Camino de Santiago: un chute de vida

Caminantes Empiezo este post con un sentimiento enfrentado… Me gustaría compartir esta experiencia, pero, al mismo tiempo, soy consciente de lo molesto que nos resulta en general que nos cuenten una película o un libro, cuando queremos disfrutarlos personalmente… Es la duda entre dar tu visión a riesgo de mediatizar al de enfrente y guardarte tus impresiones… Pero (“nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de la cama, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz” Mt 5, 15). Así que allá voy…

He recorrido 9 etapas del Camino de Santiago entre Saint Jean de Pied de Port y Santo Domingo de la Calzada. No era la primera vez que hacía tramos del camino (¡esos senderos están tan llenos de vida y de energía que atrapan!), pero sin duda ha sido una experiencia de catarsis, iniciática y profundamente catequética. Intentaré sintetizarla en titulares consciente de que lo que desborda el alma es difícil de expresar en palabras.

Una magnífica metáfora de la vida. Un amigo dice que un año en la evolución de Internet es como un lustro en el mundo tradicional. Pues el Camino es parecido. Es un concentrado de vida, de experiencias… para todo el que quiera adentrarse en ellas…

Experiencia personal, intransferible y diferente para cada uno. Da igual que vayas solo o acompañado, da igual que repitas tramos y los conozcas a la perfección… Cada persona llega al camino motivada o movida por algo (que no siempre se puede explicar)… y llega para descubrir y aprender algo… Los amigos te pueden contar su experiencia, las guías te dan datos, pero TU CAMINO sólo lo puedes recorrer tú… Otra metáfora de la vida…

Siguiendo las flechas. En las primeras etapas uno se muestra perdido, buscando las flechas, las vieiras, las marcas del camino… y con el paso de los días ese sexto sentido que todos tenemos (y al que tan poco escuchamos a diario) las reconoce y las integra de forma inconsciente. No estaría de más hacerlo más a menudo.

Fluyendo, reseteando… Un peregrino nos decía que no es necesario programar, que el camino te da lo que necesitas y te quita lo que te sobra. Nos pasamos la vida programando, retorciendo la vida y a las personas para que todo salga como teníamos planeado. Y Dios y la vida nos demuestran machaconamente que es un error… ¿No sería mejor participar de ese magnífico juego que es la vida? Descubrir nuevos tesoros cada día, resolver jeroglíficos, encontrar respuestas, aprender… Vivir así es precioso y emocionante.

Getsemanís: pasión, muerte… y resurrección. («Si es posible, que pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» Lc 22, 42). No nos gusta sufrir, tratamos de allanarnos al máximo el camino, buscamos atajos para llegar a nuestros objetivos ahorrando esfuerzos… Pero no siempre los atajos son el mejor sendero, ni la puerta ancha la más cómoda… No creo que este mundo sea un valle de lágrimas, pero después de este camino he podido comprobar que para resucitar hay que pasar por la muerte de uno mismo. (“Os aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, produce mucho fruto. El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna” Jn 12, 24-25). Y comprendo la angustia de Jesús en Getsemaní y, al mismo tiempo, su plena confianza en el Padre…

Regalos: ángeles, oasis, espejismos… Saber desenvolverlos, agradecerlos y acogerlos… Otro amigo dice que en la vida los milagros, los signos de que el Reino de Dios está en la tierra, suceden a cada segundo y que no siempre los sabemos reconocer… El Camino (que no es otra cosa que un concentrado de vida) ofrece mil regalos: una fuente, una brisa, un prado, una flor, un rayo de sol, mil aromas, colores infinitos, una palabra de aliento, una sonrisa y muchas almas… Encuentras personas que son verdaderos ángeles de la guarda (sin alas, sin vestiduras blancas…), que son la viva imagen de Jesús que se nos da sin reservas… Otras son auténticos oasis en los que poder descansar y sentirse en casa: aguas cristalinas, sol que calienta, aire fresco que abre la mente, ilumina la sonrisa y expande el corazón… Y también hay espejismos, flechas que parecen reales pero que nos sacan del camino que tenemos que recorrer… Todos son magníficos, todos necesarios, todos muy grandes… Y hay que tener la delicadeza y la consciencia de desenvolver cada regalo como corresponde (sin vanaglorias, sin rechazos, sin apegos)… Un oasis (incluso un espejismo) puede parecer el lugar más maravilloso del mundo cuando uno viene atravesando el desierto, pero el camino sigue y no conviene estancarse… ¡Queda tanto trayecto por recorrer!

