Camino de Santiago

Santiago Apóstol: un patrón, un espíritu…

Catedral de Santiago de CompostelaHoy celebramos el Día de Santiago Apostol, patrón de España y de Galicia, entre otras tierras, y origen y destino de una de las grandes peregrinaciones cristianas.

Vivimos tiempos convulsos y de incertidumbre, en los que el pesimismo, el desánimo, la desilución y la indignación se han apoderado de los ciudadanos. Los modelos conocidos parecen haber entrado en crisis y el futuro no se ve claro.

En este contexto no está de más echar un vistazo a nuestro patrón y a los pilares sobre los que los que sustenta la peregrinación milenaria que ha llevado durante siglos a millones de personas a la búsqueda de algo más. Analizando el Camino de Santiago descubrimos actitudes que, en la situación que atravesamos, son más que necesarias.

Ponerse en camino, no desfallecer, perseverar aunque no se vea claro el sendero, estar atento a las señales, rehacer el trayecto cuando nos equivocamos, apoyar al compañero de trayecto, sumar esfuerzos, tener fe en las propias fuerzas y seguir nuestro objetivo…

Estas son algunas de las actitudes que se ponen en práctica al iniciar el Camino hacia Santiago.

El trayecto no siempre es sencillo. Los elementos a veces no ayudan: el clima, las circunstancias personales, las lesiones… ponen palos en la rueda. Pero se continua con un claro objetivo. También se viven momentos tremendamente agradables, los sentimientos cobran una intensidad inusitada y la percepción sensorial se agudiza al máximo hasta convertir una simple brisa, un rayo de sol o una llovizna en inmensos placeres. Sufrimiento y gozo forman las caras de la misma moneda…

Y al llegar a Santiago de Compostela una certeza… lo importante no es tanto llegar (por muy emocionante que sea la vista de las torres de la Catedral o el instante en que uno se planta en la Plaza del Obradoiro ante ese monumento mágico) como lo vivido, lo experimentado, lo aprendido, lo sufrido y lo gozado durante todo el trayecto…

En el momento de encrucijada que vivimos, cuando nos acosan tantas incertidumbres, cuando negros nubarrones se ciernen sobre nuestro presente… no está de más volver la vista hacia nuestro patrón y hacia la peregrinación secular que inspira.

¡Feliz Día de Santiago a tod@s!

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Momentos nada casuales en un Camino de Santiago

Llevaba tiempo queriendo escribir este post… el caso es el día a día nos puede, las jornadas pasan y, sin apenas darme cuenta, ya hace casi tres meses que realicé un nuevo tramo del Camino de Santiago.

En su momento escribí las primeras reflexiones que me inspiró esta peregrinación, pero me quedaba pendiente repasar esas frases que durante el camino, en encuentros casuales (o quizá no tanto), comentan las numerosas personas con las que uno entabla conversación. No son filósofos famosos, ni guías espirituales, son gente corriente que de repente (y aparentemente sin venir a cuento) te dicen algo que se te prende en el alma…

– En nuestro camino, nos encontramos con un joven sacerdote alemán de la orden de los capuchinos, que había salido de Hamburgo con su mochila, sin saber una palabra de español y que había recorrido 7.000 kilómetros por toda España durante ocho meses. Hablando con él, mirándole a los ojos, se veía que la experiencia le había llenado de vida. Probablemente, había pasado momentos muy duros, pero sus ojos brillaban de una forma especial y su sonrisa irradiaba felicidad. Hablando con él, nos comentó un par de frases que se me han quedado grabadas: «el miedo es el maligno» y «los miedos se vencen con amor«. Se explican por sí solas. Ya sabemos que en la vida, como en el Camino, nuestros peores enemigos son los miedos. Y que éstos solo se vencen con la confianza de sabernos amados.

