Ver YouTube: https://www.youtube.com/embed/8lOOCpABKpo

–*–

Conversaciones con Monseñor Escrivá se publicó en 1968 y reúne siete entrevistas a medios nacionales e internacionales.

El próximo 29 de enero, en la sede de la Universidad de Navarra, en Madrid (Zurbano, 73) se presenta la edición crítica en un acto homenaje al periodismo y a uno de los impulsores de los estudios de Comunicación en España.

Intervienen Pilar Urbano, periodista y José Luis Illanes, coautor del libro. Además, cuarenta periodistas participarán, de manera virtual, en esta presentación.

Leo a este propósito una anotación en un blog (Conversaciones con…) que no me resisto a reproducir:

Las efemérides, aniversarios, recordatorios, semblanzas, etc., suelen están teñidas de gravedad y nostalgia y tener un tacto acartonado y aroma a naftalina. Nos dejan la sensación en el alma de que aquel tiempo que rememoramos fue mejor que el presente.

redaccion_conversaciones

Foto: Mª José Orihuela

En casos como este acto, la nostalgia puede alcanzar cotas de melancolía por la nada halagüeña situación del periodismo: crisis, EREs, cierres de medios de comunicación históricos, cambios de modelo, democratización del periodismo y pérdida de  identidad de la profesión…. No pocas veces se expresa con titular apocalíptico: “El periodismo ha muerto”.

La frontera que separa el romanticismo del pesimismo, y a éste del cinismo es borrosa. Nada más peligroso para una realidad tan rabiosamente viva como el periodismo que anclarse en el ayer. Lo único cierto es -como atribuyen a los cómicos Les Luthiers- que “cualquier tiempo pasado fue… anterior”.

La presentación de la edición crítica de Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer,  este gigantesco plató virtual compuesto por una treintena de primeros espadas de la comunicación, no es un acto sobre un libro pasado de un autor fallecido. Es Actualidad en estado puro. Actualidad del libro, de las propuestas de su autor y de las observaciones y reflexiones de los intervinientes. Y actualidad palpitante y luminosa.

Si hubiera que hacer un estudio del promedio de palabras y expresiones más usadas en las entrevistas que aquí se recogen, acerca de la identidad del periodista, la coyuntura actual del periodismo, Internet, el periodismo ciudadano, etc., obtendríamos los siguientes términos: pasión, vocación, búsqueda de la verdad, compromiso, libertad, optimismo, responsabilidad, contrapoder, honradez y valentía, supervivencia, función social, misión de servicio.

Quienes los usan no son unos recién llegados o unos ilusos como podría pensarse. Son Iñaki Gabilondo, Pedro J. Ramírez, Carmen Rigalt, y tantos más. Muchos de ellos estudiaron hace años en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, impulsada directamente por San Josemaría Escrivá -quien antes había sido profesor en la primera escuela de Periodismo de España, en los años 40, cuando las nociones de libertad y verdad no estaban demasiado bien vistas-,  y hablan de la herencia que recibieron y de la huella que dejaron, y siguen dejando en sus vidas y en sus trayectorias profesionales, aquellas enseñanzas.

La cualidad de la luz es aclarar el lugar en el que nos hallamos, pero también iluminar con su foco la oscuridad a la que dirigimos nuestros pasos. Este acto es también apertura esperanzada y optimista al futuro. Para muestra unos cuantos botones: Pedro J. Ramírez está convencido de que vamos hacia una “edad de oro del Periodismo”: “Los elementos de la comunicación serán la redacción y los lectores. Y en medio la transmisión electrónica de los contenidos. Todo el dinero se irá en buscar a los mejores periodistas y pagarles bien”.

Para Esteban López Escobar, “lo que está en crisis es la era de los grandes negocios. Pero lo que no puede morir o no puede entrar en crisis es la era del servicio”. Y Gustavo Entrala remata: “Yo soy súper optimista creo que estamos en un momento precioso y en un momento para lanzarse a hacer muchas cosas”.

Así pues, ¡larga vida al Periodismo!

 

Ya sé que lo que sigue no es políticamente correcto. Y sé que -por hábito más o menos impuesto en los lectores y ciudadanos por presión ideológica mediática- lo que se lleva en un asunto como éste es mirar para otro lado y callar, sin más. O callar, e incluso alegrarse con la «valentía» del periódico.

El caso es que -como puede verse- en primera página, primera línea zona central, del NY Times de hoy, figura una fotografía y el correspondiente enlace al artículo del corresponsal, mostrando como arriesgada y heroica la acción de unos cuantos -al menos, cinco- enmascarados que parecen favorables al aborto, en Chile, donde la ley no lo permite.