Soltar, desaferrarse… Cuando algo nos gusta mucho, hablamos de ello con pasión, lo buscamos con ahínco, se convierte en una constante de nuestra vida y hasta llegamos a aferramos a ello… deseando que esté siempre ahí… Pero es como intentar atrapar el agua: cuanto más queremos agarrarla, más se nos escapa entre los dedos. Como dice la famosa cita “If you love something, let it go. If it returns, it’s yours; if it doesn’t, it wasn’t. If you love someone, set them free. If they come back they’re yours; if they don’t they never were”… Cuando decimos que queremos a alguien y únicamente deseamos poseerlo, ¿de verdad lo queremos? ¿no es nuestro ego el que nos pide incorporarlo a nuestro “catálogo de posesiones”?… En este camino hablaba con otro peregrino sobre las películas “Casablanca” y “Memorias de África”… Él me decía que eran historias complicadas de ver por cómo se desarrollaban los acontecimientos… Pareciera que acaban mal, porque no “fueron felices y comieron perdices”… Sin embargo, son grandes enseñanzas de amor… En «Casablanca» Rick deja marchar a Ilsa, respetando su vida, sus tiempos, sus necesidades… Pedirle que se quedara habría sido una gran demostración de egoísmo (te quiero, pero en mi jaula… no quiero que vueles…). ¡Cómo cambiaría el mundo si nos quisiéramos como Dios nos quiere: LIBRES!

Y Dios te llama por tu nombre… He hablado alguna que otra vez con personas consagradas o con laicos de la experiencia de sentir que Dios te llama por tu nombre, pero nunca como en este viaje me había sentido personalmente interpelada, llamada, mirada por Él. La experiencia es incomparable, inexplicable, abrumadora… Y, ante eso, la respuesta sólo puede ser el seguimiento…

Dios está entre los pucheros… Los que nos llamamos cristianos tendemos a veces a buscar (en ocasiones con desesperación) a Dios en iglesias, catequesis, libros; entre los curas y las monjas… Y Dios se nos regala desbordándose como un río a lo largo del camino de la vida… A veces el rostro de Dios se ve en quien más alejado cree estar de la Iglesia… y a veces quienes decimos representarla y defenderla encarnamos al maligno con nuestras actitudes… No quiero decir con esto que no debamos fortalecer nuestra relación con Dios con la oración, poniéndonos en su presencia (es básico tener momentos de intimidad con los AMIGOS). De hecho, uno de los regalos que este camino me ha brindado fue la posibilidad de vivir una eucaristía en la que la única feligresa era yo: un instante de profunda conexión con Dios y con la Virgen y un incontenible agradecimiento a ese sacerdote que generosamente se me dio… (“Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” Mt 18,20) Pero también digo que si somos curiosos, si vamos por la vida con el alma abierta y sin prejuicios, si nos fijamos en todo con la inquietud y la sorpresa de un niño, descubriremos que, como decía Santa Teresa de Jesús, Dios está en los pucheros…

Dios es orgásmico. Esta frase se la dije yo en este camino a cuatro personas que precisamente declaraban haber estado o estar apartados de la Iglesia. Puede sonar fuerte (y, si alguno se siente escandalizado, lo lamento). Pero Dios nos quiere plenos, saciados (“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” Jn 10, 10). Así que, (“¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?” Lc 24,5) Siento que Dios nos interpela a vivir intensamente, sin celofanes, sin ataduras, en medio del mundo…

Sobre amor y miedos. Mi amigo Vicente dice que el amor puede con los miedos. Y un sacerdote alemán me dijo en otro tramo que hice del Camino que los miedos son signos del maligno. Cuando uno se siente muy amado, se abandona, se entrega sin reservas, sin estrategias… En la Iglesia de Santiago de Logroño vimos una imagen románica de la Virgen con el niño en brazos. El maravilloso hospitalero de la parroquia (otro ángel de nuestro camino) nos explicó con extraordinaria pasión que se trataba de una imagen especial porque, además de ser absolutamente rompedor en esa época que el niño apareciera completamente desnudo, se reflejaba perfectamente el semblante de un bebé totalmente abandonado y dormido en los brazos de su madre. Pues bien, todos llevamos sellada nuestra credencial de HIJOS AMADOS DE DIOS… Cuando somos capaces de sentirlo así, la respuesta no puede otra que agradecer, abandonarnos en sus manos protectoras y dar gratis lo que gratis recibimos… (“Tu vara y tu cayado me infunden aliento” Salmo 23,4)

Efectivamente, era difícil sintetizar tanto y este post ha acabado siendo especialmente largo… Espero que, al menos, os haya resultado provocador e interesante.

