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Montse Doval tiene -entre otras- la cualidad de poner el dedo en la llaga a tiempo y sin presionar -como algunos medios y presuntos colegas hacen no pocas veces- para hacer daño. Más bien lo suele poner para que no salga más sangre por esa herida.

Esta vez ha recordado que -si de periodistas y periodismo se trata- no es baladí la importancia de verificar, comprobar o simplemente referirse a hechos reales. Lo dice con delicadeza rayana en la ironía académica: Comprobar los hechos, una rutina que conviene incorporar.

Podría haber dicho que se trata de algo que conviene reincorporar, en la medida en que se trata de una rutina para algunos perdida de vista. Pero como es delicada y académica, dice que se trata, sin más, de incorporar esa rutina de la verificación de los hechos que los periodistas y los medios convierten -o tratan de convertir- en acontecimientos sociales.

Buena lección de teoría de la comunicación, que a buen seguro vendrá bien a las nuevas generaciones de profesionales. Este es su texto en Internet Política:

Con el uso de los medios sociales, se acelera la difusión de datos, pero no se asegura que esos datos sean verdad. Convendría que incorporáramos los hábitos de la prudencia y la comprobación de hechos, antes de dar por buenos los datos que recibimos.

Éste es un caso que se dio con el Papa Francisco, pero que se da con bastante frecuencia en muchos temas, se muestra un hecho -a veces acompañado de una foto que parece darle fiabilidad o un vídeo- y no se aportan pruebas de la veracidad. Se comparte, se enciende la viralidad de las redes sociales y, al final, era una moneda falsa.

¿Cuánta gente comprobó la veracidad de lo retuiteado o difundido en Facebook? No lo sabemos. ¿Cuánta gente se habrá quedado con la versión falsa? Tampoco lo sabemos.

MediaShift . Fact-Checking Social Media: The Case of the Pope and the Dictator | PBS.

Aunque sea un instante, mejor pensar en lo que aquí dice Montse.

 

Hace algo más de un año, las cosas estaban así, según alt1040.com:

La decisión de Google de compartir información de sus usuarios de manera horizontal entre todos sus productos genera fricciones entre la compañía y la Unión Europea, que además de generar críticas, sería objetivo de acciones legales por parte de la Unión Europea.

Llega el momento de las acciones legales, en vista de que Google no cumple con la Directiva 95/46/CE (ver síntesis) del Parlamento Europeo y del Consejo, de 24 de octubre de 1995, relativa a la protección de las personas físicas en lo que respecta al tratamiento de datos personales y a la libre circulación de estos datos.

En estos momentos y en primera posición se encuentra Francia, seguida de Holanda, España, Alemania y algunas organizaciones inglesas. Más adelante seguirán, muy probablemente, los demás estados miembros. Lo refiere la agencia Efe y lo recoge la prensa internacional:

Seis organismos europeos de protección de datos emprenderán acciones contra Google por no haber respondido a su exigencia de modificar las reglas de confidencialidad, informó la Comisión Nacional francesa de Informática y Libertades (CNIL).

Las autoridades nacionales de protección de datos dieron a Google a finales de octubre un plazo de cuatro meses para que actuara conforme a la normativa europea.

Los países europeos habían pedido a Google que facilitara información clara y completa sobre los datos recabados, que precisara la duración máxima de conservación o su finalidad, o que mostrara su compromiso de respetar las exigencias de la directiva europea de protección de datos.

Los organismos en cuestión, según el comunicado de la Comisión Nacional francesa de Informática y Libertades (CNIL), son los correspondientes a Alemania, España, Francia, Italia, Holanda y Reino Unido, que recibieron a representantes de Google el pasado 19 de marzo.

Acabada esa reunión, no se ha puesto en marcha ningún cambio,” destaca el CNIL, según el cual le corresponde a cada autoridad nacional proseguir las investigaciones pertinentes a su normativa nacional.

(…)

Veremos en qué acaba este pulso sobre el uso de los datos personales de la ciudadanía, y no solo de los consumidores.

