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Tierra Santa: un viaje inolvidable en 10 impresiones

Jerusalem desde el Valle de Josafat

Jerusalem desde el Valle de Josafat

Entre los días 5 y 12 de febrero, he visitado Tierra Santa en un grupo organizado por los franciscanos, la orden que custodia desde hace ocho siglos los Santos Lugares (en una labor verdaderamente encomiable). Entre la documentación del viaje nos dieron un libro cuyo título es “Tierra Santa, el viaje de tu vida”. Al leerlo pensé “el típico eslogan”. Tras 8 días recorriendo tierras de Galilea, territorios palestinos y Jerusalem, debo decir que ha sido el viaje más inolvidable, enriquecedor, evocador, impactante, sorprendente y desconcertante de mi vida.

Voy a tratar de ir plasmando en varios post las impresiones que me ha producido un viaje, que te sitúa ante realidades no siempre agradables, ante la diversidad, ante profundos y dolorosos contrastes, ante tus propios prejuicios y que te traslada a tiempos pasados (que siguen muy presentes). Para ello, y para facilitar el seguimiento de estas reflexiones, hemos abierto una sección específica, dentro de la categoría de Experiencias, en la que recopilaremos las experiencias y sensaciones de este viaje a Tierra Santa.

Y, para empezar, voy a tratar de resumir los impactos clave de este periplo:

–         Experiencia personal e intransferible. La visita a Tierra Santa es una vivencia íntima, individual, diferente para cada uno… Son muchas las situaciones, los lugares, las evocaciones… y cada uno se siente tocado de forma diferente, dependiendo de su contexto vital y espiritual.

–         Nada es lo que parece. La realidad de Israel, el conflicto de Palestina, la vida diaria en Jerusalem te hacen comprender con claridad que las cosas no siempre son blancas o negras, que hay formas distintas de entender la vida, que hay cosas que nos separan de los demás (pero también hay muchas cosas que nos unen). La sociedad actual tiende a establecer dicotomías con facilidad y a subrayar los extremos. Por eso es muy interesante conocer, palpar y vivir realidades diferentes. Flexibilidad frente a rigidez, tolerancia frente a intransigencia, diálogo frente a violencia…

–         Convivencia y división. Resulta curioso comprobar cómo en Jerusalem conviven multitud de credos en el día a día, mientras que de forma paralela se aprecia una profunda división religiosa. Es otro de los contrastes que se ponen de manifiesto en Tierra Santa.

–         Ortodoxia, detalles, mensajes. Destaca también en algunas situaciones una excesiva preocupación por los detalles, por la ortodoxia de las cosas, por la importancia del cómo y un olvido del mensaje, del fin, del sentimiento, del qué… Ya Jesús denunciaba la tendencia entre fariseos y escribas a centrarse en la forma y no en el fondo. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados que se muestran hermosos por fuera; pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda impureza” Mt 23, 27. 2.000 años después seguimos colgados de muchos dogmas, ritos y rutinas y, a veces, olvidamos la esencia. Incluso en la vida cotidiana damos demasiada importancia a las formas y dejamos de lado el verdadero sentido de las cosas.

–         Vivir la fe en primera persona. La visita a Tierra Santa es una auténtica transfusión espiritual, un tremendo impulso para la experiencia cristiana de cada uno… La vida y el mensaje de Cristo, que muchas veces oímos y no siempre escuchamos, resuena allí con fuerza, impacta, penetra, emociona y remueve. Cuando paseas por los lugares donde Jesús nació, creció, vivió, predicó, sufrió y murió, cuando celebras la Eucaristía en entornos tan evocadores… el Evangelio suena de otra forma y la oración se vive en primera persona. Este viaje interpela. Dios llama y sorprende en primera persona: no estamos llamados a ser cristianos “a distancia”… Nos invita a personalizar (a “customizar”) nuestra vida cristiana, a no creer por tradición o por educación, sino por vivencia: creo porque siento y porque experimento… “Entró entonces el otro discípulo, el que había llegado primero y vio y creyó; pues hasta entonces no había entendido la Escritura, según la cual, Cristo había de resucitar de entre los muertos” Jn 20,1-9

–         Intemporalidad del mensaje de Jesucristo. Viendo la realidad de Israel, analizando la situación actual del mundo, conociendo el contexto de las diferentes religiones… se hace evidente que el testimonio de Jesús no es historia pasada… está de plena actualidad. El dogmatismo, la delgada línea entre la alabanza y el desprecio, la intolerancia, la traición, la debilidad, la soledad, la muerte… y también el amor, el perdón, la fe, la sencillez, la humildad, la fortaleza, la unión, la misericordia, la redención, la esperanza, la vida… son sentimientos y actitudes que se palpan en nuestro tiempo.

