Pili

Conociendo (y amando) los defectos de Jesús

El domingo pasado la Palabra de Dios nos sorprendía con la parábola de los obreros llamados a trabajar en la viña a diferentes horas y que luego recibieron el mismo salario.

Según nuestros criterios de mérito, los trabajadores que dieron más horas y soportaron el calor, habrían merecido un salario mayor. Entonces recordé algo que leí y me conmovió.

Se trata de un texto del Cardenal vietnamita Francois-Xavier Nguyen van Thuan, un hombre que estuvo prisionero durante trece años.

Los carceleros y los compañeros prisioneros le preguntaban: “¿Por qué usted lo ha abandonado todo: familia, poder, riqueza para seguir a Jesús?, debe haber un motivo muy especial”. El Cardenal les decía: “Lo he abandonado todo para seguir a Jesús porque amo sus defectos”.

Este cardenal que celebraba la eucaristía en prisión haciendo de su mano el cáliz sobre la cual mezclaba tres gotas de vino y una de agua, nos hace caer en la cuenta de cómo debemos amar a Jesús y esperar en él por encima de las dificultades.

Y ahora podemos leer su texto sobre los maravillosos cinco defectos de Jesús:

1.- JESUS NO TIENE BUENA MEMORIA

En la cruz, durante su agonía, Jesús oyó la voz del ladrón de su derecha: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino”; Jesús le dice: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Él olvida todos los pecados de aquel hombre.
Algo semejante ocurre con la pecadora que derramó perfume en sus pies: Jesús no le pregunta nada sobre su pecado escandaloso, sino que dice simplemente: “Quedan perdonados sus muchos pecados porque ha mostrado mucho amor”.
Jesús no tiene memoria para recordar los pecados de nadie, perdona a todos e incluso se olvida que ha perdonado.

2.- JESUS NO SABE MATEMATICAS

Esto lo demuestra en la parábola de la oveja perdida. Un pastor tenía cien ovejas, una de ellas se pierde, y él, inmediatamente, va a buscarla dejando las otras noventa y nueve en el redil. Cuando la encuentra la carga sobre sus hombros.
Para Jesús, uno equivale a noventa y nueve, y quizá incluso más. ¿Quién puede aceptar esto? Pero su misericordia desborda todo cálculo cuando se trata de salvar una oveja descarriada.
Tampoco cuando Jesús se sienta junto a la samaritana en el pozo; o cuando se detiene a comer en la casa de Zaqueo no mide, no calcula, solamente ama.

3.- JESUS NO SABE DE LOGICA

Jesús pone como ejemplo para sus seguidores a una mujer que tiene diez dracmas y pierde una. Entonces enciende la lámpara para buscarla. Cuando la encuentra, invita a sus vecinas y les dice: “Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido”.
No parece muy lógico gastar más del valor de la dracma para invitar a las vecinas. Pero Jesús, con esta parábola nos desvela la extraña lógica de su corazón: “Os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta”.

4.- JESUS ES UN AVENTURERO

El que hace publicidad o el que se presenta como candidato a las elecciones prepara un programa detallado, con muchas promesas.
Nada semejante en Jesús: Él promete a quienes lo siguen procesos y persecuciones.
A sus discípulos, que lo han dejado todo por él, no les asegura ni la comida ni el alojamiento, sino sólo compartir su mismo modo de vida.
Las bienaventuranzas es el discurso del aventurero del amor del Padre. Este discurso es de principio a fin una paradoja: Bienaventurados los pobres de espíritu. Bienaventurados los que lloran
Pero los discípulos confiaban en aquel aventurero. Desde hace dos mil años y hasta el fin del mundo no se agota el grupo de “aventureros” que han seguido a Jesús. Basta mirar a los santos de todos los tiempos.

5.- JESUS NO ENTIENDE NI DE FINANZAS NI DE ECONOMIA

Así se ve en la parábola de los obreros de la viña: el Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Salió luego hacia las nueve y hacia mediodía y hacia las tres y hacia las cinco, y los envió a sus viñas. Al atardecer empezando por los últimos y acabando por los primeros, pagó un denario a cada uno.
¿Cómo es posible pagar a quien empieza a trabajar a la cinco de la tarde un salario igual al de quien trabaja desde el alba? ¿Se trata de un despiste, o Jesús ha hecho mal las cuentas? No. Lo hace a propósito, porque Jesús es AMOR. Y el amor auténtico no razona, no mide, no levanta barreras, no calcula, no recuerda las ofensas y no pone condiciones.

