Audio-homilía: Con vuestra perseverancia salvareis vuestras almas

El Señor tiene una intención muy clara cuando nos habla en estos términos apocalípticos: hacernos ver que los finales no ocurren una vez en la vida, sino que toda nuestra historia se escribe con finales que dan origen a inicios novedosos y maravillososs. Es la única forma de vida que hay: nacer a algo nuevo muriendo a algo viejo.

Jesús a veces parece muy duro en sus palabras. Nos pide que no se nos quede en la retina la admiración por la grandeza de lo externo, por esos ídolos con pies de barro…

Muchas cosas nacen, se desarrollan y se destruyen. Los finales no son malos, porque originan replanteamientos nuevos. Siempre que algo se termina, la humanidad y el Espíritu Santo que anima a los hombres crean algo nuevo. De hecho, desde nuestro parto biológico, todas las etapas de nuestra existencia son pequeños o grandes apocalipsis. Pero, como en las gripes, todo eso nos crea defensas. La hostilidad y la dificultad crean estructuras y carácteres fortísimos.

Jesús nos dice que no nos asustemos con el final de casi nada, porque ese final puede ser el inicio de la liberación. No pensemos que la vida se acaba con los finales o los fracasos, porque la última palabra de todo la tiene el Señor.

«Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». Experimentamos la salvación cuando somos conscientes de que estamos muy acompañados en todos nuestros apocalipsis. «Aprendo de la experiencia que da el fracaso», como dice Robe Iniesta de Extremoduro. El placer no enseña. El fracaso es escuela de gente que necesita, que pide.

El Señor nos invita a vivir las catóstrofes sabiendo que Él nunca nos falla. La cruz nos demuestra que Jesús es el triunfador, tras el gran fracaso de la muerte en cruz; el vencedor de la muerte por el amor.

Ojalá que nuestros apocalipsis nos enseñen a esperar lo nuevo que Dios nos regala.

Audio-homilía: Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas

Evangelio según San Lucas

Y como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: «De todo lo que contempláis, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido».
Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?».
Jesús respondió: «Tened cuidado, no os dejéis engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: ‘Soy yo’, y también: ‘El tiempo está cerca’. No los sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones no os alarméis; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin». Después les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo. Pero antes de todo eso, os detendrán, os perseguirán, os entregarán a las sinagogas y seréis encarcelados; os llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y esto os sucederá para que podáis dar testimonio de mí. Tened bien presente que no deberéis preparar vuestra defensa, porque yo mismo os daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de vuestros adversarios podrá resistir ni contradecir. Seréis entregados hasta por vuestross propios padres y hermanos, por vuestros parientes y amigos; y a muchos de vosotros os matarán. Seréis odiados por todos a causa de mi Nombre. Pero ni siquiera un cabello se os caerá de la cabeza. Gracias a la constancia salvaréis vuestras vidas.

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