 

Justino Sinova escribe en su blog, dentro del Observatorio de la Libertad de expresión, acerca de “El caudillo y la ceguera”. El caudillo es Hugo Chávez, con el antecedente franquista con que arranca esta magnífica entrada del blog, y la ceguera es la de algunos medios españoles.

Entiendo que conviene leer completo el razonamiento del texto de Justino, no porque se trate de un viejo amigo y colega, sino porque lo que dice tiene mucho sentido  profesional. Dice así:

No hay que extrañarse de los llantos que el venezolano medio vierte por Hugo Chávez en medio de la pasión popular provocada por una impetuosa propaganda sentimental. Así, a un caudillo se le llora después de su agonía. Hace 37 años, decenas de miles de españoles desfilaban ante el cadáver de Francisco Francotras aguardar durante horas en una cola bien nutrida de cientos de metros de longitud. Sólo un año y un mes después, los españoles aplaudían (94 % de síes en referéndum) la ley que cancelaba el franquismo y abría la puerta a la democracia. A un caudillo se le llora y, si hay posibilidad de decidir en libertad, se le olvida. Si los venezolanos gozaran de la libertad que se les ha negado, los herederos de Chávez se iban a enterar de lo que vale un voto.

Sí hay razones para alarmarse, en cambio, de la ceguera con que muchos han juzgado el mandato de Chávez sobre el país potencialmente más rico  de Latinoamérica, que deja sumido en unos niveles impropios de pobreza después de 13 años de gestión en los que prometió y presumió de progreso y bienestar. Se trata de una ceguera ideológica, una turbación que hace el efecto de una niebla que altera los contornos de la realidad. Porque otra razón no hay para explicarse la alucinación de gente que se supone informada.

Quien ha seguido atentamente el desarrollo de la enfermedad del caudillo bolivariano, desde las primeras noticias de su indisposición hace catorce o quince meses hasta la psicosis de masas urgida tras su fallecimiento, ha podido leer algunos textos y escuchar algunas oratorias que laudaban la gestión chavista como un éxito indiscutible. Es verdad que Chavez llegó al poder tras el desastre de varios gobiernos supuestamente liberales, pero el resultado de su tarea está lleno de puntos negros que no se pueden ignorar ni ocultar, y menos cuando el caudillo y sus adeptos presumen de comportamientos legítimos y democráticos.

Porque, vamos a ver: cómo se puede celebrar la actividad económica de Venezuela cuando tiene que importar casi todo; cómo se puede considerar un éxito las nacionalizaciones que han desmantelado la industria propia; cómo se puede justificar que el 95 % de sus exportaciones gire en torno al petróleo; cómo se puede admitir que el maná del petróleo no haya sacado a la nación de la pobreza; cómo se puede elogiar el sistema sanitario cuando su jefe máximo se va fuera del país a encontrar solución a sus problemas de salud; cómo se puede encubrir lainflación galopante que maltrata sobre todo a las clases más necesitadas; cómo se puede aceptar sin un reproche la cadena interminable de mentiras con que el régimen ha ocultado y desfigurado la enfermedad de Chaves, cuya gravedad se conocía en cualquier país occidental y no en la propia Venezuela…

Y, sobre todo, cómo desde territorios periodísticos se puede aplicar paños calientes a las agresiones chavistas a las libertades de información y de expresión. Cualquiera de los atentados más leves dirigidos contra periodistas y medios de comunicación habrían motivado en España la lógica e indignada protesta, además de un aluvión de reproches al Gobierno de turno por la quiebra del respeto al derecho fundamental a la información. No es de recibo, por ejemplo, señalar lagunas de la ley de Transparencia que elabora el Congreso aquí y recuperar al mismo tiempo la ceguera sobre la absoluta falta de transparencia de la gestión de Chaves y quienes le han acompañado, que además violan su propia Constitución, en medio de tantos silencios cómplices, para seguir ocupando el poder.

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Hermann Tertsch publica en ABC Los devotos odiadores, a propósito de esa especie de profesionales de la obsesión con la iglesia católica, que no han tardado horas en comenzar a sembrar de nuevo semillas de sospecha y odio hacia la Iglesia, ahora con ocasión del nuevo Papa Francisco, bien trayendo a colación no se sabe bien qué cuestiones misóginas o qué alegatos de gestos colaboracionistas con infames gobiernos argentinos.