De esta forma explicó el Cardenal Van Thuan su opción incondicional por Cristo, y terminó diciendo: amo los defectos de Jesús y gracias a Dios son incorregibles.

Me gustan los defectos de Jesús, su amor sin medida ni límite. Por eso cuando escucho esta sorprendente parábola, la oigo con la alegría de saber que Jesús valora mi seguimiento aunque sea muy pobre.

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La santidad está en amar a Cristo como Él quiere ser amado

Placa de recuerdo de la peregrinación de San Juan Pablo II a la Tumba del Apóstol Santiago en la Catedral de Santiago de Compostela

Placa de recuerdo de la peregrinación de San Juan Pablo II a la Tumba del Apóstol Santiago en la Catedral de Santiago de Compostela

Con motivo de la canonización de Juan XXIII, el Papa Bueno, y de Juan Pablo II, el Grande, me llama la atención que se den las dos a la vez y en una fecha señalada como es el domingo de la Divina Misericordia. En el evangelio de este domingo de Pascua vemos cómo Jesús, con su gran misericordia y su amistad, le da a Tomás una segunda oportunidad para creer en su Resurrección. Conmueve la cercanía de Jesús que se deja tocar en sus heridas si con eso le da fuerza a su amigo y discípulo. Así era el maestro durante su vida y también después de la Resurrección. “Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: ‘Paz con vosotros’. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. Jesús repitió: ‘Paz con vosotros. Como el Padre me envió, así yo os envío a vosotros’. Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió: ‘Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los mantengáis les quedan mantenidos’. Tomás, que significa Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor’. Él replicó: ‘Si no veo en sus manos la marca de los clavos y no meto el dedo por el agujero, si no meto la mano por su costado, no creeré’. A los ocho días estaban de nuevo dentro los discípulos y Tomás con ellos. Vino Jesús a puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo: ‘Paz con vosotros’. Después dice a Tomás: ‘Mete aquí el dedo y mira mis manos; trae la mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, antes cree’. Le contestó Tomás: ‘Señor mío y Dios mío’” Jn 20, 19-28
No creo que la celebración de estas canonizaciones en el domingo en el que Jesús resucitado nos quiere enviar como misioneros de misericordia, de esperanza y de amor sea casual pues estos dos Papas fueron verdaderos apóstoles, cercanos al Señor y las personas afirmando su dignidad como hijos de un Dios Padre de todos.
Juan XXIII fue el Papa que convocó el Concilio Vaticano II con el que la Iglesia se abría al mundo entero para anunciar la fe, la esperanza, la caridad, el amor de Dios y a los hermanos y así ayudar a alcanzar la paz del Señor, por la gloria de Dios y de los hombres de buena voluntad.
Unida a la canonización de Juan XXIII, que fue Papa entre los años 1958 y 1963 y que destacó por su corazón bondadoso y pacífico; la de Juan Pablo II, el Papa que vino de un país lejano y quiso abrazar a todos los países y continentes en sus viajes anunciando a Jesucristo como el Señor de la historia. En su largo pontificado, desde 1978 al 2005, llamaba a todos, y muy especialmente a los jóvenes, al compromiso con el bien de la humanidad que necesita encontrar a Dios para encontrar su verdad y su plenitud.
A Juan XXIII y a Juan Pablo II el Señor les llamó a una misión de cercanía a Él para guiar a la Iglesia como portadora de la Buena Noticia del amor de Dios. Imagino que con cada uno de ellos Jesús tuvo un diálogo parecido a aquel que tuvo con Pedro: “Cuando terminaron de comer, dice Jesús a Simón Pedro: ‘Simón, hijo de Juan, ¿me quieres más que éstos?’. Le responde: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero’. Jesús le dice: ‘Apacienta mis corderos’. Le pregunta por segunda vez: ‘Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?’. Le responde: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero’. Jesús le dice: ‘Apacienta mis ovejas’. Por tercera vez le pregunta: ‘Simón hijo de Juan, ¿me quieres?’. Pedro se entristeció de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le dijo: ‘Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero’. Jesús le dice: ‘Apacienta mis ovejas’”. Jn 21, 15-17. Ellos dieron su respuesta y nos han mostrado que la santidad está en amar a Cristo como Él quiere ser amado: amarlo en cada ser humano acogiéndolo como a un hermano o a una hermana, con respeto, misericordia y compasión. Porque “si quieres amar a Cristo… extiende tu amor a todo el mundo”. San Agustín
Gracias a la Iglesia que nos da a estos dos grandes Papas, Juan XXIII y Juan Pablo II, como santos inspiradores e intercesores a favor nuestro.

