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Lo que Papa Francisco ha dicho en el Ángelus, hoy -entre otras cosas- es esto:

(…) Cuando se dice que una persona tiene la lengua de serpiente, ¿qué quiere decir? Que sus palabras matan. Por lo tanto, no sólo no se debe atentar contra la vida de los demás, sino tampoco derramar sobre él el veneno de la ira y golpearlo con la calumnia. Ni hablar mal de él porque llegamos a las habladurías: los chismes también pueden matar, ¡porque matan la reputación de las personas! (…)

A buen seguro que no estaba pensando directamente en los periodistas y demás profesionales de la comunicación. Pero no sé hasta qué punto están llegando las cosas de las lenguas viperinas, de las medias o enteras palabras en los cuchicheos, en los chismes, y en los dimes y diretes, o en las directas maledicencias calumniosas o en los mentideros aparentemente inocuos o pretendidamente divertidos sobre personas y sobre asuntos en general de la vida pública (también de la vida privada).

¿Está bien visto en periodismo tener una lengua o una pluma viperina?

¿Es eso realmente periodismo o comunicación pública profesional, por mucho que el escándalo logre audiencias e ingresos en caja, y de paso mate socialmente al enemigo (no sólo contrincante)?

 

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