Me pregunto, simplemente, acerca de la postura profesional claramente torticera (es decir, según el Drae, «injusta, o que no se arregla a las leyes o a la razón») del diario para hacer eso que hace.

Ya sé que el NY Times está a favor del aborto. Pero lo que me hace degradar una vez más el nivel de ecuanimidad informativa y de credibilidad periodística atribuible a ese diario en estos asuntos -y por tanto, aunque no lo quiera, en tantos otros- es pensar, simplemente, por ejemplo, en si haría algo semejante en otros casos, como periódico que quiere ser y ser visto como ejemplo transparente, ecuánime y creíble en su servicio profesional a la sociedad.

Ya sé que las comparaciones, además de odiosas, son fácilmente refutables. Pero pienso, por ejemplo (es un suponer): ¿haría algo semejante -enmascarados valientes que se arriesgan por expresar sus pretensiones e ideales- que resultan ilegales en su país? ¿Hizo algo semejante, por ejemplo, con los «indignados» que «ocuparon» Wall Street? ¿No dejó de decir que «F.B.I. Counterterrorism Agents Monitored Occupy Movement, Records Show», como si tal cosa también fuera normal?

¿Haría algo semejante si se tratara de algunos que hoy se manifestaran con ideologías cercanas a la nazi, en Alemania, por ejemplo?

En USA es legal matar gente con «drones». Siempre que lo hagan los militares y siempre que sus objetivos sean al menos declarados «presuntos terroristas musulmanes», incluso en el caso de que se trate de ciudadanos estadounidenses. Incluso si para lograrlo han de matarse a quienes se encuentren en ese momento alrededor, sean «presuntos terroristas» o familiares o gente que tenía la mala suerte de pasar por allí.

Me pregunto: ¿Publicaría el NY Times una foto semejante a la que puede verse hoy en su primera página digital -con gente enmascarada considerada como heroica, arriesgando detenciones por sus ideas- si se tratara de estadounidenses que rechazan el uso terrorista que hace el ejército USA de los «drones»?

Ya sé que no haría nada semejante. Porque el NY Times es un gran experto en nadar y guardar la ropa, una vez perdida su aparente neutralidad o credibilidad en asuntos conflictivos. Así tituló -lo pongo casi al azar- un ataque con «drones», tomado distancias sobre las fuentes y sobre el mismo hecho en sí: «Uzbek Group Says Drone Killed Leader». (¿No es tremenda la fuerza del sentido implícito que presentan seis simples palabras?)

Pues eso: deploro la torticera corrección política del NY Times en un asunto que ese periódico considera tan «políticamente correcto» que se permite hablar de modo encomiable, en primera página, respecto de unos defensores de la acción de matar gente, no ya presuntos terroristas uzbekos, sino gente que estaba viviendo en el vientre de su madre.

También deploro que haya gentes que piensen que este asunto es, sin más, algo indiferente.

 

En la web de la Universidad de los Andes:

Durante su visita académica, el profesor de la Universidad de Navarra, España, Juan José García-Noblejas fue el expositor principal de un nuevo Seminario de Profesores de la Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes. Los docentes, encabezados por el Rector Orlando Poblete, el Vicerrector Académico, Jaime Arancibia, y la Vicerrectora de Relaciones Universitarias, María Angélica Mir, escucharon atentamente y luego conversaron sobre la relevancia de las Humanidades para la sociedad y, especialmente, para la universidad, bajo el título «Redescubrir el papel de las humanidades en la investigación y la docencia en comunicación».

(…)

El interés que algunos me comentan por lo hablado en este Seminario pienso que permite -dejando al margen de esta anotación las cuestiones más específicas- recoger aquí algunas de las consideraciones generales. Y apuntar alguna otra que no hubo tiempo de ver cumplidamente.

Nada nuevo bajo el sol, pero sí una especial insistencia en razonar la urgente necesidad de destacar los contenidos de carácter humanístico en la formación inicial de quienes piensan dedicarse a trabajar en la comunicación pública.

Se trata de razonamientos consonantes con los que tuve ocasión de desarrollar, hace unos meses, en el Seminario de Doctores de la FCom de la Universidad de Navarra. Buena muestra de su actualidad, ante los diversos cambios y reorganizaciones de planes de estudio en universidades de todo del mundo. No pretendo ni de lejos que aquí alguien encuentre «la» respuesta y solución a las cuestiones que plantea la creciente relevancia de la comunicación pública en la vida de sociedades y naciones. Lo importante, en cada caso, es el diálogo que pueda suscitarse sobre éstas y otras cuestiones.