Es más que probable que hubiera pasado algo semejante si el nuevo Papa hubiera sido italiano, estadounidense, filipino o austríaco. Los profesionales del infundio (Drae: “mentira, patraña o noticia falsa, generalmente tendenciosa”) parecen tener reacción preparada (son habitualmente reaccionarios) ante casi todas las circunstancias, incluso con evidencias en contra. Romper vidrieras a pedradas siempre ha sido más fácil, llamativo y espectacular que construir catedrales.

En todo caso, algunos párrafos del artículo de Hermann Tertsch, Los devotos odiadores, permiten recordar esta rémora de las profesiones de comunicación, que siempre encontrarán en la Iglesia, como es práctica habitual cristiana, quienes se acuerden de rezar por ellos:

Ya tenemos Papa. Francisco. A todos ha sorprendido una vez más la Iglesia.

Todas las quinielas, todos los augurios y las deducciones de los ejércitos de vaticanistas se han ido literalmente al garete. Creen que la curia es el comité central del Partido Comunista de la Unión Soviética, el consejo de administración de una multinacional en el Club Bilderberg, la Logia del Gran Oriente o el casino de un pueblo.

Al final resulta que sí, que la iglesia es una organización humana y mundana, llena de pecadores, con juegos de poder, con cálculos e intrigas, lucha de intereses, banderías y trampas. Pero siempre pasan por alto quienes miran desde fuera con frivolidad u hostilidad y conceptos y ritmos propios, que si bien es cierto que en la Iglesia hay todo eso, mucho y en demasía, hay además algo más. Mucho más.

Se les olvida con frecuencia a vaticanistas aficionados como a los enemigos más devotos de la Iglesia, que ahí dentro hay gente, mucha gente, que se cree lo que predica y lo que hace. Y cree en la vida que vive para su fe, para la Iglesia y los demás. (…)

Los devotos odiadores de la Iglesia que tanto interés y tiempo le dedican buscando, con torpes consejos, su debilidad y destrucción son el menor de los problemas de la Iglesia.

Esos devotos enemigos obsesionados por hacer daño tienen mensajes tan perecederos y obsoletos como mil proyectos de redención humana enterrados en estos dos mil años.

Pobre gente, pobre mensaje frente a la humilde grandeza de la esperanza que se despliega ahora en Roma.

 

Se entiende el enfado monumental de Enrique Dans con el próximo cierre de Google Reader. Un enfado que muchos compartimos, profundamente enfadados ante la prepotencia y la falta de lealtad con sus usuarios.

Así comienza el texto de Enrique Dans, Google y el desprecio a sus usuarios: el cierre de Google Reader:

Google decide, en una de sus temidas “limpiezas de primavera“, anuncia la retirada de Google Reader, la herramienta en la que muchos no solo leemos las noticias, sino que también las almacenamos, gestionamos o compartimos por correo electrónico. Una herramienta que caracteriza, precisamente, a un segmento de usuarios que tiende a la sistematización de la absorción de información, al análisis, a la lectura eficiente de titulares, a la gestión de repositorios… sin duda la herramienta que más utilizo a lo largo de mi día, mucho más que el buscador o que cualquier red social. Mucho más que una herramienta de lectura, Reader es una herramienta de investigación: a donde vas para rebuscar entre las noticias que leíste en los últimos tiempos, para encontrar aquello que marcaste con estrella, para llevar un registro ordenado de tus fuentes de información… una herramienta, a día de hoy, completamente insustituible.

Google Reader es el lector de feeds más popular del mercado. Su aparición en 2005 supuso la migración de muchos miles de usuarios desde lectores como Bloglines y otros: en muy poco tiempo, Reader obtuvo el claro liderazgo en un segmento que, a pesar de no tener una popularidad muy elevada por caracterizar a un usuario de nivel avanzado en su relación con la información, sí genera una gran fidelidad a muchos niveles. Los lectores RSS no son para todo el mundo, no son un producto mayoritario, pero sí son excepcionalmente útiles para aquellos que sabemos sacarles partido.

