Audio-homilía: Tanto amó Dios al mundo que envió a su hijo para que se salve por El

Las tres lecturas de hoy nos hablan de cómo podemos aprender a tener una lectura creyente de la realidad. La fe lo ilumina todo (nuestros dolores, sufrimientos, errores, alegrías…) con una nueva luz. Y es que todo lo que le pasa a la humanidad es importante para Dios y por eso Él lo asume.

Si interpretamos los hechos de nuestra vida nosotros solos, pensamos que es un cúmulo de errores y sentimos que no sabemos hacia dónde vamos. La palabra bíblica para definir eso es «tiniebla». Sin embargo, cuando se enciende el interruptor de la fe, los mismos hechos los comprendo, los entiendo y les veo sentido. Es como ver un puzzle armado o desarmado: las piezas encajan o no.

Dios quiere arrojar el foco de su luz sobre esas oscuridades y sobre esas tinieblas en las que a veces nos metemos. Ese es ejemplo de la primera lectura del segundo libro de las Crónicas. Los judíos ven cómo pierden todo aquello en lo que se apoyaban, cómo les han arrancan su identidad y piensan que Dios les ha abandonado. El profeta les recuerda que Dios nunca ha dejado a su pueblo y les pone frente a sus incongruencias y sus infidelidades.

Esta situación es perfectamente trasladable a nuestra vida diaria. El cambio de mirada de la fe es reconocer con humildad que a lo mejor yo tengo algo que ver cuando las cosas no salen como esperaba, en lugar de culpar a Dios (o a los otros) de que todo me vaya mal. ¡Qué fácil es echar la culpa a todo mi entorno de lo que me ocurre!

En la carta de San Pablo a los Efesios, vemos cómo Pablo llena de fortaleza a una comunidad frágil de apenas 25 personas, dejándoles claro que no nos salvamos por nuestros medios, sino que es Dios el que nos libera.

Y en el evangelio San Juan se nos habla de un gran fracaso. Objetivamente, en Jesús vemos a alguien que se ha llevado un gran castigo por, según los judíos, ir en contra de la ley, alguien a quien hasta sus discípulos han abandonado, alguien de quien los soldados se burlan… Y Juan nos dice que eso que consideramos fracaso o pérdida es el mayor regalo que Dios ha hecho a la humanidad. Eso es una lectura creyente de la realidad: tanto amó Dios al mundo en ese fracasado que devuelve la identidad a nuestras vidas.

Ojalá tengamos fe para acoger y reconocer que ahí hay mucho amor y ojalá interpretemos nuestra realidad desde la fe y no desde la soledad o el pesimismo.

Evangelio según San Juan

Dijo Jesús:
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.

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