Siguen, sin más, algunos párrafos tomados directamente del guión mínimamente elaborado para los mencionados Seminarios de profesores:

Entiendo que primero conviene decir explícitamente con claridad el sentido que aparece con las humanidades en el contexto de nuestros estudios universitarios, aunque pueda parecer, sin serlo, un mero argumento de autoridad. Lo recuerda Alejandro Llano[1] al mencionar que “el Fundador de la Universidad de Navarra solía decir que fomentar los estudios de humanidades equivale a afirmar la primacía del espíritu sobre la materia. Lo cual, a sensu contrario, puede significar que su abandono implica la consagración de la primacía de la materia sobre el espíritu. Y esto, a su vez, implica que se renuncia al hallazgo de lo nuevo, cuya fuente, como ya sabemos, no es otra que el propio espíritu humano”.

Y también tienen pleno sentido estas otras palabras, que concretan más y mejor el perfil actual de uno de los grandes adversarios de las humanidades: “No pocos fenómenos actuales, que revelan decadencia cultural y pérdida de sentido, encuentran su trasfondo en ese feroz pragmatismo que desprecia cuanto no ofrezca una utilidad inmediata[2].

(…)

¿A qué se dedican los académicos de la comunicación pública?

Los profesores y académicos somos también otros profesionales de la comunicación pública. Es decir, no somos –como a veces toleramos que se diga, con notable ligereza y superficialidad- profesionalmente extraños al mundo del periodismo, la publicidad, la propaganda, comunicación institucional, la escritura y producción de ficciones de variado tipo destinadas al entretenimiento, etc. Porque nos dedicamos a estudiar y enseñar con dos grandes finalidades:

— 1) la que se presume, en unas circunstancias que acercan más bien la Facultad a una no del todo cómoda posición académica de escuela de formación profesional, que trata de preparar gentes para que posean las habilidades necesarias para acceder casi como «aprendices» a las profesiones según estén en cada momento los modos preferenciales del hacer destinado al éxito técnico, que de ordinario depende de reglas gobernadas por intereses (empresariales, ideológicos, etc.) diversos a los de la misma comunicación pública. Estos últimos, en principio están orientados de modo prioritario a luchar contra diversos tipos de ignorancia acerca de la vida cívica y de la misma dignidad y condición humana, que facilitan la «vida buena» (Robert Spaemann).  En este sentido, también sería deseable lograr preparar además a esas mismas gentes con saberes prácticos (éticos, políticos, retóricos, poéticos y estéticos) necesarios para desarrollar las genuinas exigencias sociales de las profesiones de comunicación pública, según se planteen en cada momento histórico.

— 2) además de esto, pienso que sobre todo nos dedicamos (o deberíamos dedicarnos) a estudiar y enseñar acerca de las razones más finales y no sólo instrumentales de las profesiones de comunicación. Es decir, estar en condiciones de diagnosticar, corregir y mejorar o cambiar lo que es mejorable o cambiable, porque no esté bien orientado respecto del bien común cívico o respecto de la misma dignidad humana, en las profesiones de comunicación. Incluyendo también en esta finalidad las razones propias de las diversas profesiones u ocupaciones académicas dedicadas al cuidado y desarrollo de los saberes propios de la comunicación pública. Cuestiones teóricas, técnicas y prácticas, que deberían ser distinguibles con claridad y estar operativamente desligadas entre sí: porque las técnicas ni deben confundirse con las prácticas ni son meras verificaciones de teorías, ni éstas justificaciones de aquellas, etc.

Ayudar a otros formar-se personalmente la propia conciencia

En este sentido, entiendo que una tarea inespecífica, pero sustancial para profesores de Facultades de Comunicación pública es servir para ayudar a formar-se en la libertad: es decir, ser útiles en la ayuda a alumnos y colegas académicos y profesionales de los medios, en la formación personal de sus conciencias. Para eso, resulta prioritario lograr que los alumnos atiendan menos al poder sancionador o calificador de los profesores (a su “potestas”), que a los saberes que ponen en común (a su “auctoritas”).

Porque los alumnos pueden terminar «obedeciendo» al profesor, es decir «haciendo las cosas según guste al profesor o según las normas técnicas con que éste haya fijado explícitamente que se hagan», y –una vez aprendido eso y habituados a ese modo de funcionar- hagan lo mismo cuando lleguen a la profesión: han aprendido a«obedecer» sin más al que manda, en asuntos que son de conciencia y sobre los que sería siempre mejor no obedecer sin antes razonar y hacer escuchar la propia posición: ya sea ante el director o el redactor-jefe del periódico o el productor de una propaganda o publicidad o una película… No es una profesión de técnicos que actúan según lo que se supone que manda el que paga, o lo que da prestigio o fama o audiencia… Porque así, en vez de actuar libremente en conciencia, actuarán quizá sólo con gran «sensación de libertad». Cosa que, como es bien sabido (Max Scheler), no es lo mismo que la libertad.

