María

Audio-homilía: Epifanía ante los Reyes Magos 2015

Esta fiesta tiene muchas imágenes que nos pueden ayudar para afrontar este año recién estrenado.

Estamos ante la celebración de la expectación y de la ilusión. Es muy mágico ver que los Reyes, pensando en nosotros, nos ha traído regalos. También nos sirve para gestionar las decepciones, por no haber recibido exactamente lo que habíamos pedido.

Pero la imagen de los Reyes Magos nos motiva a pensar que nuestra vida puede mejorar, que este año no tiene que ser igual que el anterior, que estamos llamados a avanzar. Los magos eran ricos, sabios y tenían todo lo que necesitaban. No tenían porqué moverse de casa. Pero tenían una inquietud y salieron en busca de algo nuevo que desconocían. Esos deseos de crecer, de aprender, de ser mejores son estupendos, porque vienen de Dios y del Espíritu.

Como dice Isaías, las tinieblas cubren muchas partes de la tierra, incluso cerca de nosotros. Los Reyes Magos siguieron una intuición que los llevó a la luz. Una de las mayores tentaciones de nuestro mundo actual es la seguridad. Lo queremos todo seguro y no podemos asegurar nada, porque la vida es un continuo milagro y un constante cambio. Tenemos la vida por puro regalo, por pura gracia. Y, mientras nosotros creemos que podemos asegurar todo, Dios nos invita a la confianza total.

Los tres magos son los tres grandes confiados, porque dejaron su seguridad y sus palacios y se pusieron en camino hacia lo desconocido sin demasiadas cosas.

Y nosotros podemos vivir este 2015 buscando acumular cosas para sentirnos artificialmente seguros o seguir estrellas como los magos.

El evangelio de hoy también nos lleva a preguntarnos si nuestras vidas iluminan a alguien o si somos hombres y mujeres de traje gris. Si viviéramos con espíritu de reyes magos, descubriríamos mucha luz en nosotros y en los demás. Todos hemos sido luz para alguien y hay mucha gente que nos ha iluminado a nosotros. Ojalá que nos ayudemos a ser estrellas de Belén con luz propia y auténtica.

Cuando los Magos llegan ante el niño, todo es generosidad. Sabemos que estamos siguiendo el camino de Dios cuando nos desprendemos de lo propio sin que nos cueste. Dios es gratis y, cuando estás con Dios, lo que te surge es compartir lo que llevas.

Ojalá que el fruto de estas navidades sea un corazón que desee compartir con nuestros compañeros de camino de este año lo que somos y lo que tenemos.

Evangelio según San Mateo

Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo”.
Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. “En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel”.
Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: “Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje”.
Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra.
Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.

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Audio-homilía: Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. 2015

Este evangelio nos sirve para que aprendamos cómo invertir el tiempo que se nos da como un regalo. El tiempo nos lo da el Señor para convertirlo en una historia de salvación. No estamos aquí como sujetos pasivos, como maletas en la cinta del aeropuerto, para que la vida nos lleve por donde quiera.

A veces, cuando intentamos ser protagonistas de algo y no nos sale, nos replegamos y dejamos de intentar. Interiormente nos despedimos a nosotros mismos y empequeñecemos las posibilidades que Dios nos ha dado.

San Pablo nos dice claramente cómo podemos negociar el pasado: “Yo olvido lo que dejé atrás y me lanzo desde el punto donde estoy a lo que se me ofrece por delante”. No tenemos capacidad de cambiar el pasado, pero sí podemos decidir qué hacemos con ese pasado. Si nos encerramos y no creemos que hay una misericordia de Dios, perderemos la vida.

Cuanto más protagonismo le damos a nuestros límites, menos creemos en la capacidad de Dios para renovarnos. Vivimos con tal carga de culpabilidad que nos parece que Dios tendrá dificultad para perdonamos. Nos relamemos nuestras heridas y parecemos querer hacerle un pulso a Dios.

“Hoy entrarás conmigo en el paraíso” significa que Dios tiene la capacidad de renovar todas las cosas. Del pasado hay que liberarse. La confesión nos renueva, no por nuestros méritos, sino porque Dios pone su mirada nueva sobre nosotros.

Lo que nos hace sufrir generalmente es nuestra incapacidad para confiar. Vivimos creyendo que el control de nuestra vida lo llevamos nosotros solos. Creemos que podemos manejar las riendas de nuestra vida y Dios se ríe al ver que aún no nos hemos encontrado con la fragilidad de nuestra vida.

