales. El fútbol es así, diremos.

Ahora toca elucubrar. ¿Qué habría pasado en Munich si disputan la final el Fútbol Club Barcelona y el Madrid? Podemos pensar en lo que pudo pasar… y no pasó, como cantaba Sabina en Tratado de impaciencia número 10: Aquella noche que fallaste, tampoco fui a la cita yo.

Habrá más citas, ¿no?

P.D.: Consuelo de tontos: los merengues que se alegraron ayer y los culés que sonríen hoy

¿Por qué ha ganado el Real Madrid la Copa del Rey?

Escribo en caliente, mientras los jugadores del Real Madrid pasean el trofeo, recién ganado, por el césped de Mestalla. Y me hago una pregunta: ¿por qué ha ganado el Real Madrid la Copa del Rey?

Quiero que mi equipo gane, aunque sea de penalti injusto. Pero me alegra que haya ganado así: luchando de igual a igual, en la primera parte; resistiendo lo mejor que han podido, en la segunda; y resurgiendo, al final de los noventa minutos y, sobre todo, por supuesto, en la prórroga.

Quizá me equivoque, pero ahí va mi teoría. En el Real Madrid han jugado quienes, según su entrenador, eran los más adecuados. En cambio, en el Fútbol Club Barcelona no ha jugado Víctor Valdés, ahora mismo el único portero que puede disputarle a Iker Casillas el puesto de titular en la selección española. Casi nada. Guardiola, genio y figura, ha sido fiel a su estilo, pero en un partido tan igualado yo diría que la suplencia de Valdés quizá ha sido el factor más determinante: cuando el Real Madrid estaba casi noqueado, Casillas ha hecho dos paradones impresionantes. Vale, al final del segundo tiempo Pinto ha salvado a su equipo, pero quizá, tal vez, en el gol de Cristiano Ronaldo podría haber reaccionado con mayor rapidez. Casillas, hoy, lo habría parado. ¿Y Valdés?

Dice Casillas, aún en el campo.

Con esfuerzo, con entrega, hemos demostrado que podemos ganar a cualquiera.

Una periodista de Televisión Española entrevista a Mourinho. Habla del destino. “Obviamente, estoy muy orgulloso“, dice. Confirma que el equipo irá a Cibeles, a celebrar el triunfo. Ha estado comedido, por ahora.

En fin, el fútbol ha invadido, nadie sabe como ha sido, este blog.

El fútbol es la vida, proclamaba Fernán Gómez en un anuncio de cerveza.  Una comparación ociosa, que no odiosa. Cualquier deporte da mucho juego.

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Actualización mañanera: Santiago Segurola, en Marca, destaca las tres paradas decisivas de Casillas y concluye: “Esa capacidad para disfrutar del máximo protagonismo en los momentos más exigentes es lo que distancia a Iker de la mayoría de los porteros y lo que le convertira en un mito“.

Leo en El País que nadie ha conseguido meterle un gol a Casillas en las finales que ha disputado hasta ahora. Una garantía.

Vuelvo a Marca. Eduardo Inda dispara contra los madridistas contrarios a Mourinho. (No enlazo con su texto ni con el de Segurola porque no cuelgan la edición impresa de Marca.) Qué decir: creo que yerra. Hoy ningún merengue está triste. Hablo en primera persona: no me gustan los modos de Mourinho, me habría gustado que el Real Madrid hubiera jugado de otra manera, pero regí como un tigre (ejem) cuando Cristiano marcó el gol. (Los tíos, dicen, somos muy simplones, un triunfo futbolero nos puede alegrar el día, o la semana; pues sí, qué le vamos a hacer.) Lamento que echaran a Vicente del Bosque. Era nuestro Ferguson, nuestro Pep. Con Del Bosque me da que el Real Madrid no habría padecido durante tantos años esta sequía de títulos que terminó ayer. Aunque quién sabe.

Así no, Mourinho. Así no, Madrid

¿Es José Mourinho un cínico, un manipulador? Se puede hacer esta pregunta cualquier espectador imparcial que haya visto o al que le hayan contado la rueda de prensa del entrenador portugués tras el Real Madrid – Fútbol Club Barcelona del sábado pasado y, claro, que haya contemplado el primero de esta tanda de cuatro partidos.