Me gustaría que quienes leéis este blog compartáis, si queréis, sensaciones, sentimientos, vivencias… que os hayan podido resonar al leer estas líneas…

Gracias y ¡BUEN CAMINO PEREGRINOS!

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    4 Comentarios Dejar comentario

    1. Sara #

      Hola!!

      He encontrado tu blog por casuaidad, pero me alegro de haberlo hecho, porque me gusta lo que he leido por ahora 🙂

      Respecto al camino, yo lo hice el año pasado, y entiendo perfectamente lo que dices de experiencia catárquica, porque para mi lo fue: yo no voy a misa ni nada de eso, la verdad es que no me considero muy religiosa, en mi casa no me han educado mucho en lo religioso, más alla´de que estoy bautizada, e hice la comunión a las 8 años, como casi todos los niños de este país. Pero , durante el camino, creo que tuve mi primera experiencia personal con Dios, y fue, como tú titulas esta entrada del blog: un chute de vida, un descubrir que ya nunca más voy a estar sola, y también una exigencia de empezar a ser más honesta conmigo y con los demás, más libre desde el no mirarme tanto mi ombligo, sino mirar alrededor y dar más de mi a los otros.

      Me gusta lo que dices de que Dios nos llama por nuestro nombre, porque es brutalmente real y, al menos en mi caso, ha supuesto un encuentro muy especial con El, y el comienzo de una conversación diaria con El que me da la vida, creo que no sería capaz de recitar el Padrenuestro bien, y ya no me acuerdo como era el Avemaria, pero para mi rezar es más un compartir mi día a día con El, como hice durante el camino, y eso me vale.

      En fin, que me he enrollado mucho, lo siento, pero al leerte me ha surgido escribir esto.

      Gracias por hacer este blog y que te vaya todo bien.

      Besos,

      Sara

      • echadlared #

        Mil gracias por tu comentario, Sara, y, sobre todo, por compartir tu experiencia.
        Estoy de acuerdo contigo en que el Camino nos ayuda a eliminar certezas y a descentrarnos de nuestros ombligos… lo que facilita ese encuentro personal con Dios: creo que Él nos llama siempre por nuestro nombre (a todos y cada uno de nosotros), pero nosotros no siempre estamos conectados…
        También coincido contigo en que rezar es bastante más que recitar oraciones… es compartir la vida con Él… Ese descubrir que no estamos solos, ese sentirnos interpelados personalmente provoca una comunión con los demás y una vida más plena…
        Me alegro de que hayas descubierto el blog y te invito a que sigas leyéndonos y haciendo comentarios. ¡¡No sabes cómo se agradecen!!
        Gracias!!!

    2. Toñi #

      Gracias por compartir esta experiencia, por contarla tan bien, por transmitir tantas sensaciones. El Camino nos permite, a mi modo de ver, eliminar lo superfluo y dedicar tiempo, concentrarnos, en lo realmente importante: la naturaleza en todo su esplendor, la calma, el silencio… a no pensar en lo innecesario, a mirarnos hacia adentro -por feo o bonito que sea, es lo real-, a dejarnos mecer por el viento que nos lleva y nos trae a otros caminantes o ribereños que seguro nos aportan algo especial. A aceptar tal cual es la gente que nos encontramos… Y, una cosa importantísima, a acercarnos al mundo como hacen los niños: con inocencia, con sorpresa, con interés por descubrirlo todo, disfrutarlo todo. La vida para un niño es una aventura continua, una sucesión de descubrimientos y retos maravillosos, pero con los años olvidamos esa capacidad. Una lástima. En el Camino recuperamos esa frescura, trocamos los ojos por los de un niño para asombrarnos por todo, absorberlo todo, preguntarlo todo y disfrutarlo todo, para eliminar prejuicios y aceptar a los que llegan hasta nosotros así como vienen: sin juzgarlos ni catalogarlos, mirando sólo a lo que dicen sus ojos. Ojalá pudiésemos trasladar esa forma de sentir el mundo a nuestro ritmo cotidiano.

      • echadlared #

        Gracias por tu comentario, Toñi.
        Estoy de acuerdo contigo en que es una experiencia vital maravillosa, si uno se deja penetrar (aunque a veces duela)… una aventura que nos descubre lo maravillosa que es la creación (la naturaleza, las personas y nosotros mismos)…
        Y también coincido contigo en que el gran reto es trasladar esa forma de sentir y de vivir a nuestro ritmo cotidiano…
        Gracias de nuevo por tu comentario y por el seguimiento…