Ojos enamorados

Cielo al atardecer en Siete Aguas (Valencia)

Cielo al atardecer en Siete Aguas (Valencia)

Introducción. ¡Qué diferencia tan grande hay al mirar la realidad que tenemos frente a nosotros, cómo pasamos los días, cómo nos encontramos y tratamos a las personas o los acontecimientos que vivimos, entre hacerlo con ojos de juicio, de interés, buscando eficacias, exigencias, resultados, frutos, cumplimiento de nuestros planes y de nuestras expectativas, o acercarnos a la misma realidad con el cuidado, la sorpresa, la alegría, y la gratuidad, de las que es portadora la mirada de Dios! Cuando el corazón lo tenemos lleno de vida y de amor y nos sentimos habitados por la inmensa gracia de Dios, la vida, por muy difícil y sufridora que se nos presente, somos capaces de entenderla como un regalo y como una ocasión. “Todo lo podemos en aquel que nos conforta” Flp 4,13. La oportunidad de aprender a vivir confiados, seguros, esperanzados, es algo nuevo a lo que no estamos acostumbrados. Las dificultades las entendemos como parte del camino y sirven para la manifestación de la bondad y de la misericordia de Dios. En cambio, sin esos ojos llenos de vida y sin el corazón lleno de confianza y de fe, todo lo que nos ocurre lo afrontamos desde la sospecha, desde la desconfianza. Vemos castigo, prueba, desgracia y sufrimiento gratuito, que nos supera, nos desborda, nos debilita y nos aleja de la posibilidad de acercarnos al corazón de Dios y de poseer la vida abundante que se nos promete.
Lo que Dios nos dice. “Y al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: Maestro, ¿quién pecó; este o sus padres, para que naciera ciego? Jesús contestó: Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifieste en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”. Jn 9,1-5. La pregunta de los discípulos nosotros también nos la formulamos muchas veces. Todo lo que sea enfermedad, desgracia, sufrimiento, dificultad, ¿dónde tiene su origen? ¿Quién es el responsable de todos los males y sufrimientos de nuestro mundo? ¿Es Dios quien lo manda? ¿Es un castigo, una prueba…? ¿Somos las personas quienes atraemos las desgracias? ¿Será el horóscopo, el tarot, el karma…? Y gastamos muchísimas energías y muchísimo tiempo en preguntarnos y en darle vueltas al porqué de todo.
Los ojos enamorados permiten ir más allá del dolor o de los problemas, sin olvidarlos y sin ignorarlos; informan de toda la cantidad de cosas buenas que a lo largo de una vida hemos vivido y recibido como regalo, y convierten nuestras desgracias en algo puntual, circunstancial. No son lo absoluto de nuestra existencia. Es como si, cuando sale un día gris, nublado o lluvioso, nos volviéramos escépticos sobre la existencia del sol y dudáramos de que volvamos a verle brillar.
“Entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quien era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa. El se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más. Jesús le dijo: Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”. Lc 19, 1-10. Este evangelio nos evidencia los dos tipos de miradas que se pueden tener ante la misma realidad. La mirada del juicio, la que condena, difama, rechaza y se siente incómoda con las circunstancias y con las personas… Aquella en la que siempre aparece la queja, la crítica, el chisme o la calumnia. ¡Cuánta energía se pierde diariamente dedicando nuestro tiempo a los malos amores, a los fallos, a los juicios de los demás! ¡Cuántas conversaciones estériles mantenemos a lo largo de un día, repitiendo hasta la saciedad los errores propios o de los demás, pero sin un mínimo de esperanza o de posibilidad de mejora o de redención! Sentenciamos con nuestros juicios y nuestros veredictos. Cuando nuestra atención y nuestro interés los podríamos invertir en los buenos amores que nos rodean, los amigos, la familia, los compañeros de trabajo, la comunidad de fe que se nos regala y que, a veces, por ser conocidos, dejamos de valorar y de apreciar. Nos acostumbramos pronto a lo bueno y nos deja de sorprender. Y sólo cuando lo perdemos lo echamos de menos y reconocemos la falta que nos hacían. La mirada enamorada de Jesús sobre Zaqueo y sobre toda la humanidad nos recuerda que somos mirados con cariño, saca lo mejor de nosotros. No juzga, no denuncia, no humilla. Se acerca, se manifiesta, derrocha amor, sana, cura, libera… Es la mirada de enamorado que alegra a todos lo que están cerca. Nosotros podemos aprender a mirar así, con cariño, independientemente de cómo seamos mirados, valorados, aceptados o rechazados por la gente.
Cómo podemos vivirlo. Hay otro encuentro de Jesús con un joven al que también miró con cariño. (Mc 10,17-22) Pero la respuesta se aleja muchísimo de la que vivió Zaqueo. El joven rico sintió que la mirada de Jesús era de exigencia, de pedirle que lo dejara todo, de apartarle de lo que él consideraba su tesoro, sus planes, su proyecto… Y se fue entristecido. Zaqueo, por el contrario, se abrazó a Jesús y sintió una profunda liberación al dejarlo todo para seguirle. Depende de a qué Jesús escuchemos, con qué Dios vivamos, cómo sintamos nuestra pertenencia a la Iglesia… que vivamos la mirada de Jesús como una extorsión, una carga pesada y un desgarro o como la visita más liberadora y más amorosa que conozcamos a lo largo de toda nuestra vida.

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    1. En el blog, nueva escuelilla de oración: la realidad cambia mucho en función de los ojos con que la miremos http://t.co/2rB7kJvt