Para los que tenemos un blog, la eliminación de Reader es un auténtico disparo en la línea de flotación: Reader es la manera en la que muchos de nuestros usuarios más fieles reciben puntualmente la información, uno de los sitios en los que mostramos publicidad, en donde nos enfrentamos a la lectura de fuentes en un formato cómodo que facilita el escaneo rápido de titulares, o donde almacenamos aquello que nos pareció interesante y sobre lo que pensamos escribir posteriormente. Una herramienta que tiendes a mantener abierta en tu navegador en todo momento, que te sirve para ver de un vistazo si tienes poco o mucho por leer, que se introduce en tu rutina diaria y te ayuda a organizar muchísimas cosas.

(sigue)

Posible solución: feedly

 

Reproduzco a continuación la excelente información que aparece en la entrevista que Diego Contreras concedió a la DPA y que publica El Universal:

En las ruedas de prensa oficiales era el que respondía a las preguntas más molestas. Otros cardenales, con mucha diplomacia, despejaban balones o te daban una contestación que en el fondo no era una respuesta”, explica Diego Contreras, quien asegura que Ratzinger organizaba también encuentros “off the record” con periodistas en los que se tomaba horas para discutir cuestiones controvertidas.

El final del pontificado de Benedicto XVI se ha visto ensombrecido por versiones sobre luchas de poder y corrupción en la Curia romana y por el retrato de un Papa débil que acabó dimitiendo al no poder gobernar a los suyos. Un panorama marcado por la crisis y escándalos, y transmitido a nivel mundial.

Para Diego Contreras, profesor de la Facultad de Comunicación de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma y presidente de la agencia televisiva Rome Reports, especializada en temas vaticanos, el Pontificado del ahora papa emérito no fue necesariamente más turbulento que el de su predecesor, pero coincidió con un cambio en la cultura informativa en la que irrumpieron con fuerza los medios digitales y las redes sociales y su consiguiente efecto amplificador, resaltó DPA.

Juan Pablo II ha tenido problemas a veces más grandes que los de Benedicto XVI. Lo que ha faltado ha sido ese eco mediático mundial, quizá porque estaba tapado por la figura carismática del Papa“, afirma este español residente en Roma desde hace más de dos décadas y autor de un blog sobre la Iglesia católica en los medios de comunicación (dpaq.de/VfqEd).

El desarrollo de las redes sociales, la inmediatez en la información y la globalización en un modo como no se conocía antes han llevado a que episodios quizá menores que en otra época hubieran pasado casi desapercibidos han tenido ahora relevancia internacional“, explica Contreras, nacido en Granada hace 52 años y quien considera que el Vaticano debe realizar mayores esfuerzos en planificar su trabajo de comunicación.

Es genial que el Papa esté en Twitter, pero muchos de los problemas consisten en cómo contextualizar algunas decisiones, algunas motivaciones, en un contexto precisamente que no tiene las categorías cristianas para entenderlo. Esto exige un esfuerzo intelectual para elaborar el mensaje de un modo que responda a lo que se pretende, de un modo más incisivo”.

El escándalo que más ha marcado la fase final del pontificado ha sido el llamado caso “VatiLeaks”, cuyo principal implicado, el ex mayordomo de Benedicto XVI Paolo Gabriele, fue condenado y luego absuelto por sustraer documentos confidenciales de los aposentos del papa. Documentos que hablan de luchas dentro de la curia romana, corrupción y escándalos financieros.

Joseph Ratzinger encargó a tres cardenales encabezados por el español Julián Herranz, del Opus Dei, un informe sobre el caso, que sólo se mostrará al próximo papa, según decisión de Benedicto XVI. El diario La Repubblica asegura que el papa tomó la decisión de dimitir al leer dicho informe, algo que Contreras pone en duda.

Quizá le ha desgastado físicamente, pero no creo que haya sido un golpe psicológico tan grande como para llevarle a acelerar la renuncia“, afirma el experto en temas vaticanos. “No puede haberle hundido en la depresión, sobre todo habiendo sido más de 20 años prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cuando a su mesa llegaban a diario dossieres sin duda mucho más deprimentes”.

