Audio-homilía: Y vosotros ¿quién decís que soy yo?

¿Quién decís vosotros que soy yo?… Es una pregunta que muchas veces ni nos planteamos. Casi todas las cosas que compramos están muy bien definidas, todos los productos tienen muchísimas etiquetas. Pero, sin embargo, los seres humanos no tenemos ni indicaciones, ni etiquetas, ni instrucciones…

Y, como no tenemos códigos de barras ni etiquetas, como hay un elemento imprescindible en nuestra vida que es la libertad, nuestra vida es un conflicto grande. No estamos determinados y, a priori, no tenemos ni idea de lo que vamos a hacer. Nuestra vida y su construcción a base de decisiones, de riesgos, de aciertos y de equivocaciones, es un regalo precioso.

Jesús nos dice que lo principal de nuestra vida es que somos hijos de Dios. La identidad de Jesús en el evangelio queda muy clara en varias ocasiones: es el Hijo amado de Dios.

Si Jesús es el Hijo de Dios, y nosotros estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, Él es (debe ser) el espejo en el que nos tenemos que mirar todos.

Ser hijos de Dios significa que no debemos tener ninguna duda sobre el valor de nuestra existencia. Eso nos debe aumentar nuestra autoestima, ser conscientes de nuestro valor, no mendigar la aprobación de los demás. No necesitamos demostrarle nada a nadie. Sabemos lo que somos en el éxito y en el fracaso, en la salud y en la enfermedad.

La vida no es idealismo. Es un presente elegido y decidido de cómo queremos vivir nuestro presente. Se trata de dejar de pensar en uno mismo, de cargar con amor y no con queja con nuestras dificultades.

Ojalá sepamos quiénes somos: hijos amados de Dios. Y esa identidad se desarrolla amando, no idealizando, sino entregando la vida con toda nuestra energía a un proyecto concreto, el que cada uno haya elegido.

Este evangelio es un impulso para que tomemos la decisión libre y voluntaria de entregar nuestras vidas por amor.

Audio-homilía: Y vosotros ¿quién decís que soy yo?

Evangelio según San Lucas

Un día Jesús se había apartado un poco para orar, pero sus discípulos estaban con él. Entonces les preguntó: «Según el parecer de la gente, ¿quién soy yo?»
Ellos contestaron: «Unos dicen que eres Juan Bautista, otros que Elías, y otros que eres alguno de los profetas antiguos que ha resucitado.»
Entonces les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro respondió: «Tú eres el Cristo de Dios.»
Jesús les hizo esta advertencia: «No se lo digáis a nadie».
Y les decía: «El Hijo del Hombre tiene que sufrir mucho y ser rechazado por las autoridades judías, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la Ley. Lo condenarán a muerte, pero tres días después resucitará.
También Jesús decía a toda la gente: «Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y que me siga. Os digo: el que quiera salvarse a sí mismo, se perderá; y el que pierda su vida por causa mía, se salvará.»

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