Por eso la Iglesia nos pone como compañera de camino la fragilidad encarnada en María. Decir que María es la Madre de Dios puede parecer una contradicción. Dios el todopoderoso, el todo bondad… no cabe en la pequeñez de una muchachita de Nazareth llamada María. Es, como en un embudo. Hay un lado grandísimo y otro muy pequeñito. Y esto es posible porque el amor de Dios lo ha querido así. Todo lo divino cabe en algo tan pequeño como un bebé, en nuestra historia, en nuestras vida… porque Dios ha decidido estar con nosotros.

Nuestro trabajo es, como dice el evangelio, hacer como María: “guardar todo en el corazón”. Saber que en todo hay regalo y tesoro y que en todo está el Señor. Dejar de juzgar.

Hagámonos el propósito de vivir sin pretensiones, sin expectativas, de dejar que el Señor diseñe y programe en nosotros lo que quiera. Eso es lo que hizo María en la Anunciación: “Hágase en mí según tu palabra”.

Evangelio según San Lucas

Los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre.
Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.
Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.
Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.
Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Angel antes de su concepción.

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Audio-homilía: Festividad de la Sagrada Familia 2014

La familia es el espacio humano en el que aprendemos a crecer en sociedad. Gracias a ella ampliamos el corazón, aprendemos lo que es la autoridad, la obediencia, la competencia… La familia es el laboratorio de aprender a amar.

Una “sagrada familia”, aquella entiende que la unión de sus miembros nace la voluntad de Dios, tiene un sentido muy distinto a cuando la familia se crea por otro motivo. Hay muchas motivaciones por las que la gente se junta. Hay muchos casos aún en nuestro mundo e incluso en nuestra sociedad en los que el matrimonio no surge por amor, sino por otras motivaciones: posición social, huir de la soledad, intereses…

Una “sagrada familia” se basa en “lo que Dios ha unido”. Cuando lo que nos une no es Dios, no hay sagrada familia. Cuando lo que nos une son nuestros intereses es fácil que en la familia haya más sentimientos de posesión y de exigencia que de gratitud y de comprensión. Y entonces no fluye el amor, sino la autoridad o el afán de triunfo. ¿Qué nos preocupa más de nuestros hijos: que sean felices o sus resultados académicos, deportivos…?

La familia por ser sagrada no es ideal, pero la presencia de Dios (de lo sagrado) nos garantiza que tendremos amor para superar las situaciones difíciles. No hay familias perfectas. Lo que aporta Dios en una familia no es la ausencia de problemas, sino el amor para poder acoger y abrazar lo feo y lo difícil del otro. Misericordia es poner el corazón en la miseria del otro. Amarnos en lo amable es normal. Lo magnífico es amarnos en las miserias.

Las familias cristianas se diferencian (o deberían diferenciarse) de otras en la cruz, en como viven las dificultades, los fracasos, los errores. En esas situaciones emerge un amor nuevo que ya no es nuestro, sino de Dios. Por eso tenemos mucho que aportar al mundo, pero no porque nos presentemos como el ideal, sino porque contamos con la ayuda de Dios para peregrinar por la vida desde el amor y acoger lo menos positivo.

Somos más santos cuando más amamos lo que Dios nos da. María estuvo con Jesús en su cruz. Ojalá muchos padres acompañen a sus hijos en sus cruces. Hay mucho trabajo. Familia no es sólo biología, sino los lazos que creamos con la gente que nos importa. Ojalá que nos sintamos muy abrazados y muy acompañados por Dios que nos ha unido como familia.

Evangelio según San Lucas

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
“Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”.
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”.
Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.
El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

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Audio-homilia: Hoy os ha nacido un Salvador. Misa del Gallo 2014

En esta Nochebuena nosotros podemos experimentar que nos ha nacido un Salvador. A eso que llena nuestro corazón de preocupación, a aquello que escapa a nuestro control, a esas situaciones que nos restan la energía y nos llenan de temor les llega un Salvador. Porque Jesús, el hijo de Dios, ha venido a compartir con nosotros esas situaciones.

Que nos llegue un Salvador no significa que nos llegue un Superman a quitarnos el sufrimiento, aunque a veces lo deseemos.