El profesor español considera “innegable” que ha habido problemas en la curia, tales como “falta de coordinación o visiones divergentes entre sus miembros”, pero no “cuchilladas” ni “agresiones”, como se plantea en el marco del escándalo “VatiLeaks”. Contreras cree no obstante que los colaboradores de Benedicto XVI no estuvieron “a la altura” del ahora papa emérito.

A Benedicto le ha faltado un Ratzinger. Juan Pablo II tenía un Ratzinger que le daba seguridad, apoyo y solidez cuando era cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Por lo que podemos juzgar externamente, es lícito decir que la curia romana no ha estado a la altura de lo que se esperaba, al nivel del papa. El magisterio del papa ha sido extraordinario y creo que todavía tendremos que asimilarlo durante muchos años. La gestión de gobierno que corresponde a sus colaboradores no ha sido extraordinaria”.

Como no sabemos qué contiene el informe de ‘Vatileaks’, podemos hacer del informe una especie de entidad que lo resuelve todo o que lo contiene todo“, afirma el profesor español, quien considera que la decisión de Benedicto XVI de no publicar el documento debe interpretarse más bien como “una delicadeza con su sucesor” o “una medida de prudencia” en lugar de un intento de tapar lo ocurrido.

El tema de la verdad para Ratzinger es esencial en su predicación como papa y en su investigación como teólogo, y también eso se ha demostrado en la transparencia. Creo que el tema más duro que ha tenido que afrontar es el de los abusos. El que ha marcado la pauta de transparencia ha sido el papa”, afirma, señalando que Ratzinger en sus tiempos de cardenal en la curia no se echaba atrás a la hora de abordar cuestiones difíciles.

“En las ruedas de prensa oficiales era el que respondía a las preguntas más molestas. Otros cardenales, con mucha diplomacia, despejaban balones o te daban una contestación que en el fondo no era una respuesta”, explica Contreras, quien asegura que Ratzinger organizaba también encuentros “off the record” con periodistas en los que se tomaba horas para discutir cuestiones controvertidas.

Su disponibilidad para atender a la prensa era llamativa, sobre todo si se piensa en el estereotipo que existe de él, de persona cerrada. El hecho de que haya publicado tres libros-entrevista, cuatro contando con el último cuando ya era papa con el periodista Peter Seewald, es una realidad que hay que tener en cuenta y que a veces también se olvida. Es muy, muy abierto a la comunicación”, concluyó.

 

Buena página con recursos para periodistas sobre el Cónclave para elegir nuevo Papa.

 

No se trata de insistir demasiado acerca del cúmulo de sandeces, algunas mejor intencionadas que la gran mayoría de las que se publican, en estos días previos al Cónclave.

El caso del diario romano Repubblica y su historia del “ex-hacker” vaticano es realmente curioso. Recomiendo leer el texto completo de Diego Contreras en su blog (El caso del hacker y otras tramas de poder, sexo y dinero en espera del cónclave), que termina con estos párrafos:

(…) El caso del ex hacker, en efecto, es una de esas historias asombrosas que produce el Vaticano. Una historia verdaderamente fascinante que presentaba, sin embargo, un pequeño problema: era totalmente falsa.

Ayer, hoy y supongo que seguirá en los próximos días, el diario romano está publicando –de cara al cónclave- informaciones sobre luchas de poder, sexo y dinero en el Vaticano. Se refiere al informe reservado encargado por el Papa a los tres cardenales a propósito del caso de “Vatileaks”. Aunque es otro tema, el esquema es el mismo que el usado en la historia del hacker: no hay ninguna fuente y ningún dato concreto. Es decir, no hay periodismo, sino ficción (añadiría, barata).

El problema es que esos graves agujeros profesionales se difuminan cuando periódicos de otros países se hacen eco de lo publicado por La Repubblica. En esos casos, lo que es una elucubración se convierte en noticia. “La Repubblica desvela un informe secreto solicitado por Ratzinger”, escribe hoy el madrileño El País. “El documento revela la lucha por el poder, el dinero e incluso el sexo en el Vaticano”, añade. Y al pobre lector, que ha pagado por el periódico, o ha gastado tiempo en la página web, le venden una mentira y una calumnia sin dejarle siquiera espacio para la sospecha.

