Alégrate, Soy Yo

Introducción. Este es el tiempo de Pascua, es el Kairós, es el tiempo oportuno, que comienza en la noche santa de la Vigilia Pascual. Estamos en el tiempo que toda la humanidad está esperando celebrar. Es el tiempo donde Dios responde a todo el sufrimiento, a todo el llanto, a todo el dolor, a tantas lágrimas derramadas a lo largo de la historia. Y responde a lo grande. Dios está feliz, como Jesús está feliz. Hay fiesta en el cielo como en la tierra. Es el tiempo de aprender a vivir resucitados.
De la misma manera que en la cuaresma aprendemos bien cómo caminar buscando la conversión y vivimos la insistencia y la tensión por librarnos de lo que no nos permite vivir felices, el tiempo de pascua también es puro dinamismo y aprendizaje. No es quedarnos parados como espectadores pasivos de lo que vive el Señor, sino prestar la colaboración necesaria para que la buena noticia llegue hasta los confines del mundo y que seamos capaces de reconocer cómo salimos de las muertes y nos decidimos por la vida.
Tenemos que compartir, celebrar, sentir, desde lo más profundo de nuestro ser que estamos bien hechos. Dios ha dicho su última palabra y es ¡VIVE! Humanidad, pueblos de la tierra, que a lo largo de los siglos habéis sido testigos del dolor, de la injusticia, de las guerras, de la muerte, hoy sois los destinatarios de la mejor noticia: “El Amor es más fuerte que la muerte. Grandes aguas no lo podrán apagar”. Cant 8,6.
La misericordia vence al juicio. El amor desvela su propia identidad y se nos muestra como pura gratuidad. No se ama como premio, como mérito, como conquista. Dios ama porque sí. Y la humanidad es amada porque sí. La paciencia de Dios es nuestra salvación. Y por muchas manchas oscuras a lo largo de los siglos, hoy Dios nos hace borrar todos los pecados y nos devuelve una oportunidad de vida inmaculada. Sin manchas de sangre, ni de llanto ni de duelo. Conviertes el luto en danzas. Y el cuerpo resucitado de Jesús sale del sepulcro, nos coge de la mano y nos ayuda a salir de nuestros sepulcros, esos a los que nos conduce nuestra vida miedosa. “Aunque vuestros pecados sean como escarlata, quedarán blancos como nieve aunque sean rojos como la púrpura, quedarán como la lana”. Is 1,18.

Lo que Dios nos dice. Es tiempo de experimentar en lo más profundo de nuestra vida que hay una vida que, llena de amor, vence a toda la oscuridad. Ha merecido la pena el esfuerzo. Ha merecido la pena todo el dolor que ha vivido Jesús porque, en su pulso sobre la maldad de lo humano, ha salido vencedor. ¿Es todo lo que sabéis hacer fuerzas del mal? ¿Es todo lo que vuestro egoísmo, vuestra soberbia, vuestra injusticia puede hacerme? Pues ya veis. Soy el que vive.
“Me volví para ver la voz que hablaba conmigo, y vuelto, vi siete candelabros de oro, y en medio de los candelabros como un hijo de hombre, vestido de una túnica talar, y ceñido el pecho con un cinturón de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la lana blanca, como la nieve, y sus ojos como llama de fuego. Sus pies eran semejantes al bronce bruñido incandescente en el crisol; y su voz como rumos de muchas aguas. Tenía en su mano derecha siete estrellas; y de su boca salía una espada aguda de doble filo; su rostro era como el sol cuando brilla en su apogeo. Cuando lo vi, caí a sus pies como muerto. Pero él puso su mano derecha sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el Primero y el Último, el Viviente; estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. Escribe, pues, lo que estás viendo: lo que es y lo que ha de suceder después de esto”. Ap 1,12-19.
Estamos muertos, cuando el amor no es la energía que nos hace mover nuestros pasos. Estamos muertos cuando el dolor se pega a nuestra mirada y todo lo valoramos desde la queja, viendo sólo el barro que acompaña a la humanidad, olvidando que es el aparente envoltorio del tesoro que todos llevamos dentro.
“Pero llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo”. 2ª Cor 4,7-10.
Habla Pablo de un dinamismo de un ejercicio de resucitar las situaciones que no lo están. Vivir la pascua no es creer ingenuamente en el fin del dolor y del sufrimiento. Pero sí que es la fuerza que nos ayuda a afrontarlo con ánimo y esperanza.
“Sabemos que pasamos de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos”. 1ª Jn 3,14.