(…)

«Enemigos» y «Objetos de estudio» profesionales propios

En otros ámbitos académicos y profesionales hay claros -digamos, para entendernos- enemigos y objetos de estudio propios, con independencia de la importancia que en cada caso se les otorgue. En Derecho, el saber que acomuna todas sus variadísimas especialidades se establece en torno a qué es “lo justo”, mientras el enemigo a estudiar queda establecido en torno a los muy diversos tipos y grados de «la injusticia». En Medicina, el saber que acomuna las casi infinitas especialidades tiene como objeto propio «la salud», mientras que el enemigo declarado se encuentra en cualquier síntoma, grado o nivel de «la enfermedad».

Algo semejante sucede desde luego con otros saberes académicos y sus correspondientes profesiones, desde los saberes filosóficos y teológicos hasta los diversos tipos de ingenierías, o hasta los expertos en gestionar actividades varias con mayor o menor fortuna.

No es preciso insistir en que hay otros ámbitos que son de suyo más difíciles, y que no por casualidad se encuentran muchas veces  asociados a los saberes humanísticos, en los que hoy día parece prevalecer el relativismo que pretende equiparar o valorar por igual las opiniones de cualquiera.

Hoy parece que todo el mundo “opina”: desde el más sabio académico acerca del arte micénico o el historiador que ha empleado una vida a desentrañar esto o aquello, hasta el ciudadano más imbécil, que a buen seguro existe y desde luego opina con gran aplomo y seriedad sobre lo divino y lo humano, el arte o la historia. Pero que, a buen seguro no sabe distinguir entre lo que implica una opinión respecto de una certeza o de una creencia o de una duda o lo que implica una adecuada tendencia y un compromiso hacia un saber con verdad acerca de algo.

En el caso de la Comunicación Pública, en paralelo con lo dicho del Derecho o la Medicina, se puede hacer una simplificación similar. Nos encontramos con un saber capaz de acomunar todas sus especialidades, que en términos de “enemigo a estudiar” bien puede situarse en torno a «la ignorancia«, de un modo no similar a los saberes destinados a la educación e instrucción escolar. La ignorancia enemiga de la Comunicación es la que de modo específico nos quita libertad en nuestra vida personal y ciudadana. También por esto cabe decir que el objeto propio de nuestros saberes tiende a orientarse a «dar cuenta y razón de las acciones/pasiones libres personales, histórica o poéticamente (posiblemente) situadas«.

La Comunicación Pública se instala -en principio- en torno a lo que se suelen llamar «saberes propios de la socialización secundaria», que son los que de ordinario suelen ser de índole cívica y profesional. Pero también -y pienso que en nuestros días, sobre todo- conviene recordar que los «saberes propios de la socialización primaria», que hasta hace poco eran los propios de la escuela, previos a la Universidad o a los estudios profesionales, y la participación libre y responsable en la vida cívica (desde que se comienza a pagar impuestos, por ejemplo), son o eran los que constituyen el fundamento de la propia identidad personal y social, cívica, de las personas.

Hoy en día -guste o no- los saberes puestos en juego con la Comunicación pública, a través de sus múltiples especialidades, además de informar, propagar, vender o entretener, tiene una función de «formación continua» en torno a aquellos «saberes de socialización primaria», dado que la propia identidad personal sigue en juego: o bien porque la escuela no ha desarrollado suficientemente los saberes pacíficamente compartidos en la vida cívica social, bien porque las personalidades están de hecho en continua formación o reformación o configuración de la gente como personas y como ciudadanos.

(…)

Jean Luc Godard decía que “un travelling es una cuestión de moral”

En este sentido, entiendo que el cultivo de las humanidades en nuestra Facultad toma una peculiar dimensión cultural. Sería interesante poder hablar del sentido que para Jean Luc Godard tenía aquella frase por él mismo acuñada de que “un travelling es una cuestión de moral” y del que tiene y puede tener para nosotros, en cuanto interesados académica y profesionalmente por las humanidades, las artes y las letras.

Hoy alguno de nosotros bien podría recordar el poder políticamente ideológico que la técnica (el travellingtécnico material de Godard, por ejemplo) puede pretender tener en nuestros días de globalización. La tecnocracia es una mentalidad temible que hace coincidir la verdad con lo factible y que en estos últimos y próximos tiempos (no es una simple moda pasajera) siempre vamos a encontrar a la vuelta de casi todas las esquinas, como oferta que pretende sustituir a los verdaderos horizontes culturales. Porque es bien cierto que la técnica –en sus múltiples versiones- nos rescata de muchas de nuestras limitaciones físicas, y amplía nuestro horizonte.

