Vete en paz

Introducción. Vengo de confesar en un colegio cercano a mi parroquia. Era una clase de chavales de cuarto de ESO y la verdad es que vengo feliz. Me parece tan maravillosa la posibilidad que nos regala Jesús de reconciliarnos con nosotros mismos, con los demás y con Dios. La posibilidad de mirar de frente nuestra vida: los errores, las omisiones, las meteduras de pata, y que lo que encontremos no sea el reproche, el juicio, la condena, sino el ánimo, el aliento y el deseo de seguir caminando cada vez más cerca del buen Dios que nos cuida y nos salva. Porque el error, la equivocación, el rencor, el odio, la mentira, la calumnia, la crítica sin fundamento y el orgullo son elementos que acompañan nuestras vidas y nuestras relaciones. Son lugares comunes de la experiencia humana, y aprender a vivir el fracaso y el ridículo con esperanza y con misericordia, y no con juicio y sentencia es algo que libera y sana. “Hablad y actuad como quienes van a ser juzgados por una ley de libertad, pues el juicio será sin misericordia para quien no practicó la misericordia; la misericordia triunfa sobre el juicio”. Stgo 2,12-13.
Una de las personas me ha contado una historia entrañable, de un amor imposible, a distancia, enfrentamiento con sus padres, desobediencia movida por el amor, proyectos, sueños… Y de verdad que he sentido como un regalo el poder compartir las entrañas de amor de Dios, que es Padre y Madre. Me enternecía escuchar la ilusión y el brillo que desprendían esos ojos al hablar de lo que le estaba pasando que es propia de esa edad, pero que escasea tanto en la mía. Donde no se ven peligros, ni dificultades, ni la palabra imposible se entiende. Todo era decisión, fuerza, ilusión de apostarlo todo por ese amor que merece dejarlo todo. Y me salía espontáneamente compararlo con otros diálogos de gente más mayor que tiene como ingredientes principales la queja, la decepción y el escepticismo… La duda y la sospecha de todo lo que huela a oferta de felicidad, a respuesta salvadora a todos nuestros interrogantes. Si el paso de los años nos frunce el ceño y nos envejece el corazón, si vivir sólo provoca la erosión de las ilusiones, me entristece profundamente. Porque precisamente el paso de los años nos tiene que servir para experimentar de forma gozosa que se van cumpliendo todas las promesas que Dios nos ha ido haciendo a lo largo de una vida. Yo puedo afirmar sin engaño que estoy recibiendo mucho más de lo que nunca pensé. Ciento por uno en amistades, en palabras de corazón, llenas de verdad y de vida, en familias, en alegrías, en experiencias felices y satisfactorias. Ciento por uno en lugares donde me siento útil y amado. Ciento por uno también en sufrimientos y en lágrimas, no sólo mías, sino de todas las gentes que me las confían, pero todos esos sufrimientos están envueltos de la esperanza y de la promesa de resurrección con que el Señor nos acompaña.
Lo que Dios nos dice. “Oíd, sedientos todos, acudid por agua; venid, también los que no tenéis dinero: comprad trigo y comed, venid y comprad, sin dinero y de balde, vino y leche. ¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad vuestro oído, venid a mí: escuchadme y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetúa, las misericordias firmes hechas a David: lo hice mi testigo para los pueblos, guía y soberano de naciones. Tú llamarás a un pueblo desconocido, un pueblo que no te conocía correrá hacia ti; porque el Señor tu Dios, el Santo de Israel te glorifica”. Is 55,1-5.
Buscando la paz en el corazón, la serenidad y la calma que da el saberse acompañado y amado, nos dejamos fortunas. Terapeutas, autoayuda, psicólogos, psiquiatras, maestros de yoga, de zen, sexólogos, astrólogos, regresiones y viajes astrales, energías y piedras milagrosas, masajes, reikis, fen shuis y vinoterapias… Llamamos a las puertas de cualquiera que nos pueda ayudar a tener paz. Y la reconciliación se ofrece gratuitamente donde siempre. En esa mirada liberadora y amable de quien nos recuerda que no nos condena. “Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna, Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”. Jn 3, 16-17. En esa vieja institución que es la Iglesia católica, que tantos dan por muerta, por obsoleta, por trasnochada. Pues en ese embalaje tan poco atractivo, en ese barro poco valioso, se esconde el tesoro de la oferta franca, clara, directa. Vete en paz, yo te perdono de todos tus pecados. De todos.
“Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz, se fió de mí y me confío este ministerio, a mí, que antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí porque no sabía lo que hacía, pues estaba lejos de la fe; sin embargo, la gracia de nuestro Señor sobreabundó en mí junto con la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús. Es palabra digna de crédito y merecedora de total aceptación que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero; pero por esto precisamente se compadeció de mí; para que yo fuese el primero en el que Cristo Jesús mostrase toda su paciencia y para que me convirtiera en un modelo de los que han de creer en él y tener vida eterna”. 1ª Tim 1,12-16.
Cómo podemos vivirlo. Viniendo de un cura decir que es una maravilla confesarse suena a búsqueda de clientela. Muy lejos de esa intención, una manera muy concreta de experimentar el abrazo misericordioso de Dios hacia nuestra humanidad es acercándonos al sacramento de la reconciliación. Al poder experimentar la voz de Dios, que por boca del sacerdote nos renueva, oímos que podemos vivir en paz, porque nuestra historia de pecado, de sufrimientos, de dolor, es asumida por Jesús, que carga con ella y nos devuelve la nueva oportunidad de volver a caminar con la alegría de sentirnos nuevos.

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    1. En el blog, sobre el sacramento de la reconciliación: Jesús carga con nuestro sufrimiento y nos ayuda a renovarnos http://t.co/TrKnzXPy