Tierra Santa, una experiencia inolvidable

Buena noticia

“No temáis, porque os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y esto os servirá de señal: encontraréis a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Y junto con el Angel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra, paz a los hombres que ama el Señor!”.

¡Feliz Navidad a todos los que formáis parte de la familia de Echadlared!

Música: “Nadal de Luintra”, por Berrogüetto.
Imágenes: “Natividad, la historia”, de Catherine Hardwice

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Tierra Santa siempre es noticia

Vista de Jerusalem desde el Valle de Josafat

Vista de Jerusalem desde el Valle de Josafat

Fray Emérito Merino Abad, Comisario de Tierra Santa y gran conocedor de la realidad que se vive en los Santos Lugares, ha querido compartir con Echadlared este artículo en el que nos recuerda que siempre, pero más que nunca en Semana Santa, tenemos que tener en nuestra mente la realidad que viven los cristianos de Tierra Santa. Le agradecemos a Fray Emérito su testimonio.

Aunque los medios de comunicación no miren a Tierra Santa como noticia y nos presenten aquella geografía como lugar de conflictos y tensiones políticas, los cristianos tenemos que mirar a aquella tierra como noticia permanente ya que allí están las “raíces de nuestra fe” y allí están las comunidades cristianas como continuadoras de la primera comunidad de Jerusalén y madre de todas las comunidades cristianas. Es verdad que cristianos en Tierra Santa quedan pocos (son un 2%) y tienen muchas dificultades para permanecer allí, pero ellos son los representantes de la Iglesia cristiana en la tierra en donde nació, vivió, murió y resucitó el Señor.
Mirando a esta realidad exclamaba el papa Benedicto XVI: “Es comprensible que las circunstancias tienten a los cristianos a abandonar su país…. No obstante, hay que animar y sostener firmemente a quienes deciden permanecer en su tierra, para que esta no se convierta en un lugar arqueológico privado de vida eclesial”.
Y el Papa sigue invitando a los cristianos del mundo a que ayudemos a los cristianos de Tierra Santa a permanecer en su país e invita a toda la Iglesia a colaborar decididamente.
La contemplación emotiva del mapa de Tierra Santa, llena de Santuarios que recuerdan la presencia del Señor, se convierte en gran preocupación al ver la situación en la que vive la Iglesia. “La tierra que vio la aurora del cristianismo está viendo su ocaso. De nosotros depende que no vea la noche” (Benedicto XVI)
La jornada a favor de Tierra Santa que viene celebrándose el día de Viernes Santo tiene que motivar a los cristianos del mundo entero y tomar conciencia que la tierra de Jesús es “patrimonio espiritual de los cristianos de todo el mundo, los cuales anhelan visitarla en pía peregrinación, al menos una vez durante su vida” (Pablo VI).
Es una jornada de oración y colaboración. Es un momento para sentir a los cristianos que nos representan en el País de Jesús, a sentirles muy cerca de nosotros y pedir por ellos y ayudarles en sus múltiples necesidades.
La mayor parte de los cristianos de allí proceden del pueblo palestino y gran parte de este pueblo sigue bloqueado por una triste y desafiante muralla que les impide encontrar trabajo, moverse con libertad e incluso poder visitar a sus familiares que se encuentran en la otra parte de la muralla. La colecta de este día, así como los diversos donativos que se hacen a través del año, va en su ayuda y es una forma de comunicarles esperanza y solidaridad.
Allí estamos los franciscanos desde hace ocho siglos sirviendo de puente y acogida, ayudando a las comunidades cristianas y haciendo de voz de tantas necesidades que de otra manera no serían escuchadas.
Queremos que Tierra Santa sea siempre noticia, especialmente, en el mundo cristiano y queremos aprovechar esta jornada para acercar Tierra Santa a cada una de las diócesis y parroquias. Sin duda ninguna hay muchos cristianos que oran por tal motivo, escuchan y ayudan. En nombre de los cristianos de la Iglesia Madre nuestro agradecimiento y oración en cada uno de los Santuarios de la tierra de Jesús.
¡Qué bien comprenden y entienden esta realidad tantos cristianos que han visitado Tierra Santa! Quedan sorprendidos de la constancia y valentía de los cristianos ante la realidad que les toca vivir y de la tarea ingente de los franciscanos, a través de los siglos, al recuperar los Santuarios arrasados por el mundo musulmán, crear comunidades cristianas, levantar colegios para dar formación en un mundo tan complejo e incluso en la tarea de ir enseñando a los cristianos a trabajar objetos religiosos de la famosa madera de olivo de aquellas tierras que después, con tanta devoción, se llevan los peregrinos y que es una forma de ayudarles a vivir.
Queremos subrayar también la gran ayuda que supone para los cristianos de allí las numerosas peregrinaciones que van de todas las partes del mundo. Su presencia es un aliento de esperanza y de ánimo para seguir viviendo en aquella tierra cargada de tanto significado.
Como diría el Papa en la clausura del sínodo para las Iglesias orientales, “aún siendo poco numerosos, los cristianos son portadores de la Buena Noticia del amor de Dios por el hombre, amor que se revela precisamente en Tierra Santa en la persona de Jesucristo…. Los cristianos, como ciudadanos de pleno derecho, pueden y deben convertirse en constructores de paz y apóstoles de reconciliación”.