–         Paralelismo: El viaje vital y espiritual de Jesús muestra paralelismos claros con la vida de cada uno. La labor oculta, el éxito, la aclamación, la plenitud, la incomprensión, el desprecio, la aceptación de la labor que uno debe realizar, el amor, el sufrimiento, la vida en comunión con los demás, el desarrollo espiritual… son sentimientos que todos vivimos en mayor o menor medida… y que in situ se viven más profundamente. La idea es que el paralelismo se traslada a nuestra forma de actuar al volver a nuestra vida.

–         Ama. Una palabra sencilla, breve, directa… No hay más… En apenas tres letras se resume el mensaje de Jesús. Todo en la vida es cuestión de aprender a amar (quien aprende a amar aprende a comprender, a sentir e, incluso a sufrir). Y si todos, cada uno en nuestros ámbitos, nos centráramos en vivir esas tres letras radicalmente… la historia sería muy diferente. “Amaos los unos a los otros, como yo os he amado” Jn, 15, 12 “Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Jn 17, 21

–         Antes y después. Esta visita supone (debe suponer) un punto y aparte en la vida del cristiano. En Tierra Santa se intensifica la fe, se viven acontecimientos y situaciones en primera persona y se renuevan los compromisos. Es un viaje de los que dejan poso. Nada vuelve a ser igual.

–         Ven y cuéntalo. Todos los cristianos estamos llamados a la evangelización. La transmisión de nuestra fe (con sencillez, con humildad y con firmeza) no es patrimonio exclusivo de sacerdotes y religiosas. «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” Mr 16, 15. Como rezaba una campaña publicitaria de turismo del País Vasco, la experiencia de Tierra Santa merece ser contada… merece ser compartida… Y es lo que pienso hacer… aunque iremos por partes…

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Juan Pablo II. La Santidad de la Iglesia: conocer, amar y seguir a Cristo

Juan Pablo II beatificado

Juan Pablo II beatificado

Durante su vida le conocimos como el Papa que vino de un país lejano, a partir del próximo 1 de mayo lo llamaremos Beato Juan Pablo II. Fue un Papa que acercó la Iglesia al mundo. Su figura como pastor y pontífice de la Iglesia católica ha tenido una gran trascendencia; su delicada salud en el periodo final de su vida llegó a conmover a muchos que admiraban la entrega total de sus energías para expresar a todos el amor misericordioso de Dios; y cuando Juan Pablo II murió el 2 de abril del año 2005, se despertó con fuerza una oración en el pueblo pidiendo el reconocimiento de la santidad de su vida.

Su sucesor, el Papa Benedicto XVI, no desoyó aquella petición y autorizó la apertura de la causa de beatificación de Karol Wojtyla sin esperar el periodo requerido de cinco años después de su muerte.

Ahora el proceso ha avanzado: se ha estudiado minuciosamente su larga vida para afirmar (como lo hizo Benedicto XVI en diciembre de 2009) que Juan Pablo II vivió en grado heroico su cristianismo  y se ha probado la curación milagrosa, gracias a su intercesión, de la Hermana Marie Simon-Pierre, que padecía la enfermedad de Parkinson.

Esta noticia nos habla de la santidad de la Iglesia en sus miembros. Independientemente de la vocación, la tarea o las circunstancias en las que hayan vivido los santos, todos ellos encarnan los tres rasgos de la unión con Cristo. Se trata de conocer personalmente a Jesucristo, amarlo con todo el corazón y seguirle en la vida diaria.

Estos rasgos, que han de caracterizar a todos los cristianos, son tan marcados en algunos creyentes que les llevan a alcanzar una identificación peculiar con Jesús hasta el punto de convertirse en canales de la misma acción sanadora y liberadora de Dios.

Cuando Juan Pablo II comenzó su pontificado, lanzó un mensaje al mundo, un mensaje que él mismo vivió: “No temáis, abrid la puertas a Cristo”

Cada vez que la Iglesia celebra a un santo, todos los cristianos vemos realizado en alguien que hemos conocido y que ha pisado nuestra tierra, el ideal al que nos sentimos llamados: la unión y la identificación con Cristo.

Pensando en el Papa Juan Pablo II me han venido a la mente las palabras del Evangelio: «El que me ama cumplirá mi palabra, mi Padre lo amará, vendremos a él y habitaremos en él. . . Os he dicho esto mientras estoy con vosotros. El Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dado a conocer» (Jn 14, 23. 25-26)

«Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que queráis y os sucederá. Mi Padre será glorificado si dais fruto abundante y sois mis discípulos. Como el Padre me amó así yo os he amado: permaneced en mi amor. . . Ya no os llamo siervos porque el siervo no sabe lo que hace el amo. A vosotros os he llamado amigos porque os comuniqué cuanto escuché a mi Padre. No me elegisteis vosotros; yo os elegí y os destiné a ir y dar fruto, un fruto que permanezca; así, lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederé» (Jn 15, 7-9. 15-16)

Gracias a Dios por el don la vida de Karol Wojtyla y gracias, santo Padre Benedicto XVI, por dar a toda la Iglesia, en la beatificación de Juan Pablo II, el estímulo de su ejemplo para nuestro seguimiento a Cristo.

