escucha atenta

Ecos de una visita muy especial

Benedicto XVI

Benedicto XVI

Visita de un Papa sorprendente, peregrino de la fe, transmisor de la pasión por Dios y de la pasión por el ser humano

La visita de Benedicto XVI a Santiago de Compostela y a Barcelona ha sido un acontecimiento ilusionador e impactante para los católicos en España. Como muchas personas, lo he vivido a través de la televisión y deseo compartir las impresiones que me han dejado la celebración de la Eucaristía en la plaza del Obradoiro, en Santiago, el sábado, día 6,  y la consagración  de la basílica de la Sagrada Familia en Barcelona, el domingo, 7 de noviembre.

La presencia y las palabras del Papa tienen una gran profundidad, pero, a la vez, son claras;  parecen comedidas y sin embargo son cálidas. Ver el recibimiento de los peregrinos y de la comunidad de la Iglesia, me ha llenado de emoción, de gozo por compartir con el Apóstol y con tantas personas esta corriente de amor que es la fe y que nos conecta con Dios y entre nosotros.

Voy a desgranar algunos de los que podríamos llamar frutos de esta visita pastoral:

Esperanza y alegría.  Las personas que esperaban al Papa estaban entusiasmadas. Todos los rostros reflejaban gozo e ilusión; incluso los de aquellos que habían madrugado muchísimo para poder estar presentes en la celebración

Sentimientos de comunión y fraternidad que brotan de los gestos de bienvenida más allá del protocolo, de la llamada hecha por el Papa a Europa a recuperar la búsqueda y la apertura hacia Dios y de la invitación a que los católicos vivamos con cercanía y unidad en nuestra sociedad aportando el testimonio del amor y el servicio.

Una profunda paz. Benedicto XVI tiene una forma de mirar, de acoger, de transmitir sus mensajes que da paz. Todos sus gestos son de una gran ternura y serenidad.

La escucha atenta a Dios en su Palabra, a cada persona que se abre desde lo más verdadero de sí misma. ¡Cuánta falta nos hace, en nuestras relaciones, una escucha atenta para llegar a comunicarnos de verdad!

Un silencio hecho oración. Después de las palabras del Papa, en sus homilías y en sus discursos, nos quedamos en un silencio elocuente. Era admirable, en la plaza del Obradoiro, ver a una multitud de 7.000 personas en silencio, ese silencio donde se escucha la voz de Dios en nuestro interior.

La impresionante belleza de las obras humanas cuando se inspiran y apoyan en el amor de Dios. Las luces del atardecer en Santiago, la maravilla del templo de la Sagrada Familia, la música que se elevaba al aire, el ritmo de la liturgia, la calidez de tantos hombres, mujeres y niños unidos, y la alegría de los que han escuchado el mensaje del amor de Dios por todos sus hijos e hijas; y, escuchándolo, se lanzan a vivirlo en la vida cotidiana; todo ha sido, es bellísimo.

Gracias a Dios y, muy especialmente, gracias al Papa Benedicto XVI por venir a España y reavivar nuestra fe. A nosotros, nos queda la tarea de ser testigos del amor de Dios, de vivir como hijos suyos uniéndonos vitalmente a  Jesucristo.

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