Esperanzados

Estamos acercándonos al final del año litúrgico, y la Palabra de Dios, siempre oportuna, y la vida misma, con su intensidad, nos hacen una llamada a la esperanza.
Llevo varias semanas en las que me parece que el tiempo tiene como dos niveles. Cronológicamente, los días se llenan de tareas y responsabilidades que nos reclaman muchas energías y dedicación. Por su parte, en el tiempo vivido como “kairós”, es decir, como momento de gracia, la vida se remansa y adquiere un sentido profundo, luminoso. El tiempo de gracia de cada día me ayuda a vivir con más ilusión. Está hecho de los encuentros con los demás, los detalles de los que me quieren, las palabras amables que me dicen, las sonrisas de personas con las que me cruzo a diario.
Fijándome en los demás, me doy cuenta de que ellos también tiene esta experiencia: si llevas un día agotador, afuera llueve o hace frío y el tráfico ha sido una pesadilla; un gesto de un compañero que se interesa por ti o que te invita a un café es un respiro, un “kairós”. Una llamada o un mensaje te pueden conectar con la certeza de ser querido y tenido en cuenta.
Una actitud que nos ha de distinguir como cristianos es vivir esperanzados. “Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo os conceda un espíritu de sabiduría… que ilumine los ojos de vuestro corazón, para que conozcáis cuál es la esperanza a la que habéis sido llamados… la fuerza que Dios desplegó en Cristo al resucitarlo de entre los muertos y sentarlo a su derecha… por encima de todo poder y título en este mundo.” (Ef 1, 16-21)
No nos quedemos sólo en el tiempo cronológico con sus hechos y avatares, quejándonos de los males personales y sociales. Se trata de profundizar en esos pequeños destellos de la gracia de Dios que se nos cuelan en la realidad.
Seamos hombres y mujeres esperanzados con fundamento; porque vivimos conscientes del amor de Dios por nosotros y por todos; porque podemos confiar en nosotros mismos y en personas concretas; porque nuestros ojos saben ver la bondad que sigue adelante en medio de luchas y dificultades. “Estad siempre alegres en el Señor… Que nada os angustie; al contrario, en cualquier situación presentad vuestros deseos a Dios orando, suplicando y dando gracias. Y la paz de Dios, que supera cualquier razonamiento, guardará vuestros corazones y pensamientos por medio de Cristo Jesús.” (Fil 4, 4-8)
La esperanza no es un autoconvencimiento ilusorio. La esperanza cristiana es una actitud que conlleva apertura de corazón y de mente, una búsqueda genuina del bien y el deseo de hacer realidad lo que creemos y esperamos. Por el impulso de la esperanza no desistimos de atesorar valores auténticos, de practicar la solidaridad, el trabajo bien hecho, la compasión para con los débiles y necesitados; no desistimos de amar en contra de las corrientes del egoísmo y el odio.
Nuestra esperanza está en el encuentro personal con Jesús de Nazaret, que sale a nuestro encuentro como lo hizo con los caminantes de Emaús. “Aquel mismo día, dos discípulos se dirigían a una aldea llamada Emaús… iban hablando… y se hacían preguntas. Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: ¿Qué conversación es la que lleváis por el camino?. Ellos se detuvieron entristecidos… y contestaron: lo de Jesús el Nazareno que fue un profeta poderoso en obras y en palabras… ¿No sabes que los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y que lo crucificaron? Nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel. Sin embargo, ya hace tres días de esto. Es verdad que algunas de nuestras mujeres nos han sobresaltado, porque fueron temprano al sepulcro y no encontraron su cuerpo… Entonces Jesús… les explicó lo que decían de él las Escrituras. Al llegar a la aldea adonde iban… ellos le insistieron: quédate con nosotros, porque es tarde y está anocheciendo. Y él entró para quedarse. Cuando estaba a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron… (Lc 24, 13-31)
Quédate también con nosotros, Señor Jesús, que el horizonte se oscurece y necesitamos abrirnos a la esperanza.

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    6 Comentarios Dejar comentario

    1. En el blog, la esperanza cristiana no es ilusoria, sino que conlleva apertura de corazón y compromiso real http://t.co/l9rAT6IY

    2. Nerea #

      Muy buena reflexión, Pili. La esperanza de los que creemos en Jesús nos ayuda a seguir adelante y a ver esos kairós en el día a día, a pesar de las dificultades.

      Como Isaba, gracias por estar ahí, Echad la red.

      • echadlared #

        Gracias Nerea. Nos alegra que nos sigas y te agradecemos los ánimos. 😀

    3. Isaba #

      Muchas gracias por esta reflexión, que renueva la esperanza cuando lo que experimentamos a raudales es preocupación y desasosiego. Mantengamos los ojos abiertos a esos pequeños destellos de luz, de gracia de Dios. Ánimo, ‘Echad la red’. Ayudáis a mucha gente.

      • echadlared #

        Gracias Isaba, por seguirnos y por tus amables palabras. 😀

    4. En el blog, la esperanza cristiana no es ilusoria, sino que conlleva apertura de corazón y compromiso real http://t.co/l9rAT6IY