 

Está sucediendo que, junto a los más sensatos comentarios periodísticos, circulan también por la red algunos descabellados, conspiranoicos y malévolos -digamos, ignorantes o desinformados- puntos de vista, que en muy poco responden a la realidad de la que supuestamente informan. No estaría de más atenerse, de entrada, a las propias palabras de Benedicto XVI, y a las de Federico Lombardi, desde la oficina de prensa de la Santa Sede:

El padre Federico Lombardi, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, ha comentado en esa sede y en Radio Vaticano la renuncia de Benedicto XVI al pontificado. “Entre los motivos de la dimisión del Papa, como se nota en sus palabras -ha dicho- están las circunstancias del mundo de hoy que, respecto al pasado, son particularmente difíciles, tanto por la rapidez como por el número de los acontecimientos y de los problemas que se plantean, y por tanto se necesita un vigor, quizá más fuerte que en los tiempos pasados. Un vigor que el Papa dice que ha disminuido en él en los últimos meses”.

“Muy significativa- ha proseguido- es la frase: “Muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro”. Esta es la declaración formal, importante desde el punto de vista jurídico. En el párrafo 2 del canon 332 del Código de Derecho Canónico se lee: “Si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie”. Los dos puntos fundamentales son, por lo tanto, la libertad y la manifestación debida. Libertad y manifestación pública, y el consistorio donde el Papa ha manifestado su voluntad, es público”.

Benedicto XVI seguirá desempeñando plenamente sus funciones y su servicio hasta el 28 de febrero a las 20 horas. A partir de ese momento inicia la situación de sede vacante, reglamentada, desde el punto de vista jurídico y canónico por los textos que se refieren a la sede vacante en el Código de Derecho Canónico y en la Constitución Apostólica “Universi dominici gregis”, sobre la vacante de la sede apostólica, de Juan Pablo II”.

La declaración del Papa es coherente con lo que él mismo había declarado en el libro-entrevista “Luz del mundo” a Peter Seewald, en el que hay dos preguntas precisas que se refieren a la hipótesis de dimisión. Seewald planteaba, en la primera de ellas, si, en el caso de situaciones difíciles, éstas pesaban sobre el pontificado en curso y si el Papa había pensado dimitir. La respuesta fue: “Cuando el peligro es grande no se puede escapar, por eso, seguramente, éste no es momento de dimitir” ( la referencia era a la cuestión de los abusos etc..). En momentos como éstos es cuando hay que resistir y superar la situación difícil. Esto es lo que pienso. Se puede dimitir en un momento de serenidad o cuando, simplemente, no se tienen fuerzas. Pero no se puede escapar en el momento del peligro y decir “que se ocupe otro”. Por lo tanto, el Papa decía que las dificultades no eran para él un motivo para dimitir, sino al contrario, para no dimitir. La segunda pregunta de Seewald : “¿ Entonces, se puede imaginar una situación en la que piense que es oportuno que un Papa dimita?”. La respuesta del Papa fue: “Cuando un Papa alcanza la clara conciencia de que ya no es física, mental y espiritualmente capaz de llevar a cabo su encargo, entonces tiene en algunas circunstancias el derecho, y hasta el deber, de dimitir”.

El Santo Padre, ha explicado el director de la Oficina de la Santa Sede, “se trasladará a partir del 28 de febrero a Castelgandolfo, y, una vez terminados los trabajos en curso, al monasterio donde estaban las monjas de clausura en el Vaticano. Por otra parte, desde el primero de marzo, iniciará el proceso para la elección del nuevo Papa. No sabemos todavía, la fecha exacta del cónclave, pero obviamente, no pasarán los nueve días de luto (novendiali) por la muerte del pontífice; de ese modo, más o menos en dos semanas, en el mes de marzo, para Pascua, tendremos un nuevo Papa (…) Benedicto XVI no tendrá ningún papel en el cónclave del próximo mes de marzo , ni en la gestión de la Iglesia durante la sede vacante. La Constitución Apostólica no prevé que el Papa que dimite desempeñe algún papel”.