Pero entiendo que aquí, o bien sabemos o quizá hemos de estudiar más cómo situar la técnica en su lugar, precisamente yendo incluso más allá de la cuestión moral planteada por Godard para el travelling, que ya es mucho, incluso para nuestros días. El caso es que –cultivando las humanidades- podemos explicitar mejor el sentido fuerte que tiene nuestra libertad personal. Lo dice de otro modo Benedicto XVI: “la libertad humana es ella misma sólo cuando responde a esta atracción de la técnica con decisiones que son fruto de la responsabilidad moral. De ahí la necesidad apremiante de una formación para un uso ético y responsable de la técnica[3].

De esta formación se trata, como dije al inicio: de nuestra común tarea de redescubrir el papel de las humanidades en la investigación y la docencia en comunicación. Un papel que concuerda muy bien con lo que dice Vargas Llosa de la cultura, en su diálogo con Claudio Magris, por una vía menos directamente abierta a la trascendencia sobrenatural que la ofrecida por Benedicto XVI. Dice Vargas Llosa, hablando de la novela –que es de lo que sabe- algo que sin extrapolaciones injustas abarca todas las humanidades: “la novela nos permite comprender una realidad que, sin ella y sin otras instituciones culturales –la religión, las ideologías- resultaría simplemente caótica. No disponemos de referencias ante el caos que es la misma vida en que estamos inmersos. Y por esta razón existe la cultura: para ofrecernos instrumentos que permitan encontrar un orden, dar a nuestra vida una coherencia que, gracias a esas creaciones [culturales], a esas instituciones, nos evita vagar en la confusión y en las tinieblas”[4].

(…)

[1] Alejandro Llano, “La Universidad y lo nuevo”, lección inaugural para el curso académico 2002/2003, Universidad de Navarra (Cfr. http://www.unav.es/noticias/llano.html , octubre 2012).

[2] Ibid.

[3] Benedicto XVI, Encíclica Charitas in Veritate, n. 70.

[4] Claudio Magris y Mario Vargas Llosa, La letteratura è la mia vendetta, Mondadori, Milán 2012, pp. 22-23.

 

Me disponía a escribir acerca del asunto, cuando -de nuevo- me encuentro rindiendo merecido homenaje a Paco Sánchez, viejo colega y amigo. Clarividencia y brevedad, ironía y datos en Otro golazo. Por favor, no se lo pierda, amigo lector:

Un geniecillo del márketing debe de estar muriéndose de risa en algún despacho. Su estrategia para el lanzamiento del libro del papa se ha convertido en un éxito brutal. Probablemente pensó que, para un país como el nuestro, la mejor publicidad consiste en el barullo. Y lo montó. La noche del jueves escuché cómo un conocido columnista madrileño, después de declararse no creyente, se escandalizaba de que «ahora Jesús naciera en Nazareth y no en un pesebre» y otro le secundaba quejándose de que el papa se ocupara de tal asunto en «un libro susceptible de convertirse en encíclica». Además de no haber leído el libro, ambos demostraban una ignorancia desoladora. Como la del cronista de otro gran diario, que llegó a escribir que el papa refuta los evangelios.

El libro se lee en un santiamén, porque es breve, interesante y fácil. Pero el noticiero nacional, sin leerlo, volvió a tragarse el caramelo envenenado de los publicistas y arrastró a las redes sociales, que siguen manifestando una dependencia ciega del periodismo, especialmente del peor. Enseguida caló la idea-escándalo de que el papa había desterrado la mula y el buey del belén.

Supongo que en Planeta se frotarán de codicia, aunque en el fondo se han equivocado. Si no, al tiempo. Pero me duele que el periodismo, una vez más y por pereza e ignorancia, haya permitido la intoxicación. Bastaba con ir a la página 76 del libro, donde el papa explica la presencia del asno y el buey, que termina así: «La iconografía cristiana captó muy pronto este motivo. Ninguna representación del nacimiento renunciará al buey y al asno». En fin.

 

Leo con relativa tristeza lo que publica 233 grados (ABC prescinde de José Luis Orihuela) sobre una sombra más de la crisis en las empresas periodísticas. No terminan de darse cuenta de la importancia del mundo (no ya del soporte) digital, siempre por razones económicas, que parecen ser la únicas razones que hoy cuentan, por desgracia.

Y van y -como en este caso el diario ABC- se desprenden de las aportaciones de los mejores conocedores de este mundo digital.  Esta es una decisión que equivale a un pecado grave profesional, y que además -como suele decirse- en el pecado llevará la penitencia: de entrada, un lugar menos para que figure, como en estos momentos, la publicidad de la película «Argo».

