Sagrada Familia

Audio-homilía: Festividad de la Sagrada Familia 2014

La familia es el espacio humano en el que aprendemos a crecer en sociedad. Gracias a ella ampliamos el corazón, aprendemos lo que es la autoridad, la obediencia, la competencia… La familia es el laboratorio de aprender a amar.

Una «sagrada familia», aquella entiende que la unión de sus miembros nace la voluntad de Dios, tiene un sentido muy distinto a cuando la familia se crea por otro motivo. Hay muchas motivaciones por las que la gente se junta. Hay muchos casos aún en nuestro mundo e incluso en nuestra sociedad en los que el matrimonio no surge por amor, sino por otras motivaciones: posición social, huir de la soledad, intereses…

Una «sagrada familia» se basa en «lo que Dios ha unido». Cuando lo que nos une no es Dios, no hay sagrada familia. Cuando lo que nos une son nuestros intereses es fácil que en la familia haya más sentimientos de posesión y de exigencia que de gratitud y de comprensión. Y entonces no fluye el amor, sino la autoridad o el afán de triunfo. ¿Qué nos preocupa más de nuestros hijos: que sean felices o sus resultados académicos, deportivos…?

La familia por ser sagrada no es ideal, pero la presencia de Dios (de lo sagrado) nos garantiza que tendremos amor para superar las situaciones difíciles. No hay familias perfectas. Lo que aporta Dios en una familia no es la ausencia de problemas, sino el amor para poder acoger y abrazar lo feo y lo difícil del otro. Misericordia es poner el corazón en la miseria del otro. Amarnos en lo amable es normal. Lo magnífico es amarnos en las miserias.

Las familias cristianas se diferencian (o deberían diferenciarse) de otras en la cruz, en como viven las dificultades, los fracasos, los errores. En esas situaciones emerge un amor nuevo que ya no es nuestro, sino de Dios. Por eso tenemos mucho que aportar al mundo, pero no porque nos presentemos como el ideal, sino porque contamos con la ayuda de Dios para peregrinar por la vida desde el amor y acoger lo menos positivo.

Somos más santos cuando más amamos lo que Dios nos da. María estuvo con Jesús en su cruz. Ojalá muchos padres acompañen a sus hijos en sus cruces. Hay mucho trabajo. Familia no es sólo biología, sino los lazos que creamos con la gente que nos importa. Ojalá que nos sintamos muy abrazados y muy acompañados por Dios que nos ha unido como familia.

Evangelio según San Lucas

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos».
Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.
El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

cerrados

Audio-homilía: Festividad de la Sagrada Familia 2013

En esta Fiesta de la Sagrada Familia se nos invita a utilizar nuestra fe para redescubrir, renovar y agradecer el regalo de la familia en la que hemos nacido, de la familia que formamos como comunidad cristiana y de la familia de los hijos de Dios.

Hoy estamos llamados a descubrir el gran regalo que nos ha hecho Dios al ser quienes somos. Somos en el presente toda la historia de amor que hemos recibido y eso empieza por nuestros padres.

Todos sabemos que no son ideales, pero también hemos aprendido con el realismo de nuestros alfareros vitales a reconocer que la vida es una construcción real que requiere de toda nuestra implicación. Nadie dice que la vida sea sencilla. De hecho, los evangelios nos narra la vida de Jesús, de María y de José como una trayectoria llena de sucesos, de dificultades. Si nuestra vida familiar fuera como los belenes que ponemos en nuestras casas, la convivencia sería muy fácil. En la vida real las personas tenemos deseos distintos, tenemos fricciones, etc… pero eso es una escuela en la que podemos aprender a amar más profundamente.

Dios, como alfarero, le va dando forma a mi barro a través de las personas con las que convivo. Todas las personas que pasan por nuestra vida nos van modelando. Tenemos que vivir reconciliando toda nuestra historia, porque el resultado de todo lo que nos sucede es nuestra realidad como personas (completamente desequilibradas y, al mismo tiempo, completamente normales).

Lo que subraya el concepto de Sagrada Familia es tener claro que el que nos une es el Señor. Si tuviéramos claro que el Señor nos ha unido a nuestro compañero, nos cambiaría la visión de la realidad, porque no nos hemos unido por cosas tan simples como la belleza, el status, la simpatía, la química… El matrimonio es una unión libre en la que cada uno crece. Los hijos no son propiedad de los padres sobre las que proyectar lo que hubiéramos querido ser.

Ojalá que descubramos el regalo que se nos ha hecho con nuestra familia, cuidándola y construyéndola día a día en un ambiente de crecimiento y comprensión mútuos.

Audio-homilía: Festividad de la Sagrada Familia 2013

Evangelio según San Mateo

Después de la partida de los magos, el Angel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».
José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto. Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: Desde Egipto llamé a mi hijo.
Cuando murió Herodes, el Angel del Señor se apareció en sueños a José, que estaba en Egipto, y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño».
José se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel. Pero al saber que Arquelao reinaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, advertido en sueños, se retiró a la región de Galilea, donde se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo que había sido anunciado por los profetas: Será llamado Nazareno.

cerrados

¿Y qué nos deja esta Navidad?