Fr. Emérito Merino Abad
Comisario de Tierra Santa
emerito.merino@gmail.com

Nota de Echadlared: Como bien dice Fray Emérito en este artículo son muchas las dificultades que atraviesan los cristianos, especialmente los palestinos, para vivir su fe en Tierra Santa. No obstante, cuentan con el apoyo y el aliento espiritual que ofrecen las comunidades de franciscanos que se encuentran allí.
Desde hace más de siete siglos los franciscanos son custodios de los Santos Lugares. Esta tarea en sí misma es más que compleja, si tenemos en cuenta el contexto de división religiosa que se vive en la Tierra de Jesús. Pero su labor no acaba ahí… No sólo luchan desde hace cientos de años por recuperar, erigir y conservar los Santuarios. También garantizan la creación y el desarrollo de comunidades en esos lugares y desarrollan instituciones educativas, en las que se forman ciudadanos sin recursos de todo tipo de credos.
Abordaremos en este blog de forma más detenida esta encomiable labor que desarrollan los franciscanos con extraordinaria sencillez, humildad y abnegación.
Por ese motivo, toda la ayuda que se les pueda brindar es más que bienvenida: tanto la espiritual (teniendo presentes en nuestras oraciones a los franciscanos que allí trabajan y evangelizan en condiciones durísimas) como la económica (colaborando en la colecta especial que se celebra el Viernes Santo con este motivo o aportando donativos a la cuenta de la Comisaría de Tierra Santa, que adjuntamos más abajo) o la humana (visitando los Santos Lugares y descubriendo de primera mano esta realidad).
Para más información, podéis visitar la /cust/TSmain.html’ >Web oficial de la Custodia de Tierra Santa
Si deseáis hacer un donativo, lo podéis remitir a la siguiente cuenta:
Comisaría de TIERRA SANTA. Banco Popular, CC 0075 0001 86 0606733003
GRACIAS

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Visita a Tierra Santa: lo ideal y lo real

Vista del Muro de las lamentaciones y la Cúpula de la Roca (Jerusalem)

Vista del Muro de las lamentaciones y la Cúpula de la Roca (Jerusalem)

Introducción. La vida te regala oportunidades únicas e irrepetibles. Y la peregrinación a Tierra Santa ha supuesto para mí, y para todos los que hemos pasado juntos estos 10 días, la oportunidad de vivir, de actualizar, de sentir, de experimentar de primera mano lo que Jesús vino a proponernos a todos: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Jn 10,10. Han sido días de vida en abundancia, intensa, nueva, profunda, en momentos dolorosa. Rodeados de la presencia de Jesús dentro, fuera, en los lugares que visitamos, en la palabra que escuchábamos, en la celebración que cada día teníamos. En lo alto del monte, como en la cumbre del Tabor, o en lo profundo de la cueva, donde estuvo prisionero Jesús, en la casa de Caifás. En momentos de euforia, y en la frialdad y la soledad en el alma. Como Jesús en Getsemaní.

