Engentarse

Introducción. El pasado ha sido un fin de semana compartido con mucha gente. En diversos escenarios, en diferentes ambientes, pero con el mismo sabor agradecido y dichoso que me aporta mirar a las personas con los ojos de la fe. Vivir «engentado» significa rodeado de gente, implicado, a la escucha de muchas voces que se pronuncian al mismo tiempo. Con peticiones, demandas, informaciones… Algunas veces puede ser muy agobiante y hasta molesto, pero en este tiempo de adviento (preparación de la fiesta más grande que la humanidad puede celebrar que es la Encarnación) redescubro la maravilla de lo humano, a través de la mirada de Dios. Esa misma humanidad que a veces nos provoca lágrimas, decepción, rabia… El deseo de salir huyendo, el dolor de una palabra mal intencionada, las heridas de las calumnias, de las traiciones… Esa humanidad que espanta al ver la violencia que es capaz de trasmitir, por ejemplo, entre los aficionados rivales de equipos de futbol en un estadio de Brasil. La crueldad de la humanidad colocando concertinas en las fronteras para que no pasen los inmigrantes. La maldad de los bancos europeos pactando las tasas del Euribor para su conveniencia, empobreciendo, desahuciando…
Humanidad de la que todos participamos en cierta medida. No matamos físicamente, pero pronunciamos palabras que matan. No condenamos a muerte, pero nuestro corazón sí que rechaza, sí que critica y sí que permanece indiferente frente a muchas situaciones cercanas a las que no prestamos la menor atención. ¡Cuántas descalificaciones, cuántos reproches, cuántos insultos, cuántas burlas y desprecios!
Pues Dios a esa misma humanidad la abraza, la busca, se acerca por caminos insospechados, hasta que el calor y la cercanía del amor derritan el hielo y la frialdad de los corazones que no quieren entrar en el banquete de fiesta preparado desde toda la eternidad.

Lo que Dios nos dice. «Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree en él ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios. Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz». Jn 3, 13-19.
Dios se ha engentado sin hacerle falta. Lo ha hecho por puro amor, por el deseo y la felicidad de que los humanos podamos disfrutar y saborear la continua alegría de lo que es amar. Nuestra existencia se debe a la creatividad y al amor de Dios que nos creó, y a su amor providente y cuidadoso que nos cuida y nos mantiene con vida.
«Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre». Filp 2, 1-11.
Yo, tomándome en serio mi misión de pasar por este mundo acogiendo los continuos regalos de Dios, os cuento como me he engentado. El pasado viernes se despedía uno de los grupos musicales que más me ha acompañado este 2013. Riot Propaganda terminaban su gira en Madrid, y en una noche lluviosa y desapacible disfrute sin medida de la conexión entre el artista y sus seguidores. ¡Cuánta fuerza, cuánta pasión, cuánta energía, cuánto deseo de que las cosas cambien, mejoren, sean justas y sean para todos! Ambiente comunitario donde todos sienten un mismo espíritu un mismo ardor.
El sábado tanto por la mañana como por la tarde también fue muy engentado. Con grupos de jóvenes predicando la experiencia personal del encuentro con Jesús. ¡Qué alegría seguir sintiéndome amigo del Señor, testigo cualificado para dar razón de mi esperanza!. Muy cerquita del Rastro, en San Cayetano, y en Loeches, celebrar la alegría de la fe predicada, compartida, celebrada.
Y el domingo más entrega, más diálogos, más personas a las que escuchar y a las que predicar. Y por la noche acogiendo el regalo de cumple de mi hermano David, ir al Vicente Calderón a ver perder a mi Valencia, club de disgustos continuados. Pero sigo con el corazón agradecido porque la humanidad traduce continuamente la bondad que refleja de la continuada sonrisa con la que es mirada por nuestro Dios.

Cómo podemos vivirlo. Es tiempo de sorprendernos, es tiempo de agradecer. Es tiempo de miradas llenas de ternura, de gratitud. Sorprendernos de lo mucho que hay de Dios en la vida de los que nos rodean. Es tiempo de ternura viendo a los más pequeños. Es tiempo de bajar las defensas, de olvidar los dolores, de esperar que la humanidad se acerque al amor. Que de las lanzas hagamos arados, de las flechas molinos de viento, de la soledad fiestas espontáneas, del luto danzas y de la frialdad del corazón abrazos, besos, ternura, derroche amor, locura divina.

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