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Vivir resucitados

OLYMPUS DIGITAL CAMERAHe tenido la alegría de celebrar el Triduo pascual en un lugar precioso en el monte, Siete Aguas, en la provincia de Valencia, con personas de todas las edades de la familia misionera Verbum Dei. Compartir con ellos la Palabra, la oración, el tiempo y los momentos de distensión me ha dado un nuevo impulso.
Cuando oramos y celebramos en un ambiente de retiro en el que todos los medios y personas nos facilitan el contacto con Dios puede parecer fácil tener emociones positivas que nos animan a vivir y expresar la fe. Pero la alegría que nos da Cristo resucitado ha de ser una nueva forma de vida y sobre todo ha de ser comunicativa.
La alegría de la Resurrección brota de la unión con ese Cristo que murió en la cruz pero cuyo amor imparable nos lo devuelve vivo para siempre en los suyos, en el signo de su amor y entrega que es la Eucaristía mediante la fuerza del Espíritu y el abrazo misericordioso del Padre. “El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: Vosotras no temáis; sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí, ha resucitado. Venid a ver el sitio donde yacía. Id a decir a los discípulos: ´Ha resucitado de entre los muertos y va delante de vosotros a Galilea`, allí lo veréis”. Mt 28, 5-7
Los cristianos vivimos las mismas realidades que todos los seres humanos, nos enfrentamos a dificultades y retos como todos, pero lo hacemos con el apoyo que recibimos de nuestro Dios en Jesús. Vivimos ya resucitados en la medida que unimos esfuerzo y confianza, compartir y agradecimiento. El cristiano aprende junto a Jesús a amar la fragilidad propia y ajena porque en ella puede surgir la fuerza del amor de Dios. Aprende a ver que en medio de las tinieblas se abre paso la luz y sabemos que una pequeña luz es muy visible en la oscuridad.
Creer en la Resurrección no es la demostración de un argumento teórico, es vivir ya resucitados en nuestra vuelta a Galilea, es decir, en nuestra vuelta al trabajo o a la búsqueda del mismo, en nuestra vuelta al hogar, a la comunidad, a las relaciones de familia y de amistad, a las responsabilidades. Vivir resucitados significa vivir abiertos a la presencia de Dios, a sus sorpresas, a los hermanos, a la vida que brota poco a poco y nos envuelve, a nuestra interioridad. “Las mujeres salieron a toda prisa del sepulcro y llenas de alegría corrieron a llevar la noticia a los discípulos. Jesús salió a su encuentro y las saludó. Ellas se echaron a sus pies y lo adoraron. Entonces Jesús les dijo: ´Alegraos, no tengáis miedo, id a decir a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán`” Mt 28, 8-10
¿No descubrimos que son experiencias de resurrección la superación de una enfermedad, el empezar un proyecto de trabajo, hacer un pequeño parón para reordenar nuestras ideas, una reconciliación, el recuerdo agradecido de alguien que ya se nos fue, el nacimiento de un nuevo miembro en la familia, el acondicionar mejor la casa o el jardín, aprobar los exámenes o cumplir una tarea? Estamos bañados de resurrección y a veces no nos damos cuenta, necesitamos despertar cada día a la luz de Jesús que nos da su paz a través de pequeñas resurrecciones como la capacidad de sonreír y amar, los detalles de servicio que tenemos y tienen con nosotros, o la amabilidad y el respeto en el trato, las ganas y la ilusión que nos ponen en marcha. “Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús y se puso en medio y les dijo: ´Paz a vosotros`. Y, diciendo esto les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: ´Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo`. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: ´Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos`” Jn 20, 19-22
La Resurrección nos pone la luz de Cristo en la mirada y la mente; el amor del Señor y su alegría en el corazón; y el compromiso del testimonio en nuestros pasos para ser testigos de la paz y la bondad allí donde estamos. Podemos pasar por momentos de cuestionamiento o de desánimo como los discípulos de Emaús, pero el Señor resucitado nos sale al encuentro en su Palabra, en la Eucaristía, en la Iglesia, en los hermanos, en la vida real, en los pobres y necesitados que están en nuestro camino. “Dos discípulos iban a una aldea llamada Emaús… Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo… ´los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades entregaron a Jesús para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron…`. Jesús, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura… Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron… Ellos comentaron: ´¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?`” Lc 24, 13-16. 20. 27. 30-32
¡Feliz vida resucitada a todos!