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Da tiempo para todo

Vivir: un camino apasionante que debemos recorrer completo

Vivir: un camino apasionante que debemos recorrer completo

Introducción. Si os habéis dado una vuelta por un Ikea seguro que os ha llamado la atención que para comprar un producto que necesitas, el diseño del comercio te obliga a recorrer toda la superficie sin escapatoria posible. Está muy bien pensado porque al ver todos los departamentos se te ocurren un montón de necesidades, que si no vieras los productos, nunca te hubieras planteado. La curiosidad, el capricho y la sed inagotable del consumo, nos hace comprar mucho más de lo que necesitamos.  Aunque sólo quieres una cosa para el baño, es inevitable que veas las cocinas, las camas, los edredones, las habitaciones, la decoración, los artículos de jardinería, hasta el restaurante con sus perritos calientes y las galletas de canela. La sabia política comercial del capitalismo y de consumismo agresivo.

Por eso no voy al Ikea, pero me ayuda el concepto de recorrer todos los espacios posibles sin dejar de ver nada. Eso haría falta también cuando entramos en este jaleo que es la vida. Necesitamos recorrer en una rápida visión todos los momentos que suponen una vida. Sería de gran ayuda un curso preparatorio de lo que nos va a suceder al vivir, en la que hay de todo, diferentes épocas, sensibilidades, prioridades, subidas, bajones, soledades y diferentes compañeros de camino. Vivir es como entrar en un Ikea y recorrer los diferentes pasillos, sin poder detenerse, sin posibilidad de dar la vuelta. La única posibilidad es seguir hacia adelante hasta lograr llegar a la deseada salida. Y cuando uno se para y echa una mirada hacia atrás, puede gozar y disfrutar del camino recorrido, satisfecho de lo mucho que ha compartido, conocido, aprendido, experimentado y agradecido.

Lo que Dios nos dice. “ Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: Tiempo de nacer y tiempo de morir, tiempo de arrancar y tiempo de plantar, tiempo de matar y tiempo de curar, tiempo de destruir y tiempo de construir, tiempo de llorar y tiempo de reír, tiempo de hacer duelo y tiempo de bailar, tiempo de tirar piedras y de recogerlas, tiempo de abrazarse y de separarse, tiempo de buscar y tiempo de perder, tiempo de guardar y tiempo de tirar, tiempo de rasgar y tiempo de coser, tiempo de callar y tiempo de hablar, tiempo de amar y tiempo de odiar, tiempo de guerra y tiempo de paz”. Qohélet 3,1-8. Y quien no acepte que todo forma parte de la vida se sentirá continuamente perseguido por la queja, la desgracia y el victimismo. La vida tiene de todo, lo bueno, lo agradable y lo feo, lo enfermo, lo que nos gusta y lo que nos hace sufrir. Y la madurez supone acogerlo todo, porque todo es fuente de sabiduría, de comprensión de lo que nos pasa a nosotros y a  los demás. Vivir nuestra propia historia con conciencia es lo que nos capacita para comprender lo que viven y lo que sufren los que nos acompañan en el camino.

Igual que si entras en el Ikea ya no puedes salir sino es recorriendo todo el circuito, y por muchos atajos que busques, siempre tienes que seguir hasta dar con la salida. Lo mismo ocurre con la vida. El que entra en esta apasionante aventura al nacer, se ve obligado a experimentar todos los momentos que la vida nos ofrece. Y sólo podemos acogerlos como un regalo, destaparlos y disfrutarlos. O podemos libremente rechazarlos, negarlos, evadirlos, con lo que nuestro proceso de crecimiento, y de maduración queda profundamente dañado. Una de las causas de la inmadurez se origina precisamente por evitar y huir de los aspectos más duros y difíciles de la vida. Dejando como resultado personas que sólo piensan en sí mismas, incapaces de comprometerse con nada ni con nadie. Eternos adolescentes que viven del capricho y del pasatiempo, sin valorar nada de lo que tienen ni de lo que viven. Exigentes y con una insatisfacción permanente.

