Audio-homilía: La transfiguración: mientras oraba el aspecto de su rostro cambió…

Este evangelio es una catequesis de lo que puede dar de sí la oración cristiana. La oración es la forma que tiene el cristiano de respirar. Es algo vital para la vida del creyente, porque si no dialogamos cara a cara con Dios, vivimos solo con nuestras fuerzas y nuestros criterios. La oración nos da una nueva mirada sobre la realidad.

Este pasaje nos presenta a Jesús yendo a la montaña a orar. La montaña es un símbolo del alejamiento del bullicio.

Jesús quería enseñar a los discípulos a orar. Y no hay otra forma de aprender a orar que intentarlo. Es una experiencia personal y solo se puede llevar a cabo cuando cada uno se atreve a hablar con Dios directamente.

Se trata de encontrarse a solas con Dios, como Moisés y Elías hicieron. Y, cuando uno dialoga con Dios, irradia claridad. Moisés y Elías, por su trayectoria, tenían toda la autoridad del mundo para dialogar con Jesús. Moisés y Elías le enseñan a Jesús que ahora Él tiene que hacer la voluntad de Dios, le anticipan la pasión y muerte que vivirá en Jerusalem. Ellos son testigos de que el Dios de las promesas no falla y por eso dialogan con Jesús, para darle ánimo y motivación ante lo que le espera.

Tras esta experiencia, la reacción de los apóstoles es absolutamente humana: poseamos este momento, quedémonos aquí, olvídemonos de los demás… El amor humano es tan olvidadizo y tan cortoplacista que no se compromete con casi nadie.

Jesús en este diálogo con los hombres de Dios y después con sus discípulos se da cuenta de que está solo frente al Señor.

Teresa de Ávila dice que la oración es tratar de amistad muchas veces a solas con quien sabemos que nos ama.

Jesús salió reforzado de este momento, bajó del Tabor con la seguridad de que si necesitaba fuerzas y motivación se las tenía que pedir a Dios.

Cuando no tenemos claridad, cuando nos puede el cansancio o la tristeza, pidamos fuerzas al Señor y con esa fuerza caminaremos para lograr hacer su voluntad.

Audio-homilía: La transfiguración: mientras oraba el aspecto de su rostro cambió…

Evangelio según San Lucas

Unos ocho días después de decir esto, Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar.
Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante.
Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías,
que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.
Mientras estos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». El no sabía lo que decía.
Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor.
Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo».
Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo. Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto.

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