Audio-homilía: Miércoles de ceniza 2015. Comienza la cuaresma

Camino de la cruzSiempre que hay que una actividad programada, que genera mucha ilusión, y se produce un gran desastre los dirigentes llaman a la autocrítica: ¿qué ha pasado?, ¿por qué ha sucedido esto así?. La humanidad no suele hacer autocrítica cuando todo nos va bien. En esos momentos, sólo hay aclamaciones, aplausos, felicitaciones.

Pues bien, la Iglesia nos regala todos los años esa posibilidad de hacer autocrítica, porque reconoce que muchas veces echamos balones fuera. Y es que tendemos a culpar a los demás de gran parte de los males de nuestra vida. Incluso hay veces en las que hasta culpamos a Dios. Y mucho de lo que nos pasa no tiene culpables, sino que es consecuencia de la propia fragilidad de nuestra existencia.

Cuaresma no es tiempo de autoculparnos, ni de creer que Dios nos chantajea, sino de reconocer que nuestras mediocridades no nos satisfacen profundamente.

Dios no busca la limpieza del cuerpo, sino que nuestros corazones entren en la paz estable de saber que de sus manos nadie nos va a poder apartar, que sintamos que estamos permanente en su corazón.

Experimentemos profundamente que los cambios que Dios nos pide son para nuestro bien, no para el suyo. Cada rato de oración y de charla con Dios no le hace falta a Dios, sino a nosotros, para mantener nuestro diálogo con él.

Y lo mismo pasa con la limosna. Tenemos un ansia de acumulación que nos hace profundamente esclavos. Queremos asegurarnos y, con eso, demostramos una profunda falta de fe, al no poner nuestra confianza en Dios. Dar limosna es liberarse. Compartamos como forma de vida.

Por último, el ayuno no tiene sólo que ver con lo que le metemos al cuerpo. También tiene que ver con lo que le metemos a nuestra mente. No se trata de comer tal o cual cual alimento, sino de ayunar de todo eso que nos envenena, de lo que nos cambia el carácter.

Conversión es poner en la vida cosas que nos ayuden a sacar los talentos que Dios nos ha regalado. Vivamos la Cuaresma, como dice el Papa Francisco, fortaleciendo el corazón y no cerrándonos a nuestra propia vida.

Evangelio según San Mateo

Jesús dijo a sus discípulos: Tened cuidado de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibiréis ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Os aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ores, no hagas como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Os aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Os aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

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