Padre

Cristo es la puerta de entrada para vivir la fe

Con motivo del 50 aniversario del Concilio Vaticano II, el Papa, Benedicto XVI ha anunciado la celebración del Año de la Fe, que comienza hoy mismo.

El Concilio Vaticano II fue un acontecimiento del Espíritu que impulsó a la Iglesia a abrir sus puertas y ventanas para que todos sus miembros seamos más sensibles a los signos de los tiempos, a las necesidades de nuestro mundo y para permitir a todas las personas tomar contacto con lo esencial del mensaje de Jesús: el anuncio del reino del Padre en misericordia, perdón, justicia, compasión, amor y paz. Este anuncio se dirige a todos sin excepción y se condensa en la oración que Jesús dirige constantemente a su Padre y Padre nuestro. «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación». (Lc 11, 2-4)

Desde la perspectiva de los cincuenta años del concilio, y en el complejo contexto actual, el Año de la Fe es una invitación a fortalecer nuestra unión con Cristo en la cotidianeidad, en los tiempos de oración personal y comunitaria, en el ámbito de nuestras relaciones en una sociedad abierta y plural.

Para presentar el jubileo de aquel acontecimiento eclesial, el Papa ha escrito una carta apostólica titulada “Porta fidei”. La puerta de la fe siempre está abierta, esa puerta es el mismo Cristo. Él era un hombre accesible, cercano, tan tiernamente humano en su trato que quienes se encontraron con Él pudieron reconocer que era el Hijo de Dios. “Jesús les habló otra vez: -Os aseguro que Yo soy la puerta del rebaño… Yo soy la puerta: quien entra por mí se salvará; podrá entrar y salir y encontrar pastos… Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”. (Jn 10, 7. 9)

Estamos invitados a adentrarnos en la relación con Jesús, a no andarnos por las ramas, a pasar de las palabras y los ritos a la experiencia verdadera de seguir al Maestro, a vivir nuestro compromiso misionero de creyentes con autenticidad, a intensificar el testimonio de la caridad. “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo y te vestimos?, ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? Y el rey les dirá: en verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mi me lo hicisteis”. (Mt 25, 37-40)

Durante esta semana han sucedido a mi alrededor muchas cosas; una ha sido la dolorosa y triste pérdida de un alumno y su padre en accidente de tráfico; otras son los pequeños encuentros de amistad inesperados. Algunas experiencias son gratificantes cuando ves a personas queridas felices, otras experiencias te hacen descubrir a alguien necesitado. Y para vivir todas las situaciones con fe, con sentido, con luz, necesito entrar por la puerta que es Cristo. “Por tanto, como elegidos de Dios, consagrados y amados, revestíos de compasión entrañable, amabilidad, humildad, modestia, paciencia; soportaos mutuamente; perdonaos si alguien tiene queja de otro; como el Señor os ha perdonado, así también haced vosotros. Y por encima de todo el amor, que es el broche de la perfección. Actúe de árbitro en vuestra mente la paz de Cristo, a la que habéis sido llamados para formar un cuerpo. Sed agradecidos. La Palabra del Mesías habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos y exhortaos unos a otros con toda sabiduría. Con corazón agradecido cantad a Dios salmos, himnos y cantos inspirados. Todo lo que hagáis, de palabra o de obra, hacedlo invocando al Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.” (Col 3, 12-17)

1

Cambios: entre la queja y la aceptación

El otro día, hablando con una amiga sobre cuestiones familiares que le preocupan, le decía que “Dios no nos deja descalzos… quizá en algún momento nos quita los zapatos que estamos acostumbrados a llevar y nos deja temporalmente en chanclas hasta que estamos en disposición de usar nuevo calzado”. Ella, que, además de ser muy buena amiga, es una de las más fieles seguidoras de este blog, me animó a escribir sobre este tema, así que ahí vamos…

Todos hemos experimentado en mayor o menor medida la tendencia que tenemos a refugiarnos en zonas de comodidad, en esas situaciones que creemos controlar (aunque en realidad, controlar, lo que se dice controlar, no controlamos casi nada), en esas rutinas que no nos exigen demasiados esfuerzos… Y también hemos vivido cómo, de repente, hay acontecimientos que nos trastocan la vida, las costumbres, los horarios, las rutinas… A veces son circunstancias dolorosas, otras son hechos felices… en otros casos situaciones con sus pros y sus contras…

Y el devenir de esos acontecimientos depende, como en tantas y tantas cosas, de la actitud que tengamos ante ellas… hasta el hecho más feliz puede ser visto desde la queja (acabo de tener un hijo, pero no puedo hacer mi vida, mi pareja no me ayuda, y no estoy preparada para esto). Y la circunstancia más dolorosa siempre tiene su contrapartida (perdí ese empleo y pude ver claramente que eso no era lo que más me llenaba, aquella relación terminó y descubrí un nuevo valor de la amistad o del amor, cambié de ciudad y también se transformaron mis prioridades…).