El periodista José Luis Orihuela, se ha despedido este jueves de los lectores de Digital Media Weblog (DMW), su blog en ABC.es, en el que ha estado escribiendo durante más de tres años sobre el futuro de los medios.

En un último post titulado ‘Despedida’, Orihuela alude a motivos económicos como la razón principal para que ABC haya decidido poner fin a esta colaboración.

“No deja de ser una paradoja que la crisis del sector se lleve por delante un blog dedicado a vislumbrar y compartir claves acerca del futuro de los medios, pero entiendo que son tiempos difíciles para mantener colaboradores profesionales”, asegura.

Orihuela, que también ha agradecido a ABC.es por haber “confiado” en él, seguirá colaborando puntualmente con “otros medios”, además de escribir en su blog personal, eCuaderno.com, de temática similar a DMW, donde lo lleva haciendo desde 2002.

José Luis Orihuela es Doctor en Ciencias de la Información y profesor en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra (Pamplona, España).

Decía que recibo la noticia con relativa tristeza. Porque es de esperar que la pluma de José Luis sobre asuntos de divulgación digital pronto encuentre arrimo en mejor y más nutritivo puerto. Los que de algo saben, no hay que olvidarlo, de eso que saben han de vivir y dar de vivir a su familia. Que en este caso -además- no es pequeña.

Un cordial saludo, José Luis. Y hasta pronto, en Roma.

Actualización: para seguir en la red esta noticia.

 


Vale la pena leer lo que hoy publica Paco Sánchez en La Voz de Galicia (Perdedores). Aunque sólo fuera como ejercicio de higiene mental y profesional.

Todas las semanas alumbran una frase que se repite como un eco por los recovecos de las redes sociales -las virtuales y las de verdad- hasta que retumba como un trueno. La que termina ha producido muchas, pero me quedo con la pregunta de Gervasio Rodríguez Acosta, presidente de Vendex, a la jueza de Lugo: «Señoría, ¿pero cómo creen que se consiguen las adjudicaciones?». La jueza y casi todos sabemos cómo se consiguen. Estamos hartos de saberlo: con Rolex, con sobres de dinero, con cacerías y putas… Así que entiendo el tono sorprendido de Gervasio e ignoro por qué ha causado tanto escándalo. Casi estoy por agradecérselo: un bandido nos pone ante el espejo. En la frase estamos todos. No vale escudarse en la corrupción de la clase política, porque habría que hablar de funcionarios y técnicos de los que depende un informe, capaces de agilizar un trámite o de modificar levemente una convocatoria. Y de sus contrapartes, los conseguidores. ¿Qué espacio queda, así las cosas, para el contratista honesto?

Tendríamos que empezar por discutir qué significa hoy ser honesto, por qué importan la sinceridad, la lealtad, la palabra dada, el compromiso y la transparencia si nos convierten en perdedores, el nuevo pecado imperdonable. Necesitamos gente que se arriesgue a perder frente a los deshonestos o no recuperaremos la confianza en nosotros mismos, en la economía, en las instituciones: esos procesos judiciales eternos, esas comisiones de investigación que parecen tapaderas… Pero no es tiempo de héroes, sino de ídolos, y el fútbol dicta, como nueva religión, que todo vale con tal de que el equipo esté arriba.

 

Sobre el famoso trozo de papiro del tamaño de una tarjeta de crédito, lanzado a bombo y platillo por el New York Times y la Universidad de Harvard, planteando el asunto de una «mujer de Jesús», ya se han publicado suficientes noticias que dicen mucho acerca de las graves y claras dudas de científicos y expertos (Harvard Theological Review Rejects “Jesus’ Wife”) acerca de la autenticidad del papiro en cuestión, tal y como se ha presentado, y desde luego acerca del sentido que el NY Times se ha empeñado en dar a sus titulares.

Sobre esto último he escrito «NYTimes, ligero de cascos: papiros y propaganda periodística para contradecir a la Iglesia Católica«.

Ya se ve, por algunas reacciones de periódicos en sintonía con el NY Times en este asunto, como El País, que lo que realmente les asusta es -entre otras cosas- el históricamente probado celibato de Jesús, y el celibato como estilo de vida entre personas, sobre todo si son católicas, de nuestros días. Al presentarlo explícitamente como «visión represora del sexo», ponen de manifiesto una patológica obsesión de sexualizarlo todo en la vida, sin dudar lo más mínimo en utilizar descaradas falsedades científicas para lograr ese dudoso objetivo. (¿Qué pasará cuando les dé por decidir que los vegetarianos son una «visión represora de la comida»?)