Cómo podemos vivirlo. La potencia que tiene la resurrección de Cristo en los corazones que lo acogen es tan grande que renueva la faz de la tierra. Renueva la mirada sobre el valle de huesos secos que es nuestro mundo, y abre un nuevo horizonte a todos los pequeños sepulcros que durante nuestra vida nos vamos a encontrar.
Es tiempo de querernos, es tiempo de abrazarnos, es tiempo de decirle a la tristeza que ya tienes un compromiso con la alegría, y que le serás fiel toda la vida como dice el papa Francisco. Es tiempo de ilusionarnos que el futuro va a ser diferente. Que no estamos en el eterno retorno de siempre volver a caer, de siempre volver a empezar. Puede que por nuestra lentitud una y mil veces tengamos que volver a la fe porque nos despistamos. Pero la seguridad de que el Señor no cambia su mirada sobre nosotros y que permanece fiel nos devuelve la alegría que nadie nos puede quitar.

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Audio-homilía: Viernes Santo 2014

Al leer la Pasión nos planteamos cómo se pone en marcha tal espiral de violencia y crueldad contra alguien que sólo ha ofrecido amor. Si estamos diseñados para amar y compartir, para ayudarnos, ¿de dónde sale nuestra capacidad de destrucción?.

El Viernes Santo nos permite preguntarnos una vez al año de dónde nos sale a cada uno ese odio y esa violencia reprimida. En todos nosotros hay deseos que no son la imagen de Dios y tenemos que quitarlos para ayudar a mejorar el mundo. Cada uno debe vencer a ese orgullo que origina la violencia.

Los enemigos del amor se llaman miedo y soberbia.

Si Jesús viniera a nuestra vida a pedirnos, podríamos ponernos a la defensiva. Pero él sólo viene a dar, a compartir, a amar. Nos dice que no se cree nuestras seguridades y nuestra calidad de vida, porque está en nuestro corazón y sabe cuáles son nuestras fantasías y cómo se nos va la olla.

Vivamos en el presente porque nuestra vida es lo suficientemente apasionante y maravillosa. Dios nos espera en la realidad y nosotros le buscamos en la fantasía.

Audio-homilía: Viernes Santo 2014

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Audio-homilía: Vigilia Pascual 2014

Esta es la noche que toda la humanidad espera. Y es que muchas veces sufrimos la diferencia que hay entre deseo y realidad, entre nuestros proyectos y lo que luego sucede.

Esta noche celebramos que lo divino y lo humano se abrazan y los sueños de Dios y de la humanidad conectan.

El sepulcro en el que enterraron a Jesús es el resumen de todos los sufrimientos, los llantos, los dolores y las lágrimas vividos y derramados en la historia de la humanidad. A tantas lágrimas y sangre derramados a lo largo de la historia Dios responde a lo grande. No sólo reparte kleenex para secar las lágrimas, sino que también nos invita a reconciliarnos con una humanidad en la que el amor ha vencido al pecado. Esta es una noche alegre. Hay fiesta en el cielo y en la tierra.

Es importante creer en la Resurrección porque da sentido a nuestras luchas diarias. Todas las víctimas inocentes tienen un lugar en el cielo, todos los que han sufrido tanto a lo largo de la historia son redimidos. Dios hoy lanza un grito a favor de los últimos, de los pobres, de los desfavorecidos. Dios responde a la humanidad diciendo un SÍ a la vida eterna de todos sus hijos. Cada uno con nuestro nombre somos únicos para Él. Cada uno de nosotros es imprescindible. Celebramos que Dios vuelve a pronunciar nuestros nombres.