Dios no emplea esas tácticas de todopoderoso solucionador de conflictos, porque un padre tan protector provocaría nuestra pequeñez, nuestro acomodo y nuestro no desplegar los dones que Él nos ha dado. Es toda una lección que Dios se presente como un bebé, porque los bebés sacan lo mejor de cada uno de nosotros. Dios no ha venido omnipotente a decirnos o a exigirnos cómo tenemos que vivir, sino que llega desde la fragilidad y la discreción.

Que nos haya nacido un Salvador no significa que no vaya a haber conflictos, sino que nuestra vida va a estar profundamente acompañada. Dios, en esta noche, en los cinco continentes, le está diciendo al mundo que “merece la pena”.

Todos los protagonistas de la Navidad son periféricos. María (una chavalita desposada con un carpintero de la estirpe de David), Belén (una aldea pequeña y olvidada), el pesebre (una cueva para ganado), los pastores (que dormían a la intemperie cuidando sus rebaños)…

Dios lo hace todo de una forma imprevisible, desde la sencillez, desde lo pequeño, desde lo olvidado. Y eso nos da una idea clara de los caminos de nuestro Señor. El Salvador no es el que viene a asegurarnos toda la vida, sino el que va a acompañarnos en nuestras intemperies (las incertidumbres de nuestra vida en la salud, en nuestras relaciones, en el trabajo…). No viene a resolver nuestros problemas y el ejemplo más claro es María. Desde que dijo “sí” todo lo que le pasó fueron imprevistos y sobresaltos (el nacimiento en Belén, la huida a Egipto, la vuelta a Nazaret, la pasión y muerte de su hijo), pero siempre acompañada por el Buen Dios.

Ojalá que la Navidad nos provoque en el fondo del corazón confianza. “No temáis”. Nuestro Dios ha venido para quedarse y para vivir con nosotros todo lo que significa ser humano.

Evangelio según San Lucas

En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada.
Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.
En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche.
De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: “No temáis, porque os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto os servirá de señal: encontraréis a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!”

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Audio-homilía: 4º domingo de Adviento 2014. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

Leyendo este evangelio podemos imaginarnos a Dios antes de enviar al ángel Gabriel viendo el sufrimiento de la humanidad, preguntándose qué más podría haber hecho por su pueblo para mostrarle el camino y comprobando lo que sucede cuando el hombre vive de espaldas a la voluntad divina y actúa según su capricho.

Y Dios, con esa humanidad alejada, podía hacer dos cosas: volver a enviar un diluvio universal o hacer la mayor locura de amor de la historia. Y decidió lo segundo: enviar al ángel a un lugar humilde y recóndito, a una chavala de 15 años, a decirle que su pequeñez era imprescindible para la consecución de la historia de salvación de Dios. Dios vio que esa era la única forma de que nos diéramos cuenta de que, como dice Juan, “sólo el amor quita el miedo y el temor”.

Cuando Dios se acerca a cada una de nuestras vidas realiza nuevas anunciaciones. Todos tenemos anunciaciones. Dios nos dirige a cada uno de nosotros las mismas palabras que a María.

“Alégrate, (Vicente, María, Pedro, Santiago, Lucía, Pilar, Estrella…) porque estás lleno de gracia”: nuestras vidas no son solitarias y ni están abocadas a la supervivencia. “El Señor está contigo”: está con cada uno de nosotros porque, si él se separara de nuestra vida, moriríamos. “No temas”: nuestra vida está llena de temores. “Has encontrado gracia ante Dios”, “serás grande”, “serás hijo del altísimo”, “el Señor te dará la herencia del cielo”.

Las promesas que Dios hace no son únicamente privilegio de la Virgen María. Dios nos hace promesas a todos a diario. Nos dice que si le decimos sí y le acogemos, si nuestra vida está llena del amor de Dios, tendremos una existencia fecunda y mucha gente dará gracias a Dios por nuestra vida.

¿Quién hará esa obra? El Espíritu Santo, que es el motor que anima nuestras vidas.

Ante las permanentes anunciaciones de Dios, ¿cuál es nuestra respuesta?. Podemos ponernos en manos de Dios y vivir acompañados o rechazarle y confiar sólo en nuestra fragilidad y nuestra soledad. Ojalá en estas Navidades podamos vivir esa experiencia de poner nuestras vidas en las manos de Dios.

Evangelio según San Lucas

En el sexto mes, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”.
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”.
María dijo al Ángel: “¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?”.
El Ángel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes,
porque no hay nada imposible para Dios”.
María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”. Y el Ángel se alejó.

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