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Como sé que hay gente interesada en alguno de los capítulos de este libro, aquí va la dirección de la página de la Editorial Comunicación Social, especializada en nuestras lides, en donde (tras la solapa “archivos asociados”) pueden descargarse en .pdf tres documentos: el índice del libro con autores y títulos, interesantísimo; la estupenda presentación de Ruth Gutiérrez, y una entrevista que me hizo Diego Contreras con ocasión del libro.

Lo interesante son los 32 estudios o capítulos, así como la introducción y las conclusiones. Y como dice que se trata de un homenaje, entiendo que es de justicia dar públicamente y de corazón, aquí mismo, las gracias a todos los  autores que han publicado y en especial a Ruth Gutiérrez, que ha editado semejante volumen de 402 páginas.

Tengo entendido que pronto se anunciará que está disponible una edición en eBook.

[Actualización: me llega por correo una indicación de José Luis Orihuela, respondiendo a una demanda: El distribuidor en Argentina es ‘Librería La Crujía’. Contacto: squel@lacrujia.com.ar // En Paraguay, Librería Intercontinental. Contacto: agatti@libreriaintercontinental.com.py]

En la entrevista Diego me hizo hablar de memorias del pasado, evitando caer en batallitas. Pero también pregunta mirando hacia nuestros días y más allá, aunque no tanto hacia el infinito como diría Buzz Lightyear.

Por esto, y por si a alguien le interesa y le provoca la curiosidad, no tengo reparo en poner a continuación algunos párrafos. No los de tipo histórico, sino más bien los que hablan de posibilidades ante el futuro, sabiendo que debería haber incluido muchos más detalles concretos, muy pegados al suelo como pienso que los tengo, y así no parecer excesivamente idealista o iluso, respondiendo a “¿y qué harías si…? El caso es que aquí hay que atenerse a lo dicho:

(…)

DCSi tuvieras que empezar hoy una facultad de comunicación…

JJGN -…no sabría qué hacer. Pienso que se parecería más a una escuela socrática de discusión libre y racional de asuntos de la vida pública, con las correspondientes teorías y técnicas añadidas, pero con una finalidad clara: dar a la gente, hacer crecer en cada uno saberes para que puedan tomar libremente decisiones, y no decirles sin más lo que tienen que hacer, como está pasando en buena parte de los medios profesionales y académicos.

Entiendo que una buena Facultad no puede limitarse a preparar gentes para trabajar en un estado de cosas profesional dado. Es decir, dado, pero casi exclusivamente por razones industriales y de poder que no se discuten y se acatan como si fueran inamovibles o fueran otros quienes tuvieran que ocuparse de cambiarlas para mejor. Pienso que una buena Facultad se preocupa y ocupa por hacer que las profesiones de comunicación cambien a mejor en cuanto tales, no sólo se debería ocupar de la eficiencia en la preparación de los futuros profesionales según estén las cosas en un momento dado. Por eso entiendo que un planteamiento de tipo «científico» se queda corto cuando se habla de saber acerca de la comunicación en la medida en que –como bien dice Robert Spaemann, otro de los pensadores a quien sigo- quienes practican las ciencias se limitan a acordar provisionalmente qué se toma como indiscutible, mientras que los filósofos razonan y discuten acerca de los mismos fundamentos de su saber.

Por eso –si tuviera que empezar hoy una facultad de comunicación- insistiría mucho en plantear las cosas desde una perspectiva filosófica, no tanto teórica cuanto filosofía práctica, antes de entrar en cuestiones técnicas o de las llamadas «ciencias sociales». Entiendo que sobre todo hay que razonar (y no necesariamente según el “método del caso”) en torno a cuestiones prácticas de ética y política, de estética, poética y retórica, que son siempre cuestiones racionales arriesgadas. Porque ahí aparece la persona y su libertad y capacidad de hacer justicia a su propia naturaleza, como algo sobre lo que uno puede actuar libremente y que es algo que está como por debajo, sujetando o fundamentando (como pasa con el 90% que no se ve de un iceberg) al personaje profesional que públicamente desempeñemos en cada caso.

Hay que ir al alumno y decirle: a mí lo que me interesa es que aprendas a actuar en conciencia, que tengas la suficiente personalidad para hacer lo que te dé la gana. Estoy aquí para promocionar tu libertad. Pero ten en cuenta el bien común y no solamente vayas a lo tuyo. Está demostrado –en general y en las profesiones de comunicación- que hay más alegría en dar que en recibir. Vamos a ver si nos preparamos para ser donadores de saber desinteresado. Eso supone un planteamiento menos utilitarista, tecnicista, menos legalista y más político, en el sentido de recuperar la vieja noción de política de hacer amable la vida pública, el vivir y crecer juntos en sociedad.

