Un retiro, una experiencia de encuentro: “Señor, enséñanos a orar”

Los discípulos acompañaban a Jesús y le veían dedicar muchos ratos a la oración; uno de ellos le pidió que les enseñara a orar. La oración cristiana por excelencia es el Padrenuestro, su contenido no es una devoción sino todo un estilo de vida, un modo de ser y relacionarse. “Una vez estaba en un lugar orando. Cuando terminó, uno de los discípulos le pidió: —Señor, enséñanos a orar. Jesús les contestó: —Cuando oréis, decid: Padre, sea respetada la santidad de tu Nombre, venga tu reinado; danos hoy el pan de mañana; perdona nuestros pecados como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes sucumbir a la prueba”. (Lc 11, 1- 4)

He empezado a escribir este post en medio de unos días de retiro en un ambiente propicio para el silencio, la oración y el descanso. Las casas religiosas dedicadas a ofrecer retiros y ejercicios espirituales suelen tener espacios libres con jardines, algunas incluso están en entornos naturales que ayudan para pacificar el ánimo y encontrarse a fondo con Dios.

Del mismo modo que en el Evangelio vemos a Jesús dedicando tiempos largos a la oración, en nuestra vida descubrimos la necesidad de cultivar nuestra espiritualidad, de orar. La expresión “ejercicios espirituales” puede sonar a algunos como cosa de curas y de monjas, pero no es así. Hay grupos abiertos donde pueden participar matrimonios, personas seglares solteras o viudas, jóvenes… Se trata de encontrar la oportunidad de dedicar unos días para descubrir a Dios en la propia vida y adentrarnos en su amor misericordioso.

Otra reacción que puede producirnos el pensar en unos ejercicios espirituales es que hemos de hacer algo complicado o extraño, sin embargo santa Teresa decía que orar es sencillamente “hablar de amor con quien sabemos que nos ama”. Para ello, y a pesar del silencio, la persona no está sola pues en los grupos suele haber uno o dos acompañantes que guían en el modo de hacer oración; y además el creyente tiene la ayuda del Espíritu Santo.

Me han dicho en estos ejercicios que todos nosotros somos ejercitantes. Estamos constantemente haciendo algún ejercicio: para respirar, andar, hablar… En definitiva, para cualquier actividad física o mental nos ejercitamos; del mismo modo nuestro espíritu necesita un entrenamiento, una puesta a punto. El ejercicio de nuestro espíritu es la vida de fe que se nutre de la oración y la relación personal con Dios a través de su Palabra y de los sacramentos. Los efectos beneficiosos de este ejercicio son los frutos de paz, de conversión, de esperanza y de amor que se dan en nosotros y a nuestro alrededor.

Existen espacios y páginas en Internet en las que se dan a conocer lugares bonitos para visitar y para realizar actividades lúdicas y de ocio. Mi experiencia de estos días de retiro me ha impulsado a animar a todos los que tengan la oportunidad para dedicar unos días a esta experiencia y a encontrar en su vida diaria un poco de tiempo para orar. Se puede seguramente encontrar información sobre posibles grupos para participar en las parroquias y en algunas comunidades cristianas.

Dios, nuestro Padre, tiene tantos caminos como personas para llegar a nosotros del modo que más lo necesitamos, pero respeta nuestra libertad y espera el momento en que nosotros queramos acogernos a su Amor. “Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo al padre: Padre, dame la parte de la fortuna que me corresponde. Él les repartió los bienes. A los pocos días, el hijo menor reunió todo y emigró a un país lejano, donde derrochó su fortuna viviendo como un libertino. Cuando gastó todo, sobrevino una carestía grave en aquel país, y empezó a pasar necesidad. Fue y se puso al servicio de un hacendado del país, el cual lo envió a sus campos a cuidar cerdos. Deseaba llenarse el estómago de las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitando pensó: —A cuántos jornaleros de mi padre les sobra el pan mientras yo me muero de hambre. Me pondré en camino a casa de mi padre y le diré: He pecado contra Dios y te he ofendido; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Trátame como a uno de tus jornaleros. Y se puso en camino a casa de su padre. Estaba aún distante cuando su padre lo divisó y se enterneció. Corriendo, se le echó al cuello y le besó. El hijo le dijo: —Padre, he pecado contra Dios y te he ofendido, ya no merezco llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: —Enseguida, traed el mejor vestido y vestidlo; ponedle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traed el ternero cebado y matadlo. Celebremos un banquete. Porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado. Y empezaron la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Cuando se acercaba a casa, oyó música y danzas y llamó a uno de los criados para informarse de lo que pasaba. Le contestó: —Es que ha regresado tu hermano y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado sano y salvo. Irritado, se negaba a entrar. Su padre salió a rogarle que entrara. Pero él respondió a su padre: —Mira, tantos años llevo sirviéndote, sin desobedecer una orden tuya, y nunca me has dado un cabrito para comérmelo con mis amigos. Pero, cuando ha llegado ese hijo tuyo, que ha gastado tu fortuna con prostitutas, has matado para él el ternero cebado. Le contestó: —Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. Había que hacer fiesta porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado”. (Lc 15, 11- 32)

Un retiro no trae la solución inmediata a nuestras preguntas y dificultades, ni nos vuelve unos angelitos; sin embargo nos ayuda a encontrarnos con nosotros mismos y con nuestro Creador. Tampoco la oración es un rato de bienestar como huída intimista de la realidad. Lo cierto es que de ese encuentro personal que se hace diálogo de confianza y amistad, sales siendo tú mismo pero renovado porque el contacto con el Señor te hace volver a la vida diaria enfocándola con la luz y la fuerza de su Amor por ti. Como decía Juan Pablo II: “No tengáis miedo. Abrid la puerta a Cristo”.

Comparte este post

    Etiquetas: , , , , , , , , , , , , ,

    votar

    1 comentario Dejar comentario

    1. En el blog hablamos sobre los retiros: una experiencia más que recomendable de encuentro con nosotros mismos y con Dios http://t.co/bNIwAG1T