¡¡¡ Sí quiero !!!

El pasado sábado acudía a la ceremonia de graduación de una de mis sobrinas. Y el sacerdote, que oficiaba la eucaristía, dijo una frase durante su magnífica homilía que me resonó profundamente: “Ser cristiano es enamorarse del sueño de Dios”.

Nunca lo había visto de esa manera…

Desde que volví del Camino de Santiago (tras vivir una experiencia tremendamente catequética que compartí con vosotros hace unos días), siento por fin a Dios como alguien cercano. Llevaba mucho tiempo buscándole sin hallarle… Evidentemente, no buscaba donde debía…

La catarsis de la peregrinación (ese profundo viaje interior) me ha devuelto a la vida como hija amada en quien Dios se complace, como hija pródiga que regresa al hogar… Y, ante ese milagro, ante semejante derroche de cuidados, de mimos, de regalos… la respuesta no puede ser otra que el agradecimiento infinito y el seguimiento.

Como dice Antoine de Saint-Exupéry en “El Principito”, las personas mayores tendemos a buscar explicaciones a todo, nunca comprendemos las cosas por sí solas y es fastidioso tener que darnos continuamente explicaciones. Complicamos en exceso las cosas: la vida, las relaciones, la toma de decisiones, la vivencia de la fe…
Y el evangelio de hoy lo deja bien clarito: (“Amaos los unos a los otros: esto es lo que os mando” Juan 15,17).

Si partimos de la base de que Dios es Amor (“El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor” 1 Jn 4,8), el mensaje está claro y me lleva de nuevo a la reflexión con la iniciaba este post: “Ser cristiano es enamorarse del sueño de Dios”.

Los cristianos no estamos llamados a otra cosa que no sea comprometernos con el proyecto de amor que Dios tiene para todos sus hijos en las circunstancias en las que cada uno vive (en la vida consagrada, como laicos, como hijos, con nuestra pareja, como padres, en nuestro trabajo…). Es convertirnos en herederos y continuadores de su obra, de su sueño…

Más allá de grandes filosofías, ser cristiano no es otra cosa que amar como Dios ama (o, al menos, intentarlo). Cuando amamos (pensemos en lo que sienten unos padres por su hijo o unos enamorados), todo se transforma a nuestro alrededor: vemos todo más bonito, estamos de mejor humor, derrochamos cariño con todos, gozamos más de cualquier pequeño detalle, nos sentimos más vivos… Parecemos personas nuevas, iluminadas… Si eso nos sucede con esos amores humanos que por definición son limitados, ¿qué sucedería si experimentáramos el infinito amor de Dios?…

(“Aspirad a los dones de Dios más excelentes. Voy a mostraros el camino mejor de todos. Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, no soy más que bronce que resuena o platillos que aturden. Aunque tuviera el don de profecía, penetrara todos los misterios, poseyera toda la ciencia y mi fe fuera tan grande como para cambiar de sitio las montañas, si no tengo amor, nada soy. Aunque repartiera en limosnas todos mis bienes y aunque me dejara quemar vivo, si no tengo amor, de nada me sirve. El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no es presumido ni se envanece; no es mal educado ni egoísta; no se irrita ni guarda rencor; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, soporta sin límites. El amor no pasará jamás” I Corintios, 12,31-13,8) San Pablo también lo deja claro. El camino es aspirar a los mejores dones de Dios. Y el principal es el amor.

Como hijos amados de Dios y herederos de su proyecto y de su obra. estamos llamados todos (no sólo los curas, las monjas o los misioneros) a continuar con el “negocio familiar”, que no es otro que hacer de este mundo un espacio en el que reine el amor. ¡Ese es el proyecto de nuestro Padre! Y, además, nos ha dejado como herencia no sólo esa capacidad de amar sin límites, sino también la fuerza del Espíritu Santo.

¿Estás dispuesto a ser digno hijo de tu Padre? ¿Estás dispuesto a comprometerte con ese proyecto de siembra de amor en la tierra? ¿Estás dispuesto a ser instrumento del amor de Dios en medio de este mundo?…

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    • Ser jirafas » Echad la red - [...] sobrinas abandonen su etapa escolar…). Recuerdo aún la homilía de la primera ceremonia y las reflexiones que me motivó.…