– Otro de nuestros encuentros fue con un anciano que cuidaba las gallinas en su casa a las afueras de Betanzos, en una zona absolutamente rural. Durante una conversación de más de 20 minutos que pasaron volando nos reconocía que «nos centramos mucho en trabajar (que es bueno y está bien), pero olvidamos dedicar tiempo a lo importante (nuestra familia, las relaciones con los demás…)«. La charla con este hombre fue deliciosa y absolutamente enriquecedora.

– Dialogando el padre Jenaro Cebrián, delegado de peregrinaciones en la diócesis Santiago de Compostela y persona que firma las compostelas (ese documento que acredita que se ha hecho el Camino), nos comentaba que esta experiencia está abierta a todo tipo de personas, pero que todos los peregrinos (creyentes o no) se ponen en marcha porque buscan algo (una experiencia espiritual, un encuentro consigo mismos, expresar agradecimiento, mayor intimidad con Dios…). Y también nos decía que a Dios no sólo se le encuentra en iglesias, templos o catedrales: también se le puede hallar en las cosas ordinarias: el amor, la alegría, la solidaridad, la sonrisa, la mano tendida, el agradecimiento, el esfuerzo…

– Tuvimos la inmensa fortuna de poder vivir una extraordinaria e íntima adoración nocturna en la Catedral de Santiago de Compostela: orar en ese tremendo monumento con apenas treinta personas, a media luz y con un silencio atronador fue simplemente sobrecogedor. En ese momento, era fácil recordar y hacer propio el pasaje evangélico de la transfiguración (Seis días después, Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas. Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Pedro dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías” Mt. 9. 2-5). Y uno de los jóvenes de la localidad portuguesa de Braga con los que compartimos este instante de paz reflexionaba que «vivimos pendientes de las cosas de arriba, de nuestra espiritualidad, pero nuestra principal tarea es trasladar todo eso a la calle, en nuestras relaciones, en el trabajo…» (vamos, el clásico «a Dios rogando y con el mazo dando»).

– Y, para terminar este post que se está alargando más de lo previsto, hubo una mujer bastante mayor que se nos acercó, nos cogió las manos, nos miró a los ojos con gran ternura y nos dijo textualmente «rezo siempre a Dios por tod@s vosotr@s» (imaginamos que se refería a l@s peregrin@s) «para que os mantenga la fe… porque, si tenéis fe, os podéis divertir lo que queráis». Nos pareció curiosa esa frase, dicha por una mujer casi anciana y probablemente educada en un entorno mucho más sobrio y menos hedonista que el nuestro. Una apreciación que demuestra que ser cristiano y vivir la fe no está reñido con la alegría y el disfrute (más bien es todo lo contrario).

Quizá puedan parecer frases e instantes inconexos y sin sentido, pero, como ya he comentado anteriormente, en el Camino nada es casual… Parafraseando a Antonio Machado, «todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo camino…»

Nos gustaría que, quienes hayáis hecho el Camino de Santiago, nos comentéis vuestras anécdotas, esas frases o encuentros que os marcaron. ¡Ánimo, esperamos vuestras experiencias!. Gracias de antemano.

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Camino de Santiago: una experiencia personal e intransferible

Camino de Santiago

Camino de Santiago

Recientemente he hecho un nuevo tramo del Camino de Santiago. Es la tercera vez que hago parte del Camino: distintos tramos, con diferentes personas y cada uno de ellos en una etapa de mi vida…

Y precisamente la primera conclusión que saco es que el Camino siempre es nuevo… siempre es distinto… y que cada uno tiene una experiencia en función de su momento vital… Tengo la sensación de que este Camino, como los anteriores que he recorrido, me ha transmitido lo que más necesitada en este momento de mi vida. Y estoy convencida de que a mi compañera de peregrinación le ha sucedido lo mismo. Porque el Camino y sus vivencias son personales e intransferibles, aunque los lugares, los paisajes, las anécdotas y las jornadas sean compartidos.

