Abr 112017
 

Por Agustín Fonseca

Es curioso que coincidieran en el tiempo, en Madrid y en el mismo barrio, cinco de los más grandes literatos españoles, y que encima cuatro de ellos tengan en común que no se han podido identificar sus restos.

El último de ellos en ser noticia por su búsqueda ha sido Miguel de Cervantes, que se sabe dónde está enterrado: en la cripta del Convento de la Trinitarias Descalzas de San Ildefonso, de rancio abolengo, sito en el número 18 de la calle Lope de Vega de Madrid.

Sesudos investigadores hicieron una buena criba entre los huesos de niños, mujeres y hombres que allí se encontraban, sin embargo, aún no se sabe cuáles de todos ellos son los de D. Miguel, aunque han reducido mucho el número de las probabilidades. Y es que poder visitar la tumba del escritor era un objetivo no sólo importante para Madrid y España, sino de justicia para el más grande literato español de todos los tiempos, y posiblemente el mejor del mundo (aunque esto puede tener sus detractores, sobre todo si son ingleses 😉

Pero volviendo a nuestros famosos literatos, cuando Cervantes muere en 1616 contaba 68 años de edad, y es importante saber que en aquel momento era el mayor de algunos de sus importantes coetáneos como Luis de Góngora y Argote (55), Félix Lope de Vega y Carpio (54), Francisco de Quevedo y Villegas (36) o Pedro Calderón de la Barca (17), todos ellos de reconocido prestigio, incluso en vida, y para más inri vecinos del mismo barrio madrileño de Las Letras, donde nunca se concentraron tantas mentes preclaras en tan poco espacio como en aquellos años del Siglo de Oro Español.

Podría pensarse que entre ellos habría una buena relación de amistad, pero nada más lejos de la realidad porque Cervantes estaba enfrentado a Lope, mientras Quevedo se reía de Góngora llamándolo despectivamente Gongorilla. Y para rematar la faena, Calderón de la Barca, persiguiendo a un actor que hirió a su hermano, entra en el convento de las Trinitarias, donde estaba la hermana de Lope como superiora del convento, sin respetar el acogimiento a sagrado del cómico, lo que enemistó a ambos escritores de por vida.

Cosas del destino: la calle donde nació y vivió Lope de Vega en la actualidad se llama calle de Cervantes, mientras que donde está enterrado Cervantes es la actual calle de Lope de Vega.

Pero el título del artículo hace referencia a que hay una coincidencia más entre cuatro de los cinco literatos, excepción hecha de Góngora, además de su arte: se han perdido sus restos y no se sabe dónde están realmente sus respectivos huesos. Ya hemos dicho que sabemos ubicación de los de Cervantes, aunque sin identificar. Los de Lope se perdieron definitivamente en 1635, revueltos en el osario común de la Iglesia de San Sebastián. Allá por el siglo xix, los de Quevedo se mezclaron con los de otros 200 cadáveres en la Ermita del Cristo de Jamila, en Villanueva de los Infantes. Y los más viajeros fueron los de Calderón de la Barca, que fueron dando tumbos (y nunca mejor dicho) por varias iglesias madrileñas hasta terminar en la de Nuestra Señora de los Dolores, en la calle de San Bernardo, aunque sin saber en qué nicho reposan. Afortunadamente parece que se tienen localizados los de Góngora en la capilla de San Bartolomé, de la Mezquita de Córdoba, aunque murió en la indigencia y nunca se sabe.

Yo remataría esta faena de despropósitos apuntando que otro famoso de la época, nada menos que Diego Velázquez, se perdió bajo la actual Plaza de Ramales de Madrid, cuando la Iglesia de San Juan, donde estaba enterrado, fue destruida por el Rey Plazuelas, a la sazón José Bonaparte, sin preocuparse ni tener en cuenta que allí estaba enterrado uno de los mejores pintores del mundo.

Conclusión: Los huesos de los cinco próceres están localizados, pero nadie sabe cuáles son.

Y si quieres saber más curiosidades sobre Cervantes, su época y encima divertirte jugando e investigando, anímate con el libro Los enigmas y juegos de ingenio de Miguel de Cervantes.

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 Posted by at 7:54

  One Response to “Los extraños viajes de famosos del Siglo de Oro y la consecuente desaparición de sus huesos”

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