Podemos instalarnos en el inmovilismo, en la actitud infantil del niño que quiere que las cosas se hagan y se desarrollen siempre a su gusto… o descubrir en cada giro de la vida una oportunidad para aprender, para evolucionar, para crecer…

En los últimos meses, mi vida ha dado un cambio radical… un proyecto, que se viene prolongando en el tiempo mucho más allá de lo inicialmente previsto, ha transformado mis horarios, mis planes, mis esquemas de vida e incluso ha alterado mis sistemas de equilibrio mental… Reconozco que se me ha hecho difícil ver cómo los cimientos sobre los que descansan mi estabilidad personal, mental y profesional se removían… y, sí, me he quejado.

Ahora pienso que, al margen del enriquecimiento profesional y personal que está suponiendo y de la suerte de tener trabajo en los tiempos que corren, este proyecto me está sirviendo para aprender a salir de mis esquemas, para improvisar, para no vivir de memoria… y es un regalo inmenso, aunque suponga vivir haciendo constantes equilibrios y cambiando los planes a cada minuto.

Disponer de un tiempo muerto de espera a las 12 del mediodía de un día laborable en una ciudad que no es la propia puede llevarnos a esperar y desesperar, pensando que estamos perdiendo el tiempo, o puede permitirnos relajarnos y disfrutar durante unos instantes: pasear al borde del mar, gozar mirando las olas y oyendo su sonido, leer o escuchar un poco de música…

El desvío de un avión por cuestiones meteorológicas nos trastoca los planes, nos impide hacer las cosas como estaban agendadas, pero nos abre otro tipo de experiencias (por ejemplo, compartir un coche de alquiler con alguien desconocido y descubrir a una persona interesante que nos aporta un rato agradable de conversación o que, sin ser consciente de ello, nos da la clave de un tema que nos agobiaba).

Y esto que es algo al alcance de cualquiera: ver las situaciones cambiantes que nos descolocan no desde la queja sino desde la oportunidad que se nos abre… es un mandato para los que nos llamamos cristianos. Sabiendo que nuestro Dios nos ama, nos conoce, sabe lo que necesitamos y nos da libertad para decidir lo que hacemos con nuestra vida, no deberíamos tener dudas de que todo tiene un porque. “En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo” Mt 6, 7-8.

El periodo de Cuaresma y de preparación para la Pascua que estamos viviendo es ideal para reflexionar sobre esto. Jesús conocía cuál sería su final. Lo asumía, sabía que iba a ser el momento más duro de su vida, pero también era consciente de que para eso había venido a este mundo… esa era su misión y su pasión y muerte eran la antesala de la resurrección. Y no se reveló ante la tarea que se le encomendaba. “En aquel tiempo empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: -¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte. Jesús se volvió y dijo a Pedro: -¡Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios!” Mt 16, 21-23

Ojala Dios nos dé la fuerza, la sensatez y la paciencia para saber ver las situaciones cambiantes no como inconvenientes, sino como oportunidades. Y nos permita permanecer serenos tanto en los momentos de gozo como en los que nos toda apretar los dientes.

3

Audio-homilía: Festividad de la Santísima Trinidad

A la solemnidad de la Trinidad nos podemos acercar desde el intelecto, creándonos un concepto y creyendo que ya comprendemos algo. Pero no se trata de entender con la cabeza, sino de experimentar. No es lo mismo una relación de amor o de amistad llevada hasta el final que una fantasia o el guión de una película de Hollywood.

Dios nos espera para nos sentemos a la mesa de la Trinidad y conversemos con él. Dios es Familia. Es una comunidad de vida y de amor, donde se habla, se aprende, se falla y se perdona. Y nosotros estamos hechos a imagen y semejanza de este Dios comunitario. No somos llaneros solitarios. No podemos alcanzar la felicidad sin los demás.

Dios es mucho más de lo que nuestra cabeza puede entender. No podemos meter el mar en una botella, como no podemos entender a Dios de una manera intelectual. La forma de captar a Dios es la experiencia. Ser comunidad, ser familia es una forma de experimentar la esencia de la Santísima Trinidad: la actitud del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Celebrar la Festividad de la Santísima Trinidad no consiste en entristecerse porque no entendemos intelectualmente las verdades de la fe. Es una invitación a sentarnos a la Mesa y a vivir en la casa de Dios, que es la Tierra.

Pidamos a Dios que nos regale esa mirada limpia que nos permita entenderle no con la cabeza sino con el corazón y a reproducir en nuestros ambientes la realidad de la Santísima Trinidad.

Audio-homilía: Festividad de la Santísima Trinidad

Evangelio según san Juan

«Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.»

cerrados

Con nuevo aliento

Navegando por el Mar de Galilea

Navegando por el Mar de Galilea

Decía san Pablo que si Cristo no hubiera resucitado, seríamos los hombres más desgraciados; nuestra fe sería vana porque Jesús no podría ser para nosotros, ni para la humanidad, la garantía y la esperanza de un mundo mejor basado en el amor, la justicia y la paz.

La Resurrección de Jesús es una nueva existencia libre de dolor y sufrimiento pero a la vez solidaria y comprometida con las necesidades de los que todavía sufren.