“Personalmente -ha concluido- he acogido el anuncio de la dimisión del Papa con una gran admiración, por su gran valor, por su libertad de espíritu y la gran conciencia de la responsabilidad por su ministerio. Benedicto XVI nos ha ofrecido un gran testimonio de libertad espiritual, de una gran sabiduría de los problemas del gobierno de la Iglesia en el mundo de hoy”.

 

A lo largo del tiempo, hemos tenido ocasión de conocernos bastante bien, incluso en circunstancias extraordinarias, como aquel accidente de automóvil en el que Iñaki no perdió la vida, viniendo un día temprano de San Sebastián a dar clase en la Universidad de Navarra en Pamplona. O el fallecimiento, entierro y funeral de su primera esposa, que en paz descanse. O sus visitas a la Clínica de la Universidad. O los recuerdos compartidos cuando vino a hacer su programa diario de radio desde el aula magna de la Universidad. O los encuentros más o menos ocasionales en Madrid, en Sevilla o en Barajas… Siempre conversaciones como colegas y antiguos alumnos de la Universidad, y por tanto, amigos: conversaciones de verdad.

Todo eso me ha venido a la memoria al escuchar lo que Iñaki cuenta en la entrevista que le hacen en el blog Entrevistascon.es:

YouTube: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=M39U_EiaDqk

El texto que acompaña la entrevista (La trastienda de una entrevista) me parece igualmente ejemplar:

A los amigos se les hacen favores y si la Oficina de Información del Opus Dei –la misma a la que acudes cuando quieres contrastar según y qué información- te pide un favor, tratas de hacerlo. Y si el favor es hacer una entrevista a uno de los periodistas más conocidos de España, lo haces además encantada, que para eso eres, tú también, periodista. Hasta aquí, todo claro.

El personaje es Iñaki Gabilondo y el motivo, la presentación de la reedición de un libro de Josemaría Escrivá, el fundador del Opus Dei. Llegados a este punto, arqueo la ceja. Porque para preguntar sobre el libro de un santo católico lo suyo sería entrevistar a un teólogo, o a un filósofo o, por lo menos, a un católico… pero ¿a Iñaki Gabilondo? Cuando me lo explican, lo entiendo. El libro que se presenta es un libro de entrevistas y la Oficina -con buen tino- ha pensado que, antes que los teólogos, tendrán que juzgar el texto los periodistas. Y como además el autor de las entrevistas, San Josemaría, impulsó decididamente los estudios de comunicación en España (a través de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Navarra) se les iba a preguntar a estos periodistas por el futuro de la profesión y por sus recuerdos de la Universidad, si habían estudiado allí. Y ahí, junto con muchos otros, entraba Iñaki, que fue alumno de la incipienteFacultad de Comunicación y que guarda de esa época –alargada luego por su relación con la Clínica Universidad de Navarra, también impulsada directamente por el fundador del Opus Dei- entrañables recuerdos y una deuda de agradecimiento que, como comprobé en la entrevista, no tiene problema en manifestar.

A veces los favores se convierten en regalos. Este es el caso. Cuarenta y cinco largos minutos hablando de periodismo, de la crisis del sector, de la pasión por informar, del trabajo bien hecho, de autopistas por donde pueden circular valores muy amplios, de convivencia, de diálogo, de espacios abiertos, de profesores que imprimen carácter y  de conexiones vitales que terminan por matizar las discrepancias ideológicas. Y de agradecimiento, sobre todo, de agradecimiento…

Cuando me despido, soy yo la que da las gracias. Mientras que Iñaki, periodista de raza, curtido en el arte de la entrevista, se preocupa por el material que me llevo a casa. “Espero que te sirva”… Yo, consciente de que lo que me llevo es un bocado de realidad y vivencia pura y dura, de que el personaje ha hablado con el corazón en la mano, le tranquilizo: “No te preocupes, me sirve”.