Fray Víctor Manuel

Echamos la red en Facebook

Este blog, que nació el 23 de mayo de 2010 para transmitir una forma de vivir y sentir la fe en Cristo muy pegada a la cotidianeidad, inaugura un nuevo canal de comunicación. Desde hoy, tenemos perfil en Facebook, una ventana abierta a la conexión con más de 1.000 millones de personas en el mundo.

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Buena noticia

«No temáis, porque os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y esto os servirá de señal: encontraréis a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Y junto con el Angel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra, paz a los hombres que ama el Señor!».

¡Feliz Navidad a todos los que formáis parte de la familia de Echadlared!

Música: «Nadal de Luintra», por Berrogüetto.
Imágenes: «Natividad, la historia», de Catherine Hardwice

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Feliz Navidad

¡Feliz Navidad a todos los que parte de la familia de Echadlared!

Música: «Nadal de Luintra», por Berrogüetto.

Imágenes: «Natividad, la historia», de Catherine Hardwice

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San José. III Domingo de Adviento

San José

San José

Hoy, la liturgia de la Palabra nos invita a considerar y admirar la figura de San José, un hombre verdaderamente bueno, “justo” dice el texto original del Evangelio, con una palabra griega que sólo se usa para nombrar la misma justicia de Dios. Ya desde aquí vemos como San José no era sólo un hombre bueno, sino que era bueno y justo con la bondad y la justicia de Dios.

Todos debemos a Dios Padre Creador nuestra identidad individual como personas hechas a su imagen y semejanza, ES DECIR, QUE TODO LO BUENO QUE TENEMOS RESALTA NUESTRO PARECIDO CON DIOS, PORQUE SON DONES Y VIRTUDES QUE DIOS COPIÓ DE SÍ MISMO A LA HORA DE CREARNOS A CADA UNO.

Dios nos entrega los medios y herramientas para que podamos secundar su obra en nosotros y a través de nosotros y, de nuestra respuesta a su Voluntad, depende que la semejanza que tenemos con Dios se acreciente –eso es la santidad- o se frustre.

EL USO QUE HAGAMOS DE CUANTO SOMOS Y TENEMOS PUEDE HACERNOS VIVIR UNA VIDA EN LA QUE SE TRANSPARENTEN LOS RASGOS DE DIOS o puede, por el contrario, hacer fracasar el sueño de Dios sobre nosotros. Esa es la enorme responsabilidad del cristiano.

No dudemos de que José, con su trabajo y con su modo de vivir, con su forma de ser fiel a sus compromiso en su entorno familiar y social, se ganó el “Corazón” del Creador, considerándolo como hombre de confianza en su colaboración con la Redención humana.

La obra de la Redención, que tomó a José como cómplice y colaborador, sería realizada por el Hijo de Dios hecho hombre como nosotros, Jesús, al que todos tomaban como hijo de José por voluntad de Dios para así proteger el buen nombre y la vida de la Virgen María que, sin José a su lado como padre de su Hijo divino, habría sido acusada de adulterio y consecuentemente lapidada.

En eso es también San José una referencia de necesaria consideración para cada uno de nosotros: hemos de ser, como él lo fue, colaboradores de Dios dignos de la confianza que el Señor ha puesto en nosotros.

San José es patrón e intercesor de todos los padres y educadores porque es un maestro de vida para todos los que quieren escuchar a Dios antes que a nadie, a la hora de tomar las pequeñas o grandes decisiones con las que se forja nuestra vida diaria.

Todo lo que construye la vida de una persona que es responsable de otra influye en ésta última… todo, lo bueno y lo malo, aunque no parezca tener una relación directa con esa persona.

Si mi vida en un apoyo para alguien, si mi trabajo o mi ejemplo es una referencia para otro, de mi felicidad y de la paz interior que proporcionan la vida en comunión con Dios depende mucho el crecimiento de aquél o aquélla que me mira con respeto, cariño y admiración y que aprende de mí también cuando no soy consciente de que me mira.

Como María y José fueron maestros de humanidad para el Divino Maestro en los inicios de su vida humana, así nosotros, padres, abuelos, padrinos, profesores, catequistas,…, hemos de ser para nuestros niños y jóvenes unas referencias luminosas y señeras de lo que significa ser humano, ser persona, ser cristiano.

Todos los que reciben y toman de nosotros para ir formando su propia personalidad, encuentran apoyo o tropiezo en todas esas pequeñas o grandes decisiones que tanta influencia pueden llegar a tener en la vida de aquellos que están aprendiendo a crecer y desarrollarse con nuestra presencia y enseñanza a su lado.

De nosotros depende que, mientras que aprenden a descubrirse a sí mismos, descubran los misterios de la vida humana y de la muerte, el misterio de la felicidad y del amor, con el misterio de la vida de Dios íntimamente introducido dentro de cada uno de nosotros.

¡San José BENDITO!: protege a nuestras familias Y comunidades, protege a todos los educadores cristianos; protege a todos aquellos que oyen la llamada a la vocación consagrada o sacerdotal… y que haya muchos…  pues el mundo de hoy mucho los necesita.