Dios ha dicho hoy su última palabra: VIVE. La misericordia ha vencido al juicio. La paciencia de Dios es nuestra salvación y por muchas manchas que haya hoy Dios nos devuelve una oportunidad de vida inmaculada. La misericordia de Dios nos comprende, nos conoce, nos llama y nos necesita. Dios hace el milagro de blanquear nuestros pecados, nuestros miedos…

Es noche de experimentar que hay una vida que llena de amor y que vence a la oscuridad. Jesús se reconcilia con la historia de la humanidad. Ha merecido la pena el dolor vivido porque ha salido vencedor en su pulso con las fuerzas del mal.

Ojalá que en esta noche dejemos que Jesús nos ponga la mano en el hombro o en el corazón y nos recuerde que, junto a él, viviremos aún en los momentos tristes.

Estamos muertos cuando el amor no es la energía que guía nuestros pasos, cuando vivimos en clave de queja y anticipar peligros… Si queremos, podemos ver de forma constante regalos.

La potencia que tiene la Resurrección de Cristo en los corazones que lo acogen es tan grande que renueva la faz de la tierra. No será portada de los periódicos, pero llevamos 21 siglos resucitando a Jesús, transmitiendo su amor y su buena noticia con creatividad.

Es tiempo de querernos, de abrazarnos… Y, como dice el Papa Francisco, “es tiempo de decirle a la tristeza que ya tienes un compromiso con la alegría y que le serás fiel toda la vida”.

No estamos en el eterno retorno, porque el Señor nos renueva y permanece fiel sin cambiar su forma de vernos.

