Escondido para el mundo

Esta semana se iniciaba con la noticia de la renuncia de Benedicto XVII. El Santo Padre reconocía su «falta de fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio de Pedro».

El anuncio constituyó una auténtica sorpresa para todos. Mucho se está escribiendo y hablando en estos días sobre el Papa, sobre los motivos que le han llevado a tomar esta decisión, sobre cómo se articulará su despedida, sobre los candidatos a su sucesión, sobre la nueva etapa que se abre en su vida y en la de la Iglesia… Medios de comunicación de todo el mundo han desembarcado en Roma, ansiosos por conocer todos los detalles de esta renuncia y del periodo inédito que se abre en la Iglesia.

Pero quizá no estamos reflexionando suficientemente sobre los aspectos y las actitudes que a través del Papa Dios nos quiere transmitir.

En mi modesta opinión hay cinco valores que Benedicto XVI ha mostrado con gran claridad: honestidad y humildad, valentía, clarividencia o visión estratégica y total confianza en Dios.

Honestidad y humildad. No estamos acostumbrados en estos tiempos a que alguien que ostenta un enorme poder reconozca sus debilidades. Los casos son tan escasos como maravillosamente reseñables. Que un hombre que ha sido elegido de forma vitalicia para regir los destinos de una institución tan grande como la Iglesia confiese que no tiene fuerzas es un signo claro de honestidad y, al mismo tiempo, de humildad. Si, además, la renuncia es auténtica y radical, si quien ha recibido todo tipo de honores y ha sido aclamado como sucesor de Pedro y representante de Dios en la tierra por millones de personas cambia todo por una vida apartada, por retirarse a orar y por estar escondido del mundo, la lección es suprema. ¿Cuántas veces asistimos a renuncias a cargos de poder que en realidad enmascaran un deseo de gobernar en la sombra y sin desgastes, de manejar el poder a través de «delfines» a los que se pretende manejar y sobre los que las injerencias son constantes y tremendamente dañinas? Benedicto XVI se retira, renuncia al cargo y «escondido para el mundo» orará por su sucesor, sin intervenir en público en la vida de la Iglesia. ¡Tremenda lección de humildad!

Valentía. La decisión de renuncia al ministerio de Pedro es novedosa: estamos ante el primer Papa que renuncia en 600 años. Y lo hace por motivos de salud, situación sobre la que no existe precedente. La decisión de Benedicto XVI contrasta de forma clara con la de su predecesor, el carismático y popular Juan Pablo II, que optó por «cargar con la cruz» de una enfermedad que le limitó hasta el extremo. Son dos caras de una misma moneda: el servicio a Dios y a los demás. Ninguna mejor ni más sencilla de llevar a cabo.
Es evidente que Benedicto XVI ha sido muy valiente. Es curioso que un Papa al que se ha criticado por su conservadurismo tome una decisión tan rompedora, marcando el camino de la reflexión en la Iglesia. ¿No sería conveniente que los Papas tuvieran una edad menos avanzada? ¿No se debería llegar a un equilibrio entre madurez, experiencia y fortaleza mental y física?

Clarividencia o visión estratégica. El Papa ponía el acento en su comunicado de renuncia en el hecho de que el mundo actual está «sujeto a cambios muy rápidos y sacudido por cuestiones de profunda relevancia para la vida de la fe». Benedicto XVI, que nunca ha rehuido ningún tema por espinoso, complejo o vergonzoso que fuera, ha sabido leer la realidad y dejar claro que el Papa necesita «fortaleza de mente y de cuerpo». En el mundo actual de la globalización, de las redes sociales, de la crisis económica y de valores… los acontecimientos se suceden de forma vertiginosa y no es fácil ocuparse de lo urgente y, al mismo tiempo, no dejar de lado lo importante. Benedicto XVI ha demostrado que, además de ser un hombre estudioso y con una enorme sabiduría, vive sin despegar los pies de la realidad.

Confianza en Dios. El otro día, en una de las tertulias en las que se debatía la renuncia del Papa, alguien decía que no le cabía duda de que esta decisión, además de meditada, había sido muy orada. Estoy convencida de ello. Benedicto XVI, que cuando fue elegido Papa hace 8 años se preparaba para retirarse y dedicarse a la oración, el estudio y la lectura, aceptó la inmensa tarea que se le encomendaba y sólo el más que evidente deterioro físico (que no mental ni intelectual) le han hecho renunciar. Una persona tan metódica y racional como el Papa actual no renuncia en caliente, sino después de meditar y poner en manos del Señor cada paso y cada determinación.
Esa misma confianza en Dios es la que nos debe guiar a todos los cristianos en este momento de incertidumbre. La barca de Pedro, gobernada por hombres con la fuerza del Espíritu Santo, se mantiene desde hace miles de años con un motor divino. No olvidemos nunca que es Dios el que gobierna la barca, aunque sean hombres los que lleven el timón. No nos dejemos llevar (ni en este ni otros asuntos) por lo que nuestra mente cortoplacista nos dice. Confiemos…

Sólo resta agradecer a Benedicto XVI su labor, su legado, su trabajo, sus decisiones, sus escritos y este paso final que supone un tremendo ejemplo para el mundo actual.¡Gracias Santo Padre!

Por último, no olvidemos que a partir del marzo Benedicto XVI seguirá estudiando, orando y apoyando a la Iglesia… eso sí, «escondido para el mundo».

«…Y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará» Mateo 6, 6

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