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Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María

A Cristo por María

A Cristo por María

Una forma muy adecuada de celebrar cualquiera de nuestras fiestas, de celebrar nuestra fe, es no dejar de mirar a la vida, al mundo, cuando tratamos de mirar a Dios. La mirada de fe con que celebramos hoy a María Inmaculada debe llegar a ella desde la mirada al mundo de hoy y desde las preguntas que la vida actual nos despierte en la conciencia.

La fe, la oración y la Liturgia nunca pueden estar desvinculadas del mundo o correríamos el peligro de transformarnos en una especia de secta que vive para sí misma en su burbuja imaginaria al margen de la realidad.

Cuando miramos hoy la realidad de nuestro mundo vemos que hemos progresado mucho en calidad de vida para una buena parte de la humanidad. Los derechos de la mujer van abriéndose paso, los niños están más protegidos, la medicina y la ciencia en general ha conseguido avances impensables y tantas otras cosas buenas que podríamos añadir como frutos de nuestra sociedad moderna. Esta consideración es real pero incompleta.

No podemos cerrar los ojos al hecho de que esa buena parte de la humanidad que vive con mayor calidad de vida es una minoría, mientras que la mayor parte de los seres humanos viven bajo la lacra de la miseria como mal endémico o condena de por vida.

Los niños de esa parte de la humanidad que vive en la pobreza no están protegidos, sino que trabajan de sol a sol o incluso venden su cuerpo por dos cuartos; tampoco para ellos la medicina es sino una palabra de ricos que nunca sabrán escribir correctamente.

Ambas caras de nuestro mundo nos ofrecen el rostro completo de un misterio: el Reino de Dios se abre paso entre las tinieblas del pecado, venciendo poco a poco los signos de muerte con que el pecado lastra y deforma nuestra dignidad humana.

María Inmaculada es el signo más acabado de esta victoria de Dios sobre el pecado, un signo que se nos da como estímulo que alienta nuestra voluntad de soñar con un mundo mejor mientras que nos entregamos a la causa de su construcción, la obra de Jesucristo y de su Madre Santísima.

«Pongo enemistad entre ti y la mujer entre su linaje y el tuyo…» (Ge. 3, 15) estas palabras del Génesis pronunciadas una vez que el hombre había cometido el primer pecado, desquiciándose y desquiciando a la Creación hermana, anuncian la eterna voluntad salvífica de Dios. Por ello a este pasaje del primer libro de la Biblia se la llama “el protoevangelio”, el primer evangelio, la primera buena noticia de Dios para el hombre que le ha traicionado por la torpe ganancia del pecado.

El pecado de Adán y Eva había provocado el desquiciamiento de la estirpe humana. El hombre creado a imagen y semejanza de Dios sufre, por el pecado, una herida de incalculables consecuencias. ESTO ES HOY DOLOROSAMENTE CLARO EN NUESTRO MUNDO.

En su eterno plan, Dios había creado al hombre por sobreabundancia de amor y lo había elegido para ser santo e inmaculado en su presencia. El pecado, sin embargo, introduce la desobediencia, el desorden y la pérdida de la armonía original, la armonía del «principio», pero no cancela el plan amoroso de Dios.

Había que rescatar al hombre también por sobreabundancia de amor recreándolo, creándolo de nuevo por encima de las circunstancias negativas en que su pecado había hundido su vida en un estado lamentable.

Jesucristo y su misterio pascual de victoria sobre el pecado y sobre la muerte es esa nueva creación, y María Inmaculada es el primer fruto de la estirpe humana QUE NOS MUESTRA la belleza radiante y la libertad de una vida que sólo se arrodilla ante Dios. Si se busca, por tanto, la razón de la presencia del Hijo de Dios entre los hombres y la razón de la Encarnación, ahí la tenemos: el amor por el ser humano.

«Dios se enamoró de su criatura» cuando la vio recién creada, y el Hijo eterno de Dios ha hecho hombre para servirnos de peldaño y trampolín que nos eleve, para acostumbrar al hombre a comprender a Dios, a comprender el incomprensible amor del Dios eterno por su pequeña criatura, por ti y por mí.

“El Pastor se ha hecho oveja”. Cristo ha venido a la tierra para tomar de la mano al hombre y presentarlo nuevamente al Padre y no sólo según esa gracia del principio que lo hacía ser amigo de Dios, sino con una gracia nueva que le hace ser hijo de Dios.

En este extraordinario plan de salvación aparece María Inmaculada, como la primicia de la salvación, como la estrella de la mañana que anuncia a Cristo, «sol de justicia», como la primera criatura surgida del poder redentor de Cristo, como aquella que ha sido redimida de modo eminente por Dios.

En un mundo desquiciado entre los mayores logros y las mayores miserias, la Gracia divina ha hecho surgir una criatura absolutamente pura y le ha conferido una perfección sin la más mínima sombra de pecado: María. Ella aparece en medio de esta singular batalla como la aurora que anuncia la victoria definitiva de la luz sobre la oscuridad.

Ella va al frente de ese grande peregrinar de la Iglesia hacia la casa del Padre.

En medio de las presiones que por todas partes nos apremian, María no abandona a los hombres que peregrinan en el claro oscuro de la fe. Ella es signo de segura esperanza y ardiente caridad.

Ella es nuestra madre, nuestra hermana mayor en la fe, nuestro modelo; ella es esa maestra que nos enseña a ser y a vivir desde la dignidad divina que su Hijo nos ganó.

A Cristo por María, ayer, hoy y siempre.

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