Audio-homilía: Festividad de la Exaltación de la Cruz

Nos pasa con la cruz lo que nos pasa con muchas cosas de nuesta vida: al acostumbrarnos a ellas perdemos la nitidez y la profundidad del mensaje que nos transmiten. Cuando una cosa la vivimos muchas veces, pierde emoción. Con la cruz, nos pasa eso. Ahora mismo, la cruz se ha convertido en un elemento decorativo y cotidiano de nuestra cultura.

Tenemos que renovar, redescubrir y volver a los orígenes de lo que significan las cosas, porque la inercia y el uso erosionan y desgastan. Hay que renovarse y sorprenderse de nuevo.

La exaltación de la cruz traducida en lenguaje actual sería ver si hemos aprendido a integrar lo negativo en nuestras vidas. Porque a lo positivo nos acostumbramos siempre, pero las dificultades no nos gustan.

El Señor nos ha hecho listos y no estamos diseñados para sufrir por sufrir. Sufrir de forma inútil es una enfermedad. Además, nuestra programación más básica nos hace huir del sufrimiento.

Y, en este contexto, viene el Señor y nos pide que le acompañemos a la cruz. Pero es que hay cosas de nuestra trayectoria personal que sólo se dan a través de la cruz. Al igual que el mármol, para convertirse en una escultura maravillosa, ha de sufrir necesariamente los golpes del tallado, si no hay cruces cotidianas, nuestra capacidad de amar no aumenta y no maduramos. En nuestro día a día hay mucho de cruz, pero los frutos de una vida tienen mucha relación con la raíz hundida en el suelo.

La exaltación de la cruz no es masoquismo. Es integrar el sufrimiento en un proyecto de vida.

Ojalá que abracemos nuestras cruces, pero no quedándonos en el sufrimiento sino en lo que genera abrazar la cruz por amor a los demás.

Evangelio según San Juan

Jesús dijo a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»

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Audio-homilía: Si te hace caso, has salvado a tu hermano

Este evangelio nos dice que cada uno de nosotros podemos convertirnos en canal de verdad y de amor para que todos nos encontremos con el Señor.

Muchas veces nuestra búsqueda espiritual es tremendamente individualista. Y este evangelio nos recuerda que, según como nos tratamos las personas, así tratamos a Dios. Jesús nos pide que nos tomemos mucho más en serio la vida de los que están a nuestro alrededor.

La corrección fraterna tiene que nacer del amor. Hay mucha diferencia entre corregir y criticar, entre implicarme con el otro para que crezca y recordarle permanentemente lo que hace mal de forma machacona.

Este evangelio no nos dice que seamos jueces de los demás o que nos pongamos a meterle el dedo en el ojo al otro. Lo que dice es que el amor nos lleva a querer y aceptar al otro con sus límites, sin evaluarlo. Nos hace quererle, desear que crezca e intentar ayudarle y corregirle desde la humildad.

Jesús está convencido de que su amor y su gracia pasa por que nos ayudemos unos a otros. Muchas veces, en las comunidades humanas, hay mucho postureo y mucha aparencia. El día que aprendamos a hablar de nuestras necesidades y de nuestras debilidades cambiará la historia.

El evangelio termina diciendo que a Dios le gusta que nos pongamos de acuerdo y le pidamos algo en comunión. Él valora que estemos juntos y que le pidamos desde el corazón. Donde hay amor ahí está Dios. Cuando el amor es real, ni la distancia, ni las opiniones diferentes pesan. El amor verdadero, el amor de Dios, vence todas esas dificultades.

Ojalá que nuestro reto más sincero en este inicio de curso sea recibir y acoger lo que de Dios viene a través de los que nos rodean y que seamos conscientes de que Dios nos habla a través de todos ellos.

Evangelio según San Mateo

Jesús dijo a sus discipulos: Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desatéis en la tierra, quedará desatado en el cielo. También os aseguro que si dos de vosotros os unis en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo os lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos.

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Audio-homilía: El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo

Este evangelio viene muy bien para esta época de final de vacaciones e inicio del curso y vuelta a la cotidianeidad. Y es que el regreso a la normalidad y la vuelta al cole nos demuestra que la vida tiene su cruz. El que quiera que agosto dure 12 meses tiene mucho de la actitud de Pedro en este fragmento.

La imagen de Pedro intentando librar a Jesús del sufrimiento recuerda a muchos padres que protegen tanto a sus hijos, que acaban convirtiéndoles en proyectos de bonsai y no de árboles grandes.

A veces, las personas, con nuestro exceso de amor y de protección, nos hacemos a nosotros mismos imprescindibles y a los demás microproyectos de personas.

Una psicóloga chilena decía que los hombres han nacido para sentirnos admirados y las mujeres hemos nacido para sentirnos necesarias.

Jesús pasa de decir a Pedro que es la roca sobre la que edificará su Iglesia la semana pasada, por haber pensado como Dios y abierto su mente y su corazón, a tratarle con mucha dureza, por volver a pensar como los hombres. Y pensar como los hombres significa pensar en pequeño, soñar en pequeño, tener todo bajo atado, sustituir a Dios en nuestra vida.

Cuando hacemos caso a las locuras que Dios nos pide, salen bien. En el evangelio hay muchos ejemplos. El problema viene cuando dejamos de fiarnos de Dios y empezamos a calcular con mirada humana.

La fe nos invita a no vivir en el control y en el corazón estrecho. La vida cambia y se transforma y tenemos que estar abiertos para que el Señor nos acompañe en los retos nuevos que cada día se nos ofrece.