Pero, yendo de nuevo al asunto de la posible estrategia comunicativa del NY Times, es aconsejable leer el razonado texto de , en el que («Harvard Rejecting “Jesus’ Wife” but Truthiness is Served«) queda claro que Harvard rechaza lo proclamado por su profesora, y probablemente no publique el texto que de entrada aparecía presentando el asunto como gran descubrimiento científico.

Además de lo que acabo de referir, Elizabeth Scaglia se detiene en poner de manifiesto que una parte del objetivo comunicativo del asunto se ha logrado, al hacer aparecer en la opinión mundial este asunto con visos de «Truthiness«.

Sobre la «Truthiness» se ha escrito mucho, como puede verse en el link del párrafo anterior, pero quizá basta con lo que dice Mauro en una entrada de blog de hace tiempo, como falacia lógica casi intraducible al español: es la cualidad por la cual una persona pretende saber algo emocionalmente o instintivamente, sin hacer relación a pruebas que lo avalen, o a lo que podría concluirse mediante el debido examen racional o intelectual.

Desde un punto de vista práctico, traduzco unos pocos párrafos de lo razonado por Elizabeth Scaglia, sobre la mencionada y posible estrategia comunicativa del NY Times en este asunto del fragmento de papiro:

(…) La noticia de que el National Geographic ya ha filmado, editado y programado un documental sobre el fragmento –hay que ver lo rápido que fue eso, ¿no?- no hace más que confirmar mi sospecha de que la validación académica fue menos importante en esta historia que el lanzar la idea de la «esposa de Jesús» ante el público, tanto si aquello del papiro era cierto o no lo era.

Porque, como dice Stephen Colbert (y los investigadores en cognición confirman), la «truthiness» de una cosa es lo que realmente importa. Lanza y publica el mensaje, sin necesidad de ser objetivo, ya que sólo tiene que parecer bastante creíble para algunos: “hombre, mira, si ha sido publicado en el New York Times!”, mira: “si está en el National Geographic: por tanto debe ser verdad!”. Así se hacen las cosas.

Esta es la razón por la que la prensa imprime como de rutina el titular que quieren que absorbamos, cuando el asunto trata de determinadas personas o instituciones. Y luego aclaran las cosas un par de días más tarde.

Así, la “truthiness” está servida. Y se diría que tenemos un apetito creciente por ella.

Por supuesto, podría ser que esta historia nos llegó en septiembre porque servía para sentar las bases de un gran titular revisionista, quizá en el próximo diciembre; pero no entremos ni nos entretengamos con teorías conspiratorias. Por el momento…

ACTUALIZACIÓN: En una charla semi-privada, Tom McDonald me hizo pensar en el “timing”:

Creo que el momento fue determinado probablemente por la Conferencia copta en Roma, para que se pudiera presentar académicamente, que es la forma preferida para hacer revelaciones de este tipo.

El informe del New York Times y el acuerdo del Smithsonian, sin embargo, fueron obviamente realizados antes de la presentación académica, lo que deja en claro que se trataba de una campaña mediática más bien organizada. Esto no es necesariamente algo malo, pero ciertamente plantea que se levanten algunas cejas, sobre todo cuando se trata de una pieza de origen desconocido. (…)

 

Coincido con Ángel Expósito en la sustancia de la demagogia y el amarillismo del NY Times al pretender presentar la situación en España con unas fotos que no representan ni de lejos esa situación.

No coincido en que si fuera director de un diario haría un reportaje parecido, aunque sólo fuera para hacer ver la inexplicable injusticia, demagogia y amarillismo… Porque -a pesar de ironías explicativas- caería en el mismo tipo de periodismo que rechazo. A no ser que el diario tuviera (además de un alcance amplio que lo asemejase proporcionalmente al NYTimes), una sección habitual dedicada a las «patologías de la prensa» o de la comunicación pública en general, o algo semejante. Con todos sus riesgos.

En cambio, si fuera director de un diario como el ABC (que Ángel ha dirigido) me gustaría poder investigar -al menos un poco- acerca de dónde viene y a dónde va ese reportaje: por qué y para qué se ha hecho y publicado, quién ha decidido que se haga, quién ha decidido que se publique, incluyendo los cuandos y los comos. Sin duda sería éste un gran reportaje y lograría resonancia (o vergonzante silencio) mundial.

Un gran diario como el NY Times merece ser investigado cuando le da un ataque tan agudo como éste, que sin duda es síntoma patente de alguna patología que no terminamos de perfilar. A no ser que pensemos que este es -con sus más y sus menos- su habitual modus operandi cuando informa de lo que pasa en otros sitios del mundo distintos de los USA, cosa que sería como para encargar un funeral de lujo para este (ahora presunto) estandarte del periodismo. En cierto modo, es otro aviso para los adoradores del Times, que quizá tienen alguna dificultad en pensar por cuenta propia.