Hoy, cuando hablas de la conciencia, enseguida alguien piensa que le quieres lavar el cerebro… O la entienden al modo político de las “votaciones en conciencia”, que a lo mejor se mezcla y confunde con el subjetivismo y el relativismo. Ayudar a la gente a tener conciencia es muy distinto de ayudar a la gente a tener éxito. Si la gente trabaja en conciencia, lo más probable es que -de entrada- no tenga éxito, pero que haga mucho por el bien común. Hay que elegir.

El futuro, creo yo, tiene que ver con una comunicación que mire por el bien de todas las personas, por el bien común. Sin los maniqueísmos de buenos y malos, a los que nos han acostumbrado la prensa, la publicidad, la propaganda y la ficción, porque te das cuenta de que el mal está dentro de cada uno de nosotros. Incluyendo desde luego las múltiples opciones y opiniones racionales y respetables de cada cual, en especial en los territorios de la política, que son en los que se supone que se debaten las perspectivas que pretenden el bien común.

DC¿Qué materia incluirías en los planes de estudio de comunicación?

JJGN -Como premisa, me parece que en las facultades de comunicación hay demasiadas clases en las que habla uno y los demás escuchan. Los alumnos no tienen tiempo de leer, ni de pensar, ni razonar en grupo y en público, de tomar decisiones. Si se supone que, en cierto modo, la enseñanza de la comunicación -que no es solo una profesión técnica sino un saber práctico- tiene que ver con la conciencia, ¿cuándo formo mi propia conciencia? Es necesario hacer crecer la conciencia. Y eso se consigue, por ejemplo, cuando se lee un libro clásico y hay que explicarlo, y para eso no sirve lo que se puede copiar de internet…

Volviendo a la pregunta, pienso que sería muy bueno que en los planes de estudio hubiera una materia que tratara de las «patologías de la comunicación», porque la comunicación no es en principio de suyo buena. Lo mismo le ocurre a la salud, la justicia… La comunicación tiene muchas patologías, no solo tiene personas patológicas sino modos de hacer  y perspectivas de funcionamiento que son patológicas, y por lo tanto dejan de ser, con propiedad, profesionales. Pero las patologías se identifican cuando se sabe para qué sirve la comunicación.

DCSería un buen modo de terminar: ¿qué es y para qué sirve la comunicación?

JJGN -Las personas hemos sido definidas como animales racionales o animales políticos o como animales que cuentan historias. Si hablamos de comunicación pública no podemos de entrada perder de vista esa racionalidad, ni el ámbito político ni tampoco esas historias que nos caracterizan. (…)

Si vemos la comunicación pública en términos de relaciones personales, que es de donde a fin de cuentas derivan las perspectivas profesionales, entonces hay que saber que de entrada está en juego «dar de lo que se tiene», en nuestro caso, determinados saberes acerca de la realidad. Esa liberalidad está muy bien, precisamente en un mundo tan lleno de necesidades y sobre todo de semejantes muy necesitados de saber para poder vivir y actuar con libertad.

La liberalidad es el punto de partida necesario en la comunicación pública, pero me parece que la cuestión decisiva se plantea sobre todo cuando se busca el punto clave (…) A veces se habla con naturalidad de «entrega», por ejemplo en el mundo de la asistencia social y en el deportivo y a veces lo mencionamos en algunos ámbitos profesionales sin ser del todo conscientes de lo que significa.(…)

La mejor comunicación pública viene siempre de la mano de una actitud personal e institucional de amistad genuina respecto de los demás. La comunicación pública es un  modo de “dar de sí” en términos de amistad social, un esfuerzo de comprensión por compartir lo que interesa y conviene a los demás, a todos. (…)

¿Qué para qué sirve la comunicación? No sabría decirlo en cada caso concreto y en cada género o profesión específica, pero desde luego –en términos generales- practicar una buena comunicación pública plantea una disyuntiva bastante clara: o bien «sirve» para ser, para crecer o procurar ser libremente mejores ciudadanos y personas, todos los implicados en la comunicación; o «sirve» para que algunos intenten manejar a otros según las propias conveniencias, forzando la libertad de los demás, cosa nada recomendable. No hay mucho término medio cuando se habla de la comunicación pública en términos de «servir» para algo.

(…)

 

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