Vida abundante mucho más de lo esperado, de lo imaginado. Más allá de las expectativas que cada uno se hubiera hecho. En mi caso expectativas no llevaba ninguna, porque son tan intensos los días que no me da tiempo a pensar en el futuro. “Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su propio afán”. Mt 6,34.

El grupo era muy variado. 33 personas que veníamos con diferentes gustos, sensibilidades, edades, condiciones físicas, emocionales, incluso diferentes posturas frente a la fe, a la Iglesia, o a la vida en general. Pero la presencia de Jesús ha hecho posible la cohesión, al poner en práctica lo que el Nazareno nos ha enseñado. “Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os ha elegido a  vosotros y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca” Jn 15,12-16.

Convivir nunca es fácil. Siempre supone salir de nuestra forma personal de ver los acontecimientos. A cada uno le gusta una cosa diferente. Vamos a diferentes velocidades. Llevamos diferentes ritmos de vivir, de andar, de ir de compras o de gastar dinero, de levantarnos o de comer. Y poner de acuerdo a tantas personas es una tarea divina. O cedemos todos un poco o se va todo a la porra. Supone salir de nosotros mismos y salir al encuentro de los otros, me caigan mejor o peor. Sean más afines a mi o no. Lo comparé a un gran hermano, en el que no podemos nominarnos de forma pública, pero en el corazón sí que nos íbamos atrayendo o rechazando. Buscando o huyendo, pero sin que se note mucho.

Muchas circunstancias nos han venido dadas, sin elección. Sólo podíamos acogerlas. Eso es un ejercicio de confianza en que quien nos invitaba a peregrinar era el Señor. Él era el anfitrión, que nos invitaba a su casa, a su tierra. No elegimos el clima; llegamos y estaba lloviendo. No elegimos el guía que nos tocó, ni el autobús, ni las medidas de seguridad de los israelitas, ni los hoteles, ni la comida. Sobreabundancia de pollo y de pepino. Ni los madrugones. Ni siquiera los compañeros de camino, pero es que la vida tiene muchas situaciones que no son las que esperamos y que, si las asumimos, nos introducen en la alegría de la sorpresa. Lo que ocurre que no esperaba suele ser mejor que lo que planeo y decido yo. Acoger las circunstancias es fuente de alegría, y quejarse y protestar y murmurar, fuente de contaminación de los ambientes y de las relaciones.

Lo que Dios nos dice. “Los dos discípulos oyeron las palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: ¿Qué buscáis? Ellos le contestaron: Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives? Él les dijo: Venid y lo veréis. Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era la hora décima”. Jn 1,37-39.

Y fuimos, y vimos, el lago de Tiberíades, vimos donde Jesús depositó toda su confianza en Pedro y le nombró Roca de la Iglesia. Cruzamos el lago en barca como tantas veces hizo Jesús con sus discípulos. Y le seguimos en el gozo de la transfiguración en el monte Tabor. Celebramos misa en el monte de las bienaventuranzas, y en Getsemaní, en el huerto de los olivos. En el cenáculo donde se instituyó la Eucaristía. Y en el Santo Sepulcro. Recorrimos el Vía Crucis empezándolo de noche a las 5 Am y sentimos como la luz del sol vencía a la oscuridad, cómo la luz de la resurrección y del amor, vence a la oscuridad del pecado y de la muerte, de todas las muertes. Y todo eso que era externo, iba también acompañado de lo que íbamos viviendo por dentro.  Todos los que peregrinamos tenemos cruces en nuestras vida grandes y dolorosas. Cruces que cargar llenas de dolor y sufrimiento. Como un grupo de mamás que tenían en común el doloroso trance de haber perdido a un hijo. La cruz de la reciente viudedad. El desgarro de ver como en Caná de Galilea los casados celebraban la renovación de su matrimonio, y ellas no podían hacerlo. El dolor y la cruz de tener familiares enfermos, de separaciones, de los problemas laborales, cruces cotidianas que el Señor nos quería enseñar a llevar.