Aunque el tiempo litúrgico de Navidad no termina hasta mañana, la última semana todos hemos vuelto a las tareas habituales: los chavales han vuelto al cole, las oficinas han retornado a la normalidad, se han recogido belenes y árboles navideños en las casas, se han acabado las celebraciones…

¿Y qué nos deja esta Navidad de 2012-2013?…

Igual que en su momento hicimos un sencillo resumen de los mensajes del Adviento, queremos también hacer balance de estos días y ver el poso espiritual que nos han dejado.

Comenzábamos con el Nacimiento de Jesús. De nuevo, como todos los años, como todos los días, como a cada instante, Dios se hace hombre. Y eso nos demuestra dos cosas: una, que Dios nos ama profundamente y comparte con nosotros nuestros anhelos, nuestros desvelos, nuestras obras, nuestros esfuerzos… Es la mayor prueba de amor y entrega que puede haber, ya que el mismo Dios asume y asumirá las consecuencias de nuestras obras. La segunda cuestión es consecuencia de la primera: si Dios (que es todopoderoso) elige hacerse uno con la humanidad, es porque el hombre es un ser más amable (digno de ser amado) de lo que muchos piensan. Esto nos debe animar a todos a ser más condescendientes unos con otros. «Amaos unos a otros como yo os amo».

En medio de la alegría por el nacimiento de Cristo, se sitúa la festividad de San Esteban (primer mártir cristiano) y, dos días después, los Santos Inocentes. No es casualidad que se nos recuerde, en un momento de absoluta felicidad, que éste no es un camino de rosas. El compromiso, la lealtad, el amor incondicional llevan aparejados sacrificios, a veces enormes. Pero, además, estos episodios nos recuerdan que en nuestro mundo conviven el amor y el odio, el bien y el mal, la alegría y la tristeza… Y esto es así porque nuestro Dios no es un caudillo que decide por nosotros qué nos conviene y qué no. Lo que Dios hace es darnos absoluta libertad para tomar el camino que consideremos más oportuno. Un magnífico regalo: confianza, libertad absoluta y amor incondicional.

El último domingo del año celebrábamos el día de la Sagrada Familia, reconociendo que, pese a que José, María y Jesús formaban una familia especial, no quedaron exentos de situaciones difíciles. Aunque sea una historia conocida y millones de veces contada, no deja de resultar llamativo que el mismo Dios vaya a nacer en una humilde localidad, en un pesebre y que los únicos que le visiten esa noche sean unos pastores. Hay un empeño de Dios por mostrar humildad y sencillez extremas. Esta fiesta es también una llamada a no teorizar sobre la importancia de la familia (como hacen los sesudos expertos). Igual que el amor no se desarrolla teóricamente, sino que se siente y se vive, la familia se construye día a día, con millones de gestos cotidianos (un beso, una sonrisa, un «te quiero», una conversación…). Se habla mucho del deterioro de la familia y de la sociedad en tercera persona del plural, como si cada uno de nosotros no fuéramos sociedad y no estuviéramos en una familia. Pensemos todos qué papel tenemos en nuestro día a día, en nuestra familia, en la sociedad y, simplemente, hagamos nuestra tarea.

Con el inicio del año cronológico, la mirada se posa en María, sin duda, la mejor discípula de Jesús. Ejemplo de entrega a los planes de Dios, símbolo de lealtad y de fe absolutas… Una mujer a la que, desde la adolescencia, la vida le trastoca los planes y que, lejos de resistirse o vivir en la queja, pronuncia a cada momento un «hágase». Se nos transmite cómo María muchas veces no entiende o no ve claro hacia dónde va su existencia, pero, con enorme serenidad, «conserva las cosas y las medita en su corazón». La figura de María nos muestra la lealtad, la fe, la humildad y el servicio en mayúsculas. Pero también nos invita a mirar nuestra existencia a largo plazo, con la confianza de que el buen Dios está con nosotros, sin pretender que todas las piezas del puzzle encajen a la primera.

Hace una semana conmemorábamos la Epifanía (manifestación de Dios a todos los pueblos). Los Reyes Magos (hombres de ciencia de la época en que nació Jesús) nos dejan varias enseñanzas. Primero, la ilusión y la actitud de búsqueda. Ven una estrella y se ponen en camino para seguirla. Se nos apela a que estemos atentos a las estrellas que cada día se nos ponen delante y a no quedarnos quietos. En segundo lugar, en una jornada marcada por los regalos, conviene que no perdamos la perspectiva y que sepamos ver la vida como un enorme regalo. Y Jesús mismo es el mayor de los regalos. Dios manda al mundo a su único Hijo por puro amor, por pura gracia. Los padres habitualmente dicen a sus hijos «si te portas bien, los reyes te traeran muchos regalos». Pues bien, Jesús no se nos da si somos buenos. Se nos da sin más. Amor sin condiciones.