Muchos peregrinos comentan que el Camino es como la vida… y no es una simple frase hecha. Es una experiencia vital única que nos separa de nuestras seguridades, que nos enfrenta a nuestros miedos, que nos empuja a mirarnos dentro y que nos pone delante mil y una metáforas de lo que cotidianamente vivimos: disyuntivas, decisiones, apuestas, intuiciones, imprevistos, debilidades, decepciones, inconvenientes, sufrimientos, cambios de planes, regalos inesperados, soledades, risas, llantos, falta de motivación, emociones, tristezas, alegrías, promesas…

Todos hemos experimentado cómo una misma situación no es interpretada y acogida de igual manera por todos. Hay personas que tienen la capacidad de adaptarse, de aceptar, de aprender e incluso de apreciar el lado positivo de las situaciones más desfavorables… y, por el contrario, hay otros que pueden vivir momentos absolutamente placenteros y agradables en la queja, en la angustia y hasta en el enfado.

Uno afronta el Camino y sus etapas con unos objetivos más o menos prefijados… y luego acaban sucediendo mil cosas que alteran los planes… Una lesión, adversidades climatológicas, un árbol desplomado en mitad del sendero, alguien que se cruza en tu camino, un paisaje bonito, una playa, el cansancio… El peregrino se topa con mil y un motivos para alterar su camino: puede seguir, sin apenas pararse, solventando los inconvenientes, con su objetivo fijo en la cabeza… puede dejarse llevar totalmente por los acontecimientos… o puede amoldarse, posponer momentáneamente sus planes y retornar a ellos cuando sea posible.

Pero es que en la vida cotidiana sucede igual. La frase «el hombre propone y Dios dispone» lo refleja claramente: nos marcamos objetivos a largo plazo, hacemos planes, nos vemos envejeciendo con alguien concreto, jubilándonos en esa empresa o viviendo en aquella ciudad… y luego la realidad lo cambia todo… Y, si nos quedamos anclados en la queja infantil de quien ha visto cambiados sus planes, nos perderemos mil y un regalos, mil y una maravillas…

Siempre he pensado que en el Camino nada es casual… probablemente, en la vida cotidiana tampoco lo es… Si uno está atento a las señales, puede encontrar respuestas, sentido, motivos, claves para seguir caminando… Dudas y, de repente, surge la respuesta aparentemente de la nada: alguien que se cruza en el camino y te comenta algo que parece no tener mucho sentido, una simple intuición, una fuente, una nube, un bar, otro peregrino…

Y todas y cada una de esas señales son una muestra de lo muy amados que somos, de cómo el buen Dios cuida de todos nosotros, de que hay mucha gente de buena voluntad, de que la inmensa mayoría estamos encantados y dispuestos a ayudar… Esa es otra de las grandezas del Camino: que nos presenta a todos sin clichés, sin prejuicios… El peregrino que pide apoyo no da a cambio más que su gratitud, el que ofrece cobijo, agua, un café o indica el sendero correcto no pide nada… Ayuda desinteresada, gratitud total…

Una experiencia personal única y absolutamente enriquecedora, una ruptura con nuestros clichés y nuestros corsés, un estupendo ejercicio de interiorización y de apertura al mundo y a los demás… eso es el Camino de Santigo… Nada más y nada menos…

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Audio-homilía: Los últimos serán los primeros

De este evangelio, que bajo una lógica mercantilista nos puede parecer tremendamente injusto, llama mucho la atención la paciencia del Señor que llama a sus jornaleros durante todo el día.

La llamada del Señor es irreversible y no se basa en nuestros talentos. El Señor no llama a los capaces, sino que capacita a los que llama.

Vocación significa llamada a salir de pensar en nuestro hombligo, a poner fin a ese monólogo que supone centrarnos en nosotros mismos, y a entrar en una realidad en la que detectamos la presencia del otro. Y eso sucede con cualquier vocación: matrimonio, maternidad, sacerdocio, etc.