Cómo podemos vivirlo. Entiendo que yo también llevo cruces, las mías y las de las personas que el Señor pone cerca de mí. Y aprendí que no existe “lo ideal”, sino lo real. Ninguna vida es ideal, ninguna persona tampoco. Y la tierra de Jesús tampoco. Odios, divisiones, armas, vergonzosos muros, vallas electrificadas, niños pobres y mendigos. Árabes, judíos, mil grupos de cristianos. Sin entenderse, sin llegar a ser uno. Pero estamos seguros que algún día llegará la paz definitiva. Y lo veremos.

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Tierra Santa: un viaje inolvidable en 10 impresiones

Jerusalem desde el Valle de Josafat

Jerusalem desde el Valle de Josafat

Entre los días 5 y 12 de febrero, he visitado Tierra Santa en un grupo organizado por los franciscanos, la orden que custodia desde hace ocho siglos los Santos Lugares (en una labor verdaderamente encomiable). Entre la documentación del viaje nos dieron un libro cuyo título es “Tierra Santa, el viaje de tu vida”. Al leerlo pensé “el típico eslogan”. Tras 8 días recorriendo tierras de Galilea, territorios palestinos y Jerusalem, debo decir que ha sido el viaje más inolvidable, enriquecedor, evocador, impactante, sorprendente y desconcertante de mi vida.

Voy a tratar de ir plasmando en varios post las impresiones que me ha producido un viaje, que te sitúa ante realidades no siempre agradables, ante la diversidad, ante profundos y dolorosos contrastes, ante tus propios prejuicios y que te traslada a tiempos pasados (que siguen muy presentes). Para ello, y para facilitar el seguimiento de estas reflexiones, hemos abierto una sección específica, dentro de la categoría de Experiencias, en la que recopilaremos las experiencias y sensaciones de este viaje a Tierra Santa.

Y, para empezar, voy a tratar de resumir los impactos clave de este periplo:

–         Experiencia personal e intransferible. La visita a Tierra Santa es una vivencia íntima, individual, diferente para cada uno… Son muchas las situaciones, los lugares, las evocaciones… y cada uno se siente tocado de forma diferente, dependiendo de su contexto vital y espiritual.

–         Nada es lo que parece. La realidad de Israel, el conflicto de Palestina, la vida diaria en Jerusalem te hacen comprender con claridad que las cosas no siempre son blancas o negras, que hay formas distintas de entender la vida, que hay cosas que nos separan de los demás (pero también hay muchas cosas que nos unen). La sociedad actual tiende a establecer dicotomías con facilidad y a subrayar los extremos. Por eso es muy interesante conocer, palpar y vivir realidades diferentes. Flexibilidad frente a rigidez, tolerancia frente a intransigencia, diálogo frente a violencia…

–         Convivencia y división. Resulta curioso comprobar cómo en Jerusalem conviven multitud de credos en el día a día, mientras que de forma paralela se aprecia una profunda división religiosa. Es otro de los contrastes que se ponen de manifiesto en Tierra Santa.