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Agradecidos por la llamada y glorificados en el seguimiento

Aunque este blog se ha tomado unos días de descanso, para retomar la actividad en septiembre con energías renovadas, es justo y necesario que hagamos un alto en nuestras vacaciones para hacernos eco de dos aniversarios gozosos y muy relevantes para Echadlared.

La semana pasada dos de los autores de este blog, Pili y Vicente, cumplían años en su consagración a la vida religiosa: el día 13 de agosto Vicente celebraba los 18 años de su ordenación como sacerdote y el 15 de agosto Pili hacía sus bodas de plata (25 años) como religiosa.

Desde el agradecimiento a Dios por la llamada y a Pili y Vicente por su “SÍ”, su compromiso y su ejemplo de vida, compartimos un texto de Pili que se hace extensivo a Vicente y a toda la familia de Echadlared.

FELICIDADES A LOS DOS Y GRACIAS A DIOS POR LLAMAROS Y A VOSOTROS POR SEGUIRLE Y SER TRANSMISORES DE LA BUENA NOTICIA.

Proclama mi alma la grandeza del Señor: Gracias por estar conmigo en estos 25 años.

Se cumplen 25 años de mi consagración a Dios en la vida religiosa y algo más de 50 desde mi bautismo. En estos últimos días estoy recibiendo tarjetas de felicitación por este motivo y hasta una preciosa rosa roja. Se trata de un aniversario marcado de una forma especial, las bodas de plata.

Yo me he preguntado qué es lo que celebro realmente; y lo que surge en mí es celebrar el amor y la fidelidad de Dios conmigo. “Qué bueno es alabarte, Señor, y cantar, Dios Altísimo, a tu Nombre; proclamar tu amor misericordioso por la mañana y tu fidelidad cada noche,… Tú me alegras, Señor, con tus acciones, y mi júbilo son las obras de tus manos. ¡Qué magníficas son tus obras, Señor, qué profundos tus designios!” (Sal 92,2-3.5-6)

Recuerdo que, cuando era una religiosa novata, algunas personas me “vaticinaban” que no podría durar en este estilo de vida. Reconozco que permanecer no es tarea fácil; porque la vida religiosa necesita renovarse si quiere ser hoy en día una propuesta de vida creyente capaz de ilusionar a las jóvenes en el encuentro a fondo con el Señor y en el servicio al bien de las personas que la historia y las circunstancias nos van trayendo. La respuesta a aquellas interpelaciones la encontraba reflejada en la Palabra de Dios, pero además la sentía viva en mí: “Escuchadme, islas y atended, pueblos lejanos. El Señor me llamó desde el seno materno, desde las entrañas de mi madre mencionó mi nombre. Ha hecho mi boca como espada afilada… Y ahora dice el Señor (el que me formó desde el seno materno para ser su siervo; mi Dios, que ha sido mi fortaleza): Poca cosa es que tú seas mi siervo, para levantar las tribus de Jacob y para restaurar a Israel; te haré luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra. Así dice el Señor: En tiempo propicio te he respondido, en día de salvación te he ayudado… Grita de júbilo, cielo, y regocíjate, tierra… porque el Señor ha consolado a su pueblo y de sus afligidos tiene compasión…
Pero Sión decía: El Señor se ha olvidado de mí. ¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidaré.
He aquí, en las palmas de mis manos, te he grabado…” (cf. Is 49, 1-16)

Desde mi entrada en la Comunidad hay en mí un deseo de “humanizar” la vida religiosa que durante tiempo ha arrastrado el peso de la normas. Los religiosos somos ante todo personas que queremos vivir en plenitud. No podemos cerrarnos a formas del pasado que nos dificulten o impidan la cercanía con la gente que tiene necesidad de oración, de apoyo, de escucha, de cuidado. Las instituciones religiosas están viviendo una enorme crisis de carencia de vocaciones unida a la elevada media de edad de sus miembros, que en su gran mayoría puede llegar a ser de entre 70 o 75 años; todo ello dificulta la necesaria renovación.

