Audio-homilía: Multiplicación de los panes y los peces

Este evangelio nos viene como anillo al dedo a los que planificamos mucho la vida y sufrimos cuando nos vienen imprevistos. En él, se nos muestra cómo reacciona Jesús y cómo lo hacemos nosotros ante los cambios de planes.

En general, nuestra reacción ante la modificación de nuestras programaciones suele ser el enfado. Cuando organizamos cosas, solemos estar impacientes porque sucedan. Pero, la vida no siempre sale como nosotros la hemos previsto. El futuro no está solo en nuestras manos.

Debemos aprender a acoger la realidad como viene. Y de eso Jesús es maestro.

El evangelio comienza con una mala noticia: la muerte de Juan Bautista. Jesús no reacciona violentamente contra la realidad, sino que decide irse a un sitio traquilo con sus discípulos para resituarse ante lo que ha sucedido. Esos son sus planes iniciales, pero lo que sucede en realidad es que la multitud les sigue y todo se modifica por circunstancias ajenas.

Jesús, al ver el gentío, lo primero que siente es compasión, se coloca en la piel de la muchedumbre por encima de sus intereses. Y se pone a su servicio. Mientras, los discípulos se muestran impacientes, porque eso no era lo que tenían previsto. Y, cuando va pasando el tiempo y anochece, le piden a Jesús que despida a la multitud para que cada cual se busque comida.

La actitud de los discípulos es muy humana: no ver más allá de nuestras ideas y nuestras programaciones y no querer hacer frente a las situaciones, quitandonos de encima.

Jesús, por el contrario, se pone a su servicio y les piden que pongan ellos la solución.

El fruto de este evangelio es tener confianza en el futuro, en los cambios… Jesús nunca nos va a pedir nada que no podemos hacer, porque junto a la prueba viene la gracias que nos ayuda a solventar la situación. Ojalá vivamos los imprevistos con serenidad y pongamos siempre lo mejor de nosotros.

Audio-homilía: Multiplicación de los panes y los peces

Evangelio según San Mateo

Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.
Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: “Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos”.
Pero Jesús les dijo: “No es necesario que se vayan, dadles vosotros de comer”.
Ellos respondieron: “Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados.
“Traedmelos aquí”, les dijo.
Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

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Audio-homilía: Parábola del tesoro escondido

Jesús usaba mucho las parábolas. Se trata de un lenguaje envolvente, que no obliga, que no impone… sino que invita y es más sutil.

Las parábolas son hiperbólicas (te alejas para después acercarte) y alegóricas. Y si uno es cuadriculado e intenta abarcar esas imágenes, se hace un lío, porque son conceptos que no se pueden equiparar.

Lo importante es el contenido al que nos lleva y siempre nos conduce a la alegría. Jesús cambia el registro según la gente que le escucha.

Por eso es tan importante el lenguaje en la transmisión de la fe. Ojalá entendamos que Jesús nunca sentaba cátedra cuando hablaba a sus discípulos.

En este evangelio se nos habla de un hombre que va caminando por el mismo lugar de siempre. Y hay un día especial en el que todo parece tener sentido, porque encuentra un tesoro.

Nuestra vida, diariamente, tiene tesoros. Y nuestra tarea como creyentes es encontrar el tesoro, la palabra o el regalo que Dios de forma inédita nos quiere regalar. La tristeza es que pasan los días, nos encontramos con gente, pero no vemos nada, nada nos sorprende. Con el tiempo nos vamos convirtiendo en adultos insaciables.

En este evangelio se nos invita a convertir lo cotidiano en extraordinario. La belleza de un paisaje depende en un 50% del paisaje y en el otro 50% de los ojos que lo miran.

Ojalá rebajemos expectativas y vivamos cada día como el último. Ojalá que, aquí y ahora, nos sintamos afortunados por sentirnos amados, por estar vivos y por tener fe para descubrir que todo es un regalo del Señor.

Audio-homilía: Parábola del tesoro escondido

Evangelio según San Mateo

Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.”
El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
¿Comprendéis todo esto?”. “Sí”, le respondieron.
Entonces agregó: “Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo”.

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Audio-homilía: Trigo y cizaña

Este evangelio nos da luz para poder entender porqué el ser humano vive sufrimientos, cruces, dolores y cuál es el origen del mal en nuestro mundo. Si Dios es todo amor y bondad, por qué nuestras vidas se ven tantas veces golpeadas por sufrimientos que nos desbordan (guerras, atentados, ataques, derechos pisoteados, enfermedades…). ¿Por qué hay cizaña y sufrimiento en nuestro mundo, si de las manos de Dios lo que surge son obras maravillosas?.

La respuesta de Jesús es que en el plan de Dios no está el mal. El planteamiento de Dios es el paraíso, pero nuestra desobediencia nos aleja de él.

Pero lo más bonito de esta parábola no es sólo que nos explique el origen del mal en el mundo, sino que también nos indica cómo afrontarlo. Los agricultores de la historia preguntan si arrancan toda la cizaña y Jesús les dice que, al hacerlo, pueden llevarse también por delante el trigo. Esa es una actitud muy humana: las soluciones drásticas. En los planes de Dios el sufrimiento forma parte de nuestra existencia y nos ayudan a crecer. Las situaciones difíciles sacan lo mejor de nosotros. Por eso, muchas veces la vida nos regala cizaña, porque gracias a ella que el trigo se hace más fuerte y resistente.

