En la mirada amorosa de Jesús

El día de hoy, 19 de Marzo de 2013, fiesta de san José, marca el comienzo del pontificado del Papa Francisco (hasta hace unos días, Cardenal Jorge Mario Bergoglio). Los medios de comunicación de todo el mundo han puesto su mirada en el Vaticano durante el mes que ha transcurrido entre la renuncia de Benedicto XVI y la elección del nuevo Papa, Francisco.

Se hacían pronósticos y toda clase de conjeturas sobre las razones para esa renuncia y para esta elección. Pero la realidad es que hemos sido testigos de actos, gestos y palabras sorprendentes por su sencillez. En la despedida discreta y humilde de Benedicto XVI y en la llegada del Papa Francisco, con su cercanía y humanidad, hemos vivido acontecimientos históricos que nos dan una nueva perspectiva de cómo es Dios con nosotros; un Dios cercano accesible, compasivo y misericordioso, que se nos da en Jesús “En aquel tiempo, exclamó Jesús: ‘Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mí Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar’” Mt 11, 25-27

Los ojos de millones de personas estaban pendientes de una chimenea, del desenlace de momentos intensos de oración para analizar desde nuestros puntos de vista humanos algo que nos desborda, porque se trata de la presencia y bondad de Dios con sus hijos en este momento de la historia que nos toca vivir.

El Papa Francisco ha tomado el nombre del gran santo que fue Francisco de Asís. Parece que quiere inspirarse en la autenticidad del Evangelio, que el santo se proponía como norma de vida. También los gestos y palabras del Papa desde el comienzo de su pontificado marcan una línea para vivir la fe y la misión de la Iglesia.

Nos ha pedido que oremos por él y por el mundo: El proverbio dice «a Dios rogando y con el mazo dando». Ésta es la traducción popular del principio que nos dejó un gran santo español, san Ignacio de Loyola: «Confiar en Dios como si todo dependiera de él; y al mismo tiempo trabajar como si todo dependiera de nosotros».

También nos llama para que miremos a todos con amor como nosotros somos mirados por Dios y ha condensado en esta mirada que dignifica e impulsa la esencia de lo que los cristianos llamamos vocación como lema de su pontificado: Jesús “lo miró con misericordia y lo eligió”. En la mirada amorosa de Jesús nos apoyamos nosotros para saber mirar y tratar a Dios con total confianza y a los demás como hermanos, especialmente a los más pobres y necesitados de amor, misericordia y justicia. Así seremos fieles a la misión evangelizadora en nuestras vidas concretas, anunciando a Jesucristo, nuestro hermano y salvador.

La Iglesia del siglo XXI se siente solidaria con la sociedad actual afectada por problemas de desigualdad, hambre, injusticias, enfermedades, corrupción, abusos, discriminaciones, violencias. Todos experimentamos circunstancias de sufrimiento físico y emocional, en lo personal, en lo familiar o en lo laboral. Por eso la Iglesia hoy mira a Cristo y lo anuncia como luz y misericordia para todos los hombres y mujeres del mundo: “Así pues, nosotros, rodeados de una nube de testigos, desprendámonos de cualquier carga y del pecado que nos acorrala; corramos con constancia la carrera que nos espera, fijos los ojos en el que inició y consumó la fe, en Jesús. El cual sufrió la cruz y se ha sentado a la diestra del trono de Dios” Heb 12, 1-2.

Ahora que estamos a punto de empezar la Semana Santa, pongamos nuestros ojos en Jesús para sentir y comprender que vivimos en su mirada amorosa y en ella encontramos la misericordia y el abrazo de Dios Padre.

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