 

Leo unas declaraciones mexicanas del buen amigo y gran profesional Javier Errea, asegurando que «el futuro no es multimedia«. Como lo hace en el contexto de la ponencia que presentará con ese título en la próxima Cumbre Mundial de Diseño en Prensa, entiendo que se refiere al periodismo. Y en concreto, al impreso en papel.

Al ser preguntado por el periodismo en los periódicos, y dejando posibles bromas aparte, dice:

Me parece una obviedad que en estos últimos años se ha olvidado y que parece que ahora algunos redescubren. Los periódicos, los medios, deben olvidarse de aventuras extraperiodísticas y dedicarse a lo que saben hacer, al valor añadido que pueden aportar.

Zapatero a tus zapatos, decimos en español, ¿no? Es lo mismo que sucede con los grandes bancos, ahora en crisis, al menos en el mundo occidental: durante los últimos años se empeñaron en adentrarse en experimentos fuera de foco, en crear conglomerados industriales… Así les fue. Los medios cayeron en este mismo mal del crecimiento alocado, de la ambición desmedida, y la han pagado.

Y al ser preguntado sobre el periodismo militante en política añade:

No acabo de entender la cuestión. ¿Militante quiere decir que toma partido por alguna fuerza política en concreto? ¿O que defiende ciertos valores sociales y democráticos esenciales?

Si es lo primero, rotundamente no: los medios, impresos o digitales, de cualquier índole, no pueden militar en política. La militancia política, normalmente atada a otro tipo de intereses ocultos, más bien empresariales, empobrece a los medios, los hace menos generosos y abiertos, y tiene consecuencias muy graves: dificulta la convivencia ciudadana. Y tiene a largo plazo consecuencias fatales: esos medios acabarán arruinándose en una especie de suicidio profesional.

Para leer la entrevista completa, aquí.

 

Me produce especial molestia saber que Nokia (o su agencia de publicidad) me engañan con las imágenes que me ofrecen como publicidad. Y no sólo respecto del spot publicitario, sino también de las imágenes fotográficas, según hoy (again) ha reconocido. Pero tras el enfado primario hay que pensar la cosa por un instante, al menos.

Porque en cierto modo no hay que olvidar que hay un implícito «pacto de lectura» de la publicidad en el que probablemente no haya caído todo el mundo y que plantee la publicidad como una «actividad artística» y por tanto en la que se permiten «licencias» como la de presentar imágenes supuestamente tomadas por el teléfono en cuestión, que en realidad han sido tomadas con medios mucho más sofisticados que el mismo sistema anunciado.

Ahora ha sido el turno de «pescar» a los realizadores del spot, pero ¿cuántos hemos visto que hayan tenido semejante tratamiento? Hay en nuestra retina demasiadas supuestas gotas de refrescos deslizándose a cámara lenta por la botella o el vaso convenientemente helado, demasiadas supuestas caras de agrado melífluo comiendo unas galletas, lavando con algo que blanquea como nada, bebiendo un licor que finalmente hace de aquella reunión aburrida una auténtica fiesta… Y eso, por no hablar de coches que supuestamente enamoran alrededor a través de la belleza masculina o femenina que los conduce, o de los champús que hacen supuestamente ondular los cabellos al modo de las walkirias que vemos correr sobre alazanes que para sí quisiera el Moro Muza, o de los platos cocinados que (aún supuestamente) hacen las delicias del niño o como mucho del niño y la niña, con papá incluído con la boca hecha agua.

¡Qué pena de cristales que hubieran podido reflejar las «falsas tomas» de cientos o miles de spots tan falsos como ahora hemos podido ver y también observar cómo algunos rasgan farisaicamente sus vestiduras (a ser posible por las costuras, que estamos de crisis) a propósito del anuncio de Nokia! Hubiéramos visto los trucos de las gotas en Coca Cola, el agrado de quien lleva ocho horas atiborrándose de galletas Chiquilín y sonriendo como si estuviera feliz, o las pelucas que realmente ondulan al viento del champú Wella, y el asco real de la cara de los niños ya ahítos y aburridos ante la enésima supuesta ingesta de deliciosas y crujientes pizzas Gallina Blanca.

Entonces, quizá, sabiendo cómo se hace la publicidad (claro: con actores, y con los restantes medios de las películas -empezando por el guión y siguiendo por todo lo demás-, pero más en regate corto), quizá no le hubiéramos prestado tanta atención.

Aunque, en este caso, al tratarse de una publicidad comparativa de un mecanismo opcional (que otros no tienen) en el uso del teléfono, el asunto puede ser considerado especialmente adecuado a la crítica. O al menos, al despertar del espíritu crítico y el abandono de una mirada bobalicona a la publicidad.