Ojalá Dios nos dé confianza y paciencia, porque a la larga veremos que todo ha estado bien. Que nos nos fiemos de Él, para que nuestra vida dé fruto para la vida eterna. A pesar de las dificultades, nunca podemos dudar del Dios bueno que hace de nuestra trayectoria una historia de salvación.

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=KScrbt5uYpA

Evangelio según San Mateo

Jesús propuso a la gente otra parábola: “El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña.
Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: ‘Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?’. El les respondió: ‘Esto lo ha hecho algún enemigo’. Los peones replicaron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancarla?’. ‘No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, se corre el peligro de arrancar también el trigo. Dejad que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en manojos para quemarla, y luego recoged el trigo en mi granero’”. También les propuso otra parábola: “El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas”. Después les dijo esta otra parábola: “El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa”. Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo. Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña en el campo”. El les respondió: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles. Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!”

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Audio-homilía: Parábola del sembrador

En esta parábola del sembrador lo primero que llama la atención es la generosidad del sembrador. El Señor da a todas las tierras la oportunidad de germinar. Es un Dios esplendoroso, sin miedo, que no calcula en el amor, porque está convencido de que en los parajes más inhóspitos puede brotar vida. Y es que la vida puede nacer venciendo las circunstancias más difíciles cuando se le pone dedicación.

Este evangelio nos habla de la corresponsabilidad entre la gracia de Dios y la tarea humana. Dios es pura gracia, Dios es pura generosidad y ha puesto todo para que seamos felices. Dios nos ha regalado un planeta espectacular.

Ante este espectáculo que es la vida, es injusto que no tengamos los ojos abiertos a la sorpresa, que vivamos instalados en el aburrimiento, que convirtamos el paraíso en un lugar de guerra y conflicto, que nosotros seamos los que juzgamos y establecemos diferencias.

Señor, haz que todos nosotros con nuestra vida mostremos una disposición clara de querer amar y que sintamos el sufrimiento de nuestros hermanos del mundo, sabiendo que todos estamos conectamos. Que seamos conscientes de que, mientras en el mundo haya sufrimientos, no podemos sentirnos cómodos y felices.

Pidamos que el Señor nos regale un corazón generoso y paciencia. Y tengamos la seguridad de que las promesas de Dios siempre se cumplen. Si permanecemos en Él, daremos con seguridad fruto abundante.

Audio-homilía: Parábola del sembrador

Evangelio según San Mateo

Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar.
Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa.
Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: “El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron.
Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda;
pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!”.
Los discípulos se acercaron y le dijeron: “¿Por qué les hablas por medio de parábolas?”. El les respondió: “A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán, Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure. Felices, en cambio, vuestros ojos, porque ven; felices vuestros oídos, porque oyen. Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis y no lo vieron; oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron. Escuchad, entonces, lo que significa la parábola del sembrador. Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino. El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.
El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto. Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno”.

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Audio-homilía: Solemnidad de la Santísima Trinidad

A nuestra mente espacio-temporal se le escapan un montón de cosas. Y una de ellas es el misterio de la Santísima Trinidad. Pero no se trata de acercarse a este dogma como una realidad estática, sino reconociendo lo que es capaz de crear el amor cuando une a varias personas.

Es muy fácil entender la Santísima Trinidad pensando en las familias. Cualquier esposo o esposa con 16 o 17 años no tenían idea de la realidad que viven actualmente. Por aquel entonces, puede que hubiera sueños, pero no había nada de sus proyectos de vida actuales… La vida nos anima a salir de nosotros mismos. En la pareja, dos realidades independientes, por amor, logran vivir cambiando su objetivo de vida, de modo que ya no son un yo y un tú, sino un nosotros.

El amor trinitario tiene mucho que ver con ese salir de uno mismo, con ese poner el amor al servicio de los demás. El Padre (creador, padre, puro amor y misericordia) manda a lo que más ama (su Hijo Jesús) a la Tierra a mostrar al hombre que tiene un lugar en la fiesta del Cielo, en el banquete de la eternidad. Ninguno de los dos se paran a mirarse con complacencia y amor el uno al otro. Y el Espíritu Santo es el que posibilita el milagro de que nosotros, que somos todo fragilidad, tengamos la misma identidad de nuestro padre Dios.

Un matrimonio no es un uno más uno que da lugar a dos, sino un uno y un otro que crean algo nuevo: la familia. Y los hijos, pese a provenir de sus padres, no son sus posesiones.

El dogma de la Trinidad nos invita a la acción dinámica de crear la comunión. Y eso pide escuchar mucho y huir de la soberbia. La Trinidad es un nosotros cada vez más grande y un tú y un yo cada vez más pequeños.

Para entender la Trinidad no hay que ir al cielo, hay que descubrir lo que logra ambientes de amor cerca de ti. Todo lo que crea comunión es Trinidad.

Audio-homilía: Solemnidad de la Santísima Trinidad

Evangelio según San Juan

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

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