En nuestras vidas muchas veces vivimos más pendientes de la recompensa (del sueldo, del resultado, de la gratificación) que de la tarea diaria (el camino, el recorrido, el trabajo diario)… Buscamos la meta y no disfrutamos de las etapas. Es como el Camino de Santiago: peregrinamos sabiendo cuál es la meta, pero disfrutamos de cada una de las etapas… Arzúa, Portomarín, Samos… No sabemos si podremos llegar a Santiago, pero todas y cada una de las jornadas justifican la peregrinación…

Dios, cuando contrata a los jornaleros, no piensa en eficacia o en productividad, sino en dar sentido a la vida de esas personas… Todos los creyentes podemos vivir desde que amanece con la conciencia de que alguien nos contrata y nos llama a trabajar en su viña: nuestro día a día puede ser tremendamente vocacional.

Jesús llama a estos hombres para llenar su vida de sentido. Y nos llama a nosotros a ser colaboradores suyos y co-creadores de una tarea maravillosa. No tenemos excusa para no sentirnos llamados y útiles a los ojos de Dios.

Audio-homilía: Los últimos serán los primeros

Evangelio según san Mateo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: -«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: «Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.“ Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: «¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?» Le respondieron: «Nadie nos ha contratado.» Él les dijo: «Id también vosotros a mi viña.» Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: «Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.» Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: «Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.» El replicó a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿0 vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?“ Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»

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A los que no te lo pueden agradecer