Creer en la Resurrección de una forma viva y eficaz no es tarea fácil. La Iglesia, con bastante pedagogía, parece tener en cuenta la dificultad del salto que supone la fe en la resurrección de Jesús. Si para prepararnos a la Pascua, dedicamos los 40 días de la Cuaresma; para gustar, celebrar, percibir qué es la Resurrección y cómo a partir de ahora hemos de unirnos a Cristo en el Espíritu Santo, dedicamos los 50 días de la Pascua (desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés).

Los evangelios nos van repitiendo la promesa de Cristo resucitado a sus discípulos: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo… (Jn 15, 9) Soy yo quien os he elegido y os he destinado para vayáis y deis fruto y vuestro fruto dure… (Jn 15, 16) Cuando venga el Espíritu de la verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio… (Jn 15, 27) Vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón; y nadie os quitará vuestra alegría… Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará…pues el Padre mismo os quiere… (Jn 16, 23)”.

Gota a gota el mensaje va calando. No estamos solos; Jesús mismo camina con nosotros por nuestras calles y plazas, está en la cola del paro, está en el trabajo, en el hospital, en la escuela o la universidad, en el mercado, en el metro, en nuestros hogares…

La pascua sigue siendo camino, “pascua” significa paso. Por eso cada día que empieza con la luz, cada tarea que emprendo, los encuentros con los otros, el cansancio, la tensión, los conflictos, y también cada disfrute, ese pequeño triunfo mío o de algún amigo o ser querido, una tarea cumplida, cada gesto de ternura y bondad, cada palabra amable que ilumina una sonrisa son ocasiones para descubrir la presencia de Cristo resucitado junto a nosotros.

La Resurrección de Jesús no se nos presenta como un triunfo apoteósico. A pesar de ser algo maravilloso, no nos abduce, sino que se muestra como el mismo Jesús lo hizo a lo largo de su vida humana: se pone de manifiesto en las chispas y semillas de bondad que recibimos en lo cotidiano. En medio de las dificultades y desánimos, gracias a Jesús, estamos tocados de resurrección. “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20)

Hace muy poco que recordábamos el primer año cronológico de Echadlared. Nacimos en la fiesta de Pentecostés del 2010 y Pentecostés supone también para nosotros la celebración de nuestro primer año de navegación en esta red con el deseo de compartir una fe viva y activa para los que estamos sumergidos en los oleajes o las calmas nuestro mundo. “Ellos, al verlo caminar sobre el lago, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar… porque se habían asustado. Pero Jesús les habló inmediatamente y les dijo: -Ánimo. Soy yo. No temáis.”(Mc 6, 49-50)

3

Festividad de la Anunciación

Basílica de la Anunciación (Nazareth)

Basílica de la Anunciación (Nazareth)

En plena Cuaresma, y justo nueve meses antes de la Navidad, la Iglesia celebra la Anunciación.

El evangelio de hoy nos relata la Anunciación a la Virgen, en palabras de San Lucas. Es uno de los muchos pasajes evangélicos que, por ser muy conocidos podemos escuchar de forma rutinaria. Así que no está de más que nos paremos y lo meditemos como merece.

  • El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor es contigo». Es un saludo impactante. De hecho, el evangelista reconoce que María «se turbó». Creo que, en multitud de ocasiones, no nos damos cuenta de que HOY, AQUÍ Y AHORA Dios se dirige a cada un@ de nosotr@s en estos términos… Sí, TODOS, día a día, somos colmados de gracia por el Señor. Y apenas somos conscientes…
  • «Para Dios no hay nada imposible». Esta frase parece convertir a Dios en una especie de super-heroe. Pero, no debemos caer en esa trampa. Hasta el mismo Jesús fue tentado con ese sentimiento «Si eres Hijo de Dios, tírate desde aquí, pues escrito está: ‘A sus ángeles encargará que te tomen en sus manos para que no tropiece tu pie contra una piedra?». En  mi opinión, hay una frase que expresa de forma excepcional el fondo de este pasaje: «confía como si todo dependiera de Dios y, al mismo tiempo, trabaja como si todo dependiera de ti».
  • «He aquí la esclava del Señor. Hágasé en mi según tu palabra». Es una de las frases más importantes de este pasaje. Dios, a través del ángel, le pide a una adolescente que asuma un embarazo, sin estar aún desposada (lo que con casi total probabilidad suponía en aquella época el repudio por parte de José y la deshonra de por vida). Y, sin más, María se pone en manos de Dios. Es probable que ninguno de nosotros recibamos visitas angelicales. Pero ¿hasta qué punto ponemos nuestras decisiones, dudas o inquietudes en manos de Dios?… No estaría de más que compartiéramos con él esas pequeñas o grandes disyuntivas vitales.
  • Y, por último, este episodio en su conjunto nos revela un asunto muy relevante. Dios envía al ángel a anunciar la noticia a María y espera su consentimiento. Es decir, la última decisión la tiene María… al igual que todos nosotros, libremente, elegimos nuestro camino. Esto también se refleja en la parábola del hijo pródigo (que, curiosamente, leeremos en el evangelio de mañana). Todos escogemos nuestro camino… Dios, por tanto, nos ama profundamente, pero no es un Padre que impone… Él nos quiere libres

 

1