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Javier Fumero dice en su blog-columna que Los estudiantes de periodismo están deprimidos, ante el horizonte profesional que ven por delante. Pero añade, con mucha razón, que los profesionales, auténticos profesionales del periodismo (y desde luego de las restantes profesiones de comunicación pública), son cada vez más necesarios.

Desde luego que el viejo modelo institucional o empresarial del periodismo ya no resulta acorde con los tiempos. Pero no es sólo un asunto de empresas, dineros o rentabilidades económicas. No es sólo asunto de jubilar a los viejos routiers sólo porque cobran más, ni tampoco es sólo asunto de contratar a los recién salidos de la incubadora porque resultan muy baratos.

He pasado años repitiendo en las aulas aquello de que, hoy que vivimos en un mundo regido socialmente por profesionales, y no por clases sociales o por clanes o estamentos, resulta que las profesiones nunca se acaban de definir de una vez por todas. Cierto que los relojeros fabricarán relojes, de todo tipo, según diversos modos y necesidades de medir el tiempo, pero también habrá que marcar las distancias entre esos relojeros y quienes -dedicados profesionalmente, por ejemplo, al lujo- también fabrican objetos lujosos que, de paso, también miden el tiempo. Muchos otros distingos hay acerca del objeto propio del saber de las profesiones que se encuentran en los territorios, por ejemplo, de las ciencias de la salud o de la justicia. Pero ahora estamos con la comunicación pública.

Y habrá que distinguir a los profesionales de la comunicación, y por tanto del periodismo, en función del papel que desempeñan en la sociedad, que básicamente tiene que ver con el saber, mucho antes y mucho más que con el poder. Quizá es que en las Facultades, como en los medios profesionales,  se sigue pensando aún en términos de poder, cuando lo que realmente está en juego con la comunicación pública es asunto de saber. Entre otras cosas, porque distribuir saber implica distribuir poder. Y puestos a hablar de “empoderamiento”, no estaría de más ver de “empoderar” informativamente a las personas y la sociedad según la dignidad nativa que todos tenemos, y no según los intereses de políticos e industriales (también de la comunicación).

En fin, este es el texto de Javier Fumero, motivo de los párrafos anteriores:

Acabo de terminar las clases de este curso académico sobre Periodismo e Internet. Toca hacer balance y admito que me ha dejado impresionado el bajísimo estado de ánimo de los estudiantes, su terror ante el futuro y la angustia vital que tanta incertidumbre les provoca.

Entiendo que no les faltan motivos. En España han perdido su puesto de trabajo 10.000 periodistas en los últimos cuatro años. Sólo en 2012 se han quedado en la calle 4.800 profesionales. Han cerrado 70 medios de comunicación. Son números importantes.

Y no se trata de un problema endémico. En los Estados Unidos el número de periodistas contratados ha bajado un 30% desde 1989. Según la última encuesta del Pew Research Center, ahora trabajan allí a tiempo completo sólo unos 40.000 profesionales de la comunicación.

Pese a todo lo dicho, yo soy optimista. Creo que hay futuro en el periodismo. Precisamente en estos momentos, donde Internet facilita el acceso a múltiples fuentes de información, es más necesario que nunca el concurso de periodistas.

Alguien debe priorizar las cuestiones, ordenar los temas por relevancia y proporción, contrastar los rumores que circulan por las redes sociales, avanzar las claves realmente importantes para la sociedad, captar qué cuestiones resultan vitales para un país y ponerlas en valor, presentar de forma atractiva y honesta esos asuntos…

Todo esto, insisto, es hoy más necesario que nunca. Y no se improvisa. Hay que adquirir formación y trabajar duro para lograr hacerlo con solvencia.

Las conclusiones del informe del Pew Research Center antes citado van en las misma dirección que apunto. La calidad de los medios de comunicación ha empeorado porque los medios adolecen de “falta de personal y falta de preparación para descubrir temas de interés, profundizar en los que surgen o verificar la información que llega a sus manos”.

Pero añado otro dato relevante. Los profesionales que trabajan en departamentos de prensa y gabinetes de comunicación no han sufrido la crisis como los que están al otro lado de la trinchera. Ni mucho menos. En 1980, los periodistas de comunicación institucional registrados en los Estados Unidos eran casi tantos como los que trabajaban en los medios. Hoy son cuatro veces más.

Conclusión: en estos momentos las televisiones, las radios, los periódicos y las webs informativas, mucho más limitadas financieramente que las grandes compañías, pueden acabar convertidas en meros altavoces de fuentes interesadas. Podemos acabar muy mal informados.

Por todo esto digo que no hay espacio para la depresión. Hay futuro para el periodismo. Hacen falta muchos periodistas cualificados. Hay trabajo para todos aquellos que estén dispuestos a tomarse en serio esto de la comunicación.

 

2 Responses to Hacen falta profesionales de la comunicación pública

  1. Jucarrama dice:

    Totalmente de acuerdo. Hace unas semanas, defendí mi tesis doctoral centrada en los gabinetes de Comunicación en las empresas y una de las conclusiones es su probado valor estratégico y rentabilidad. Un abrazo fuerte y aprovecho para invitarte a curiosear el blog que acabo de estrenar: Comunica y vuela alto (www.jucarrama.blogspot.com), o si me quieres seguir también en Twitter (@Jucarrama), yo ya te sigo, maestro (fui alumno tuyo allá por los años 84-89). :)

  2. JJG Noblejas dice:

    Enhorabuena, Juan Carlos y a ver si publicas esa flamante tesis. Ha llovido desde aquellos años, pero ya se ve que el tiempo también trae cosechas… Un fuerte abrazo, mientras nos vamos leyendo.

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