Es cierto que aquellas comunidades de estilo contemplativo que han actualizado sus formas de expresión de la fe (aunque manteniendo los rasgos esenciales del misterio que envuelve a los monasterios), aquellas que se han afianzado en una profunda espiritualidad, han conseguido por medio de personas carismáticas atraer a nuevos miembros en gran número. Han saltado a las páginas de la prensa escrita y digital algunos casos como los de la nueva congregación de Iesu communio con sor Verónica como iniciadora.

Otra historia bien distinta es la de las congregaciones religiosas femeninas de vida apostólica, como a la que yo pertenezco. La ausencia de vocaciones es un gran interrogante: por un lado, vemos que hemos de cambiar para fortalecer la esencia de nuestra consagración a Dios por medio de nuestro servicio sencillo a los hermanos; por otra parte, sentimos que nuestra vida parece no decir nada a la sociedad actual; porque sigue habiendo jóvenes creyentes con ideales de ayuda a los débiles, que sin embargo no ven atractiva esta forma de vida como modo posible de experimentar y compartir su fe. En definitiva, para que la vida religiosa siga cumpliendo su misión en este cambio de época, necesitamos la acción directa de Dios en nosotras y en todas las jóvenes que están atentas a la voz de Dios en sus vidas.

El carisma o don de la vida religiosa viene de Jesucristo, del Espíritu Santo y de Dios Padre. La fuerza del amor creativo de Dios se da a hombres y mujeres, que impulsados por el Espíritu, quieren vivir, a través de los votos de castidad, pobreza y obediencia, la misma vida de Jesús, sus mismos sentimientos y acciones, su misma oración, su misma entrega, pasión, muerte y resurrección. Esta es la esencia.

Fijándome en estos 25 años de mi consagración, debo reconocer que el objetivo sigue siendo demasiado alto para mí, pero la misericordia infinita de Dios y la amistad cercana con el Señor hacen posible que personas como yo podamos celebrar la fidelidad. Gracias, Señor, hago mías las palabras de la Virgen María: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la pequeñez de su esclava.”(Lc 1, 47-48a)

Gracias, Señor, porque me has rescatado en los precipicios, porque me has sacado del dolor; gracias porque cuidas de mi y de todos. Gracias porque escuchas mis oraciones, porque atiendes siempre mi voz y ninguna sola de mis lágrimas, sonrisas, esperanzas o inquietudes se te escapa. “Desde ahora me felicitarán todas la generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los de corazón soberbio,… y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a… su pueblo, acordándose de la misericordia… como lo había prometido a nuestros antepasados para siempre.” (Lc 1, 48b-55)

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JMJ, Río de Janeiro 2013: Desde el corazón y los brazos de Jesús, enviados a dar testimonio de su amor y su acogida

Acaba de celebrarse la JMJ de Río, entre los días 25 y 28 de Julio. Ha sido un encuentro multitudinario de los jóvenes con el Papa Francisco y, sobre todo, ha sido una gran oportunidad de acercarnos a su pensamiento, de descubrir el trasfondo de sus gestos.

Esta Jornada Mundial de la Juventud se ha desarrollado con el lema “Id y haced discípulos a todos los pueblos” (Mt 28, 19); lema que resalta el llamamiento misionero que ha de caracterizar a todo cristiano, y especialmente al joven cristiano. “La palabra está a tu alcance, en la boca y el corazón. Se refiere a la palabra de la fe que proclamamos: si confiesas que Jesús es Señor, si crees de corazón que Dios lo resucitó de la muerte, te salvarás. Con el corazón creemos para ser justos, con la boca confesamos; pues la Escritura dice: Quien se fía de él no fracasará… Todo el que invoque el nombre del Señor se salvará. Pero, ¿cómo lo invocarán si no han creído en él? ¿Cómo creerán si no han oído hablar de él? ¿Cómo oirán si nadie les anuncia? ¿Cómo anunciarán si no los envían?”(Rom 10, 8-15)

El Papa, con su presencia cercana y espontánea ha sido un dinamizador del estilo de evangelización y misión del cristiano en el mundo de hoy. Le hemos visto ir al encuentro de las personas con naturalidad y sencillez, insistiendo en la importancia de vivir nuestra fe en la calle, en la realidad cotidiana, en medio de la sociedad, pero yendo hacia aquellos a los que nuestra sociedad arrincona o margina. El Papa ha visitado a un grupo de jóvenes reclusos, a los pobladores de la populosa “favela” Varginha, a un gran grupo de argentinos desplazados a Río para la JMJ, a los voluntarios, a los obispos. Sorprendía la avalancha de personas que deseaban saludarlo y tocarle cuando avanzaba lentamente en el Papamóvil sin cristales.

