Audio-homilía: 4º domingo de Adviento 2014. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

Leyendo este evangelio podemos imaginarnos a Dios antes de enviar al ángel Gabriel viendo el sufrimiento de la humanidad, preguntándose qué más podría haber hecho por su pueblo para mostrarle el camino y comprobando lo que sucede cuando el hombre vive de espaldas a la voluntad divina y actúa según su capricho.

Y Dios, con esa humanidad alejada, podía hacer dos cosas: volver a enviar un diluvio universal o hacer la mayor locura de amor de la historia. Y decidió lo segundo: enviar al ángel a un lugar humilde y recóndito, a una chavala de 15 años, a decirle que su pequeñez era imprescindible para la consecución de la historia de salvación de Dios. Dios vio que esa era la única forma de que nos diéramos cuenta de que, como dice Juan, «sólo el amor quita el miedo y el temor».

Cuando Dios se acerca a cada una de nuestras vidas realiza nuevas anunciaciones. Todos tenemos anunciaciones. Dios nos dirige a cada uno de nosotros las mismas palabras que a María.

«Alégrate, (Vicente, María, Pedro, Santiago, Lucía, Pilar, Estrella…) porque estás lleno de gracia»: nuestras vidas no son solitarias y ni están abocadas a la supervivencia. «El Señor está contigo»: está con cada uno de nosotros porque, si él se separara de nuestra vida, moriríamos. «No temas»: nuestra vida está llena de temores. «Has encontrado gracia ante Dios», «serás grande», «serás hijo del altísimo», «el Señor te dará la herencia del cielo».

Las promesas que Dios hace no son únicamente privilegio de la Virgen María. Dios nos hace promesas a todos a diario. Nos dice que si le decimos sí y le acogemos, si nuestra vida está llena del amor de Dios, tendremos una existencia fecunda y mucha gente dará gracias a Dios por nuestra vida.

¿Quién hará esa obra? El Espíritu Santo, que es el motor que anima nuestras vidas.

Ante las permanentes anunciaciones de Dios, ¿cuál es nuestra respuesta?. Podemos ponernos en manos de Dios y vivir acompañados o rechazarle y confiar sólo en nuestra fragilidad y nuestra soledad. Ojalá en estas Navidades podamos vivir esa experiencia de poner nuestras vidas en las manos de Dios.

Evangelio según San Lucas

En el sexto mes, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».
María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?».
El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes,
porque no hay nada imposible para Dios».
María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». Y el Ángel se alejó.

Comparte este post

    Etiquetas: , , , , ,

    votar