Veamos. Soy blanco, pero reconozco que el Madrid salió más beneficiado que el Barça de las erráticas decisiones arbitrales. Resumiendo: a los culés les quitaron un penalti; el árbitro expulsó certeramente a Raúl Albiol y, aunque Mourinho se lamente, no debió expulsar a Dani Alves: puestos a analizar a posteriori las decisiones arbitrales, habría que señalar que el lateral brasileño debería haber recibido una tarjeta amarilla en la acción del penalti, pero que no tendría que haber recibido la tarjeta anterior. Y, vale, Messi se mereció una tarjeta por lanzar un balonazo contra el  público, pero el desquiciante y a menudo desquiciado Pepe no debió terminar el partido sin amonestaciones.

Al grano: el Real Madrid, el equipo más laureado del mundo, salió a jugar al contraataque en su propio estadio, cedió descaradamente el balón a su rival (daba grima ver lanzar pelotazos al portero o los defensas, sin trenzar una jugada) y disputó el lance como si el Barça fuera un equipo muy superior (luego, con diez y con Özil, y tirando de orgullo y juego, se demostró que no) y como si la Liga ya estuviera perdida, algo impropio de un club que no se rinde nunca. Sólo sacó a relucir la casta cuando expulsaron a Albiol.

El Real Madrid jugó como un equipo pequeño.

No regar el campo y mantener el césped más alto de lo habitual son triquiñuelas impropias de un club como el Real Madrid.

El amigo Mourinho, en cambio, se pasó la rueda de prensa tirando balones fuera. Al Barça, según él, siempre le favorecen.  Él, pobre víctima, que obligó a su equipo a jugar al cerrojazo y a pasarse el partido corriendo en pos de la pelota y cortando el juego.  Y quien se queda con diez jugadores siempre no es el Real Madrid, no, sino el equipo de turno de Mourinho. Los árbitros, según él, le persiguen. Ya.

¿Pero cómo habrían disputado el partido Vicente del Bosque o Luis Aragonés si fueran los entrenadores del Real Madrid y dispusieran de una plantilla tan completa?

En serio, ¿cómo jugaría el Real Madrid si Pep Guardiola entrenara a jugadores como Özil, Xabi Alonso, Pedro León, Canales, Kaká, Cristiano Ronaldo, Di María, Benzema, Higuaín? ¿Habría cedido el balón y se habría fiado a los córners, las faltas y los balonazos al área?

Mourinho gana, se harta de ganar, jugando como un equipo pequeño con plantillas de ensueño. Vence, pero así nunca convence. Aunque así acabe ganando títulos y campeonatos, siempre nos quedará el convencimiento de que ganó gracias a una mala tarde de su rival, a un golpe de suerte o, a veces, a una decisión arbitral. Mourinho, cómo no, sólo habla de árbitros para criticarlos, para denunciar que le perjudican o persiguen, como si ninguno jamás beneficiara a su equipo.

Vale. Antes que perder, que gane mi equipo aunque sea de penalti injusto. Pero prefiero que venza jugando bien. Y sin que el entrenador de mi equipo manipule o trate de manipular a los hinchas del club, echando la culpa al arbitraje.

Si el Madrid hubiera contado con un 79% de posesión, quizá el Barça habría acabado con diez jugadores, y goleado, ¿no? Tanto va el cántaro a la fuente…

Mourinho entrena al Real Madrid, supongo, sobre todo porque eliminó el año pasado al Barça con el Inter de Milán. Por sus resultados. A pesar de sus malos modos. No sé, debieron de pensar que era el menos malo de los entrenadores posibles, o el más indicado para acabar con la hegemonía blaugrana. Pero, dentro de unos años, ¿qué diremos de los títulos que obtenga el Madrid (alguno caerá, siempre caen con plantillas tan completas) “gracias” a los mezquinos métodos de Mourinho? Después de que Mourinho se largue para engordar su palmarés en otros caladeros, ¿cómo recordará esta etapa la afición?

El principal error de Florentino Pérez fue echar a Vicente del Bosque. El club todavía no se ha repuesto.