–         Ortodoxia, detalles, mensajes. Destaca también en algunas situaciones una excesiva preocupación por los detalles, por la ortodoxia de las cosas, por la importancia del cómo y un olvido del mensaje, del fin, del sentimiento, del qué… Ya Jesús denunciaba la tendencia entre fariseos y escribas a centrarse en la forma y no en el fondo. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados que se muestran hermosos por fuera; pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda impureza” Mt 23, 27. 2.000 años después seguimos colgados de muchos dogmas, ritos y rutinas y, a veces, olvidamos la esencia. Incluso en la vida cotidiana damos demasiada importancia a las formas y dejamos de lado el verdadero sentido de las cosas.

–         Vivir la fe en primera persona. La visita a Tierra Santa es una auténtica transfusión espiritual, un tremendo impulso para la experiencia cristiana de cada uno… La vida y el mensaje de Cristo, que muchas veces oímos y no siempre escuchamos, resuena allí con fuerza, impacta, penetra, emociona y remueve. Cuando paseas por los lugares donde Jesús nació, creció, vivió, predicó, sufrió y murió, cuando celebras la Eucaristía en entornos tan evocadores… el Evangelio suena de otra forma y la oración se vive en primera persona. Este viaje interpela. Dios llama y sorprende en primera persona: no estamos llamados a ser cristianos “a distancia”… Nos invita a personalizar (a “customizar”) nuestra vida cristiana, a no creer por tradición o por educación, sino por vivencia: creo porque siento y porque experimento… “Entró entonces el otro discípulo, el que había llegado primero y vio y creyó; pues hasta entonces no había entendido la Escritura, según la cual, Cristo había de resucitar de entre los muertos” Jn 20,1-9

–         Intemporalidad del mensaje de Jesucristo. Viendo la realidad de Israel, analizando la situación actual del mundo, conociendo el contexto de las diferentes religiones… se hace evidente que el testimonio de Jesús no es historia pasada… está de plena actualidad. El dogmatismo, la delgada línea entre la alabanza y el desprecio, la intolerancia, la traición, la debilidad, la soledad, la muerte… y también el amor, el perdón, la fe, la sencillez, la humildad, la fortaleza, la unión, la misericordia, la redención, la esperanza, la vida… son sentimientos y actitudes que se palpan en nuestro tiempo.

–         Paralelismo: El viaje vital y espiritual de Jesús muestra paralelismos claros con la vida de cada uno. La labor oculta, el éxito, la aclamación, la plenitud, la incomprensión, el desprecio, la aceptación de la labor que uno debe realizar, el amor, el sufrimiento, la vida en comunión con los demás, el desarrollo espiritual… son sentimientos que todos vivimos en mayor o menor medida… y que in situ se viven más profundamente. La idea es que el paralelismo se traslada a nuestra forma de actuar al volver a nuestra vida.

–         Ama. Una palabra sencilla, breve, directa… No hay más… En apenas tres letras se resume el mensaje de Jesús. Todo en la vida es cuestión de aprender a amar (quien aprende a amar aprende a comprender, a sentir e, incluso a sufrir). Y si todos, cada uno en nuestros ámbitos, nos centráramos en vivir esas tres letras radicalmente… la historia sería muy diferente. “Amaos los unos a los otros, como yo os he amado” Jn, 15, 12 “Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Jn 17, 21

–         Antes y después. Esta visita supone (debe suponer) un punto y aparte en la vida del cristiano. En Tierra Santa se intensifica la fe, se viven acontecimientos y situaciones en primera persona y se renuevan los compromisos. Es un viaje de los que dejan poso. Nada vuelve a ser igual.

–         Ven y cuéntalo. Todos los cristianos estamos llamados a la evangelización. La transmisión de nuestra fe (con sencillez, con humildad y con firmeza) no es patrimonio exclusivo de sacerdotes y religiosas. “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” Mr 16, 15. Como rezaba una campaña publicitaria de turismo del País Vasco, la experiencia de Tierra Santa merece ser contada… merece ser compartida… Y es lo que pienso hacer… aunque iremos por partes…

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