Sus mensajes han buscado sin duda avivar el ánimo de los creyentes remarcando la autenticidad y el amor como los ingredientes esenciales en el seguimiento de Cristo. Desde el principio invitaba a los jóvenes a mantener la esperanza, a dejarse sorprender por Dios y a vivir con alegría pues el cristiano experimenta la alegría de saberse amado. “Si estamos verdaderamente enamorados de Cristo y sentimos cuánto nos ama, nuestro corazón se inflamará de tanta alegría que contagiará a cuantos viven a nuestro alrededor”. (Homilía de la misa en el Santuario de la Virgen de Aparecida).

“Queridos jóvenes: aprendan a rezar cada día. Así conocerán a Jesús y le permitirán entrar en sus vidas”. (Tuit del 27 de Julio) El conocimiento y encuentro que se dan en la oración nos llevan a un enamoramiento en el que experimentamos el amor misericordioso de Jesús, que se ha hecho cercano a nosotros en las esperanzas y también en las penas. Jesús con su Cruz carga nuestros miedos, nuestros problemas, nuestros sufrimientos, incluso los más profundos. “En la cruz de Cristo está todo el amor de Dios y su inmensa misericordia, es un amor del que podemos fiarnos y en el que podemos creer”. Pero este enamoramiento no es solo un sentimiento de consuelo sino una invitación y un reto a dejarnos contagiar por este amor. La Cruz nos enseña a mirar siempre al otro con misericordia y amor, sobre todo a quien sufre, a quien tiene necesidad de ayuda, a quien espera una palabra, un gesto; y nos enseña a salir de nosotros mismos para ir a su encuentro y tenderles la mano”.(Oración del Vía Crucis, 27 de Julio)

El otro acento que nos ha marcado el Papa Francisco es la llamada a la autenticidad y la radicalidad del seguimiento a Jesús mediante el compromiso con las necesidades de nuestros hermanos y nuestra sociedad. El Papa nos pide no desvirtuar la fe, pide a los cristianos, jerarquía y fieles laicos, mayores y jóvenes, que salgamos a la calle a implicarnos en la creación de una sociedad nueva, más justa y humana en la que no se excluya ni deseche a nadie. “La fe en Jesucristo no es broma, es algo muy serio. Es un escándalo que Dios haya venido a hacerse uno de nosotros …y que haya muerto en la Cruz. … El camino de la Cruz es el de la encarnación de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, que me amó y murió por mí.” Y dirigiéndose a los jóvenes argentinos, (aunque nos los podemos aplicar todos) dijo: “Hagan lío; cuiden los extremos del pueblo, que son los ancianos y los jóvenes… Y si quieren saber qué cosa práctica tienen que hace lean Mateo 25.”

“Cuando el Hijo del Hombre llegue con majestad, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria y ante él comparecerán todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Colocará a las ovejas a su derecha y a las cabras a su izquierda. Entonces el rey dirá a los de la derecha: Venid, benditos de mi Padre, a heredar el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era inmigrante y me acogisteis, estaba desnudo y me vestisteis, estaba enfermo y me visitasteis, estaba encarcelado y vinisteis a verme. Los justos le responderán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber, inmigrante y te recibimos, desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y fuimos a visitarte? El rey les contestará: Os aseguro que lo que hayáis hecho a uno solo de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 31-40)

Que uniéndonos a Cristo Redentor, cuya imagen preside la inmensa ciudad de Río, sintamos la fuerza de su envío a caminar y anunciar a todos los hombres su amor salvador. La próxima cita de los jóvenes católicos para testimoniar, celebrar y profundizar su fe en Jesús será en Cracovia y seguro que con diferentes acentos el espíritu de unión y amistad de todos volverá a hablarnos de esperanza.

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