Compartir gratis como gratis recibimos

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Introducción. La gratuidad es una de las características más claras del ser portadores de una vida nueva, movida por el Espíritu, y liberada de la esclavitud del egoísmo y del interés. Cuántas veces descubrimos en nosotros mismos y en los demás cómo pasamos de un interés increíble por algo o por alguien a una indiferencia absoluta, solo porque las expectativas y los planes que teníamos se ven decepcionados y nos convencemos de que no se va a lograr nada de lo imaginado. En el deporte esto se observa claramente. Cuando el Valencia estuvo durante 6 jornadas líder de la primera división, yo estaba en permanente excitación, totalmente enganchado a los resultados, a la prensa deportiva, a la última hora de la actualidad del equipo… Cuando a mitad de temporada se quedó a 30 puntos del líder, ya me daba igual contra quién jugaba, a qué hora era el partido, o cómo quedaba.
Es normal, pero lo triste es que lo hacemos también con las personas, con la familia, con las amistades, con la comunidad cristiana a la que pertenecemos, y en definitiva con el mismo Dios, con los compromisos que con Él adquirimos. Cuando las cosas no son como nosotros las deseamos, las abandonamos. ¿De qué me sirve rezar si mi familiar no se ha librado de la dolorosa enfermedad? ¿Para qué tanta oración y tanta misa si no ha salido ese proyecto laboral o las notas de la oposición?, o ¿para qué poner velas a San Antonio si sigo soltera y sin compromiso?
Olvidando, de forma ingrata, el bien que me han hecho, los beneficios recibidos, lo útiles que han sido cuando yo estaba necesitado y en horas bajas. Y en cuanto las cosas me sonríen o me van mejor, olvido lo que me ha hecho salir de mis agujeros. En la Biblia aparece esa actitud muchas veces en el pueblo de Israel. Olvidadizo para reconocer lo muy amado que es, que ha sido y que será. Provocando el dolor de Dios que no entiende lo rápido que se olvida el pueblo de todos los beneficios recibidos.
Lo que Dios nos dice. “Nadie se apiadó de ti ni hizo por compasión nada de esto, sino que te arrojaron al campo como un ser despreciable el día que naciste. Yo pasé junto a ti, te vi revolcándote en tu sangre y te dije: Sigue viviendo y crece como la hierba de los campos. Y tú creciste, te hiciste mayor y llegaste a la flor de tu juventud; se formaron tus senos y te brotó el vello, pero seguías desnuda. Yo pasé junto a ti y te vi; estabas ya en la edad del amor; extendí mi manto sobre ti y cubrí tu desnudez; me uní a ti con juramento, hice alianza contigo, oráculo del Señor, y fuiste mía. Te lavé con agua, te limpié la sangre y te ungí con aceite; te vestí con bordados, te puse zapatos de cuero fino, te ceñí de lino y te cubrí de seda; te adorné con joyas, coloqué pulseras en tus brazos, un collar en tu cuello, un anillo en tu nariz, pendientes en tus orejas y una magnifica corona en tu cabeza. La fama de tu belleza se difundió entre las naciones paganas, porque era perfecta la hermosura que yo te había dado. Pero tú, confiada en tu belleza y valiéndote de tu fama, te prostituiste y te ofreciste a todo el que pasaba, entregándote a él.”. Ez 16,5-22. Cuánto bien le hace a nuestra vida hacer de vez en cuando una meditación que nos recuerde todo lo que Dios ha hecho por nosotros. Cuántos regalos recibidos, cuántas personas se han convertido en ángeles para nosotros, en flechas, que, como las del camino de Santiago, nos van recordando lo esencial, la meta, el objetivo.
Eso hace que no seamos fiables en nuestros compromisos. Se nos llena la boca de afirmaciones para siempre. Te amaré siempre, en la salud y en la enfermedad. Me consagro con profesión perpetua cumpliendo las constituciones. Pero en la práctica tendríamos que hacer menos declaraciones trascendentes y construir desde la humildad, desde la fragilidad que nos constituye y pensar en el: “Solo por hoy”. Sólo por hoy quiero vivir con la fuerza del Espíritu, que siempre opta por los últimos, por los pequeños, por los perdidos. En definitiva por los que no me pueden agradecer todo mi esfuerzo por amarles y por entregarnos a ellos. No buscar resultados o eficacias. Buscar que sea sincera nuestra entrega y nuestra donación. Decía Gandhi : “Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa”.
Eso es una conversión radical en el concepto de lo que significa vivir. Ya no hacer las cosas para que los demás lo reconozcan. Vivir del reconocimiento que nos da el buen Dios, y del deseo de compartir todo gratis, como gratis lo recibimos.“Pregunta, si no, a los tiempos pasados que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre en la tierra: ¿Se ha visto jamás algo tan grande, o se ha oído cosa semejante desde un extremo a otro del cielo? ¿Qué pueblo ha oído la voz de Dios en medio del fuego, como la has oído tú, y ha quedado con vida? ¿Ha habido un dios que haya ido a buscarse un pueblo en medio de otro con tantas pruebas, milagros y prodigios en combate, con mano fuerte y brazo poderoso, con portentosas hazañas, como hizo por vosotros el Señor vuestro Dios en Egipto ante vuestros propios ojos? El Señor te ha hecho ver todo esto para que sepas que él es Dios y que no hay otro fuera de él. Desde el cielo te dejó oír su voz para enseñarte, en la tierra te mostró su gran fuego y has oído sus palabras que salían del fuego. Porque amó a tus antepasados y eligió a su descendencia después de ellos, te sacó de Egipto con su gran poder. Reconoce, pues, hoy y convéncete de que el Señor es Dios allá arriba en los cielos y aquí abajo en la tierra, y de que no hay otro. Guarda sus leyes y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en la tierra que el Señor tu Dios te da para siempre”. Dt, 4,32-40.
Cómo podemos vivirlo. “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, hermanos, parientes o vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te inviten a ti, y con ello quedes ya pagado. Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados y a los ciegos. ¡Dichoso tú si no pueden pagarte! Recibirás tu recompensa cuando los justos resuciten”. Lc 14,12-14. La fiesta de los pobres, de quien comparte porque sí. Sin doble intención, sin cálculos, sin buscar la reciprocidad del amor. Hacer las cosas porque sí. La sorpresa de sentirse indigno, regalo inmerecido es la vida, el amor, las personas que se detienen en sus vidas para estar contigo. Quien te escucha, quien se preocupa por ti y te da un consejo. Hay tantos regalos de amor, que nos será muy difícil devolver todo lo recibido. Pero ojala que lo intentemos.

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