Y, por último, mañana celebraremos el bautismo de Jesús que marca el regreso al tiempo litúrgico ordinario y el inicio de la vida pública del Señor. Y lo hace con un gesto que no es menor: colocándose en la cola de los pecadores a los que Juan bautiza como signo de purificación y de inicio de una nueva vida. Jesús no necesita ser purificado (como bien le recuerda Juan Bautista), pero sí va a comenzar una nueva vida. Tampoco es un mal mensaje como cierre del periodo navideño y para estos primeros días del año 2013.

Comencemos una nueva vida: amando más todo lo humano, aceptando los esfuerzos y sacrificios, poniendo de nuestra parte para que el amor y la comprensión sean realidad en nuestros entornos, mirando nuestra trayectoria vital con perspectiva y sin querer ver el resultado final de la obra a cada paso… Vivamos con ilusión y actitud de búsqueda para reconocer las estrellas que nos guían… Y que nos falte energía para ponemos en camino y fe para ver toda nuestra vida como un regalo.

cerrados

Audio-homilía: Solemnidad de la Sagrada Familia (30/12/2012)

En la Solemnidad de la Sagrada Familia la liturgia nos presenta una escena de conflicto, de desobediencia y de padres que no se entienden con los hijos. Es magnífico, porque así es la familia real.

El evangelio dice «los padres no comprendían lo que decía Jesús»… Eso pasa en la actualidad: los padres y los hijos no se entienden. Pero eso es ley de vida y no hay que magnificar esos desencuentros. En la familia real y cotidiana, las cosas no son perfectas.

Esta fiesta nos invita a mirar nuestra historia, a agradecerla y a mirar ilusionados nuestro futuro. Hoy es día de agradecer desde lo profundo del corazón las familias que tenemos cada uno, sabiendo que no son ideales, pero reconociendo que son escuelas de convivencia y de generosidad… En la familia podemos ver que vivir es entregarse, podemos reconocer los beneficios de la humildad y de ser uno más… Son el ambiente en el que vivimos lo que es amar y servir. No nos queda más que agradecer.

Debemos ponernos en la piel de los demás: de nuestros padres, de nuestros hermanos… y analizar cómo seríamos nosotros en sus circunstancias.

Pensemos en el futuro, en el tipo de familias que queremos tener, en los valores que deseamos transmitir, en lo que inculcamos a nuestros hijos… Nuestro futuro tiene que ser disfrutar más de lo real y menos de lo ideal.

Pidamos al Señor que sepamos amar nuestras familias y que pensemos en la familia del futuro, que lo que necesita es amor; perdón; dedicar tiempo, miradas y escuchas. Ojalá que nos entrenemos en el cariño, en la expresión, en el proyecto común y en darle muchas gracias a Dios.

Audio-homilía: Solemnidad de la Sagrada Familia (30/12/2012)

Evangelio según San Lucas

Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua.
Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre,
y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta.
Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos.
Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.
Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas.
Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.
Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados».
Jesús les respondió: «¿Por qué me buscábais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?».
Ellos no entendieron lo que les decía.
El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.
Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres.

2

San José, esposo de la Virgen María y padre de Jesús

San José

San José

Este santo es, junto con la Virgen María, el primer cristiano; es a la vez padre, maestro y discípulo de Jesús. Un hombre del que sabemos lo poco que nos dice el evangelio, pero lo suficiente para agradecer y valorar su aportación al plan de salvación que Dios nos ofrece en Jesús.

A San José le dedicamos dos fiestas, la del 19 de Marzo y la del 1 de Mayo; pero también le celebramos conjuntamente con María y Jesús en la fiesta de la Sagrada Familia, que se celebra en Diciembre, el primer domingo posterior al día de Navidad.

Podemos destacar de San José su fe y sencillez, su bondad y justicia, su capacidad de sacrificio y su labor como protector de Jesús y de María. A mi me alegra que en España (y en algunos países más como Italia, Liechtenstein, Portugal, Honduras y Bolivia) dediquemos el 19 de marzo a celebrar a los padres.

José no participó en la concepción de Jesús en el seno de María, pero fue elegido por Dios para ser el padre de Jesús. El hombre que apoyó a María en todo momento y el que enseñó a Jesús a trabajar y a compartir. Cuando Jesús hablaba y se acercaba con misericordia a los débiles y pequeños, cuando enseñaba con parábolas y ejemplos que todos entendían, cuando curaba con sus propias manos, cuando lavó los pies a sus discípulos, cuando bendecía el pan y el vino de la cena; en todos esos gestos de Jesús es muy probable que haya rasgos de la paternidad humana de José, que recibió el don de expresar la paternidad de Dios. ¿Cómo sería la relación de Jesús con José, su papá en la tierra, para que el Señor en su oración se dirigiera a Dios como Abba y para que nos enseñara a nosotros a llamar a Dios, Padre?

Gracias, San José, por aceptar ser el padre de Jesús; por ser para todos nosotros, apoyo y protección; y por ser el mejor ejemplo de esposo, padre y hombre de fe.

2