El lenguaje de la cruz

Introducción. Cada vez que oigo las palabras evangelización, misión, anuncio o comunicación siento que se habla de algo muy cercano, importante y esencial en mí vida; algo que me constituye, que me identifica, que me surge desde lo más profundo del corazón… Y que, al mismo tiempo, se convierte en un reto, en una dificultad… en algo que no sabemos hacer demasiado bien, cuando muchísima gente rechaza abiertamente la religión: hostilidad explicita, aversión a todo lo sagrado y trascendente, desconfianza en las altas estancias eclesiásticas, sospecha de todo lo que supongan verdades absolutas. Son tiempos duros para anunciar una palabra muy pobre, muy sencilla, muy escuchada: que solo el amor sana y cura, que solo el perdón y la misericordia salvarán al mundo. Y se despierta el deseo más sincero de encarnar la mirada de cariño y de compasión que nos regala el Señor cuando pasaba entre los pueblos y las aldeas. Renovada la certeza que nace de la experiencia de que, cuando uno se siente enviado por Jesús, las puertas de los corazones se abren, sin resistencia, sin apoyarnos en fuerzas humanas, sino en el poder del Espíritu de Dios.

Lo que Dios nos dice. «Jesús recorría todos los pueblos y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando la buena noticia del reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la gente, sintió compasión de ellos, porque estaban cansados y abatidos como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos:-La mies es abundante, pero los obreros son pocos. Rogad por tanto al dueño de la mies que envié obreros a su mies». Mt 9,35-38. Compartir la buena noticia de Jesús sólo puede nacer de conocer a las personas a las que la vida nos asocia y de tener la seguridad que hay respuesta a todas sus necesidades en la forma de vida que nos ofrece la fe. La misión es cuestión de amor. La sinceridad de lo que vivimos y de lo que compartimos es lo que despierta la confianza de los que nos acogen.
«Porque anunciar el evangelio no es para mí un motivo de gloria; es una obligación que tengo, ¡y pobre de mí si no anunciará el evangelio! Merecería recompensa si hiciera esto por propia iniciativa, pero si cumplo con un encargo que otro me ha confiado ¿dónde está mi recompensa? Está en que, anunciando el evangelio, lo hago gratuitamente, no haciendo valer mis derechos por la evangelización». 1ª Cor 9,16-18.
En estos días en Roma se han reunido los obispos en un sínodo sobre la Nueva Evangelización, expresión que utilizaba mucho Juan Pablo II y que Benedicto también señala como el principal reto que tiene la Iglesia de nuestro tiempo. Buscar ofrecer la experiencia de la fe, con un nuevo impulso, una nueva expresión, un nuevo ardor y un nuevo método. Creo que la preocupación de nuestra Iglesia es la misma que tengo yo. Cómo algo tan valioso, tan grande como la experiencia de conocer al Señor, su palabra, su vida, su amor, tiene tan pocos oyentes y seguidores. «El lenguaje de la cruz, en efecto, es locura para los que se pierden; mas para los que están en vías de salvación, para nosotros, es poder de Dios. Como está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios y haré fracasar la inteligencia de los inteligentes. ¡A ver! ¿Es que hay alguien que sea sabio, erudito o entendido en las cosas de este mundo? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo? Sí, y puesto que la sabiduría del mundo no ha sido capaz de reconocer a Dios a través de la sabiduría divina, Dios ha querido salvar a los creyentes por la locura del mensaje que predicamos. Porque mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos. Mas para los que han sido llamados, sean judíos o griegos, se trata de un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo que en Dios parece locura, es más sabio que los hombres; y lo que en Dios parece debilidad, es más fuerte que los hombres». 1ª Cor 1,18-25. Nuestra forma de acercarnos a nuestro mundo debe desbordar de humildad y de sincera actitud de servicio. No podemos ir desde la superioridad de quien se siente poseedor de la verdad, considerando a todos los demás unos ignorantes. Nuestro mensaje es verdad en la medida que se vive, no que se sabe. La verdad solo se verifica en el amor. Si no soy capaz de amar a la gente a la que Dios me envía, es imposible que mi mensaje se acoja y se crea. Sólo el amor es digno de credibilidad y nuestra nueva evangelización será eficaz en la medida que nos insertemos, que nos interese de verdad lo que están viviendo nuestros hermanos, que nos preocupe y nos despierte las ganas de cuidar a la gente y lo que vive. «Siendo como soy plenamente libre, me he hecho esclavo de todos, para ganar a todos los que pueda. Me he hecho judío con los judíos, para ganar a los judíos; con los que viven bajo la ley de Moisés, yo, que no estoy bajo esa ley, vivo como si lo estuviera, a ver si así los gano. Con los que están sin ley, yo, que no estoy sin ley de Dios pues mi ley es Cristo, vivo como si estuviera sin ley, a ver si también a éstos los gano. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles. He tratado de adaptarme lo más posible a todos, para salvar como sea a algunos. Y todo esto lo hago por el evangelio, del cual espero participar». 1ªCor 9,19-23.

Cómo podemos vivirlo. La actitud de escucha, de cercanía, de ausencia total de juicios y de rechazos es algo que tenemos que integrar en nuestra vivencia de la fe. La vida nos ofrece innumerables ocasiones para ser testigos de nuestra experiencia del Señor. En el autobús, haciendo cola frente a alguna ventanilla, en la compra, o en el bar… Todo es terreno sagrado en el que podemos, con gratuidad y con ausencia total de interés, compartir gratis lo que hemos recibido gratis. Hablar de corazón del amor que diariamente recibimos de nuestro buen Dios. Ojalá que nos sintamos cada día más obreros de la mies.

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    2 Comentarios Dejar comentario

    1. La última escuelilla ya está en el blog. http://t.co/ZWwIVIYj. Os recordamos que nos podéis seguir también en Facebook https://t.co/QFLOQpvu

    2. Nueva Escuelilla de Vicente Esplugues en el blog. La vida nos ofrece innumerables ocasiones para ser testigos de… http://t.co/VZmRDPSf