Audio-homilía: El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido

Este evangelio nos plantea si nuestra preocupación es ser o aparentar, si nos interesa más que nos miren por lo de fuera o vivir con la alegría profunda de la conciencia que el Señor nos da sobre quienes somos…

Jesús era muy observador y nosotros, si vivimos con Jesús, también deberíamos ser observadores.

Cuando uno por dentro se siente bien y se reconoce valioso, no va como loco buscando las ofertas que vienen de fuera, sino que se sitúa en lo que de verdad es.

¡Cuánto nos perdemos buscando construir nuestra vida en los resultados externos y no disfrutando de lo que va ocurriendo! Vivimos pensando que no hay amor para nosotros, que no nos merecemos una vida feliz, vivimos en permanente comparación y nos vemos unos a otros como rivales.

Nuestra valoración la recibimos de Dios, no viene de que nosotros nos construyamos los trofeos. Es nuestro Padre el que vela por nosotros. Somos hijos de Dios desde el bautismo y no hay título que supere eso. Ninguno de nosotros sobra o rivaliza con nadie. Cada uno de nosotros tenemos algo único y exclusivo que poner al servicio de los demás.

Si vivo con esa conciencia de ser hij@ amad@, iré por el mundo disfrutando de serlo y contemplando y amando a los demás hijos. Si lo veo todo centrado en mí mismo, buscando que me reconozcan y que me valoren, queriendo resolver mis propios problemas y vendiéndome a los demás, no seré consciente de que todo es un regalo y de que todos aportamos en la construcción del Reino de Dios.

El evangelio termina hablando de gratuidad, de hacer las cosas con la alegría de desplegar nuestra identidad de hijos de Dios.

Ojalá que nos ayudemos a crecer en el valor que todos tenemos y a no ir mendigando y siendo exclavos del amor de los demás.

Audio-homilía: El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido

Evangelio según San Lucas

Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola:
«Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: ‘Déjale el sitio’, y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar. Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate más’, y así quedarás bien delante de todos los invitados. Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado».
Después dijo al que lo había invitado: «Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!».

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