Reconozco que la fuerza para recorrer el camino no es nuestra. El que nos ayuda a crecer es otro. “Porque, ¿qué es Apolo y qué es Pablo? Simples servidores por medio de los cuales llegasteis a la fe; cada uno según el don que el Señor le concedió. Yo planté y Apolo regó, pero el que hizo crecer fue Dios. Ahora bien, ni el que planta ni el que riega son nada; Dios que hace crecer es el que cuenta”. 1ªCor 3,3-6. Hay una energía oculta en el corazón de cada persona que nos mueve, nos levanta, nos inquieta, nos ilusiona. El espíritu que todos llevamos dentro que nos hace avanzar. “Decía también: -Sucede con el reino de Dios lo que con el grano que un hombre echa en la tierra. Duerma o vele, de noche o de día, el grano germina y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da fruto por sí misma: primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto está a punto, en seguida se mete la hoz, porque ha llegado la siega”.Mc4,26-29. Sin que nosotros sepamos muy bien cómo es el proceso de crecer en el amor, en la responsabilidad, en el respeto, en el cariño, la vida nos invita continuamente a hacerlo.

Cómo podemos vivirlo. Estar en el mismo lugar durante bastante tiempo te regala ver esa evolución en las personas que te rodean. Tengo una amiga que conozco desde que se apuntó a primer curso de catequesis. Era un niñita, tímida, desconocida, poco a poco fuimos relacionándonos más. Pero sin saber muy bien porqué yo le caía mal. Borde, arisca, lejana. Nada de cariño, huidiza, se alejaba con cualquier intento mío de cercanía o de conversación, me rechazaba. Ayer por la noche estuve en su casa otra vez, y qué cambio. Alegre, sonriente, comunicativa, con proyectos con ilusiones. Y lo que más me alegro fue la despedida. Me dijo:”Me puedes besar si quieres eh”. Y pensaba en que el tiempo, la dedicación de sus padres, la paciencia de sus abuelos, el cariño nunca negado, van dando los frutos. No siempre, no a la misma hora, pero estoy convencido de que una actitud de entrega sincera y real nunca será inútil. Nunca nos cansemos de amar y de compartir.

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Quiero agradecer…

Cristo Resucitado (Centro Misionero Verbum Dei Siete Aguas)

Cristo Resucitado (Centro Misionero Verbum Dei Siete Aguas)

Ante la inquietud de cómo vivir auténticamente siendo quienes somos, no dejándonos arrastrar o empujar por el vértigo, me paro a pensar.

Ha empezado un curso y los comienzos son frenéticos. Todos son proyectos, programaciones, un nuevo echar a andar. Emprender tareas para las que has de adaptarte de nuevo, retomar lo que te dejó la experiencia anterior y mirar adelante.

Para evitar vivir agobiados es bueno escuchar la Palabra de Dios, dedicar un tiempo a estar con Quien sabemos que nos ama y hablar con Él de amor (como diría Santa Teresa de Jesús), contar con su fuerza y cercanía. Cada mañana o cada noche poder encontrar un espacio para la serenidad y la gratitud, para el diálogo que te esponja, cada día encontrar los motivos por los que emprender la tarea, las luces para poner ánimo en nuestras vidas.

Vivir de manera positiva, liberadora, humana y compasiva es posible pero requiere esfuerzo y una confianza básica en la vida. Todos tenemos experiencias y anécdotas que nos van abriendo a estos valores. Los alumnos son un constante reto para los profesores, vemos en ellos el crecimiento y es algo maravilloso. Yo no me engancho a ningún reality, es mejor la vida real de verdad en la que tú no eres sólo un espectador sino alguien implicado en un objetivo común con otros. Vivimos situaciones y relaciones con muchas personas con las podemos avanzar.

Mi compartir es una experiencia del trajín diario, de las muchas excusas que a veces pongo a lo importante por cubrir lo que es urgente. Sin embargo una cosa sólo es importante: la tarea de amar, de acoger, de animar, de comprender y sobrellevar con bondad a los demás, porque eso es lo que más me alegra a mí encontrar en los otros. Con frecuencia experimento que las responsabilidades me desbordan y, sin embargo, acaban saliendo bien. Hace pocos días que recibíamos la noticia del feliz rescate de los 33 mineros chilenos, ellos contaron con sus fuerzas, sus valores humanos, el apoyo de todo un pueblo y el trabajo de muchas personas, y con la ayuda de Dios que, en todo ello, hizo posible el milagro. Cada ser humano que es amado cuenta con un plus y  el que además, a su vez, sabe amar tiene otro plus añadido; y cuando en ese círculo expansivo de amor entra Dios, porque nosotros le dejamos, entonces ya no hay límites y encontramos una libertad que nos llena. Cuando me sobrecargo de trabajo o de preocupación, traigo a mi mente todos los valores añadidos que hay en mi vida, todos los pluses que tengo en mi haber.

Llevo varias semanas en las que, en el blog, encuentro huellas, pensamientos, mensajes que me ayudan al saber que otras personas; algunas conocidas y otras desconocidas, comparten esta forma de sentir y vivir la fe en Jesucristo.

Gracias a todos.

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