Audio-homilía: VI Domingo de Pascua 2015. Nadie tiene amor mas grande que el que da la vida por sus amigos

Hay tres ideas destacables en este evangelio.

La primera es la alegría. ¿Para qué tiene sentido hoy la Iglesia? Esta institución sólo tiene un objetivo: ser inyección de alegría para un mundo que descubre que las alegrías humanas son efímeras y poco profundas. Las alegrías deportivas, musicales, de eventos, de viajes… pasan. Las personas (el esposo, la esposa, el padre, el hijo, el amigo, el compañero, el jefe…) también nos decepcionan. Nosotros mismos nos decepcionamos y sufrimos crisis de identidad. El tiempo va comiéndose días, minutos, segundos y nos devuelve al presente donde todo lo que era ilusión se convierte en nostalgia. Sin embargo, la alegría del evangelio no tiene que ver con lo de fuera, sino que nace de cómo nos mira Dios.

Y ahí encontramos la segunda clave del evangelio que tiene que ver con la frase “os llamo amigos”. El amor de amistad es el más gratuito que hay. Otras relaciones humanas vienen impuestas: padres, hermanos, familiares… Pero los amigos son la familia que nosotros elegimos. La frase “lo que Dios ha unido” va mucho más allá del matrimonio. A los amigos no se les exige. La amistad parte de la gratuidad. A Dios le queremos por libertad, no por obligación. Por eso, cuando la religión se convierte en normas, en obligación y exigencia, no libera sino que encadena. Y Jesús deja muy claro a los apóstoles que “no os quiero esclavos, os quiero amigos”.

Ojalá en la iglesia hubiera más amigos y menos funcionarios, ojalá hubiera más enamorados y menos cumplidores de normas. Porque lo que sobra son cristianos que vamos a la iglesia con cara de limón ácido. Nosotros somos la propaganda del Señor y, si en nuestro rostro no se ve la paz y la alegría del Dios, transmitimos exigencia y no pensamiento libre y autónomo. El Señor nos llama amigos y la respuesta que le demos dependerá de nuestra relación con Él.

La tercera parte que conviene resaltar de este evangelio es la frase “no me habéis elegido vosotros a mí. Soy yo el que os he elegido”. No tenemos que pedirle a nadie permiso para ser como somos. Si el Señor nos llama, alegrémonos y que nuestra alegría pueda llegar a plenitud.

Evangelio según San Juan

Jesús dijo a sus discípulos: «Como el Padre me amó, también yo os he amado a vosotros. Permaneced en mi amor. Si cumplís mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he dicho esto para que mi gozo sea el vuestro, y ese gozo sea perfecto.»
Este es mi mandamiento: Amaos los unos a los otros, como yo os he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo os llamo amigos, porque os he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No sois vosotros los que me elegisteis a mí, sino yo el que os elegí a vosotros, y os destiné para que vayáis y deis fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre, él os lo concederá. Lo que yo os mando es que os améis los unos a los otros.»

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