Audio-homilía: Vigilia Pascual 2014

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Vivir resucitados

OLYMPUS DIGITAL CAMERAHe tenido la alegría de celebrar el Triduo pascual en un lugar precioso en el monte, Siete Aguas, en la provincia de Valencia, con personas de todas las edades de la familia misionera Verbum Dei. Compartir con ellos la Palabra, la oración, el tiempo y los momentos de distensión me ha dado un nuevo impulso.
Cuando oramos y celebramos en un ambiente de retiro en el que todos los medios y personas nos facilitan el contacto con Dios puede parecer fácil tener emociones positivas que nos animan a vivir y expresar la fe. Pero la alegría que nos da Cristo resucitado ha de ser una nueva forma de vida y sobre todo ha de ser comunicativa.
La alegría de la Resurrección brota de la unión con ese Cristo que murió en la cruz pero cuyo amor imparable nos lo devuelve vivo para siempre en los suyos, en el signo de su amor y entrega que es la Eucaristía mediante la fuerza del Espíritu y el abrazo misericordioso del Padre. “El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: Vosotras no temáis; sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí, ha resucitado. Venid a ver el sitio donde yacía. Id a decir a los discípulos: ´Ha resucitado de entre los muertos y va delante de vosotros a Galilea`, allí lo veréis”. Mt 28, 5-7
Los cristianos vivimos las mismas realidades que todos los seres humanos, nos enfrentamos a dificultades y retos como todos, pero lo hacemos con el apoyo que recibimos de nuestro Dios en Jesús. Vivimos ya resucitados en la medida que unimos esfuerzo y confianza, compartir y agradecimiento. El cristiano aprende junto a Jesús a amar la fragilidad propia y ajena porque en ella puede surgir la fuerza del amor de Dios. Aprende a ver que en medio de las tinieblas se abre paso la luz y sabemos que una pequeña luz es muy visible en la oscuridad.
Creer en la Resurrección no es la demostración de un argumento teórico, es vivir ya resucitados en nuestra vuelta a Galilea, es decir, en nuestra vuelta al trabajo o a la búsqueda del mismo, en nuestra vuelta al hogar, a la comunidad, a las relaciones de familia y de amistad, a las responsabilidades. Vivir resucitados significa vivir abiertos a la presencia de Dios, a sus sorpresas, a los hermanos, a la vida que brota poco a poco y nos envuelve, a nuestra interioridad. “Las mujeres salieron a toda prisa del sepulcro y llenas de alegría corrieron a llevar la noticia a los discípulos. Jesús salió a su encuentro y las saludó. Ellas se echaron a sus pies y lo adoraron. Entonces Jesús les dijo: ´Alegraos, no tengáis miedo, id a decir a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán`” Mt 28, 8-10
¿No descubrimos que son experiencias de resurrección la superación de una enfermedad, el empezar un proyecto de trabajo, hacer un pequeño parón para reordenar nuestras ideas, una reconciliación, el recuerdo agradecido de alguien que ya se nos fue, el nacimiento de un nuevo miembro en la familia, el acondicionar mejor la casa o el jardín, aprobar los exámenes o cumplir una tarea? Estamos bañados de resurrección y a veces no nos damos cuenta, necesitamos despertar cada día a la luz de Jesús que nos da su paz a través de pequeñas resurrecciones como la capacidad de sonreír y amar, los detalles de servicio que tenemos y tienen con nosotros, o la amabilidad y el respeto en el trato, las ganas y la ilusión que nos ponen en marcha. “Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús y se puso en medio y les dijo: ´Paz a vosotros`. Y, diciendo esto les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: ´Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo`. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: ´Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos`” Jn 20, 19-22
La Resurrección nos pone la luz de Cristo en la mirada y la mente; el amor del Señor y su alegría en el corazón; y el compromiso del testimonio en nuestros pasos para ser testigos de la paz y la bondad allí donde estamos. Podemos pasar por momentos de cuestionamiento o de desánimo como los discípulos de Emaús, pero el Señor resucitado nos sale al encuentro en su Palabra, en la Eucaristía, en la Iglesia, en los hermanos, en la vida real, en los pobres y necesitados que están en nuestro camino. “Dos discípulos iban a una aldea llamada Emaús… Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo… ´los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades entregaron a Jesús para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron…`. Jesús, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura… Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron… Ellos comentaron: ´¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?`” Lc 24, 13-16. 20. 27. 30-32
¡Feliz vida resucitada a todos!

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Audio-homilía: Domingo de Resurrección 2014

La Pascua es la suma de muchas pobrezas. El objetivo de la Pascua es SER TESTIGOS. Es un ya sí, pero todavía no.

Ya estamos resucitados, sí, pero un camino de colaboración y de misión con el Señor para que continue habiendo signos de credibilidad en nuestro mundo. Somos testigos de que tener esperanza no es ingenuidad, somos testigos de que el ser humano no es una fuente sólo de tristezas, somos testigos de que hay tesoro y barro y de que nosotros elegimos qué queremos compartir.

Ojalá no temamos y no nos agobiemos de la vuelta a la rutina. A Dios no se le olvida nuestro valor, ni cuál es nuestra identidad, porque él nos ha creado.

¿Cómo nos vemos a nosotros mismos? ¿Somos consumidores de sacramentos, hacemos bulto en las iglesias o somos personas que pertenecen a una comunidad con una misión clara?

No somos objetos de decoración, no somos estadísticas, no tenemos que perpetuar un modo de vida. Podemos ser creadores de un vino nuevo en odres nuevos. Seamos conscientes de que el Señor nos ha puesto a cada uno una melodía única e irrepetible.

Nuestra vida cotidiana debería ser un contínuo Reino de Dios, un contínuo apoyo mútuo y un poner cada uno lo que puede. Todos tenemos la capacidad de comunicar y el Espíritu Santo pasa a través de cada uno de nosotros.

Pongamos todos lo que tenemos para anunciar esta buena noticia. No es euforia lo que queremos transmitir. Es certeza y confianza de que el Señor no está muerto y no nos va a abandonar nunca.

Audio-homilía: Domingo de Resurrección 2014

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