Pedro, que es muy primario, escucha a Jesús hablar de humillación y sufrimiento y no le gusta nada. A nosotros nos pasa igual: la fe que nos compromete nos gusta… la que nos implica y nos hace cambiar de actitud no tanto.

Negarse a uno mismo consiste en ver dónde tenemos el centro de gravedad y el eje de nuestra vida, en nosotros mismos o en el Señor.

La propuesta del Señor cuando nos dice “Sígueme” es: ¿quieres vivir tú llevando el volante de tu vida o lo dejas en mis manos? Y la libertad que da decir y cumplir ese “hágase tu voluntad” y empezar cada día a la expectativa, con Dios acompañándonos a cada instante es nacer a una nueva vida.

Ojalá que el Señor nos regale esa confianza para no vivir en el control y la rabia cuando las cosas no salen como queremos.

Ojalá vivamos la vida como las garrapatas: fluyendo, chupando al máximo la vida y viviendo con intensidad todo lo que nos pasa, no despreciando nada de lo que Dios nos regala, no considerando que haya nada que no merezca la pena, no etiquetando nada ni a nadie, aprovechando estar con todo el mundo.

Os invito a vivir este nuevo curso en el corazón agradecido que sabe que el Señor está con nosotros todos los días de nuestra vida y que, con su mirada, nos va a enseñar a aprovechar todos los regalos que nos hace.

Audio-homilía: El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo

Evangelio según San Mateo

Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: “Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá”.
Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: “¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”.
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.

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Audio-homilía: Multiplicación de los panes y los peces

Este evangelio nos viene como anillo al dedo a los que planificamos mucho la vida y sufrimos cuando nos vienen imprevistos. En él, se nos muestra cómo reacciona Jesús y cómo lo hacemos nosotros ante los cambios de planes.

En general, nuestra reacción ante la modificación de nuestras programaciones suele ser el enfado. Cuando organizamos cosas, solemos estar impacientes porque sucedan. Pero, la vida no siempre sale como nosotros la hemos previsto. El futuro no está solo en nuestras manos.

Debemos aprender a acoger la realidad como viene. Y de eso Jesús es maestro.

El evangelio comienza con una mala noticia: la muerte de Juan Bautista. Jesús no reacciona violentamente contra la realidad, sino que decide irse a un sitio traquilo con sus discípulos para resituarse ante lo que ha sucedido. Esos son sus planes iniciales, pero lo que sucede en realidad es que la multitud les sigue y todo se modifica por circunstancias ajenas.

Jesús, al ver el gentío, lo primero que siente es compasión, se coloca en la piel de la muchedumbre por encima de sus intereses. Y se pone a su servicio. Mientras, los discípulos se muestran impacientes, porque eso no era lo que tenían previsto. Y, cuando va pasando el tiempo y anochece, le piden a Jesús que despida a la multitud para que cada cual se busque comida.

La actitud de los discípulos es muy humana: no ver más allá de nuestras ideas y nuestras programaciones y no querer hacer frente a las situaciones, quitandonos de encima.

Jesús, por el contrario, se pone a su servicio y les piden que pongan ellos la solución.

El fruto de este evangelio es tener confianza en el futuro, en los cambios… Jesús nunca nos va a pedir nada que no podemos hacer, porque junto a la prueba viene la gracias que nos ayuda a solventar la situación. Ojalá vivamos los imprevistos con serenidad y pongamos siempre lo mejor de nosotros.

Audio-homilía: Multiplicación de los panes y los peces

Evangelio según San Mateo

Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.
Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: “Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos”.
Pero Jesús les dijo: “No es necesario que se vayan, dadles vosotros de comer”.
Ellos respondieron: “Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados.
“Traedmelos aquí”, les dijo.
Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

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Audio-homilía: Parábola del tesoro escondido

Jesús usaba mucho las parábolas. Se trata de un lenguaje envolvente, que no obliga, que no impone… sino que invita y es más sutil.

Las parábolas son hiperbólicas (te alejas para después acercarte) y alegóricas. Y si uno es cuadriculado e intenta abarcar esas imágenes, se hace un lío, porque son conceptos que no se pueden equiparar.

Lo importante es el contenido al que nos lleva y siempre nos conduce a la alegría. Jesús cambia el registro según la gente que le escucha.

Por eso es tan importante el lenguaje en la transmisión de la fe. Ojalá entendamos que Jesús nunca sentaba cátedra cuando hablaba a sus discípulos.

En este evangelio se nos habla de un hombre que va caminando por el mismo lugar de siempre. Y hay un día especial en el que todo parece tener sentido, porque encuentra un tesoro.

Nuestra vida, diariamente, tiene tesoros. Y nuestra tarea como creyentes es encontrar el tesoro, la palabra o el regalo que Dios de forma inédita nos quiere regalar. La tristeza es que pasan los días, nos encontramos con gente, pero no vemos nada, nada nos sorprende. Con el tiempo nos vamos convirtiendo en adultos insaciables.

En este evangelio se nos invita a convertir lo cotidiano en extraordinario. La belleza de un paisaje depende en un 50% del paisaje y en el otro 50% de los ojos que lo miran.

Ojalá rebajemos expectativas y vivamos cada día como el último. Ojalá que, aquí y ahora, nos sintamos afortunados por sentirnos amados, por estar vivos y por tener fe para descubrir que todo es un regalo del Señor.

Audio-homilía: Parábola del tesoro escondido

Evangelio según San Mateo

Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.”
El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
¿Comprendéis todo esto?”. “Sí”, le respondieron.
Entonces agregó: “Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo”.

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