Audio-homilía: No es Dios de muertos sino de vivos

El planteamiento que los saduceos le hacen a Jesús en este fragmento del evangelio está cargado de mala intención. Y Jesús, sabiendo que la pregunta tiene trampa, abre la mente de la gente recalcando que las realidades que vivimos en la tierra no son definitivas ni esenciales.

Los medios son muy valiosos, pero no los podemos confundir con el fin. Lo esencial es la llamada universal al amor, la llamada a desplegar nuestra vida, nuestros talentos y nuestras capacidades para ponerlos al servicio de los demás. El matrimonio, el sacerdocio, la vida profesional, el ocio, etc… son unos medios magníficos, pero no son lo definitivo.

Dios nos llama definitivamente al amor, a abrirnos a los demás. El resto son medios estupendos para abandonar nuestro yo y darnos a los demás. Pero no debemos olvidar el fin último: el amor.

Debemos revisar constantemente si todo lo que vivimos nos acerca a nuestro fin: amar y ensanchar nuestro corazón. En el juicio final sólo nos van a preguntar si hemos vivido, si hemos amado, si los medios nos han permitido dar el salto del «yo» al «nosotros».

Ojalá que descubramos en lo profundo del corazón que el Señor nos pone todo lo necesario para vivir un camino de santidad. Ojalá lo acojamos, lo elijamos y lo queramos.

Audio-homilía: No es Dios de muertos sino de vivos

Evangelio según San Lucas

Se le acercaron algunos saduceos, que niegan la resurrección,
y le dijeron: «Maestro, Moisés nos ha ordenado: Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda. Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia. Finalmente, también murió la mujer. Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?».
Jesús les respondió: «En este mundo los hombres y las mujeres se casan, pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casarán. Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección. Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él».

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