El Real Madrid, el Barça y el siete

Por si todavía no te has enterado, la auténtica conjunción planetaria (lo de Obama y Zapatero, en fin, se quedó en agua de borrajas) nos mantendrá en vilo a todos este fin de temporada: en los próximos días juegan el Fútbol Club Barcelona y el Real Madrid en la Liga, en la Copa del Rey y, de remate, por partida doble, en la Copa de Europa o Champions League.  Cuatro partidazos. Cuatro “clásicos”… y una resurrección: me dice un amigo, por Skype, “Raúl, como El Cid, gana batallas aun estando muerto…” Veremos los duelos mirando de reojo el duelo entre el Manchester United y el Shalke 04 del Siete. Y esta vez no sólo los raulistas deseamos que Raúl meta unos cuantos chicharros, en vez de Chicharito, y le haga un siete al equipo de Ferguson y Rooney. A madridistas y culés nos interesa que quien sobreviva al combate dispute la final contra el equipo germano, ¿no?

Dentro de unas semanas, cuando la conjunción haya terminado, cuando las copas descansen en las vitrinas, ¿cómo recordaremos esta serie de partidos?

Yo diría que con nostalgia. Gane quien gane.

Ojalá los grandes clubes de fútbol pudieran enfrentarse en los grandes campeonatos como los equipos de la NBA: a siete partidos. ¿Os imagináis la que se montaría si el Real Madrid y el Barça pudieran jugar una eliminatoria a siete partidos, como la final de los Lakers contra los Celtics del año pasado o en los tiempos de Magic y Bird? Somos voraces. Siempre, o casi siempre, queremos más.

Justicia poética con Garbajosa

Llámalo justicia poética. Llámalo deporte. O baloncesto, a secas. Este sábado por la tarde Garbajosa, el Real Madrid y Unicaja han recibido su merecido.

En último minuto de la prórroga de un partido aburrido, tenso, atravesado, Garbajosa ha taponado un lanzamiento de Pablo Prigioni, hasta la semana pasada su compañero de equipo (hasta que los directivos del Real Madrid o su ex entrenador le “cortaron”) y ha clavado un triple. El “héroe” del partido sin embargo ha sido otro jugador del equipo malacitano, que ha metido un triplazo cuando sonaba la bocina. Pero sin las acciones de Garbajosa, Unicaja habría perdido. Con treinta y tres años ha demostrado un nivel más que suficiente para disputar minutos importantes en un equipo de ACB. En el Real Madrid han confirmado que se equivocaron al echarle.  Una lástima que el club blanco (mi equipo, por cierto) sea tan gris. Y Unicaja, el equipo donde Garbajosa ganó una Copa del Rey y una Liga, ha comprobado desde el primer partido que acertaron de pleno.

Fernando Llorente afea la conducta de David Navarro

En vivo y en directo, los asistentes al partido y los espectadores de Canal Plus contemplan el codazo que el jugador del Valencia propina a Fernando Llorente, delantero del Athletic de Bilbao, y cómo le grapan la cabeza mientras el agresor finge una lesión para escurrir el bulto. Carlos Martínez, el narrador del partido, al ver la primera repetición sentencia: «Lo que acaba de hacer David Navarro es muy feo».

Más tarde, el futbolista vasco rompe el código de silencio que protege a los marrulleros en Al primer toque, de Onda Cero: «Este tío no puede irse de rositas, así como así. Está muy feo que entre profesionales haya jugadores que se dediquen a intimidar y, sin balón de por medio, a pegar a los contrarios. Me parece muy feo esto».

En este «mundo feliz» en que vivimos (Juan Luis Arsuaga lo comentó el viernes pasado, en iRedes, otro día hablamos del asunto) conviene que afeemos la conducta de los que se portan mal. De niños y mayores. De los que salen en la tele y deberían dar ejemplo.

En los ochenta, o en los noventa, qué más da, se puso de moda la coletilla «qué guapo». Todo lo que molaba era guapo, un disco, una peli, una chupa. Ahora no está de más que digamos qué feo.

¿Raúl en el salón?

De Madrid, al cielo. Y con Raúl, al salón.

«Cuando me case, esa será la foto del salón, la mía con Raúl», proclama un joven raulista que ha viajado de Lepe a Valencia para ver a su ídolo y que ha tenido la inmensa fortuna de inmortalizarse con el siete del Shalke 04. Lo acabo de leer en elmundo.es.  Aunque, como el hincha aún no ha contraído matrimonio (¿el matrimonio contrae?), todavía no sabemos lo que dirá la futura novia sobre la foto de marras. Y todos sabemos quiénes mandan. ¿Dónde acabará esa foto?

Quizá, eso sí, pronto la encontremos en Google, como estas otras.