Audio-homilía: La Transfiguración. Su rostro resplandecía como el sol

Hoy acompañamos a Jesús y a sus discípulos a lo alto de la montaña. Y es que la Cuaresma tiene mucho de subida. Son semanas que nos regala el Señor de ir caminando, fiándonos de Él, pero a veces en un camino no cómodo. Es como la etapa de O Cebreiro del Camino de Santiago.
A veces en la vida, cuando nos presentan un proyecto, al principio sólo vemos lo bonito, lo ideal… pero eso son sueños. Luego viene el día a día con detalles menos ideales.
Los apóstoles subiendo al Monte Tabor probablemente pensaban que a Jesús se le había ido la pinza por llevarles tan arriba.
La Cuaresma nos recuerda que quien quiere un fin, tiene que poner los medios, que nada que sea valioso es fácil y que nosotros somos protagonistas de esa obra de arte que es decidir qué tipo de personas queremos ser. Vivir es colaborar con el Señor en esa obra transformadora.
En Cuaresma la palabra sacrificio sale mucho. Y subir al Tabor fue un sacrificio. Pero en la vida, cuando la meta merece la pena, no hay que calcular los esfuerzos, sino fiarse de aquel que nos invita a recorrerla.
Jesús pide confianza a los discípulos para subir al Tabor (Al amor que te lleva no le preguntes a dónde va).
Ojalá podamos reconocer que en nuestra vida tenemos mucha suerte. Ojalá que no tengamos queja, porque tener fe, vivir esta vida y conocer la gente que conocemos es un regalo.
Jesús y los apóstoles suben al Tabor y descubren lo que de divino hay en lo humano. En la trasfiguración se ve la luz, la confianza, la felicidad… Llevamos un tesoro en vasijas de barro y en el Tabor se ve el tesoro.
Momento Tabor es cuando te das cuenta de que tu historia ha merecido la pena, cuando te reconcilias con tu pasado, cuando no lamentas nada de lo vivido, es reconocer que era necesario todo lo que ha pasado.
Nuestra humanidad refleja el tesoro que llevamos dentro. Hay mucha transfiguración en nuestra vida diaria: en la sonrisa de un niño, cuando consigues sacar adelante un proyecto común con amor, en los ojos de los abuelitos, cuando una pareja decide iniciar una vida juntos, cuando hombres y mujeres deciden seguir a Dios. Necesitamos ver todas esas transfiguraciones.
Ojalá inauguremos esa mirada y animemos a los demás a que también la tengan.

Audio-homilía: La Transfiguración. Su rostro resplandecía como el sol

Evangelio según San Mateo

Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado.
Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.
De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.
Pedro dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchadlo».
Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor.
Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no tengáis miedo».
Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No habléis a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

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